La bidireccionalidad e influencia que ciudad y patrimonio histórico ejercen, entendido este último en la amplitud de órbita que lo señala como recurso, adopta un peculiar significado en el logro materializado con la revitalización de muchas áreas históricas urbanas desde la actualización funcional, la readecuación de los inmuebles e incluso practicando transformaciones de mayor entidad. Este cambio con respecto a la función práctica primitiva ha de asumirse de un modo selectivo por parte de los competentes implicando el acomodamiento desde un ejercicio crítico que permita la puesta en valor de sus características históricas, tipológicas, formales, constructivas y simbólicas que las define, así como de relación con su entorno. La disciplina científica en la que se enmarcan estas acciones involucra el cumplimiento y respeto de criterios de distinta índole, cuya finalidad es la conservación de este Patrimonio Cultural.
Tomando como muestra la ciudad de Granada (España), encontramos casos que en las últimas décadas han bebido con fuerza de estas prácticas, los cuales se han convertido en un bastión de notable interés por los amplios efectos que implican y que trascienden de la mera preservación del bien. Se ilustran las más variadas funciones para tales edificios: arquitectura residencial que permanece bajo la función del uso doméstico tanto en el unifamiliar o desde la consolidación del plurifamiliar que han procurado los planeamientos urbanísticos; la inclusión de actividades institucionales; en otros casos han sido modificados para acoger propuestas culturales; o una de las soluciones más practicada en los últimos años como ha sido el reconvertirlos en hoteles con encanto. Pretendemos investigar los factores más relevantes que confluyen en esta experiencia rehabilitadora así como estudiar los resultados de ejemplos concretos donde se explicitan de forma directa las consecuencias derivadas de tales cambios de uso, analizados desde parámetros técnicos, estéticos, urbanísticos y sociales.
A city and its historical and cultural heritage mutually influence each other. Since this heritage is a valuable resource for the city, the rich interaction between the two entities is extremely significant. In fact, it can even be regarded as an achievement, resulting in the revitalization of a wide range of urban historical areas and structures. This revitalization is reflected in the functional updating and adaptation of buildings as well as in transformations of even greater transcendence. Nevertheless, any changes in original function should be selectively taken on board by competent authorities and institutions, especially since this exercise in critical thinking necessarily implies the valorization of historical, typological, formal, constructional, and symbolic characteristics, which define these spaces as well as their relation with their surroundings. The scientific discipline in which such actions are performed demands that all agents involved respect and comply with different criteria; whose ultimate purpose is the preservation of this important historical and cultural heritage.
For example, there are cases in the city of Granada (Spain) that vividly reflect these practices. In fact, they have become the focus of great interest because of the sweeping changes involved; which go beyond the mere preservation of the city’s heritage. These historical buildings have now acquired very diverse functions, such as the following: (i) residential buildings, which can be one-family or multi-family dwellings, as fomented by urban planning strategies, (ii) buildings for institutional purposes and uses; (iii) buildings that have been adapted for a wide variety of cultural activities; (iv) buildings reconverted into small boutique hotels or hotels “with charm”. This paper examines the most relevant factors that converge in this type of rehabilitation. It also studies the results of this revitalization process by examining specific examples, which directly and explicitly show the consequences derived form this change in building use, as analyzed in terms of social, urban, aesthetic, and technical parameters.
Palabras clave: Rehabilitación; revitalización; ciudad histórica; patrimonio cultural; valores culturales
Keywords: Rehabilitation; revitalization; historic city; cu ltural heritage; cultural value
El legado arquitectónico y la imagen urbana que ha llegado al tiempo presente constituyen como el resultado de las transformaciones acaecidas durante su devenir histórico, dejando en ellos su huella las connotaciones políticas, ideológicas, económicas, sociales, en definitiva culturales, que con independencia unas de otras, han ido configurando su perfil actual. La adecuación funcional a las nuevas demandas exigidas por la sociedad imperante en cada momento, ha posibilitado además del sentido de continuidad y permanencia de cada inmueble, el mantenimiento del significado arquitectónico de tales edificios, también gracias, y en buena parte de los casos, a modificaciones en el uso, llegando muchos de ellos a ser actualizados con funciones distintas para las que fueron concebidos (Marconi, 2000: 45).
Transformaciones estas realizadas paulatinamente y de forma progresiva que han ido modificando el perfil arquitectónico al ir integrándose y ajustándose a él las funciones requeridas. Quiere esto decir que mientras que el inmueble se transforma, “vive”, se adecúa y se desarrolla, dando respuesta a las necesidades que se imponen y rigen cada transformación.
No obstante y exceptuando aquel tipo de arquitectura que podríamos considerar como “escultura arquitectónica”, el edificio, desde su concepción, busca la creación de unos espacios definidos para ser habitados, los cuales son encerrados por volúmenes que conforman su imagen en la trama urbana. Posiblemente sean stas, algunas de las condiciones que marquen el sentido de la recuperación del bien ya que conlleva la recuperación de una arquitectura para que siga en uso y sea funcional y en la que se restablezcan a su vez, los valores sociales, hist ricos, Artisticos, documentales y est ticos, en definitiva culturales, del edificio. La restauraci n arquitect nica desde esta vertiente rehabilitadora se centra en mantener utiles los organismos edilicios an vivos, con la idea de conservar su aut ntico significado, bien cumpliendo la misi n inici tica para la que fueron levantados u otra compatible con las caracter sticas que va ti nendo tambi n la ciudad y que ir modulando la relaci n entre funci n y significado de sta, ya que ser la encargada de albergar a una sociedad que ha de adaptarse a tales cambios.
Ser precisamente otro de los objetivos que se marcan desde los actuales modelos de gesti n y desarrollo de las propuestas de recuperaci n y conservaci n el de rehabilitarlos (Climent S nchez, 1996: 167-170), es decir, el que la actuaci n intervencionista lleve inherente que el edificio pueda ser usado nuevamente. Esto va a significar una medida de recuperaci n en el presente, en la que la reocupaci n del inmueble va a contribuir en su mantenimiento y conservaci n en el futuro (Perinat y Escriv de Roman , 2005: 388) pero en la que tambi n hay que se alar repercusiones directas en el planteamiento de la revitalizaci n de la ciudad hist rica.
Tal logro y la materializaci n de dicha finalidad implican preservar en la actuaci n el valor de autenticidad y que sin lesionar el car cter documental de la obra se atienda al car cter arquitect nico de la misma. Soluci n estrivada en la recuperaci n de una utilidad primitiva actualizada o cambiante pero siempre cimentada en el conocimiento de esos otros valores intangibles portados a lo largo de su periplo existencial. Este hecho, que a veces ha estado representado por cierta relatividad interpretativa de dichos valores y que ha manifestado f rmulas de casamiento forzadas, va a suponer la conjugaci n de formas y funciones, de gesti n del espacio en definitiva, que permitan conseguir un equilibrio entre la arquitectura preexistente y la definici n del nuevo uso, con la inclusi n de los avances t cnicos y tecnol gicos que marcan las exigencias sociales, sin que signifique la p rdida de su identidad. Este fin que se persigue hace que edificio y uso requieran reflexiones paralelas ya que mutuamente se afectan y condicionan teni ndose en cuenta que en edificios patrimoniales no debe primar la dotaci n de funcionalidad como un fin inexorable sino que ha de actuar como un medio.
Entendiendo el ptimo como aqul que armoniza nuevos usos con valores culturales, consideramos que se ha de tratar la recuperaci n del conjunto edilicio de un modo integral, no tan slo donde las necesidades de intervenci n se generan en exclusiva en el campo de una adecuaci n t cnica de la arquitectura, sino las que se deriven al programarse para ese conjunto la integraci n de otra actividad distinta a la de origen, o por el simple hecho de un cambio de usuario donde manteniendo el uso, las necesidades de quienes los habitan puedan ser distintas a las de los que le precedieron.
La consecuci n de tal objetivo gen rico, no est exento de dificultades, las cuales han de ser salvadas por el restaurador en un ejercicio de armonizaci n de la arquitectura tradicional con las necesidades contemporaneas, con la complejidad aadida, de la presencia de estos inmuebles, en la mayor parte de los casos, en entornos urbanos de singulares caracter sticas. La recuperaci n, no debe ser un ejercicio de invenci n o entelequia, sino un compromiso de entendimiento y de valoraci n de la arquitectura heredada, desechando lo improcedente, lo desligado en tiempo y forma y dotando arm nicamente, en el momento presente, de los elementos y recursos necesarios que permitan su adecuaci n a una funci n contempor nea.
En ning n caso la determinaci n del uso tampoco debiera verse mediatizado por intereses econ micos o de adopci n de criterios y t cnicas sin contrastar, que implicara la incompatibilidad con los valores cardinales del hacer tradicional. Su estudio ha de practicarse atendiendo a una dimensi n material y a otra de valores y cuya soluci n se estime a partir de la armonizaci n de ambas e integre todos los recursos y necesidades que deban confluir. En este sentido han sido tambi n notables las limitaciones que tal procedimiento presenta al ser las nuevas funciones insertadas sin el correcto estudio de viabilidad, que en el caso de algunos inmuebles resulta imprescindible para certificar la posibilidad de asumir determinados programas de uso previstos, ya que en ocasiones su inconveniencia ha derivado en transformaciones excesivas y en otras debido al car cter de la actividad que acogen y sobre todo aquella p blica con flujos demasiados intensos, han podido provocar el resentimiento de valores esenciales de la obra.
Todo esto nos incardina a atender la adecuaci n como un proceso que se define en distintos niveles, estando stos a su vez concatenados y cimentados en la investigaci n y en el car cter multidisciplinar que debe avalar la viabilidad y conveniencia de un uso o tal vez de desecharlo. Si es el uso quien demanda las necesidades, la arquitectura y el entorno urbano ser n los encargados de dar las posibles respuestas en el ahora y para el futuro sin que suponga una p rdida de valores. Esta situaci n podr a estar representada por las reservas que impone el deseo de establecimiento de un uso muy distante del que tuvo en origen ya que se hace preciso la conservaci n de (…) las condiciones ambientales originarias del establecimiento edilicio (Pane, 2000: 112), previendo a su vez que el edifico no se agote. La recuperaci n y conversi n requiere de la viable uni n de arquitectura con una adecuada programaci n a medio plazo de la gesti n del uso debe anteceder a las propuestas como modelo garante de su acomodo. En el caso granadino un ejemplo claro lo tenemos en la actividad muse stica de la Casa de Castril, que por razones de necesidad de mayor espacio, procur su ampliaci n anexionando al conjunto la vivienda contigua, la denominada Casa de Latorre (Villafranca Jim nez, 1991) o la creaci n del Complejo administrativo Triunfo, con el que ocuparon los antiguos pabellones militares de Intendencia, para incluir buena parte de los servicios de gesti n de la Universidad frente a la actual sede rectoral, el antiguo Hospital Real. Con esto defendemos el procurar que en la proyectiva restauradora se prevea el crecimiento que con toda seguridad va a conllevar la actividad.
Esta falta de previsi n se hizo patente en la Casa del Padre Su rez, edificio transformado para albergar la sede del Archivo de la Real Chanciller a. Durante un tiempo este inmueble fue destino del Archivo Hist rico Provincial de Granada, pero las continuas transferencias documentales de los distintos organismos, hicieron que las necesidades de espacio fuesen asfisiantes, lo que llev al reconocimiento de su inadecuaci n y al traslado del mismo a otro lugar.
En el patrimonio arquitect nico granadino, se ha ejercido como f rmula de soluci n garante de una eficaz conservaci n el cambiar o actualizar la funci n primitiva, cimentada desde el reconocimiento de su car cter activo y transformador, entendi ndose a la vez como un recurso con el que se posibilita la salvaguarda puntual pero en la que no ha de perderse la perspectiva de que estas medidas aportan mayor efectividad si atiende a una dimensi n urbana. Con evidencias claras, la adopci n de nuevas funciones –selectivas y limitadas– tanto en bienes protegidos como no protegidos, puede tener efectos muy positivos de reordenaci n de la estructura urbana.
En este nivel, los esfuerzos de los ltimos decenios han estado dirigidos con distinto acierto a la renovaci n del proyecto de ciudad bajo la consideraci n del uso del patrimonio construido. El t ndem recuperaci n de los centros hist ricos y renovaci n del uso de sus inmuebles, se convierte en el instrumento principal de articulaci n. El equilibrio que ya propugnaba a finales de la d cada de los setenta Chueca Goitia de este binomio ante los problemas que comenzaban entonces a emerger, se basaba en la creencia de que los viejos centros hist ricos son piezas que bien pod an adaptarse a la vida contempor nea siempre que los usos que se establecieran en los inmuebles que los componen se plegaran a estos y no al contrario, huyendo de las din micas donde es la edificaci n la que ha de confinarse a los usos para los que no fue creada. Esta determinaci n y as lo responde lvarez Mora, no va a significar que todo deba ser conservado, sino que ha de representar la bsqueda de las posibilidades que presenta dicho patrimonio, antes de proceder a su sustituci n, (…) relacionando la defensa utilizaci n de dicho patrimonio con la no privatizaci n del espacio urbano (lvarez Mora, 1998: 447).
Actuar desde la perspectiva de conservaci n de los centros hist ricos, deja de ser una actuaci n particularizada a edificios concretos sino que se interviene con un conjunto de acciones que hacen frente a la degradaci n urbana conformada por las manifestaciones f sico-ambientales, como las de car cter econ mico y social. Se deduce por tanto ante la amplitud que adquiere el concepto de recuperaci n de los centros hist ricos, que se convierta en un ejercicio de l gica interdisciplinariedad, de modo que a partir del an lisis de las casu sticas desde distintas rbitas, sean la puesta en com n de stas las que asignen las posibilidades reales que tiene el patrimonio construido. Pero en paralelo la rehabilitaci n de ciertos hitos, adem s de significar la puesta en valor de naturaleza hist rica, cultural y arquitect nica, significa que la ciudad nuevamente puede contar con elementos que eviten o mermen nuevos desarrollos fuera de este mbito repercutiendo directamente en los costos de su gesti n. Evidentemente m s all de la obligatoriedad legal de conservaci n del patrimonio edificado y urbano, su acci n debe ser considerada como un imperativo cultural y econ mico, ya que en cuanto a este ltimo factor, los crecimientos de la ciudad perif rica y el abandono de la ciudad consolidada han implicado el mantenimiento de unos servicios para una poblaci n m s mermada.
La inclusi n de nuevas funciones en edificios hist ricos aprovechando su valoraci n arquitect nica y significativa, ha supuesto la revitalizaci n y reactivaci n econ mica de barrios desfavorecidos y de reas degradadas, constituyendo que la mejora del bien puede contemplar una extensi n significativa de la prosperidad de un conjunto de la ciudad. La recuperaci n de estos centros bajo tales din micas ampla su consideraci n para ahora ser mirados desde una ptica de centros polifuncionales en el que se entremezclan actividades residenciales con las culturales y con las que son desarrolladas tanto desde la administraci n p blica como privada.
No obstante se ha de huir de una fosilizaci n o museizaci n de los centros hist ricos, entendiendo que hay que realizar un ejercicio de dinamizaci n implicando la acomodaci n de la ciudad tradicional a la ciudad moderna pero conservando su car cter y cualidades, y manteniendo una funcionalidad que permita la continuaci n de la vida de la trama urbana y de sus inmuebles.
En este sentido, (…) hacer de la ciudad hist rica un espacio para vivir, significa no renunciar a sus valores, pero tambi n implica no someterla a la mera conservaci n como muestrario de objetos intocables (Isac Mart nez de Carvajal, 2003: 15).
Tal y como expon a el profesor G mez Moreno Calera (1989: 147), no se trata de mantener una ciudad de fachadas sino de vivencias. En la misma l nea hay que se alar la apuesta que han realizado diversas instituciones al insertar sus sedes en edificios hist ricos tras la rehabilitaci n y en ocasiones hasta sufragando los costes de la misma. Entre casos que podemos citar destacar la actual sede de la Fundaci n Albaic n-Granada sita en la anterior vivienda dom stica de la Cuesta de Santa In s n 6 o la que recoge el Palacio del Almirante hoy centro de la Escuela de Restauraci n de la Universidad de Granada ambos en el barrio del Albaic n. Con estos y con otros ejemplos se ha alcanzado un maridaje entre la conservaci n de la identidad de estos bienes y su adecuaci n a comportamientos y necesidades demandados en la actualidad.
Los centros hist ricos, que durante mucho tiempo han estado alejados de las pol ticas municipales de los consistorios, han provocado el abandono de estas zonas por parte de la poblaci n aut ctana durante d cadas. El an lisis propositivo desde la consideraci n de los factores humanos en lo que a sus expectativas y necesidades se refiere, est procurando que las experiencias de recuperaci n patrimonial y de inserci n de nuevas funciones favorezcan el mantenimiento de la poblaci n evitando su xodo. La conservaci n de los centros hist ricos da por tanto un paso m s all y superando el monumentalismo que lo hab a embriagado hasta el ltimo tercio del pasado siglo, se establece con una ampliaci n de miras vincul ndose a partir de entonces a ejercer una salvaguarda social (lvarez Mora, 1998: 448-450).
El halo cultural que envuelve a estas reas est resultando un recurso muy acentuado de cuyo fomento est derivando en la transformaci n de stas como espacios de vida suspendida y de g nes de una escenograf a destinada a la permanente exposici n al turista; y a muchos edificios en hoteles convir ti ndose en una apuesta que si bien nacida para dotar de equipamientos a estas zonas, hoy da su n mero hace que sea una soluci n insostenible. Todas estas circunstancias van tejiendo una red de elevada tercerizaci n de los centros hist ricos, que tendr su resultado en la transformaci n a nivel urban stico de tales espacios, llevando aparejado la actualizaci n de infraestructuras, transportes, equipamientos, junto a la mejora de la accesibilidad y la peatonalizaci n como actuaciones que presentan resultados inmediatos en la calidad de estos centros y que an presentaran mayores y mejores resultados cuando las intervenciones queden enmarcadas en programas de mbito global. El patrimonio como recurso permite la posibilidad de atraer inversiones y generar empleo lo que supone el tener que considerarlo como bienes nicos, productivos y no renovables, en cuya base de recuperaci n ha de primar la puesta en valor de los mismos Sea quiz s la confrontaci n de dos t rminos, los que permitan arrojar luz a la bsqueda de equilibradas soluciones y es que hay que generar centros hist ricos para ser vividos y no slo para ser visitados (Isac Mart nez de Carvajal, 2003: 15).
Pero el concepto de adaptaci n implica la investigaci n en otros campos y la reflexi n y estudio de otras circunstancias. Ni que decir tiene que en Granada la instituci n que representa la Universidad como definitoria de la ciudad no resulta algo novedosos en nuestros d as, sin embargo, su funcionamiento, organizaci n, actualizaci n y ampliaci n de las ramas de estudio s que han experimentado vertiginosos cambios que se traducen en nuevos modelos y por tanto nuevas necesidades a las que hay que hacer frente bien con una arquitectura de lenguaje contempor neo y bajo un modelo que se aleja de la interacci n con la trama urbana, o bien bajo la readecuaci n de la arquitectura hist rica que se traduce en la selecci n de qu actividades pueden desarrollarse en ellas. Adem s hay que hacer notar que se suceden otras cuestiones menos tangibles asociadas a una organizaci n y jerarquizaci n de intereses.
El profesor Gallego Roca relaciona la adaptaci n de la estructuras hist ricas a nuevos usos como la respuesta a un sentido de continuidad y permanencia que es el fiel reflejo de la propia historia de la ciudad (Gallego Roca, 2007: 39).
Podemos afirmar que dentro de una ciudad con una estructura identitaria tan grabada por su patrimonio art stico, arquitect nico-urban stico y de paisaje como es Granada, ha mostrado una notoria potencialidad dentro de la definici n de una red de espacios que han permitido ir supliendo las carest as que se han generado en la transformaci n de sta. Es por esto que, encontramos casos que ejemplifican las m s variadas actividades implantadas en tales edificios. Entre ellas localizamos, en el mbito de la arquitectura residencial, ejemplos que mantienen la funci n para la que fueron construidas, el de vivienda, aunque las modificaciones han venido de la mano del concepto del edificio derivado de la consolidaci n de usos y estructuras por parte de las normativas en vigor, es decir aunque la mayor parte de ellas fueron dise adas con car cter unifamiliar en algunos casos este ha sido mantenidos, mientras que en otros ha imperado el car cter plurifamiliar; otras han sido recuperadas para ejercer una nueva funci n, el hotelero como los que representan la Casa de los Migueletes, Cuesta de la Victoria n 9, casa natal Mariana Pineda o fuera del entorno albaicinero el situado en Placeta de Peregrinos o Placeta de Gamboa n 3. Ejemplos muy sealados ser n aquellos que no tratan de adaptaciones de antiguas viviendas sino conventos cuya rehabilitaci n estuvo dirigida a la inserci n de hoteles de lujo, como el situado en el antiguo convento de Santa Paula.
Pero adem s de aquellos en los que la transformaci n del inmueble ha buscado la adecuaci n para la pernoctaci n, la oferta tur stica se ampla y son estos edificios de nuevo lugares escojidos para la inclusi n y desarrollo de otras actividades tales como ba os rabes como los situados en el barrio de Almanzora, en la calle Santa Ana n 16 o restaurantes como los situados en el Carmen de los Chapiteles o en el Carmen de Aben Humeya.
Otros supuestos son los que representan la apuesta que desde diversas instituciones hacen para ubicar en edificios de car cter patrimonial sus sedes. En este sentido destacar la labor realizada por el Ayuntamiento, la Universidad, la Junta de Andaluc a, Arzobispado de Granada. Pero los casos se ampl an as como las funciones. As cabe se alar los que han derivado a acoger funciones de museos –Casa de los Tiros, Casa Castril, Casa de los Pisas, la de callejn de la Alberzana n 3–, archivos –Casa del Padre Su rez o Palacio de los C rdova– o sedes de asociaciones culturales –Palacio de Abrantes–.
Pero adem s de la recuperaci n de la arquitectura dom stica los nuevos usos se han asentado tambi n en otras tipolog as. Los hospitales han pasado a convertirse en sede de la Universidad como el Hospital Real, acogiendo parte de los servicios centrales as como la imagen de la instituci n, o funciones docentes donde sus espacios han sido reconvertidos en aulas y despachos. As mismo, la funcionalidad del patio tendr a un car cter dual. Por un lado, se convierte en un lugar de transici n entre lo p blico y lo privado y por otro, en punto de encuentro y reuni n que permite la socializaci n de los estudiantes y profesores al ser coronado con un lucernario como ejemplifica el antiguo Hospital de la Santa Cruz situado en el barrio del Realejo, hoy sede del Centro de Lenguas Modernas de la Universidad de Granada.
Un ltimo apartado lo representara la arquitectura religiosa tanto en su variante conventual como la eclesi stica. Buena parte de los conventos han mantenido sus tradicionales funciones, pero otros fruto de la desamortizaci n, del traslado de las rdenes o por la imposibilidad de hacer frente a su costoso mantenimiento ha supuesto su venta a sociedades p blicas o privadas encargadas de transformar la actividad proponiendo entre las medidas nuevas redistribuciones de espacios con el fin de acogida entre otras hoteles de lujo, o acuartelamientos como el convento de la Merced o el de San Francisco Casa Grande sede del Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ej rcito que representan ejemplos de la inadecuaci n y poca concordancia entre la actividad que acoge con la calidad de los conjuntos, delat ndose en sus fbricas y en sus vol menes las huellas de los usos hist ricos que han sufrido y que se fueron tallando lastimosamente en la edificaci n al provocar entre otras la compartimentaci n tambi n en altura del volumen ocupado por la iglesia.
De esta experiencia expuesta y bajo la muestra que representa la ciudad de Granada (Espa a), observamos como la actuaci n rehabilitadora incluyendo la readecuaci n de la funci n est resultando una de las estrategias que se consolida como un modelo din mico de recuperaci n urbana y patrimonial, adem s de f rmula garante que permite responder a un compromiso de conservaci n, mantenimiento y protecci n del Patrimonio Cultural. Todo ello avalado desde el soporte que cimenta la pr ctica la cual parte de la consideraci n del edificio no como una pieza aislada sino integrada en un contexto urbano del que forma parte importante y configura el perfil que da imagen al centro hist rico.