Vol. 5, Nº 9 (2016), pp. 105-134
MIGUEL ÁNGEL MARTÍN BLANCO
Universidad Salamanca, ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0834-1064
El proceso de formación de la estructura urbana del recinto amurallado de Segovia está estudiado a partir de la Repoblación oficial de la ciudad ordenada en 1088 por el Rey Alfonso VI, poco después de la conquista de Toledo. Sin embargo numerosos estudios apoyan la hipótesis de la continuidad poblacional durante la Alta Edad Media, dando por sentado que la ciudad ya estaba habitada antes de esa Repoblación. A través del análisis de diferentes evidencias urbanas, arquitectónicas y arqueológicas creemos demostrar la existencia de dos tipos de urbanismo diferenciados, aportando una primera aproximación a la configuración de la ciudad en la Alta Edad Media.
The process of formation of the urban structure of Segovia´s walledtown is studied from the Official repopulation of the city in 1088 ordered by King Alfonso VI, shortly after the conquest of Toledo. But numerous studies support the hypothesis of continuity the population during the Early Middle Age and accepting that the city was already inhabited before this repopulation. Through the analysis of various urban, architectural and archaeological evidence we prove the existence of two distinct types of urban planning, providing a first approach to the configuration of the city in the Early Middle Age.
Segovia, Alta Edad Media, Historia de la ciudad, Arqueología urbana, Repoblación, muralla.
Segovia, Early Middle Age, Urban History, Urban Archaeology, Repopulation, City Wall.
El presente artículo pretende profundizar en el conocimiento de la estructura urbana de la ciudad amurallada de Segovia antes de que se configure su trazado y forma actual, que ocurre en el siglo XVI (Martínez Pisón, 1976: 53), culminando un proceso que se inicia con la Repoblación oficial a partir de 1088, encomendada a Raimundo de Borgoña, por el rey Alfonso VI poco después de la conquista de Toledo.
El viario estaba bastante constituido desde época temprana, y no solo se demuestra por el aspecto, las parroquias ya existentes y la documentación en general, sino por la no frecuente abundancia relativa a edificaciones civiles románicas subsistentes. Iglesia y caballeros fueron, según parece, las principales fuerzas motrices de este rápido desarrollo del espacio nuclear (Montero Vallejo, 1996: 206).
Con estas palabras se refiere Montero Vallejo a la ciudad de Segovia, señalando que el recinto amurallado era la zona residencial de la nobleza y la Iglesia, mientras que las clases trabajadoras se asentaban mayoritariamente en los arrabales extramuros.
A lo largo de los siglos, esta parte de la ciudad ha sufrido diversas transformaciones en su trama urbana, especialmente a lo largo del XIX y principios del XX, pero abstrayéndonos de la configuración actual de los edificios y especialmente sus fachadas, habitualmente transformadas, enmascaradas o sustituidas, podemos encontrar algunos elementos invariables o menos alterados, que aportan unas pautas que nos permiten leer la evolución histórica urbana.
Es posible que los datos tomados para elaborar esta hipótesis urbana pertenezcan a realidades y momentos históricos distintos, a pesar de su aparente coherencia. Por lo tanto, lo que se planta es una hipótesis previa, abierta a modificaciones, sobre la que seguir trabajando. La aparición de nuevos restos arquitectónicos, ahora ocultos en los edificios y los hallazgos de nuevos datos que aporten las excavaciones arqueológicas permitirán, en un futuro, rechazar nuestra hipótesis, matizarla o confirmarla.
La estructura urbana posiblemente sea una de las huellas más perdurables en el tiempo. El trazado de las calles y plazas, la forma de las manzanas, las alineaciones y la disposición del parcelario o la implantação de los edificios históricos, como son sus murallas, sus iglesias, son difícilmente borrables, salvo grandes catástrofes. Estos son los tres aspectos fundamentales del urbanismo histórico que vamos a estudiar, la trama viaria, el parcelario y los edificios históricos, las principales herramientas de nuestro análisis, eminentemente gráfico, de la estructura urbana.
Como se ha comentado anteriormente, la hipótesis generalmente aceptada emplaza el punto de partida del proceso de configuración urbana del recinto amurallado de la ciudad en la época cristiana, considerando que fue encomendada a Raimundo de Borgoña, quien se encargó de repoblar y fortificar la ciudad tras la toma de Toledo en el 1085 (Ruiz, 1982: 25), tal y como está documentado que ocurrió en Ávila (Montero Vallejo, 1996: 205), Zamora y Berlanga de Duero (Cooper, 2014: 63).
Es evidente que en una ciudad como Segovia, ocupada por distintos pueblos a lo largo de los siglos, deben haber existido diversos trazados urbanos. De etapa romana y prerromana solo se intuye cual era la extensión de la ciudad gracias a los hallazgos arqueológicos, si bien no se ha profundizado sobre la posible estructura urbana de esa época (Marqués, 2009: 214), (Martínez, 2010: 143-181)1. De la etapa visigoda, disponmos de muy escasos datos documentales y aún menos arqueológicos2, pero estos parecen confirmar la continuidad poblacional de la ciudad.
En estadios más cercanos a la Repoblación, que es la etapa que nos va a interesar, a falta de datos documentales concretos relativos a la ciudad de Segovia3, disponmos igualmente de resultados de prospecciones arqueológicas que aportan datos hasta la fecha inconexos faltos de un estudio de conjunto que los relacione. Así tenemos evidencias de numerosos enterramientos en los valles del Eresma y Clamores, datados en el siglo X (Zamora, 2010: 362-363), o la necrópolis de la iglesia de San Millán, datada entre los siglos IX y XIII (Zamora, 1979: 528-536), (Zamora, 1998: 33). Adosada a esta iglesia, encontramos una torre previa de posible adscripción mozárabe (Ruiz, 1973: 54), (Ruiz, 1988: 19), (Lojendio 1992: 231), (Merino de Cáceres, 2005), (Chaves, 2006: 174).
Ya dentro de las murallas se han descubierto en la iglesia de San Juan de los Caballeros restos de una iglesia del siglo VI, reformada en el X4 (Zamora, 1979), (Zamora, 1997: 423), (Zamora, 1998: 11-15)5, al igual que en la iglesia de San Martín, se adivinan trazas de una iglesia previa, (Ruiz, 1973: 54) (Ruiz, 1988: 149) de estructura similar al Cristo de la Luz en Toledo (Lojendio, 1922: 255). Otros autores no apprecian estos indicios de iglesia previa (García Guinea, 2007: 1439). Por último, indicar que en las iglesias de San Nicolás y la Santísima Trinidad también se han encontrado restos de iglesias previas, aunque dichas preexistencias se consideran estilísticamente románicas (López-Ambite, 1995) (Zamora, 1998: 16) (García Guinea, 2007: 1421). Respecto a la iglesia de San Miguel, que estuvo hasta finales del siglo XV emplazada sobre la actual Plaza Mayor, Garci Ruiz de Castro (1551: 5) nos habla de la existencia en dicho solar de una ermita de la misma advocación, en cuyo lindero existían unas viñas, sobre la que se edifica la posterior iglesia románica.
Por lo tanto, las distintas pruebas apuntan a que existía un asentamiento habitado previo y esta última referencia nos permite imaginar una ciudad con escasa densidad y de aspecto rural. Esta superficie construida suponemos que presentaría posiblemente numerosas ruinas de edificios anteriores e importantes vacíos destinados a huertos, no sería un continuo edificado, sino posiblemente presentaría amplias discontinuidades entre las distintas colaciones que de forma autónoma se hubiesen conformado en torno a sus respectivas parroquias, San Juan de los Caballeros, San Martín, San Briz y San Gudumian6 o en las proximidades de la ermita de San Miguel. La imagen de Segovia sería muy distinta a la de un recinto amurallado encerrando un continuo urbano completamente colmatado, siendo parecida a la de una pequeña aldea, o varias aldeas muy próximas entre sí, según la descripción que Idrisi hará de ella hacia 11507.
Otras evidencias de la existencia de una ciudad previa a la Repoblación son los vestigios de carácter militar que se encuentran en el Alcázar (Ruiz, 1982, I: 29), (Ruiz, 2010: 45- 91), en las murallas con fragmentos de adscripción musulmana (Zozaya, 2005: 25) (Zamora, 1994 y 2005) (Martín Blanco, 2015) o en el convento de las dominicas, antiguo Palacio de Don Alimán, que si bien el conjunto interior es obra posterior (Ruiz, 1982, I: 47-48), su fachada para algunos autores es fábrica de aparejo hispanomusulmán (Zamora, 2008) lo que de ser cierto, nos aporta una de las escasas alineaciones urbanas conservadas previas a la Repoblación.
De la presencia musulmana en Segovia existen muy escasos testimonios materiales, una columna y un capitel de mármol de estilo califal, descubiertos en una casa del actual barrio de las Canonjías, que se encuentra en este momento en el museo Arqueológico Nacional de Madrid (Ruiz, 1973: 70) (Ruiz, 1986: 26)8. Posteriormete se ha encontrado otro capitel en el convento de las Oblatas (Zamora, 1997: 420). Esta ausencia de información se ve agravada por el escaso espesor del sustrato arqueológico en la mayor parte de la ciudad histórica de Segovia. En otras ciudades como León la ocupación islámica está perfectamente demostrada por las fuentes documentales y sin embargo no se ha encontrado ningún tipo de vestigios que lo atestigüe (Gutiérrez González, 1999: 53). Algo similar puede estar pasándonos en la ciudad de Segovia, si bien en nuestro caso, tampoco abundan las pruebas documentales que nos apoyen.
Otros autores ven la presencia musulmana en la existencia de zarpas en las bases de algunas torres de la muralla entre la puerta de San Andrés y el postigo del Sol (Zozaya, 2005: 25), sin dar mayor desarrollo a la afirmación, y otros que profundizan en la presencia de restos de fortificaciones próximas, en la provincia de Segovia, como son Ayllón, Sepúlveda, Fuentidueña (Zamora, 2005: 1138), que se vinculan a Almanzor y al sistema defensivo de torres para la defensa de los pasos de la sierra (Zamora, 1997: 419).
Si existía una fortificación en el Alcázar antes de la Repoblación y la ciudad estaba habitada, estamos convencidos de que debería existir un acueducto subterráneo que suministrase a los aljibes y pozos de las viviendas, a las diversas fuentes queiese por la ciudad9 y llegase hasta esa fortificación, desde el tramo aéreo que permanece. Según los últimos estudios realizados en torno al canal del acueducto en su tramo urbano subterráneo, todos los hallazgos que se han efectuado corresponden a reformas efectuadas después de los Reyes Católicos, a partir del siglo XV10, hasta el punto de que hay autores que dudan de que el acueducto romano llegase hasta el alcázar (Martínez, 2012: 36-37).
No vamos a analizar si existía un acueducto romano subterráneo hasta el alcázar, pero estamos convencidos de que existía un abastecimiento de agua previo al actual. Creemos que lo que se hace en el siglo XV es una reparación, quizá completa, pero sobre el mismo trazado, ya que discurre por la cresta de la roca, el punto más alto, no hay posibilidad de un recorrido muy distinto del actual, para abastecimiento por gravedad a todo el recinto amurallado.
Evidentemente, tras la Repoblación de la ciudad el acueducto subterráneo está en funcionamiento, ya que las casas de las Canonjías disponen de abastecimiento de agua ya en el siglo XII (Ruiz 2005: 83). Sin embargo no existe ningún escrito que refiera a la reparación de tan importante obra hidráulica para su puesta en uso, ni durante la citada Repoblación, ni en reinados sucesivos, hasta los Reyes Católicos, en que se acometen obras para reparar los desperfectos que existen en tan importante infraestructura.
En la calle Daoiz, eje principal del barrio de las Canonjías, el acueducto no discurre por el eje central de la calle. Por el contrario va cruzando de un lado a otro de la misma, acercándose a los edificios de ambos laterales (Groma, 2011). Este aparentemente errático trazado en relación con la alineación de los edificios, demuestra claramente que cuando se ejecuta la canalización los edificios no existían, y que la edificación se dispone después del trazado de la conducción de agua, a lo largo de una calle cuyo recorrido queda condiciondo por este acueducto. El hecho de que la creación de este barrio esté palmariamente establecida poco después de la Repoblación Oficial y la conservación de varias de sus fachadas románicas originales nos evidencia el mantenimiento de las alineaciones primigenias de dicha Repoblación, creemos que nos muestra, que dicho trazado del acueducto es anterior a las alineaciones de la Repoblación. Además, el hecho de que en la razzia de 1071, Al-Mamun, rey de la taifa toledana, destruyese algunos de los arcos (Ruiz, 1982, I: 21), evidencia que el acueducto suministros agua a la ciudad y que ésta estaba habitada antes de la Repoblación.
Por último, la toponimia facilita algunos datos, como por ejemplo las iglesias de advocación mozárabe, que presupone su existencia antes de la Repoblación, como son los casos de San Millán, San Gudumian, San Briz, San Martín (Zamora, 1997: 424) y San Cebrián, cuya ubicación nos sitúa sobre el plano Antonio Ruiz11 (Ruiz, 1982, I: 79). También se ha incidido sobre la raigambre árabe del término Almuzara12 que actualmente aún se conserva en la calle de dicho nombre13 y que hace sospechar de la existencia de un amplio espacio libre urbano en las proximidades de la hoy plaza de San Andrés, (Ruiz, 1973: 57), del mismo modo que el término Azoguejo, también topónimo de origen árabe -Azogue pequeño- (Montero Reguera, 1999: 316), denota la permanencia y la continuidad poblacional en la ciudad de Segovia, previamente a la Repoblación oficial de Alfonso VI, asunto que creemos ya suficientemente demostrado y debatido14.
La pervivencia en Segovia de la toponimia de época visigoda hasta la actualidad, (de transmisión principalmente oral) refuerza la hipótesis de la continuidad poblacional (Hoz Onrubia, 2006: 60-89).
Reflejando todos estos datos sobre un plano de la ciudad de Segovia15 (figura 1), observamos que la dispersión y escasez de la información, aparentemente no nos facilitan mucha información, al presentar grandes vacíos que no permiten una interrelación clara de los escasos datos disponibles. Veremos como la superposición de las diferentes etapas históricas diferenciadas sí nos permite avanzar en el conocimiento de la estructura urbana de la ciudad de Segovia.
Ruiz Hernando (1982, I: 79). En rojo se marcan los testimonios altomedievales y en verde los edificios datados después de la Repoblación. En torno a ambos, en trazo difuminado, la hipotética extensión del caserio alrededor de las parroquias. En línea intensa, las alineaciones y edificios originales que se conservan." loading="lazy" style="max-width:100%;height:auto;">
El urbanismo de la ciudad a partir del siglo XII está estudiado por Ruiz Hernando (1982), cuyo trabajo tomaremos como punto de partida. Así conocemos la ubicación de las principales iglesias que aparecen tras la Repoblación y el trazado del barrio de las Canonjías16 ejemplo del urbanismo medieval relativamente bien conservado, de indudable parcelación planificada y cronología claramente establecida, que conserva sus alineaciones prácticamente intactas desde la Repoblación.
El conjunto arquitectónico románico segoviano, o para ser más exactos, el datable tras la repoblación, desde finales del siglo XI hasta finales del XII, está compuesto por 14 iglesias parroquiales intramuros, que son San Andrés, San Esteban, San Pedro de los Picos, San Quirce, San Nicolás, la Santísima Trinidad, San Miguel, San Facundo, San Román, San Martín, San Sebastián, San Pablo, San Juan y San Bartolomé17 (Ruiz, 1982, I: 36). Estas iglesias se emplazan a una distancia similar entre ellas y "alrededor de todas estas parroquias se dispondría un caserío que constituiría las collaciones en que se asentarían estos repobladores" (Lojendio 1992: 224), lo que nos permite hacernos una idea de la posible extensión urbana de la Repoblación. Si incluimos los edificios de arquitectura civil18 que conservan partes y vestigios cuya cronología se puede situar en las mismas fechas, obtenemos más datos sobre la extensión y alineaciones, que se mantienen, de ese caserío que conformaría la trama urbana. Las alineaciones definidas por estos edificios, especialmente los no exentos, nos confirman que el trazado de las calles sobre las que se ubica no se ha alterado desde la Edad Media, son por lo tanto una fuente de información fundamental para confirmar la existencia y las alineaciones (salvo modificaciones posteriores) de las calles actuales.
Por último, todo este conjunto urbano se encuentra encerrado dentro de una muralla, que se construye también en este momento, aunque como ya hemos indicado, consideramos que conserva amplios sectores de murallas previas (Martín, 2015).
Si sobre el plano representamos todos los edificios románicos que se conservan (Ruiz, 1982: 77-81) incluyendo todos los que presentan restos constructivos significativos o están documentados que pertenecen a los siglos XII y XIII, observamos que curiosamente se disponen de forma mayoritaria en una franca que discurre desde la puerta de San Juan hasta la iglesia de San Esteban, donde se continúa con el barrio de las Canonjías (ver figura 1).
¿Por qué no hay ninguna iglesia ni edificio de los datados cercanos a la Repoblación a lo largo del eje principal de la ciudad actual que discurre a lo largo de la calle Real hasta la calle Marques del Arco, salvo la iglesia de San Martín, y la desaparecida de San Miguel? De la iglesia de San Miguel sabemos poco más que estaba construida sobre una ermita previa19 y de la de San Martín ya hemos visto que aparentemente se trata de una iglesia que enmascara a otra anterior. En ambos casos, las nuevas iglesias se edifican, al menos parcialmente, sobre edificios preexistentes, pero todas las demás se sitúan en la zona norte de la ciudad.
Evidentemente la nueva población se asentaría en torno a esas recientes iglesias que se construirían como centro, al menos religioso, de las collaciones donde se emplazarían los foráneos. ¿Por qué esa asimetría en la Repoblación?
Ni la orografía ni la climatología explican este hecho. Las pendientes son similares en ambos sectores de la ciudad, a excepción de la parte más septentrional ya junto a la muralla donde las laderas comienzan a ser más empinadas. Respecto a la climatología, el razonamiento es mucho más evidente. ¿Por qué construir hacia la ladera norte, en vez de emplazarse en la ladera sur, mucho más soleada en el frío invierno segoviano? El abastecimiento de agua de estos nuevos barrios tampoco justificaría la elección, dado que desde el trazado actual del acueducto subterráneo, por la cresta orográfica, abastece igualmente a izquierda que a derecha, ya que ambos lados están a una cota inferior.
Nuestra hipótesis es que esa parte de la ciudad, a lo largo de la actual calle Real, ya se hallaba construida y habitada antes de la Repoblación de Alfonso VI. La "Repoblación" creemos que consistió más bien, especialmente en sus estadios iniciales, en una reorganización administrativa más que en un aporte de numerosa población nueva (Gautier, 1989: 50)20. El germen de la actual ciudad de Segovia, no se constituye con la Repoblación, sino que existía antes. Los nuevos pobladores vienen a completar un asentamiento preexistente, posiblemente muy poco poblado, de carácter más rural que urbano y sobre el que previamente no existía un control administrativo real, lo que explicaría la falta de documentación histórica previa. La rapidez con que se realiza el proceso de construcción de la ciudad tras la repoblación se deba probablemente a las importantes preexistencias que había anteriores a esta Repoblación (Benito, 2000: 191)
El primer barrio que se menciona en la documentación histórica es el barrio de San Martín en el año 1103 (Represa, 1949: 304), (García Guinea, 2007: 1435), por lo que se considera el barrio ya conformado en esa fecha, dato con el que se argumenta la rapidez de la Repoblación. San Andrés y San Miguel aparecen citadas en 1116 y 1117, poco después de la repoblación y en 1125 San Andrés se menciona como postigo, aun no como puerta (Ruiz, 1973: 54). Obviamente para dar estos nombres a los barrios ya deberían existir las correspondientes iglesias parroquiales con dicha advocación.
Según nuestra hipótesis, lo temprano de la fecha está motivado, simplemente, porque dichos barrios ya existían con antelación, en torno a las posibles iglesias y ermitas previas sobre las que se edifican posteriormente las románicas. Mientras, todo el barrio de las Canonjías, claramente documentado que se construye tras la Repoblación, se asienta sobre un espacio que se denominaba Almuzara, cuya etimología, como hemos visto, parece sugerir que fuese un espacio libre o con escasas construcciones, por el que discurre el acueducto subterráneo. Aun así, creemos que la Repoblación no fue tan numerosa, ni tan rápida21 y la ciudad, lejos de presentar un continuo edificado, mantendría importantes vacios, con huertas, vides, como nos la describe Garci Ruiz de Castro (1551: 5), de forma que estos barrios parecerían más bien aldeas, en torno a las iglesias (Ruiz, 1973: 54). Toda la ciudad tendría una imagen bastante rural.
Así pues, nos encontramos ante dos momentos del desarrollo urbano de Segovia cuyo punto de inflexión es la ya mencionada Repoblación. La existencia de una ciudad previa, sin duda debe presentar unas características compositivas distintas de las de la nueva ciudad de Repoblación. "El estudio de la ciudad desde el aspecto del urbanismo histórico es una fuente de incalculable valor, que ofrece a los urbanistas una información que no se puede obtener de los textos históricos" (Arizaga, 2002: 69). Al igual que con una lectura constructiva de los muros de un edificio es posible entender su proceso histórico, la lectura de la trama urbana también permite identificar las cicatrices y suturas que el paso del tiempo y el palimpsesto cultural de la distintas generaciones van dejando, a modo de huella, impresa en la forma urbana.
Son muy contados los casos en que podemos conocer de manera inequívoca las alineaciones históricas de los edificios y calles. Así, el entorno de la Plaza Mayor22, el de la Catedral23 y buena parte de la Judería son fruto de importantes transformaciones producidas varios siglos después de nuestra época de estudio, que han alterado por completo la trama viaria, la forma de las manzanas, las alineaciones exteriores y el parcelario, no pudiendo obtenerse ningún tipo de información para nuestros objetivos. En torno a la iglesia de San Juan de los Caballeros ha desaparecido la trama urbana por completo, al igual que en los importantes vacíos edificatorios de la ladera norte, donde a partir de la Baja Edad Media se implantaron diversas instituciones como el convento de los Agustinos, el de las Oblatas o el Hospital de la Misericordia.
A pesar de estas grandes deficiencias de información y los siglos transcurridos, el análisis de la estructura urbana aún nos permite atisbar la existencia de dos tramas urbanas diferenciadas y creemos que existen suficientes fragmentos urbanos donde obtener unas características que nos permiten diferenciar estos dos tipos de urbanismo, que podríamos definir como el de la Segovia altomedieval y el de la Segovia de la Repoblación oficial. El primero lo reconocemos, alterado y discontinuo por transformaciones posteriores, en forma de franja desde la antigua Puerta de San Martín a lo largo de las calles Real, Juan Bravo y Herrería hasta la Plaza Mayor y continúa al otro lado de ésta por la calle Escuderos hasta el encuentro con la calle Desamparados (lo llamaremos zona 1, a partir de ahora). El segundo tipo lo identificamos en el área comprendida entre las calles San Agustín y Trinidad y en el barrio de las Canonjías (zona 2). Veamos las características que nos permiten establecer esta distinción.
En la trama urbana del recinto amurallado de Segovia pueden distinguirse dos tipos de calles, unas que calificamos principales, que se caracterizan por trazados más largos y que generalmente enlazan dos puntos distantes de la ciudad, y las secundarias, cuya función es enlazar entre sí distintos puntos de las calles principales, organizando una comunicación transversal entre ellas, lotificando el espacio construido en manzanas.
Las calles principales presentan unas características similares en ambas zonas, si bien en la zona 2 su trazado presenta con más claridad una trayectoria lineal, mientras en la zona 1, su trazado es más errático, menos directo y rectilíneo. Las diferencias se hacen más evidentes al comparar las calles secundarias. En la zona 2 se aprecian claramente una red de calles de segundo orden, de trazado recto, claramente premeditado, que enlaza transversalmente las calles principales, con alineación decididamente ortogonal, constituyendo unas manzanas de trazado bastante regular. Estas calles secundarias garantizan un alto grado de permeabilidad transversal del espacio público, con clara tendencia a la ortogonal respecto a la vía principal, aunque en algunas manzanas, a pesar de su regularidad, pervive el sistema de interior de callejones, heredado de los corrales. Sin embargo en la zona 1, no existen estas calles secundarias, las manzanas adquieren formas organicistas, irregulares y la trama urbana resulta poco permeable en la dirección transversal, ya que estas conexiones secundarias se realizan por el interior de la manzana a través de callejones semiprivados, con una configuración y funcionamiento basado en los corrales (ver figura 2).
Así en ambas zonas, las calles principales son bastante rectas, pero manifiestan un cierto serpenteo que evidencia su trazado espontáneo, resultado del paso continuado, un tanto aleatorio, como el de los senderos que se generan atravesando un solar urbano o en el campo. Estos se crean casualmente por los transeúntes, su trazado se materializa lentamente, de forma inconsciente, por el reiterado uso a lo largo de los años. Generan una trama acomodada a las necesidades sociales. Manifiestan un trazado basado en el discurrir de un camino, cuyo concepto es enlazar dos puntos por el recorrido más corto, o más cómodo si tenemos en cuenta la topografía.
Por el contrario, en la zona 2, la malla urbana tiende claramente a la retícula ortogonal, no toda ella unitaria, sino por sectores. Los ejes principales presentan un trazado ligeramente serpenteante, que ya hemos comentado en la zona 1, como si en un origen fuesen caminos. Estructuradas a ambos lados de estos ejes principales, las calles secundarias se trazan intencionadamente, de forma perpendicular y casi totalmente rectas. En algunos casos, la presencia de escaleras permite mantener esa regularidad a costa de una pendiente poco confortable en las calles secundarias. En los casos de mayor pendiente, especialmente en la ladera que desciende hacia la muralla norte, la retícula se deforma buscando lo que serían las diagonales de la retícula para reducir las pendientes de las calles principales configuradoras del trazado, mientras las transversales y secundarias, se mantienen en su dirección ortogonal a estas principales, recurriendo a la solución mediante escaleras, o se desvían ligeramente pero mantienen un ángulo similar al de 90 grados.
Si observamos el trazado de las calles y la forma en que estas se encuentran se percibe una diferencia entre ambas zonas. En la zona 1, las calles se encuentran principalmente en forma de Y, confluyendo en ángulo agudo y sin generar nunca un cruce de cuatro esquinas enfrentadas y mucho menos una plaza, a lo sumo un pequeño ensanchamiento al bifurcarse los trazados, que no presenta ángulos rectos, sino más bien perímetros poligonales de numerosos lados que suavizan sus aristas. En algunos casos apreciamos un encuentro en una forma cercana a la T, pero no es ortogonal. Las orientaciones de las calles no muestran una orientación preferente. En la zona 2, las calles tienen unas direcciones predominantes y los encuentros de las calles tienden intencionadamente a la perpendicularidad, incluso algunas calles, giran ligeramente en su trazado para acometer con un ángulo más cercano a los 90º a la calle principal. Son frecuentes los cruces con cuatro esquinas enfrentadas, dos calles que se encuentran y ambas continúan, e incluso la formación de plazas en dichos cruces, en las que sus lados se encuentran ortogonalmente (ver figura 3).
Esas plazas no son espacios públicos con el concepto actual, no son grandes plazas, sino son desahogos de una trama urbana muy constreñida, casi nos parecen sencillos ensanches de las calles que aparecen junto a las iglesias, ante las puertas de las murallas y en los lugares de mayor tránsito o de reunión de vecinos. Sin embargo, a pesar de su reducido tamaño, su diseño y su disposición evidencian intencionalidad y regularidad, tendiendo a formas poligonales de ángulos rectos, como vemos en los casos de San Pedro de los Picos, la Santísima Trinidad, San Nicolás, San Román por citar los casos más evidentes, ya que han llegado a nuestros días las alineaciones originales del caserio circundante.
Sin embargo, en la zona 1 no existe ninguna plaza que no sea fruto de transformaciones posteriores24. Tan solo encontramos pequeños ensanches de la trama viaria motivados por el cruce en Y de las calles. Sus dimensiones son mínimas y su forma tiende a ser triangular frente a la forma rectangular que observamos en la zona 2.
Las mismas características de improvisación, en un caso, y regularidad en el diseño en el otro, que appreciamos en el recorrido de las calles de cada una de las zonas, se observan en el trazado de las manzanas (ver figura 4). En la zona 1 esta aleatoriedad en la trama viaria supone que las manzanas en vez de tender a la regularidad del paralelepípedo adoptan formas ameboides, organicistas, de perímetros completamente casuales, con trazas irregulares por lo que sus lados tienen escasos tramos rectos, denotando que no existe ningún criterio previo de trazado, son producto de una yuxtaposición de parcelas a lo largo de una calle o camino. Las esquinas en ángulo recto son excepcionales. En el interior de estas manzanas se organiza una red de callejones y patios, secuencias de pequeños espacios semiprivados y privados que remiten a la estructura de corrales urbanos.
Sin embargo en la zona 2, las manzanas adquieren formas más regulares, tendediendo al rectángulo, sus lados son más rectos y sus esquinas son, en la mayoría de los casos, ángulos rectos resultado del encuentro de dos calles ortogonales. El predominio de las direcciones definidas por las calles principales y sus perpendiculares es patente. Si bien "la manzana es la unidad mínima a partir de la cual puede efectuarse algún tipo de análisis acerca de la transformación de la ciudad" (Passini, 2011: 37) creemos que el parcelario también presenta algunos matices que pueden respaldar nuestra hipótesis.
Si observamos el parcelario de la zona 1 es claramente más denso que el de la zona 2. Las parcelas son más pequeñas, su forma no es tan regular y su disposición vuelve a evidenciar la espontaneidad y aleatoriedad que viene manifestando este urbanismo que hemos designado como previo a la Repoblación. Las parcelas y los edificios se van yuxtaponiendo unos a otros sin una lógica geométrica que lo organice salvo la calle, el camino. Se trata de una sucesión de parcelas alineadas a lo largo de una calle, en el que cada una se va adosando a la anterior sin ningún plan preconcebido. La aparición de calles transversales ocurre de forma espontánea, sin generar en el parcelario la singularidad que supone la esquina. Simplemente es como si se hubiese eliminado una de esas estrechas parcelas para permitir la conexión transversal, pero sin ninguna repercussions en el parcelario.
La escasez de fondo construible que presentan las parcelas en dirección perpendicular a esta calle secundaria, muestra a las claras que dicha calle no se ha considerado en ningún momento como fachada. En las parcelas en esquina de la zona 2, la proporción de las parcelas tiende más hacia el cuadrado, igualándose la dimensión del fondo y fachada hacia ambas calles, por lo que la tipología edificatoria que se puede implantação en dicha parcela cambia completamente respecto a la de las parcelas alargadas de poca fachada y mucho fondo. Incluso en algunos edificios que en la actualidad se conservan en estas circunstancias, dicha fachada se mantiene prácticamente sin apertura de ventanas, ni puertas de acceso. Esto es, la distribución interior del inmueble está tan condicionada por la forma y dimensión de la parcela, que no se ha alterado a lo largo de varios siglos. Es una parcela dimensionada para situarse entre medianeras, no en esquina. Aunque presente fachada a dos calles, en esquina, sus dimensiones no permiten distribuir la vivienda de otra forma, no se puede aprovechar esa segunda fachada.
Se trata de parcelas con una eminente proporción longitudinal con predominio del fondo sobre el ancho de fachada (Passini, 1984: 66) en claro contraste con la forma y las proporciones que poseen las parcelas de la zona 2, constituidas mediante lotificaciones de parcelas regulares de mayores dimensiones, especialmente en fachada, y proporciones más cuadradas. La parcela de la repoblación tiende a la forma rectangular, debido a la necesidad de adaptarse a una calle y una manzana preestablecidas en las que predominan los trazados rectos y ortogonales. Presenta un fondo mucho más proporcionado al frente de fachada, de forma que permite una distribución interior en torno a un patio, generalmente centrado, y en el caso de edificios en esquina con apertura de ventanas a ambas calles, algo que no ocurre en la tipología de parcela que consideramos más primitiva de la zona 1.
En la manzana frente al ábside de la iglesia de San Martín, creemos que aún se aprecia con claridad el encuentro de las dos tramas urbanas y distinguimos los dos tipos de parcelas y de configuración urbana. Superponemos sobre la foto aérea, el parcelario de 175225 y observamos como en la parte superior de la manzana, las parcelas son de trazado más regular, de mayores dimensiones y ordenadas en base a una retícula imaginaria cuyas direcciones las define la calle José Canalejas y la dirección perpendicular al eje de ésta. Estas dimensiones permiten un patio central en torno al cual se organiza el edificio. Por el contrario, en el lado sur de la manzana, las parcelas presentan una dimensión sensiblemente inferior, dispuestas claramente a lo largo del trazado de la calle Juan Bravo, mediante la yuxtaposición, con los condicionantes del trazado de la calle y la medianera de la parcela adyacente. Los patios están situados al fondo de la parcela, dado que su escasa anchura no permite otra disposición. Hay que aclarar que la casa Eraso, situada en el medio de la manzana sin adaptarse a ninguna de las dos alineaciones que comentamos, se construye en el siglo XVI, adosándose al Torreón de Lozoya, preexistencia de carácter militar, que se conserva en el frontal del edificio, por claros motivos simbólicos, de forma que составляе т el frente del edificio26, lo que condiciona el emplazamiento del resto de la vivienda en el interior de la manzana, ajena a la estructura urbana que estamos comentando. Aun así, el trazado de sus patios y crujías se rige por la retícula de la zona 2. La mitad superior de la manzana es claramente regular, de esquinas a 90º conforme a la disposición marcada por las calles que la flanquean de trazado perpendicular. Cumple todas las características dadas para la zona 2. La mitad inferior de la manzana, por contra, se configura de acuerdo a los parámetros de calles, esquinas, manzanas, parcelas y edificaciones definidas para la zona 1.
Encontramos dos tipos de urbanismo claramente diferenciados, uno espontáneo y otro planificado. Uno primitivo, de crecimiento no planificado, y otro más evolucionado. Entre ambos, una zona de charnela absorbe las irregularidades y resuelve el encuentro entre ambas tramas urbanas.
En la zona 1, confirmamos la pervivencia de un urbanismo más primitivo, caracterizado por una falta de planificación previa del espacio público. Esta parte de la ciudad se organiza a lo largo de calles-camino27, que enlazan las puertas de la muralla entre sí (Gautier, 1989: 311) y con los centros políticos, religiosos o económicos de la ciudad. Es la zona que consideramos el germen de la ciudad actual, y que llamamos la ciudad previa a la Repoblación oficial.
El elemento principal en este urbanismo es la calle, la cual surge inconscientemente por el reiterado paso de los transeúntes a lo largo del tiempo, de forma espontánea, sin planificación como se ha indicado. Los demás elementos, parcela, manzana, esquina, surgen como respuesta, ajustándose a una forma ya establecida por la calle principal y se denota la misma espontaneidad en la creación de calles secundarias o transversales, callejones y adarves. Las parcelas son una mera yuxtaposición a lo largo de un camino y la aparición de una calle transversal genera la manzana, también sin planificación previa. Así este viario presenta una menor permeabilidad transversal y menor regularidad de trazado, aspectos que no se justifican por la orografía, muy similar en toda la parte central de la ciudad amurallada. Estos detalles nos hacen pensar en un urbanismo arcaico, ruralizante, si quiere empregarse la expresión de Crespo Redondo (2007: 238).
Las ciudades de trazado irregular denotan un crecimiento espontáneo, no hay voluntad repobladora, ni un proyecto deliberado (Gautier, 1989: 17).
En la zona 2, la que consideramos la ciudad de la Repoblación, sobre una mínima red de caminos preexistentes que enlazan los principales puntos de la ciudad, se ejecuta un trazado planificado previamente en el que las calles tienden a la retícula ortogonal y en la que se configura la creación de pequeñas plazas en algunos cruces o en los entornos de los edificios singulares. Un trazado geométrico en el que predomina el encuentro ortogonal de las calles, en cruz, que empieza a ser frecuente a partir del siglo XIII y conserva su vigencia hasta entroncar con los modelos renacentistas (Montero Vallejo, 1996: 217). Este urbanismo más evolucionado, requiere inevitablemente de una autoridad política, un poder que planifica la ciudad previamente y tiene capacidad para imponer y hacer cumplir ese plan preestablecido.
La repoblación oficial supone un reparto organizado de las parcelas en el que no se deja lugar a la iniciativa privada, tal y como queda constatado por la documentación histórica en que se hace referencia a la repartición del suelo (Gautier, 1989: 35).
La densidad del parcelario es sensiblemente menor en la nueva ciudad, con parcelas más grandes y dispuestas conforme a una manzana predefinida. No se trata de una sucesión de parcelas alineadas a lo largo de una calle, como hemos visto anteriormente sino de un trazado de calles y manzanas, consciente de que va a subdividirse en unidades menores, las parcelas, tendentes a la regularidad para un mejor aprovechamiento edificatorio. El elemento principal de este urbanismo es la parcela y en base a ésta se diseñan previamente las calles y las manzanas, siendo consciente de que estás últimas van a subdividirse en unidades más pequeñas que tienen que seguir siendo funcionales.
El crecimiento de las ciudades fundadas o restauradas en el XI y XII estuvo en cierto modo guiado o controlado. Pero las aglomeraciones de plano verdaderamente regular, trazado antes del establecimiento de los "populatores", no parecen anteriores al siglo XIII (Gautier, 1989: 313).
El elemento principal en este urbanismo, ya no es la calle, ahora es la parcela. Calles y manzanas se trazan pensando en la geometría. Como atinadamente titulase Torres Balbás (1968), se trata de un nuevo ideal urbano. Este nuevo concepto urbano a partir del siglo XIII se recoge en las ordenanzas que empiezan a hablar de "enderezar las calles" (Montero, 1996: 286). Esta malla viaria presenta simultáneamente un mayor número de calles transversales que permite una mejor conexión en dirección transversal. Se trata de una red viaria planificada, con voluntad de generar ciudad, no exclusivamente de comunicar dos puntos.
Todo el conjunto de la ciudad de la Repoblación se estructura supeditado a un nuevo eje urbano a lo largo del que se disponen todas las parroquias y las nuevas collaciones, trazado de forma premeditada, organizando el espacio a ambos lados y enlazando la Puerta de San Juan con el nuevo vial que se plantea en el barrio de los canónigos (Remolina, 2006: 411). Resulta significativo que este eje, que pasa por delante del antiguo Palacio de Don Alimán, en la Edad Media recibía el nombre de "la Rúa" (Ruiz, 1982, I: 39), denotando la importancia que la sociedad medieval segoviana otorgaba a esa calle, singularidad que la toponimia nos ha conservado.
La constatación de estos dos modelos de urbanismo, nos plantea nuevas preguntas que guiarán nuestras futuras líneas de investigación. ¿Se trata de dos fases de la Repoblación o se trata de la Repoblación oficial que se asienta sobre una ciudad previa, de forma que Segovia es una ciudad mudéjar, en el sentido que Torres Balbás dió a dicho término? Son las preguntas que nos planteamos en la continuación de nuestra investigación.