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        <journal-title>ARTE Y CIUDAD. Revista de Investigación</journal-title>
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        <publisher-name>Grupo de Investigación Arte, Arquitectura y Comunicación en la Ciudad Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid</publisher-name>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.22530/ayc.2016.N10.371</article-id>
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        <article-title xml:lang="es">La arquitectura doméstica: una mirada desde el batey Delicias (Cuba)</article-title>
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          <trans-title>Domestic architecture: a look from Delicias baty</trans-title>
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            <institution>Universidad de Las Tunas (Cuba)</institution>
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      <aff id="aff2">Centro Provincial de Superación para la Cultura de Las Tunas (Cuba)</aff>
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      <copyright-statement>© 2016 Grupo de Investigación Arte, Arquitectura y Comunicación en la Ciudad Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid</copyright-statement><copyright-year>2016</copyright-year><copyright-holder>Grupo de Investigación Arte, Arquitectura y Comunicación en la Ciudad Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder><ali:free_to_read/>
     
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      <abstract xml:lang="es"><p>El presente trabajo es un acercamiento a la arquitectura doméstica del central Delicias, resultado de la labor fundacional de la Cuban American Sugar Company. La inversión del capital norteamericano en la industria azucarera de esta región condicionó el surgimiento no solo de instalaciones fabriles de avanzada tecnología, sino de comunidades autosuficientes que crecen y se consolidan a su alrededor, de modo que el factor económico fue determinante en la concepción de la estructura urbana y especialmente de los espacios habitacionales. En lo que a vivienda se refiere, prevaleció un rico repertorio interpretado en madera y mampostería, dada la premura con que la Cuban American Sugar Company acogió las soluciones constructivas. De esta actividad edificadotoria surgieron cuatro barrios muy bien definidos, espacial, arquitectónica y socialmente, tan bien “sembrados” de viviendas, como las extensas y verdes colonias destinadas al cultivo de las cañas.</p></abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en"><p>This work is an aproximation to the domestic architecture of the Delicias sugar factory, as a result of the foundation of Cuban American Sugar Company. The north American capital into the sugar industry in the region contributed not only to the development of factories with advanced technology but also with the selfsuficient communities that grow up and compat themself around it, so the economic factor was which determined the conception of the urban structure and especially in the residence spaces. Refering to houses, there were a rich kind of them made of wood and masonny, because of the urgency that the Cuban American Sugar Company gets the buildings constructions. From this edification activity wrow up four well defined, expand, arhitectonical and social neighborhoods, with a lot of houses like extensive and green colonies dedicated to the cultivation of cane.</p></trans-abstract>
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        <kwd>Capital</kwd>
        <kwd>norteamericano</kwd>
        <kwd>construcciones</kwd>
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        <kwd>social</kwd>
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        <kwd>Capital</kwd>
        <kwd>North American</kwd>
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        <kwd>neighborhoods</kwd>
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    <sec id="sec1">
      <title>1. Introducción.</title>
      <p>Las Tunas, con sus puertas abiertas al Oriente cubano, se desviste ante la mirada traviesa de aquellos que buscando las huellas de un pasado colonial, tan solo encuentran una ciudad de principios del siglo XX absorbida por el capital norteamericano. En las primeras décadas del siglo XX la ciudad de Las Tunas es favorecida por un gran auge sociocultural. La arquitectura, manifestación que había sido maltratada en el siglo anterior, debido a los múltiples incendios ocurridos,<xref ref-type="fn" rid="fn-1">1</xref> recobra una sustancial importancia al otorgarle a la ciudad una moderna y fresca imagen mediante la asunción del eclecticismo como el lenguaje expresivo fundamental, aun cuando, a diferencia de otras ciudades cubanas, este estilo se desarrolla en un marco más estrecho, como consecuencia de la pobreza cultural de la burguesía local, mayormente ganadera y agrícola, limitada a imitar las construcciones vistas en otras ciudades importantes del país, de modo que el eclecticismo "tunero" se convierte en un lenguaje fundamentalmente fachadístico, donde "está presente con mucha fuerza la tradición popular (…) es un eclecticismo modesto pero no ausente de valores" (<xref ref-type="bibr" rid="ref-espinosa-nunez-1986">Espinosa, 1986: 7</xref>).</p>
      <fig id="fig-1">
        <label>Figura 1</label>
        <caption><p>Figura 1. Edificio ecléctico en la ciudad de Las Tunas (Cuba).</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/371/fig-1.jpg">
          <alt-text>Edificio ecléctico en la ciudad de Las Tunas (Cuba)</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>A esta nueva imagen de la ciudad se contrapone ese micromundo que es el batey azucarero, espacio acondicionado para garantizar la estancia de gran cantidad de personas empleadas por las empresas destinadas a la explotación azucarera. Con la penetración del capital extranjero este espacio se renueva. Deja de ser un área abierta y polvorienta para convertirse en un lugar lleno de parques, jardines, viviendas humildes y señoriales, escuelas, centros comerciales, estación de ferrocarril, almacenes, clubes sociales, lavanderías y campos para el deporte. Podría decirse que cada comunidad erigida bajo el capital norteamericano era una pequeña ciudad en la que existían todos los servicios indispensables para que los pobladores no salieran de los límites del centro productivo.</p>
      <p>La construcción de la comunidad Delicias es un ejemplo de lo anterior. El central azucarero, la principal arteria económica del lugar, se levanta cerca del río Chorrillo, en 1911. A partir de entonces se siguen los patrones fundacionales que se tenían en cuenta para erigir cada asentamiento azucarero. Sin embargo, la proximidad del central Chaparra y su batey, atentaron en la instauración de determinados servicios tales como el hospital, la iglesia, el cementerio, por lo cual, para estos casos los habitantes de Delicias tenían que dirigirse a Chaparra. Con la construcción del central no sucedió lo mismo, pues aunque se consideraba gemelo al de Chaparra en estructura, era superior a este en tecnología.</p>
      <p>La fundación del batey Delicias fue un proceso afanoso y placentero a la vez. Construir un pueblo autosuficiente no requería de pocas horas, sino de voluntad, empeño y tiempo. Únicamente de esta forma se logró crear un sitio donde coexistían una serie de elementos que contribuyeron al bienestar social.</p>
      <p>Distribuir las áreas y erigir en ellas siluetas arquitectónicas devino tarea importante en Delicias. Desde el comienzo la urbanización estuvo regida por el status social. Ser norteamericano, ser cubano con empleo fijo, o ser inmigrante, condicionó el hábitat. Por eso, unido a este fervor constructivo de industrias y bateyes por parte del capital estadounidense aparece la segregación social manifiesta a través de la arquitectura.</p>
      <p>Al tener en cuenta lo expresado, se construyen residencias destinadas a los directivos, empleados administrativos cubanos, técnicos especializados y trabajadores manuales. Estas edificaciones se caracterizan por ser de un solo nivel, rodeadas de portales o galerías cubiertas, divididas por el centro en dos partes: en una se hallaba el recibidor, el comedor, la cocina, y en la otra se ubicaban los dormitorios que podían ser dos, tres o más en dependencia del tamaño de la familia, y el baño que, por lo general, aparecía intercalado (<xref ref-type="bibr" rid="ref-malo-de-molina-1991">Malo de Molina, 1991</xref>). Estas viviendas contaban con alto grado de confort, rodeadas de jardines cercados y tenían como premisa brindar bienestar a sus moradores para que se sintieran a gusto en un país de condiciones climáticas distintas a las de su lugar de origen.</p>
      <p>Por otra parte, las casas de los obreros eran más modestas, sencillas y a diferencia de las anteriores, contaban con una distribución interior más reducida. Se construían con materiales simples, pero seguros; carecían de elementos ornamentales que las jerarquizaran; se hacían de maneras similares que parecían fueran copiadas unas de otras, razón que no desestima la existencia de diferentes modelos constructivos.</p>
      <p>En los dos casos señalados, las compañías norteamericanas ofrecían algunos privilegios a los inquilinos de estas viviendas: agua, luz eléctrica y la reparación sistemática de sus casas. Mientras los empleados estuvieran al servicio de la Compañía tenían garantizados estos derechos, pero en el caso de cometer alguna infracción y ser expulsados de sus puestos de trabajo, perdían la posibilidad de continuar habitando el inmueble, motivo por el cual no existía sentido de pertenencia hacia esos locales. Esta situación, unido a las estrictas regulaciones establecidas, trajo como consecuencia un evidente desinterés hacia la incorporación de atributos distintivos individuales que hubiesen podido enriquecer y diversificar el hábitat.</p>
      <p>De la misma manera que el capital extranjero crea una estructura habitacional para sus empleados, se encargó de edificar una serie de cuarterías o barracones para los inmigrantes llegados a esta zona con el objetivo de vender su fuerza de trabajo. Predominaban, en sentido general, las inmigraciones holandesas, francesas, españolas, árabes, chinas, sin embargo, las más abundantes eran las haitianas y jamaiquinas. La llegada de estos grupos se debe, fundamentalmente, a que las condiciones en sus países eran aún más críticas. El auge adquirido por las grandes industrias permitió la entrada al país de estas oleadas masivas, razón que creaba conflictos con los trabajadores cubanos, al situarlos en una posición desventajosa, siendo menores sus posibilidades de encontrar trabajo y de cobrar salarios más dignos.</p>
      <p>Al terminar la zafra los inmigrantes debían ser reembarcados a sus países de origen, pero esto casi nunca se cumplía y durante el tiempo muerto deambulaban como indigentes por campos y ciudades en busca de empleos. Las condiciones de vida para estos grupos sociales eran aún más deprimentes en los barracones o cuarterías, en los que la oscuridad y la escasa ventilación las hacían edificaciones de bajo nivel. Por lo general, eran construcciones rectangulares divididas en habitaciones individuales, aunque también existían aquellas con un dormitorio compartido donde los trabajadores colgaban sus hamacas; poseían un baño común y un lavadero en la parte trasera de la estructura principal. Por tanto, "fue el barracón símbolo en piedra del trabajo y la miseria" (<xref ref-type="bibr" rid="ref-perez-de-la-riva-1952">Pérez de la Riva, 1952: 77</xref>).</p>
      <p>Crear una comunidad con todas estas características no constituyó una tarea tan fácil para los inversionistas extranjeros. Se ha dicho que, en un principio, importaron las viviendas desarmadas, en piezas prefabricadas para montarlas en los nuevos asentamientos; pero este sistema constructivo estandarizado, conocido como balloon frame, no fue lo más común. En la mayoría de los centros productivos se recurrió generalmente al levantamiento de las casas en el mismo sitio, mediante un cuerpo de carpinteros, albañiles, electricistas, etc. que tenían la misión de levantar estos conglomerados poblacionales, donde "construir era mucho más importante que crear un estilo arquitectónico y donde el interés funcionalista se impone sobre el estético" (<xref ref-type="bibr" rid="ref-vega-sunol-1994">Vega, 1994: 17</xref>).</p>
      <p>En los territorios donde el fenómeno inversionista sentó sus bases, el ambiente físico-social se transformó. Sitios que hasta ese momento habían pasado inadvertidos, de repente se convierten en el centro del desarrollo económico del país. Pero no solamente la economía contribuyó a que estos lugares transcendieran en la historia, sino que en un plano más íntimo, el aspecto social se favoreció, se enriqueció con el cúmulo de elementos culturales novedosos que se fusionarían, al mismo tiempo, con las tradiciones heredadas desde la época colonial. Entre los cubanos e inmigrantes se produce el fenómeno de toma y daca, al decir de Fernando Ortiz, de forma tal, que todavía perduran en las comunidades las huellas de aquel pasado.</p>
    </sec>
    <sec id="sec2">
      <title>2. Formación de la comunidad azucarera.</title>
      <p>Para el levantamiento de la comunidad de Delicias se recurre al trazado de calles bien pavimentadas con macadam, en las que el verdor de inmensos árboles desempeñaba una función de suma importancia, no solo por la belleza y frescura que imprime al paisaje, sino por la protección que le brinda a los obreros en el trayecto hacia la fábrica o viceversa. En la urbanización del batey se hizo necesaria la presencia de servicios tales como la electricidad, que constituía para los pobladores un síntoma inequívoco de modernidad, el acueducto y el alcantarillado, las oficinas de correos y telégrafos, el Departamento Comercial, donde se expendían artículos de primera necesidad: víveres, licores, ferreterías, calzado, tejido, perfumería, cosméticos, entre otros, y en el caso de que faltara algún producto los habitantes podían dirigirse al Departamento Comercial de Chaparra para adquirirlo. Muy cerca de la tienda del pueblo existía la llamada Fonda Grande, donde se reunían principalmente los inmigrantes para comer y beber.</p>
      <p>La Compañía americana –Cuban American Sugar Company‐ era la encarga da de la reparación de viviendas, calles y demás dependencias socioeconómicas por medio de una brigada de mantenimiento, que acudía sistemáticamente a la solicitud de los poblado res. También existía un Departamento de Saneamiento encargado de la higiene del batey. Pero, sin lugar a dudas, uno de los servicios más valiosos era el ferrocarril.</p>
      <p>No era solo el sistema de circulación del cuerpo del central Delicias, era también su espíritu. El tren cañero garantizaba la vida del ingenio y este la de sus operarios; el tren de pasajeros, durante casi medio siglo constituyó la única comunicación con el mundo exterior</p>
      <disp-quote><p>(…) El poblado del central Delicias estaba tan marginado del mundo que, a distancia, enviaba sus señales: la prensa escrita, la correspondencia personal y la posibilidad de un transeúnte de insospechada condición, buen pretexto para romper la monotonía que involucraba a su gente y objetos. La llegada y partida del tren constituía un singular acontecimiento para los pobladores del batey. Acudían a recibirlo y despedirlo con una constancia digna del más apreciado evento (<xref ref-type="bibr" rid="ref-fernandez-1989">Fernández, 1989: 33</xref>).</p></disp-quote>
      <p>Dentro de la red constructiva lle vada a cabo por la Compañía se incluyeron otras instituciones de marcado carácter social, como por ejemplo, el Club Delicias, inaugurado el 17 de diciembre de 1921, presidido por el señor Guillermo L. Morales, jefe de las oficinas locales del central y al que solo tenían acceso los empleados de alto rango de la Compañía. Para el resto de los pobladores existían otros centros recreativos y de instrucción como el Club Demócrata para cubanos de color, y la British West Indians Progressive Association para los inmigrantes. Además de las sociedades de recreo, se constituye en diciembre de 1921, la Logia Masónica Hijos Perseverantes, local que servía para reuniones con fines benéficos.</p>
      <p>Lugares para el esparcimiento y el intercambio sociocultural en cualquier parte del mundo son los parques. En Delicias, estos sitios constituyeron un punto de encuentro, lo mismo para obreros que descansaban de su jornada laboral como para señores(as) y señoritas que asistían en momentos de ocio. Uno de esos parques llamaba la atención porque poseía un pequeño ingenio de los que se usaron en el siglo anterior, y que constituía una muestra de la transformación tecnológica operada en la industria azucarera. En este parque, al que posteriormente se le nombraría Ramón Padrón, se erige un arco de piedra en honor al hijo de este señor. En la actualidad se conserva como testigo de aquella época.</p>
      <fig id="fig-2">
        <label>Figura 2</label>
        <caption><p>Figura 2. Muestra de un ingenito que formaba parte de uno de los parques del batey Delicias. (Fuente: elaboración propia)</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/371/fig-2.jpg">
          <alt-text>Muestra de un ingenito que formaba parte de uno de los parques del batey Delicias</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>Asimismo, hubo otros lugares donde la belleza de flores, plantas exóticas y frutas, delatan el gusto refinado de ciertos moradores que encontraron en esta labor una manera de entretenimiento y placer, aparte de la posibilidad que les brindaba el consumo de frutas. Ejemplo de lo anterior es el amplio jardín propiedad del doctor Molinet, quien trajo a estas tierras plantas que solo se cultivaban en los jardines de la capital del país.</p>
      <p>Los centros escolares desempeñaron un papel importante en la conformación del batey. Existían varias escuelas privadas y públicas en las que el sistema educacional era completo, pues además de la instrucción básica, a los educandos se les enseñaban modales de comportamiento, prácticas higiénicas y se les insertaba en la vida cultural y deportiva de la localidad. Uno de los colegios más prestigiosos de la zona fue el de la señorita Inés S. de Brooks, esposa del ingeniero E. A. Brooks, administrador del central, fundado en 1912 con una matrícula de 108 alumnos.</p>
      <p>La vida cultural en Delicias estuvo marcada por un cúmulo de actividades recreativas promovidas por las instituciones sociales. Así, el Club Delicias organizaba fiestas de carácter artístico a las que asistía lo más selecto de la sociedad local y sus alrededores. Realizaba bailes para la inauguración de los carnavales. Contaba también con una biblioteca, un piano y un gramófono para hacer música. Uno de los eventos sociales que se producía cada cierto tiempo era el concurso Miss Simpatía en el que se seleccionaba una muchacha como la reina y otro pequeño grupo como cuerpo de damas. A este frívolo acontecimiento, llegaban señoritas de Puerto Padre, San Manuel, Holguín, Velasco y Gibara. Casi siempre la celebración concluía en uno de los parques, animada por la retreta.</p>
      <p>Se realizaban bailes amenizados por las orquestas de mayor prestigio por esos años, entre las que se destaca la de los Hermanos Avilés, de Holguín. Estos podían ser populares, aunque en la mayoría de los casos, tuvieron un carácter privado, relacionado con el cumpleaños de alguna señorita o la celebración de acontecimientos importantes, como bodas o presentaciones en sociedad.</p>
      <p>La actividad deportiva era uno de los hobbies, pero solo se practicaban aquellos deportes que no requerían de grandes recursos, por ejemplo, el tenis, fútbol y béisbol, que contaba con un equipo completo que competía con el de Chaparra. También se jugaba al baloncesto, contando con dos campos, uno destinado a las prácticas de las señoritas del colegio Brooks, y otro para los atletas consagrados que retaban periódicamente a los equipos de Chaparra y Puerto Padre.</p>
      <p>Sucintamente queda reseñada la labor fundacional que la Cuban American Sugar Company desarrolló en el batey Delicias para dar respuesta a las necesidades de los trabajadores, quienes a su vez, satisfacían los intereses de administrativos y empresarios que sacaban jugosas ganancias del negocio azucarero. Crear un hábitat idóneo que respondiera a esos intereses constituyó la máxima aspiración de la Compañía.</p>
    </sec>
    <sec id="sec3">
      <title>3. Las tipologías arquitectónicas en Delicias.</title>
      <p>En un primer momento, en Delicias solo existían dos barrios: El Poblado, reservado a los norteamericanos que vinieron a esta comunidad y a los cubanos con cargos administrativos, y Vista Alegre, para los empleados de menor categoría. Posteriormente, se crean el Barrio Americano, hacia donde se desplazan los estadounidenses que habitaban en El Poblado, y La Puya, destinado a los inmigrantes que llegaron a esas tierras.</p>
      <p>Para analizar la arquitectura del batey, es necesario establecer una distinción entre las viviendas que allí se crean en los primeros años de la fundación. Con ese objetivo, se han dividido los inmuebles en cuatro grupos teniendo en cuenta el rango socioeconómico de los moradores originales: en el primero, se recogen las casas del Barrio Americano; en el segundo, las construcciones de El Poblado; en el tercero, las de Vista Alegre, y en el cuarto, las de La Puya ‐hoy Héctor Infante‐.</p>
      <p>Una de las características que distingue a este batey es la construcción al unísono de casas de madera y de mampostería –con planchas de zinc o tejas de barro en sus cubiertas–. A propósito de las construcciones de mampostería, las diferencias están dadas en el tamaño de la casa y en la incorporación o no de elementos funcionales. Las viviendas más cómodas se localizan en los barrios destinados a los altos empleados, norteamericanos o cubanos que residían en el batey, disminuyendo el confort de las mismas en la medida que se desciende en la clase social para la que se construye.</p>
      <p>En el Barrio Americano solo se edificaron casas de mampostería. En la actualidad son pocos los exponentes que se conservan, pues aunque al parecer no hubo un número considerable de ellos en los años inmediatos al surgimiento del batey, muchos han sido demolidos para reemplazarlos por construcciones modernas. Se encuentran ubicados en lotes aislados, rodeados de extensas áreas dedicadas a la jardinería. Las plantas mantienen la estructura compacta rectangular, aunque hubo un caso, la vivienda nº 55 de la calle 11, ocupada antiguamente por el Administrador local Ernesto A. Brooks, que poseía un patio interior con una fuente, actualmente inexistente debido a las transformaciones ocurridas en el inmueble.</p>
      <p>La distribución interna de estas viviendas se distingue por la presencia de un mayor número de habitaciones, todas de gran amplitud. En la parte central se ubica la sala y una inmensa saleta. A ambos lados se encuentran los dormitorios, la cocina, el comedor, el pantry y los baños intercalados.</p>
      <p>Las fachadas son asimétricas de acuerdo con la distribución de los vanos, dispuestos en correspondencia con las habitaciones que existen en la parte delantera de la vivienda. De esta forma, aparece una ventana en el primer cuarto, en la sala se distingue una ventana y una puerta, y en la otra dependencia, ya sea un cuarto o el comedor, una ventana.</p>
      <p>Aparecen corredores tanto en la fachada principal como en los laterales. Estas casas constituyen una excepción dentro del batey en este aspecto, pues mientras el resto de los inmuebles presentan corredores solo en la parte principal, estas se encuentran rodeadas por ellos. En los portales existieron barandas de madera en forma de cruceta, pero en la actualidad solo han quedado como muestra de ellas algunos pilotes con pomos poco trabajados.</p>
      <p>Los techos eran de armaduras a cuatro vertientes, de combinaciones complejas, recubiertos por tejas francesas. En el interior de la vivienda predominan los falsos techos de madera machihembrada que abarcan todas las habitaciones de la casa.</p>
      <p>Predominan los pisos de mosaicos hacia el interior de los inmuebles y de cemento marcado en los portales. Los primeros, de tonalidades vistosas, forman motivos florales; los segundos, pueden aparecer de diferentes colores debido a los pigmentos, o por el contrario, mantienen el color gris del cemento.</p>
      <p>En el Poblado, uno de los barrios más ricos arquitectónicamente, coexistían edificaciones en madera y mampostería con cubiertas de tejas. Allí se ubicaban las principales instituciones sociales, así como las casas de los altos empleados de la Compañía, haciendo de este, un sitio de gran importancia desde el punto de vista socio-cultural.</p>
      <p>Las construcciones de El Poblado aparecen en lotes aislados, una a continuación de la otra, bordeando las calles. En el trazado de estas arterias, bastante regulares, por cierto, se aprecian entre las viviendas amplios jardines cercados, que en la parte delantera del inmueble constituyen el espacio mediador entre la vía y el medio interno, convirtiéndose en sitios de importancia por el tamaño adquirido, pues en una manzana solo había cuatro casas.</p>
      <p>Las viviendas de madera poseen un solo nivel, con planta compacta rectangular, que se distinguen por su profundidad. Se trata de inmuebles con una distribución espacial compuesta por un variable número de habitaciones. Por lo general aparecen: el corredor al frente, y de un lado, la sala, saleta, comedor y cocina, y del otro, los dormitorios y el baño, que podía estar intercalado o al final.</p>
      <p>Existen exponentes en los que la distribución interna sufre notables transformaciones, pues la disposición de habitaciones está dada de la siguiente forma: en la parte central se ubica el corredor, la sala, saleta, comedor, y a ambos lados, los dormitorios con el baño o la cocina. En estos inmuebles, a diferencia de los anteriores, el ancho se impone a la profundidad, otorgándole mayor amplitud a las habitaciones.</p>
      <fig id="fig-3">
        <label>Figura 3</label>
        <caption><p>Figura 3. Vista frontal de una casa de madera en El Poblado.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/371/fig-3.jpg">
          <alt-text>Vista frontal de una casa de madera en El Poblado</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>Normalmente estas casas poseían pequeños salientes, utilizados en cuestiones del servicio doméstico en el caso de que existiera servidumbre, pero también se utilizaban como terrazas, cerradas por celosías de madera, en las que los dueños se recostaban a la hora de la siesta, leían revistas, periódicos, al mismo tiempo que se refrescaban del intenso calor. En la actualidad quedan pocos vestigios de estos espacios.</p>
      <p>Predominan las fachadas asimétricas, a partir de la distribución de sus vanos, pues la mayoría de los inmuebles contaban con una puerta y una ventana principales. El corredor constituye un elemento de tanta importancia como la sala-saleta. Es ese el lugar donde confluyen familiares y amigos para la comunicación vespertina, y no solo por esto, el corredor, además, brinda la posibilidad de reshuirse de los efectos del clima las fachadas de los inmuebles a través de cubiertas sostenidas por pies derechos de madera. Una característica fundamental de estas moradas es la carencia decorativa, lo que demuestra la sencillez con que fueron levantadas, aun cuando estaban destinadas a los empleados de cierto nivel social.</p>
      <p>En El Poblado la mampostería también estuvo presente. El hecho de que en el inicio este barrio estuviera ocupado por norteamericanos, condicionó que se hicieran viviendas de este tipo con amplias dependencias. Estos son los casos que más llaman la atención, pues el largo de la casa ocupa varios metros de terreno, a tal punto que por el fondo, se unía una casa con otra, mediando entre ellas solo un espacio de aproximadamente un metro. En cuanto a la distribución interna, se encuentra, por un lado, la sala, saleta, comedor y terraza, y del otro, tres cuartos, el baño y la cocina. Todas las habitaciones tenían gran amplitud.</p>
      <p>Las fachadas son simétricas de acuerdo con la disposición de sus vanos: ventana-puerta-ventana. El corredor ocupa todo el frente de la casa, allí se ubican los columpios de madera que acentúan su carácter social. Predominan los pisos de mosaicos pequeños, decorados con motivos geométricos. En el interior de la casa, para dividir la sala de la saleta, se construyeron elementos divisorios generalmente en forma de arcos de medio punto. Las puertas y ventanas son similares a las del Barrio Americano.</p>
      <fig id="fig-4">
        <label>Figura 4</label>
        <caption><p>Figura 4. Vista frontal de una casa de mampostería en El Poblado.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/371/fig-4.jpg">
          <alt-text>Vista frontal de una casa de mampostería en El Poblado</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>En Vista Alegre se ubican las casas destinadas a los empleados de menor categoría: carpinteros, obreros del taller de máquinas, paileros, etc. El mayor número de viviendas hechas en madera y zinc se localizan en el barrio en cuestión, aunque también están presentes exponentes de mampostería con cubiertas de tejas. Estas construcciones se caracterizan por ser más humildes que las del grupo anterior, lo que expresa a nivel urbano y arquitectónico la estricta segregación social.</p>
      <p>La totalidad de los inmuebles de madera y zinc posee plantas rectangulares compactas de un solo nivel. La distribución interna se estableció de la siguiente manera: el corredor al frente, de un lado, la sala, comedor, cocina, y al final, una pequeña terraza con lavadero, y del otro lado, tres cuartos con el baño, este último siempre al final. Las dimensiones espaciales son más reducidas que las de la tipología anterior y se suprime la habitación con función de saleta. Estas construcciones aparecen una a continuación de la otra, separadas por un pequeño espacio y el jardín se limita a la parte delantera de la casa.</p>
      <p>Las fachadas se distinguen por la presencia de dos puertas que sirven de entrada tanto a la habitación principal (sala) como el cuarto contiguo a esta, lo cual las hace perfectamente simétricas. En cuanto a las cubiertas, las construcciones poseen dos características que las tipifican por completo. Una de ellas es el material de cierre, en estos casos las planchas de zinc, aunque en la actualidad muchos han sido modificados al sustituirse por el fibrocemento.</p>
      <p>La otra característica radica en la disposición del techo que presenta una estructura a dos aguas para cubrir las habitaciones principales, combinada con un colgadizo, de modo que el puntal disminuye a medida que se extiende hacia las últimas dependencias.</p>
      <p>En estos casos, al igual que en las viviendas de El Poblado, en el techo hay una carencia de elementos propiciadores de luz y ventilación como buhardillas y tragaluces. En ninguna de las moradas se utiliza el falso techo, dejando descubierta la armadura de vigas y tablas.</p>
      <p>Las cuarterías constituyen el último estadio en la evolución del barracón. Estos sitios alejados de los restantes barrios y muy cerca del ingenio estaban destinados a los inmigrantes llegados de otras tierras con el fin de trabajar y ganar buen dinero. Se encuentran en La Puya ‐hoy Héctor Infante‐, y se hacían con el propósito de darle albergue a estas poblaciones que debían ser repatriadas al finalizar la zafra. La condición social de sus inquilinos era baja, de ahí que las construcciones habitadas por esta clase tenían características específicas, reflejo de su humildad.</p>
      <p>Desde el punto de vista planimétrico presentan forma de U, en las dos alas paralelas se ubican los dormitorios y en el espacio central que las une se encuentra el baño y los lavaderos para uso común. No tenían cocina ni habitaciones para el desempeño de otras funciones.</p>
      <fig id="fig-5">
        <label>Figura 5</label>
        <caption><p>Figura 5. Vista lateral de una casa de madera en Vista Alegre.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/371/fig-5.jpg">
          <alt-text>Vista lateral de una casa de madera en Vista Alegre</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>Las fachadas eran simétricas, disponían de puertas una a continuación de la otra, con lucetas protegidas por celosía en la parte superior de las mismas. Poseían un largo corredor soportado por diez pies derechos con características similares a los del resto del batey.</p>
      <p>Las cubiertas se distinguían por ser a dos aguas, de tejas francesas que, cada cierto tramo, presentaban volúmenes salientes, techados a dos aguas que no desempeñaban ninguna función de ventilación.</p>
      <p>La mampostería se empleó también para la construcción de las cuarterías de este barrio. Eran de planta rectangular y fachada simétrica. Cada cuarto tenía una puerta y una ventana, así se sucedían continuamente hasta ser interrumpidas en el centro por un arco de medio punto que accentuaba la pesadez de la construcción y daba lugar a un pasillo interior que conducía a la parte trasera donde se encontraban ubicados el baño y los lavaderos. Las cubiertas eran de tejas francesas a dos aguas, y en los cuartos esquineros poseían un tragaluz. Los pies derechos eran lisos, ochavados, en número de diez, que sostenían una de las vertientes de la cubierta. Las puertas, con lucetas en la parte superior, eran lisas, a dos batientes al igual que las ventanas, las cuales poseían balaustres. Los pisos, tanto en interiores como en exteriores, eran de cemento marcado.</p>
      <p>Como se ha visto, con la mampostería no solo se construyeron viviendas para los altos empleados, sino también para los trabajadores emigrados, que no por ser de mampuesto poseían mejores condiciones, pues se mantenía el mismo ambiente que en las cuarterías de madera.</p>
    </sec>
    <sec id="sec4">
      <title>4. Conclusiones.</title>
      <p>En el batey Delicias, la presencia de la arquitectura doméstica estuvo marcada por el nivel social de los habitantes. Estas diferencias contribuyeron a la definición de los espacios urbanos. Es esa la razón por la que se aprecian en la comunidad cuatro barrios muy bien delimitados, en los que cada grupo desempeñaba su papel en dependencia de su condición social.</p>
      <p>Así, por ejemplo, en el Barrio Americano, la existencia de un reducido número de viviendas es una muestra de la visión que tuvo la Compañía de crear un barrio solo para los altos ejecutivos norteamericanos. El hecho de que estos fueran pocos, condicionó la presencia de escasas viviendas, alejadas del resto de los barrios, y con características distintivas en cuanto al tamaño, técnicas constructivas y el acabado de las mismas.</p>
      <p>En El Poblado, a partir de la confluencia de construcciones de madera y mampostería, se aprecia una mayor variedad de tipos o modelos constructivos, lo cual dota a este conjunto de una riqueza visual que se mantiene en los límites de lo sobrio, lo discreto, pues este era destinado a los funcionarios cubanos con trabajos de mayor categoría.</p>
      <p>Los inmuebles de Vista Alegre, al estar reservados para los obreros que realizaban oficios de menor cuantía, dotaban a este barrio de una imagen monótona, como resultado de la similitud de las construcciones, sin que ello influyera en el mantenimiento de las condiciones básicas para la vida.</p>
      <p>En La Puya, la existencia de cuarterías y barracones hizo de este barrio el menos acogedor del batey. Era un sitio periférico, alejado del resto de los barrios por medio de la línea del ferrocarril, lo que denota la segregación y la marginación de estas poblaciones.</p>
      <p>El hecho de que en El Poblado, Vista Alegre y La Puya hubiere un mayor número de viviendas constituye un reflejo de la intención de la Compañía de crear toda una estructura para los empleados y obreros que trabajaban en el central, para así obtener de ellos un mejor rendimiento laboral. Por ende, no estaba permitido agregar o transformar el aspecto interno y externo de las construcciones, impidiéndose la individualización de las mismas por parte de sus propietarios.</p>
      <p>De todo lo anterior, puede decirse que Delicias es uno de esos lugares donde la gente recuerda el pasado. Es una comunidad rodeada de cañaverales, con el mar muy próximo, que sugiere otro mundo, otra isla. Es un sitio de ensueños para el visitante, para el que no conoce otra historia que la suya propia. Sus habitantes, todavía enraizados en aquel momento, dejan a su paso huellas de las costumbres que tomaron de los venidos a estas tierras. Un pueblo de leyendas, de azúcar y agua, de hombres abnegados, de mezclas culturales, define a Delicias y la convierten, sin lugar a dudas, en una doble isla.</p>
    </sec>
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      <fn id="fn-1">
        <label>1</label>
        <p>1. La ciudad de Las Tunas fue incendiada en cinco ocasiones como resultado de las guerras independentistas: el primer intento por quemar Las Tunas se produjo el 8 de julio de 1851 por Joaquín Agüero; el segundo incendio se realizó el 13 de octubre de 1868; el tercero ocurrió el 16 de agosto de 1869 por Manuel de Quesada; el 25 de septiembre de 1876 se incendió por cuarta vez bajo el mando de Vicente García; y el 30 de agosto de 1897 se quemó por última vez.</p>
      </fn>
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