La fuente de Chiapa de Corzo es uno de los edificios virreinales más conocido del Estado de Chiapas, México. En ocasiones se ha dicho que representa la corona de los reyes católicos españoles, o que su estilo va del mudéjar al renacentista; y que el arquitecto dominico Rodrigo de León fue su proyectista. En este escrito se plantea una interpretación alternativa sobre la significación de la fuente como un monumento conmemorativo de la partida de los primeros frailes predicadores de Salamanca, España, a la Provincia de Chiapa.
Además fue la realización del stemma liliatum, el escudo de la orden, manufacturado en ladrillo cuyas significaciones están entrelazadas con la Suma Teológica de Tomás de Aquino, y los milagros de San Vicente Ferrer en Liria, España.
Asimismo la traza de la antigua Chiapa esta intrínsecamente articulada con el asiento de la fuente, las ceibas localizadas al interior de la población, y los cerros circundantes. Por lo que también se propone en el artículo, que el encargado del diseño y la obra fue el misionero dominico fray Tomás Casillas.
Palabras clave: Fuente, agua, dominicos, Chiapas, teología, ceiba.
The font of Chiapa de Corzo is one of the best known colonial buildings in Chiapas, Mexico. It has sometimes been said that represents the crown of the Spanish Catholic Kings, or that his style is Mudejar to the Renaissance; and the Dominican architect Rodrigo de León was the designer.
In this paper an alternative interpretation of the significance of the fountain as a memorial to the departure of the first friars preachers of Salamanca, Spain to Chiapas province.
This edification also carrying the stemma liliatum, the emblem of the dominican order manufactured with bricks and her meanings are intertwined with the Summa Theologica of Thomas Aquinas, and Liria’s miracles of San Vicente Ferrer.
And the trace of ancient Chiapa is intrinsically hinged to the seat of fountain, the ceiba trees located within the town and the surrounding hills. As also suggested in the article, that the the builder was the Dominican missionary Tomas Casillas.
Keywords: Fountain, water, dominicans, Chiapa, theology, ceiba tree.
La fuente mudéjar de la actual Chiapa de Corzo es uno de los edificios históricos más conocidos del estado de Chiapas. Se han hecho varios trabajos como el de Carlos Navarrete (1991), donde describe su historia a través de fuentes históricas, de los reportes de las restauraciones que se han hecho, y sobre su estado de conservación. Asimismo narra con fluidez el por qué la construcción puede inscribirse dentro de la arquitectura mudéjar1. Es un libro imprescindible para los que estudian la historia de la arquitectura de Chiapas.
Si bien el trabajo escrito por Navarrete es de primer orden existen diversos textos elaborados por estudiosos, tanto externos como chiapanecos, que abordan la descripción arquitectónica de la fuente, incluso algunos proponen cómo pudo ser de trazo geométrico2. En adición a lo que se ha escrito, este artículo pretende abordar a la fuente desde diversos puntos de vista. Aunque la investigación es más exhaustiva, y se lleva a cabo la realización de un libro completo, este escrito es un avance en el que se pretende un acercamiento a la fuente analizando su traza, diseño geométrico, operación hidráulica, y su vínculo con la evangelización dominica en tierras de los indios chiapa.
En 2008 el finado doctor Leonardo Icaza3 y el que esto escribe, iniciamos la investigación sobre los temas antes citados para contextualizar históricamente la pilona4, y analizar qué objetivos trascendentales intervinieron en la traza y diseño de la fuente.
El propósito de la investigación fue el llevar a cabo un estudio sistémico e interdisciplinar donde la arquitectura, la arqueología y la historia aportaran un horizonte más cabal sobre la pila, sus constructores, la manera particular de su edificación y su funcionalidad. Pese al fallecimiento del doctor Icaza en abril de 2012, sus indagaciones aportaron observaciones muy interesantes para proseguir con la investigación, como la identificación del patrón de medida usado por los dominicos y que los indios chiapa aplicaron pero desde su propio dechado mesoamericano. Del mismo modo, el sistema constructivo encontrado reveló dos manos que reflejaban las técnicas constructivas provinciales de España, la una de la región de Murcia y la otra de Salamanca. Ello influyó en la traza geométrica a través del uso del gnomon y la cuerda para delinear su orientación, cimentación y utilización del ladrillo en la fábrica de la pilona. Del mismo modo el doctor Icaza encontró los referentes geográficos que permitieron situar los puntos cardinales que incidieron en la distribución y planificación urbana de Chiapa de los Indios. Con la información anterior fuimos incorporando datos etnohistóricos y arqueológicos que completaron la historia constructiva de la fuente, y este escrito es un acercamiento al contenido de esa investigación.
La conquista española del reino chiapa de Napiniaca empezó en 1524 con Luis Marín y después por Diego de Mazariegos en 1528. Marín logró la capitulación de esta guerrera demarcación; y fundó un primer asentamiento sobre la antigua ciudad indiana, a un costado de una enorme ceiba. A pesar de ello por gestiones y litigios entre los conquistadores no se constituyó de manera permanente, quedándose sin encomiendas Luis Marín y Bernal Díaz (Díaz del Castillo, 1976: 629). En estas disputas a Diego de Mazariegos se le habilitó para refundar la villa española en Chiapa anulando las prerrogativas que tuvieron Marín y Díaz del Castillo (Vos, 1985: 54).
En 1528, Mazariegos tomó posesión del pueblo, pero con el paso de los días al sentir el clima extremo, los innumerables insectos y los naturales poco amistosos, motivaron a los colonizadores a desplazar su colonización a las montañas del noreste donde situaría a la Villa Real (Vos, 1985: 55).
Chiapa de los Indios, así llamada por los conquistadores, estuvo bajo la autoridad de encomenderos, sólo que entre 1532 y 1534 los indios chiapa se soliviantaron para librarse de la presión española; sin embargo después de feroces combates los indios chiapa fueron sometido5. En esta situación estaban los indios cuando llegaron los misioneros (Vos, 1985: 56).
Los reales fundadores de Chiapa de los Indios fueron los frailes dominicos, que arribaron en 1545 bajo la guía de fray Bartolomé de las Casas. Sobra mencionar que, el recién designado obispo de Chiapa tuvo muchos conflictos con los encomenderos de la Villa Real por su férrea defensa de los naturales, que eran cristianos recién convertidos. Él tuvo que salir subrepticiamente y refugiarse con sus hermanos de orden en el pueblo de Zinacantán6. De ahí se trasladaron a Chiapa de los Indios para reorganizar su actividad misionera en la zona. En dicho pueblo los frailes sostuvieron una disputa con el encomendero por la administración de los poblados, a quienes el español engañó al afirmarles que los dominicos eran peligrosos. Los religiosos poco a poco obtuvieron la confianza de los indígenas al defenderlos de los castigos que el colonizador les aplicaba. El tiempo y el rey español ayudarían a los hijos de Santo Domingo en cuanto a la relación de los naturales con los encomenderos (Vos, 1994: 48).
Para 1543 en Chiapa se usaron por primera vez las Leyes Nuevas de la Corona Española, que eliminaban la encomienda y prohibían la esclavización de los indios; con estas reglas, los dominicos fueron admitidos por los chiapanecias, a los que catequizaron y formaron en distintos oficios como la alfarería (Vos, 1994: 50). Entre los primeros misioneros que llegaron a Chiapa estuvo fray Tomás de Casillas7 dedicándose a la catequesis y la enseñanza de diferentes trabajos logrando el afecto de los indios chiapa (Hurtado, 1892: 46-47). Hacia 1548 fray Tomás Casillas ya era vicario de la nueva misión llevando a cabo la traza del pueblo Remesal (Remesal, 1988 t.1: 121) Dicho fraile fue el primer agrimensor y arquitecto de la naciente Chiapa de los Indios. Él debió percatarse que las ceibas del lugar influían de manera importante en la ordenación espacial del sitio porque su posición topográfica fue trascendental para reticular y triangular el área de la fuente, el conjunto conventual, las manzanas, las capillas de los barrios, las calles y el camino real que atravesaría la misión dominica. Resulta interesante observar que esos árboles8 estuvieron sembrados desde la época prehispánica y los dominicos sacaron partido de su disposición por la significación teológica que les asignaron. Los misioneros dominicos vieron en la ceiba de la plaza central, el ideal del árbol de la vida plantado cerca de un río como es descrito en la Jerusalén celeste. Los referentes bíblicos fueron el versículo 22:1-29 del Apocalipsis9, que menciona un río de vida, en el centro de la calle y dos más en cada ribera del río; y el salmo 1:310 sobre el árbol de la vida que es eterno y está colocado en el margen del río. Ambos pasajes debieron dar sentido al inicio de la evangelización predicadora en la región. Dichos argumentos los abordó el teólogo dominico santo Tomás de Aquino (2001: 867) en su Suma Teológica11, explicando la trascendencia espiritual del árbol de la vida, y la importancia material del árbol del conocimiento; también examinó los dos tipos de agua, la del bautismo y la corriente.
Con estas argumentaciones los frailes predicadores buscaron recrear un nuevo modelo afín a la recuperación del paraíso, y al advenimiento de un nuevo orbe que estaría formado por nuevos cristianos.
Las premisas teológicas estiveram manifiestas en el ordenamiento geométrico y urbano de Chiapa de los Indios; al convertirse las antiguas ceibas chiapanecas en una revalidación de los árboles bíblicos de la vida y el conocimiento. Los pochotes de la pretérita Napiniaca fueron colocados para crear dos ejes que se intersectaban en el centro de la plaza principal. El primer eje era el este-oeste, desplegado en las ceibas, que ahora están en los barrios de San Jacinto y El Calvario así como las localizadas en la salida oriental del pueblo. Del mismo modo la peña, conocida en la actualidad como piedra ahorcada12, fue otra marca geográfica, que junto con la ceiba o pochota de la plaza central formaron su segundo eje, el norte-sur (Chávez, 2011). De igual manera, el antiguo manantial chiapaneca, que existió en la plaza central, y el situado en un cerro13 próximo, proveyeron de agua cristalina al convento y al pueblo. Esa cordillera14 tuvo otro simbolismo bíblico al manar el vital líquido de una gruta. La montaña sería la unión de la tierra y el cielo, que vertería su agua clara y pura al valle de Chiapas de los Indios, reafirmando al lugar como la Jerusalén Celeste erigida por los dominicos.
En este sentido, no está del todo claro el uso de las advocaciones de los cuatro evangelistas en el contexto de la primer evangelización en Chiapa de los Indios; aunque los misioneros debieron recurrir a ellos para cumplir con los preceptos de la Iglesia católica, los cuales se integraron en la nueva geografía sagrada. De esta forma, las trayectorias solares eran importantes para dividir en cuadrantes el terreno; teniendo el número cuatro un sentido bíblico importante al relacionarse con los cuatro evangelistas. Estos se distribuían de la siguiente manera: Marcos y el toro, asociados al solsticio de verano; Lucas y el águila relacionados al equinoccio de primavera; Juan y el hombre vinculados con el equinoccio de otoño; y Mateo y el león interrelacionados con el solsticio de invierno (Monterrosa, [s.a.]a: 21). Es probable que ellos estuvieran asociados a cada ceiba y cerro dentro de la traza del pueblo; si bien su imagen quedaría en las capillas de visita del pueblo, su afinidad con los rumbos solares fue transcendental para sustituir a los antiguos dioses chiapa, que antes ocupaban esos espacios15.
Los aspectos enumerados anteriormente mostraron que el territorio, ubicado en los márgenes del río Grande16, estaba en concomitancia con los preceptos dominicos y los razonamientos lascasianos, demostrando que los neófitos chiapa eran seres racionales cuyas inveteradas costumbres exhibían ciertas trazas de jurisdicción y buen gobierno (Ruiz, 1976: 134). Por eso desde un inicio se les consideró “hijos de Dios” no obstante era cristianos recientemente convertidos que necesitaban “educarse”; para ello los dominicos hicieron uso de la Iglesia renovada apegada al modelo evangélico del cristianismo primitivo. Sin embargo, los neófitos no debían de ser bautizados hasta que estuvieran instruidos en la fe y costumbres cristianas. Primero se les enseñaría a vivir en policía y a hacer uso de los cánones de trazo y construcción del nuevo asentamiento hispano. Una vez que los naturales gozaran del completo entendimiento de la fe católica voluntariamente se incorporarían al cuerpo de la iglesia (Ruiz, 1976: 134, 137, 139). Para ello los frailes predicadores edificarían obras que les permitieran adoctrinar a los recién conversos.
A inicio de 2009 después de una investigación en campo, el doctor Leonardo Icaza notó que la fuente mudéjar de Chiapa fue trazada y construida como un antiguo molino de viento característico de las poblaciones de Cartagena y Lorca, en Murcia (España). Propuso que primero se señalaba el terreno para aplanar y trazar una base circular que después se levantaba como un muro perimetral de mampostería, construido con mortero de cal y piedra del lugar, reforzado en ocasiones con contrafuertes laterales (Icaza y Chávez, 2012). Este elemento se construía a modo de poza, rellenándola con tierra compactada con el propósito de obtener una plataforma de tránsito alrededor del molino (Icaza y Chávez, 2012). La planta del pozo tiene extremos semicirculares, tanto en la parte superior, como en la inferior. Se usó el cartabón, es decir una escuadra de madera lo suficientemente grande, que integró un gnomon constituido por una vara y una cuerda. Esto para llevar a cabo la tres reglas “de las cuales una medía tres codos, otra cuatro y la tercera cinco codos” (Icaza y Chávez, 2012).
Posteriormente, con un método similar dividieron los cuadrantes en ángulos de 45º trazando dos líneas que partían del mismo centro geométrico establecido, para ubicar los ejes secundarios de la composición arquitectónica, tal como si se construyera el armazón del velamen del molino (Icaza y Chávez, 2012). Así con los ocho ejes geométricos definidos en la traza de la Pila, el artífice estableció las medidas en varas castellanas, brazadas, pies y palmos de los distintos octágonos concéntricos que van del centro hacia fuera formando la pila, el tambor de la cúpula y los contrafuertes; entonces la pochota, a 45º, las dos pochotas de El Calvario y la del taller mecánico, la piedra ahorcada, el cerro San Sebastián y San Gregorio sirvieron como líneas de fuga y puntos de trazo (Icaza y Chávez, 2012).
Una vez erigida la fuente se incorporaron elementos mudéjares y románicos como los que se encuentran en el Castillo de Coca (Segovia) o en la iglesia de San Andrés en Cuéllar (Segovia), aprovechando profusamente el ladrillo como elemento constructivo. Del mismo modo, en San Esteban de Salamanca, en el claustro de los Reyes, se observa un estrado de estilo renacentista con cúpula que quizás sirviera de inspiración para levantar la cúpula de la fuente, con una acústica excelente.
Desde el cronista dominico Antonio de Remesal se ha referido que dos dominicos y un civil español fueron los comisionados de proyectar y levantar la pila y el conjunto conventual: “De la fuente se ha dicho que trazóle y comenzóle el padre Fray Rodrigo de León y en ausencia suya le prosiguió un español hasta echarle este año de 1562 el agua” (Remesal, 1988 t.2: 383); lo que concuerda con nuestra propuesta del empleo de dos técnicas arquitectónicas en la fábrica de la fuente. Seguramente el estilo románico-mudéjar lo proyectó un fraile dominicano, que había residido en el convento y colegio de Salamanca, quien conocía muy bien la elaboración, cocción y utilidad del ladrillo; por otro lado el español que concluyó la fuente se avocó a ejecutar el sistema hidráulico y terminar la obra aplicando técnicas constructivas de molinos y norias de la región de Murcia (Icaza y Chávez, 2012). Desgraciadamente no quedan más datos sobre la procedencia del supuesto arquitecto dominico de León, ni de otras obras que haya dejado, y menos del hispano que completó la pila.
Desde mi punto de vista, tanto la fuente como la iglesia y el conjunto conventual, tienen un estilo arquitectónico parecido, máxime si vemos con detalle los elementos mudéjares y románicos que están aglutinados en la fachada de la iglesia, la torre de su primer campanario, la arquería de las tres naves, y el claustro; también los arcos, arbotantes y torre de la fuente; ambos edificios utilizaron abundantemente el ladrillo (Icaza y Chávez, 2012). Ante esto propongo que fray Tomás Casillas17 trazó varios croquis o los planos de la fuente y la iglesia, así como de la primera etapa del convento, que constaría de tres o cuatro piezas y el claustro, una dedicada a la cocina y refectorio, mientras que las otras se distribuyeron para las celdas de los misioneros18.
El dominico Casillas quizá proporcionó el plano de la obra a sus hermanos de orden que se quedaron evangelizando en Chiapa, porque él tenía que continuar con la actividad misionera en otras regiones; de esta manera la pilona fue completada por el español originario de Murcia; en cambio la iglesia y el conjunto conventual fueron ampliados y culminados por intervención del dominico Pedro de Barrientos (Remesal, 1988 t.2: 456)19 probablemente entre 1554 y 1572 (Toscano, 1942: 34).
La única referencia histórica, sin aportar mayor información, que hay sobre Rodrigo de León aparece descrita en la crónica de Remesal (Remesal, 1988 t.2: 383). En ella se lee que fray Rodrigo fue el hacedor de la fuente, la cual dejó inconclusa, para que tiempo después un español la terminara. Después se pierde el rastro del supuesto constructor religioso; el fraile de León no es vuelto a referir en alguna otra fuente histórica, lo que ha llevado a repetir continuamente la misma cita del cronista dominico, sin releer otras fuentes como Francisco Ximénez (1999) en donde no se le alude en ningún momento. Por análisis historiográficos realizados a la obra de Remesal sabemos que, por intereses personales, modificó y llegó a manipular los datos de las fuentes que consultó (Vos, 1992: 211)20. La maniobra de ocultar el trabajo de agrimensor, arquitecto y teólogo de Tomás Casillas pudo deberse a que Remesal ensalza demasiado la labor del obispo Bartolomé de las Casas; en cambio, no destaca las obras del predicador Casillas, quien fue el segundo mitrado de la provincia de Chiapa. Probablemente el cronista consideró que al narrar los logros del segundo obispo demeritaría el quehacer del primer diocesano al destacar las grandes cualidades que tuvo Casillas como misionero y diocesano de Chiapa.
De la misma manera existe más información histórica de Tomás Casillas que de Rodrigo de León, al constar testimonios de su salida de España hasta informes de su fallecimiento en Ciudad Real de Chiapa. Dichos documentos refieren que fue un gran teólogo y erudito, ya que en ese tiempo los religiosos estudiaban varias ciencias en la Universidad de Salamanca, que tenía una de las mejores bibliotecas y de cuyo acervo surely obtuvo mucho conocimiento, incrementado con los comentarios y debates tenidos con otros frailes.
También hay testimonios históricos de que Casillas trazó el pueblo de Cobán, en la provincia de Guatemala, e inició las obras de la casa conventual dominica en Santiago de los Caballeros de Guatemala (Remesal, 1988 t.2: 340)21. Además, constan en diferentes archivos de México, Guatemala y España, documentos rubricados por el fraile y los indios de Chiapa, donde expresan que era muy apreciado por su diligencia pastoral y obras piadosas (Suñe, 2003: 179)22. Así se puede inferir que los naturales y el fraile trabajaron en conjunto en diversas actividades, tanto evangélicas como constructivas al diseñar la fuente principal.
Conocemos que fray Tomás Casillas fue un religioso con gran aptitud evangélica; él recorrió parte del Altiplano de Guatemala y muchas localidades zoques, donde hoy en día subsisten edificaciones religiosas con elementos similares a los de la fuente de Chiapa. El dominico estuvo en Quechula, Copainalá y Tecpatán, asentamientos donde el fraile fundó misiones con sus casas conventuales, el mismo cronista Remesal (Remesal, 1988 t.2: 98) cita la capacidad misionera e intelectual de dicho religioso al entregarse por completo a su quehacer junto con sus compañeros lo que
“Admirábase [...] del consuelo que Nuestro Señor daba a los religiosos que allí estaban, que siendo criados en las mejores ciudades de España, en Universidades y Estudios de mucho número de estudiantes, en conventos graves, regalados y abundantes de muchos religiosos y frecuentados de gente noble, docta y de excelentes ingenios, estuviesen tan contents entre aquellos montes, [...] lloviendo a cántaros y si descansaba era para volver a llover más”.
Si examinamos con atención las fuentes escritas e impresas, que están a nuestro alcance, advertiremos que Tomás Casillas es el que planeó y estructuró la misión dominica en la provincia de Chiapa. Con él se fundan diferentes conventos en los que va colocando misioneros de su orden; inclusive mandó a varios religiosos para convertir a los belicosos lacandones y a los bravos choles (Remesal, 1988 t.2: 101). Con los razonamientos expuestos determinamos que Tomás Casillas era un religioso dominico cuya preparación universitaria y religiosa le aportaron abundante erudición en diversas disciplinas, que abarcaron la teología, la geometría, la arquitectura y la hidráulica entre otras; lo cual permaneció en varias obras religiosas efectuadas por la orden de la flor lisada en Chiapa.
La producción arquitectónica más significativa y emblemática para la primera generación de dominicos de la Provincia de Chiapa, no sólo fue su casa conventual, sino el paisaje adyacente interrelacionado con la fuente chiapaneca, que se alzó en la plaza central de Chiapa de los Indios. Desde un comienzo fray Tomás Casillas, prior de la misión, hubo de trazar una gran explanada para la doctrina de Chiapa debido a la elevada población indígena que estaba evangelizando. Por eso los religiosos requerían de una extensión grande de terreno para reunir a sus fieles, de ahí que el espacio central de la ciudad precolombina de Napiniaca fuera el lugar idóneo. Los religiosos dejaron en su sitio a una gran ceiba, que para los indios chiapa simbolizaba el centro del mundo, cuyo follaje y raíces unían los tres niveles del cosmos, esto es, el cielo, la tierra y el inframundo. Ya advertimos que, para los misioneros, la ceiba fue la prueba teológica del árbol de la vida, y para armonizar con su significación, intentaron construir un ingenio arquitectónico que enunciara el emblema de la orden y al patrono de la provincia, que se instituyó bajo la protección de San Vicente Ferrer.
Imaginemos a fray Tomás Casillas y un grupo de indios chiapa, convocados a las siete de la mañana cuando el sol empezó a iluminar la plaza de del pueblo; todos agrupados bajo la gran ceiba que en consenso asumieron como punto cero. De ahí iniciaron el trazado con un gnomon y una cuerda sostenida por los indios, quienes alineados con el sol, el manantial, los puntos solsticiales y equinocciales, el soctón o piedra parada, y el río triangularon sus puntos; y en conjunto delinearon la planta octogonal de lo que sería la pila de Chiapa con el deslinde del terreno del conjunto conventual. Más tarde los albañiles chiapa harían la cimentación de ladrillo, que el dominico ya les había aleccionado pacientemente en su manufactura, empezando así las obras de la fuente pública.
Debido al celo religioso del agrimensor dominico, este deseó exteriorizarlo en un artificio que fosse un monumento conmemorativo, que le rememorara a él y a sus hermanos de orden, su partida del convento de San Esteban de Salamanca, de las iglesias dominicas y edificios representativos de los pueblos de la región de Ávila, y otros parajes castellano-leoneses a los que nunca regresarían. De esta forma, se escogió la planta ochavada de la fuente por su simbolismo cristiano, al estar ligado el número ocho con la resurrección y la eternidad de Cristo, y con el bautismo, que es la restauración espiritual del cristiano. También el ocho sería una suerte de renovación, después de la semana donde Dios trabajó en la Creación, al octavo día comenzaba una nueva era (Monterrosa, [s.a.]: 36). En consecuencia la fuente tuvo una forma octogonal, como las piles bautismales que evocan la vida eterna alcanzada a través de la inmersión en el agua (Chevalier y Gheerbrant, 2007: 768) acción que los neófitos por primera vez debían realizar en ese lugar, a donde los nobles chiapa admitirían su conversión al cristianismo. Además, implícitamente la pila podría haber sido la materialización del emblema de la congregación de Santo Domingo, situado como un indicador del comienzo de la pacificación de los naturales, y su incorporación a la Iglesia mediante el evangelio.
Con estos preceptos la pilona adicionó en su estructura otros cuatro elementos simbólicos dominicos trascendentales:
a) La fuente como el stemma liliatum, el lirio y la cruz flordelisada de la casa de Aza, familia del fundador de la orden de Santo Domingo (Beltrán, 1965: 72). Además de que la flor de lis encarna los valores de la inocencia, la luz, el paraíso y la pureza, que también son atributos marianos (Monterrosa, 2007: 30); que de acuerdo a los preceptos lascasianos y tomistas eran las cualidades que mostraban los naturales chiapanecas; amén de que las nuevas tierras eran la realización del paraíso apegado al cristianismo primitivo que buscaban rescatar. Además la pilona está coronada porque evoca a la Virgen del Rosario, que protege y auxilia a los dominicos en su prédica en la conversión de los neófitos (Siervas, 2009).
b) El agua que llega hasta el surtidor, pila y bebederos son una alegoría de la verdad de la salvación donde los frailes predicadores son los portadores de la fe, que deben de verter sobre los nuevos cristianos para que conozcan la jerarquía celestial (Aquino, 2007: 820)21.
c) Al ser Vicente Ferrer el patrono de la provincia, se refiere a un santo ligado a la prédica exitosa contra los infieles y herejes, de los cuales aprehendía su lengua; que llegaba a las poblaciones y con su catequesis atraía a multitudes en plazas públicas junto a pilas de agua; igualmente vinculado con un portento (Antist, 1575: 142-143):
“San Vicente Ferrer Milagró en la villa de Liria, a cuatro leguas de Valencia, se secó una fuente de agua que proveía a la gente. Pasaron tiempos difíciles con mucha necesidad de agua hasta que llegó san Vicente “el qual viendo la congoxa, y tristeza en que vivian después de aver dicho misa se fue al lugar donde salia manar el agua, y echándole su bendición volvió a salir con abundancia [...] cada día en la misa conventual de la villa se dize cierta oración, para que Dios les guarde el agua, la qual oración pretenden que ordeno al padre Sant Vicente”.
Nuevamente una alegoría del agua como salvación y la predicación como el medio para obtenerla22.
d) Como la fuente esta edificada con ladrillos es otra allusion a San Vicente porque es el patrono de albañiles y ladrilleros, oficio que los misioneros del cánido y la antorcha enseñaron a los chiapa, que antiguamente elaboraban una cerámica muy buena, y el cual aprendieron prontamente y se distinguieron por su alta calidad. En la actualidad todavía existen varias ladrilleras en Chiapa de Corzo por presentar una tierra rica en bancos de arcilla.
Durante los distintos trabajos de campo llevados a cabo desde 2008 en Chiapa de Corzo, hemos visto que a las 12 del día la fuente hace un juego de luz y sombra entre los arcos, iluminando parte de los andenes, otorgándole mayor volumetría a la fuente. Después de observarlos profusamente nos dimos cuenta que era una proyección del emblema dominico, que justo al medio día se efectúa por el sombreado en la mitad de los andenes bajo la cúpula. Dicho efecto visual debió de observarse bien en la lejanía, cuando los viandantes bajaban o subían por la ladera de los cerros transitando sobre el camino real, ya fueran para Guatemala o a Ciudad Real. Con ello notaban que estaban llegando a Chiapa de los Indios, primera doctrina dominica en la región, donde podrían saciar su sed en la majestuosa fuente pública.
En un inicio los frailes del dominis canis quizás predicaron a los naturales bajo la fronda de la ceiba, después en la fuente una vez terminada su edificación, cuya acústica era muy buena por la cúpula que la cubrió; así los frailes emularían a San Vicente Ferrer en la predicación dentro de la plaza principal del pueblo. Al pasar el tiempo los feligreses serían trasladados al interior de la iglesia quedando la fuente como un monumento conmemorativo de los dominicos que salieron de Salamanca y León. Al mismo tiempo la fuente ochavada con su cúpula y sus arbotantes fue la expresión del escudo de su orden, para que todos los visitantes y vecinos lo vieran, porque encarnaba la nueva evangelización de unos neófitos racionales, que serían convertidos en nuevos cristianos.
Los primeros misioneros que llegó fue una generación cuyos frailes eran grandes teólogos y estudiosos en otras materias, hombres eruditos y revolucionarios en su pensamiento, con ideas nuevas influidas por los padres de la iglesia, la Biblia, y de los santos más preciados de la orden. Era una estirpe de misioneros en extremo fervorosos con su fe, que explicaban todo lo que les rodeaba a través de su conocimiento teológico, advirtiendo en cada elemento de la naturaleza y creación humana una manifestación de Dios. Una vez consolidada la incorporación de los naturales a la Iglesia, y después de que la primera generación envejeció y fue muriendo, el ideario se difuminó como la niebla que se levanta en los cerros circundantes a Chiapa. Al parecer los subsecuentes frailes predicadores que llegaban eran portadores de ideas distintas a las de los fundadores de la provincia de Chiapa y Guatemala. Por ello algunas alegorías perderían su sentido con el tiempo dejando a la provincia bajo la protección y bendición del santo alado y apocalíptico Vicente Ferrer.
Sin embargo, el artilugio se había alzado dejando plasmada su representación en dos dimensiones, y a escala en la fachada lateral del acceso norte de la iglesia de Santo Domingo. Pareciera que la intención de fray Tomás Casillas fue la de dibujar el edificio en planta sobre la portada adyacente de la iglesia; después proyectó un trazado isométrico imaginario hacia la plaza, formándose al mismo tiempo el alzado y la perspectiva de la pila sólida construida con ladrillos. Fray Tomás Casillas aprovechó esa cara del templo católico para decorarlo, y mostrarle a su grey que la fuente de Chiapa de los Indios era el escudo de su orden. Dicho emblema fungió como un faro que iluminó el camino de los subsecuentes misioneros que llegaron a tierra chiapa. Veían a la fuente sabiendo que ya estaban en la tierra escogida por Santo Domingo para que ejercieran su labor pastoral; asimismo la evangelización estaría ya inspirada y protegida por el patrono de la provincia San Vicente Ferrer. Del mismo modo, las ceibas fueron otro elemento importante que incorporó fray Tomás al formar el cuadrivértice del trazo, levantamiento de la fuente, el conjunto conventual, y el pueblo. Los grandes árboles conformaron una geografía sagrada dominica al asociarlas con parajes distintos, y relativamente cercanos como el manantial en el cerro y la piedra ahorcada.
El esquema geométrico diseñado resultó un cuadrante dividido en triángulos que uniéndolos formaron el octágono de la fuente; el mismo número de ceibas que había en Chiapa, lo que indica el uso de la numerología cristiana relativa a los múltiplos de cuatro; así, los puntos cardinales simbolizan: Oriente asociado a la resurrección; Occidente relacionado con la muerte; el Norte donde provenía el frío; y el Sur lo contrario, lo caliente. Curiosamente en la Biblia son cuatro los evangelios, y en la iconografía cristiana cada evangelista se representa con un animal. Estos conceptos se relacionan con los movimientos solsticiales y equinocciales en las cuatro estaciones del año. Las ceibas, la pila, el río y los cerros fueron alegorías bíblicas esenciales de la primera etapa evangelizadora de los dominicos en territorio chiapa. Estas señales los inspiraron para emprender una mayor conversión de infieles en tierras zoques, tzeltales y tzotziles permitiéndoles trasmitir los preceptos de Domingo de Guzmán, Tomás de Aquino y Vicente Ferrer.