Sumario: 1. Introducción. 2. Justificación de la investigación. 3. Metodología. 4. Objetivos. 5. La síntesis entre el arte urbano y el brutalismo. 5.1. El arte urbano como voz de la calle. 5.2. La arquitectura brutalista y su carácter impenetrable. 5.3 La convergencia en la Facultad de Ciencias de la Información. 5.4. El graffiti en la Facultad como una expresión de identidad. 6. El poder del graffiti: comunicación y reflexión. 7. Murales y graffitis en la Facultad de Ciencias de la Información. 7.1. Una mirada a la historia de la Facultad y los antecedentes de los murales. 7.2. Primera fase: proceso y realización de los murales. 7.3. Segunda fase: los murales en el marco de las actividades del 50 aniversario de la facultad. 8. Conclusiones, discusión y limitaciones. 9. Bibliografía.
Introducción
Las ciudades experimentan transformaciones constantes al integrar elementos que revitalizan los espacios y los reconfiguran, otorgándoles un significado nuevo y desafiando las dinámicas sociales predominantes. Cuando los individuos y grupos se apropian de estos espacios, les infunden un sentido renovado, rompiendo con las concepciones antiguas de estática funcionalidad, que buscaban mantener una estructura urbana inmutable destinada a preservar el orden y la estabilidad (Téllez, 2019, p.92).
Y en el corazón de la Universidad Complutense de Madrid se encuentra un edificio que alberga no solo la esencia del conocimiento, sino también un rincón inesperado de expresión artística. La Facultad de Ciencias de la Información, con su arquitectura brutalista imponente, se ha convertido en el lienzo perfecto para el arte urbano. Aquí, la combinación de líneas de hormigón crudo y el arte del graffiti se fusionan para crear un contraste único entre el mundo de la academia y la expresión libre de la creatividad urbana.
El graffiti, como arte callejero, ha sido durante mucho tiempo un medio de expresión para las voces silenciadas, una forma de marcar territorio y una representación de la cultura urbana en constante evolución. En su sentido más básico, el graffiti es el acto de dejar una marca personal en un espacio público. Pero en la Facultad de Ciencias de la Información, se ha elevado a una forma de expresión artística que se funde con la arquitectura brutalista del edificio.
Englobamos el graffiti dentro de la cultura urbana, que forma parte de un arte popular cuyo rasgo principal es la interacción con los elementos que conforman el espacio urbano. Con toda probabilidad, el graffiti, uno de sus elementos principales, es el que despierta mayor interés en las personas ajenas a la cultura hip hop, cuyos pilares engloban tres disciplinas artísticas: la pintura, es decir, el graffiti; la danza, con el breakdance, y la música, principalmente el rap, el electro y el beat-box (Reyes, 2007, p. 125 y Reyes, 2010).
La arquitectura brutalista, que se caracteriza por su uso de hormigón expuesto y líneas geométricas severas, choca deliberadamente con la expresión audaz del graffiti. Este choque proporciona una experiencia visual única para aquellos que frecuentan la facultad. Las formas y colores de los graffitis resaltan en las superficies de hormigón, añadiendo capas de creatividad y profundidad a un entorno inicialmente austero.
Los murales y graffitis que adornan las paredes del edificio son más que solo arte; son una manifestación de la identidad del artista. Cada obra cuenta una historia, refleja una visión y desafía las expectativas. El autor de los murales, Francisco Reyes, utiliza este espacio como un medio para expresar sus pensamientos, emociones y perspectivas. Pasando, eso sí, previamente por el tamiz del encargo y la supervisión del equipo decanal.
Este rincón de la Universidad Complutense de Madrid también es un recordatorio de la importancia de dar voz a la comunidad. El graffiti en la Facultad de Ciencias de la Información se ha convertido en un símbolo de unidad y resistencia en el entorno universitario. A través de la colaboración entre artista y academia, se construyen mensajes poderosos que van más allá de la mera estética y exploran temas sociales y culturales.
El graffiti en la Facultad de Ciencias de la Información desafía también a los espectadores a mirar más allá de las apariencias superficiales. A menudo, las obras no son meros adornos, sino declaraciones artísticas profundas y a veces crípticas. La interpretación es subjetiva, lo que fomenta la reflexión y el debate en la comunidad académica.
La relación entre el graffiti y la arquitectura brutalista de la facultad crea una especie de "ciudad en el campus". Es un lugar donde los mundos del arte callejero y la educación superior se entrelazan, desafiando la idea de que estas dos esferas son mutuamente excluyentes.
El edificio de la Facultad de Ciencias de la Información es un testimonio viviente de cómo el graffiti puede ser más que un acto de vandalismo; puede ser un medio de expresión legítimo y una forma de enriquecer el paisaje urbano. Estas obras de arte en constante evolución demuestran que la creatividad no conoce límites ni restricciones, y que la Universidad Complutense de Madrid es un lugar donde la innovación artística se celebra en todos sus matices. En última instancia, estos graffitis son una manifestación única de cómo el arte puede coexistir con la arquitectura brutalista. Esta simbiosis crea una experiencia visual y emocional excepcional para quienes tienen el privilegio de explorar este singular rincón del campus. Los murales y graffitis son mucho más que decoración; son una expresión de individualidad, comunidad y resistencia. Este edificio académico se convierte en un recordatorio de que la creatividad y el conocimiento pueden florecer juntos.
El presente estudio se fundamenta en la necesidad de abordar una convergencia aparentemente inverosímil entre el arte urbano, representado por el graffiti, y la arquitectura brutalista que caracteriza al edificio de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. La investigación sobre el graffiti en la arquitectura brutalista de esta facultad se justifica por su valor interdisciplinario, su importancia cultural y artística, su impacto en la comunidad académica y su capacidad para explorar la interpretación artística y el paradigma que representa. Esta investigación busca arrojar luz sobre un fenómeno artístico único y su influencia en la convergencia de disciplinas y expresiones culturales. La justificación de esta investigación radica en varias razones de relevancia académica, cultural y artística: Contexto interdisciplinario: el edificio de la Facultad de Ciencias de la Información es un testimonio arquitectónico de la corriente brutalista que marcó la segunda mitad del siglo XX. Esta arquitectura, conocida por su énfasis en el hormigón crudo y las líneas geométricas, brinda un contexto singular para analizar la interacción del graffiti, un arte urbano de relevancia cultural, con un paradigma arquitectónico tan distintivo. La justificación de esta investigación yace en la oportunidad de explorar cómo estas dos formas de expresión artística se influyen mutuamente.
Expresión cultural urbana: el graffiti se ha establecido como una manifestación intrínseca de la cultura urbana. Al permitir que los artistas de graffiti se expresen en un entorno académico y brutalista, se crea un espacio de convergencia que desafía las expectativas culturales y artísticas. Esta investigación se justifica en la necesidad de comprender cómo el graffiti en este entorno académico se convierte en una forma de expresión cultural y social.
Valor artístico y creatividad: los murales y graffitis dentro del edificio de la Facultad de Ciencias de la Información son más que simples decoraciones; son obras de arte en constante evolución. La justificación radica en la necesidad de evaluar el valor artístico de estas creaciones y cómo contribuyen a enriquecer el paisaje arquitectónico brutalista.
Además, este estudio aborda la creatividad y la innovación artística que pueden surgir en medio de un entorno académico.
Impacto en la comunidad académica: el graffiti en esta facultad ha evolucionado para convertirse en una manifestación única de unidad y resistencia en el entorno académico. Este impacto justifica la necesidad de examinar cómo estas obras de arte han influido en la percepción de la arquitectura brutalista, la comunidad universitaria y la educación superior en su conjunto.
Exploración de la interpretación artística: el graffiti en la Facultad de Ciencias de la Información desafía a los espectadores a mirar más allá de las apariencias superficiales. La justificación de esta investigación se basa en la importancia de explorar cómo estas obras se interpretan y se debaten en un contexto académico. La interpretación subjetiva de las obras estimula el diálogo y la reflexión, lo que contribuye al desarrollo de la apreciación artística y cultural.
Paradigma del graffiti en la academia: este estudio se justifica en la necesidad de explorar cómo el graffiti se convierte en un paradigma en el contexto académico. Se examina cómo estas obras de arte cuestionan la relación entre el mundo del arte callejero y la educación superior, desafiando la percepción de que estas dos esferas son mutuamente excluyentes.
Metodología.
Selección de casos de estudio: para llevar a cabo este estudio, se seleccionaron los murales y graffitis realizados por el profesor Francisco Reyes y sus colaboradores que adornan el edificio de la Facultad de Ciencias de la Información. La selección de estos casos se basó en la relevancia artística y cultural de las obras, así como en su representación de diferentes estilos y enfoques. Hemos dejado fuera otro tipo de murales que no siguen la línea artística y comunicativa de los que suponen el objeto de estudio.
Recopilación de datos: se realizó una recopilación exhaustiva de datos relacionados con cada mural o graffiti seleccionado. Esto incluyó información aportada por el artista, la fecha de creación, el contexto cultural y social en ese momento, y la temática representada en la obra. Además, se recopilaron datos visuales, como fotografías de alta resolución de cada mural y graffiti.
Entrevistas: para obtener información más profunda sobre la creación de estas obras, se llevaron a cabo entrevistas con el artista y los becarios que le ayudaron en las diferentes obras. Estas entrevistas (que no transcribiremos aquí por limitaciones de espacio) proporcionaron una perspectiva única sobre las motivaciones, influencias y procesos creativos de los autores.
Análisis de contenido: se realizó un análisis de contenido de las obras seleccionadas. Esto implicó la evaluación de los temas, estilos artísticos, técnicas utilizadas y cualquier simbolismo presente en cada mural o graffiti. También se examinó cómo estas obras interactúan con el entorno arquitectónico brutalista del edificio.
Análisis comparativo: se compararon las obras seleccionadas en términos de sus diferencias y similitudes. Se prestaron especial atención a las formas en que los artistas abordaron y se adaptaron al entorno brutalista, así como a la forma en que las obras se relacionaron entre sí.
Contextualización histórica y cultural: el estudio también implicó una investigación detallada sobre el contexto histórico y cultural de la época en que se crearon estas obras. Esto ayudó a comprender mejor las influencias y la relevancia cultural de cada mural y graffiti.
Consideración ética: se mantuvo una consideración ética constante durante la recopilación de datos y las entrevistas. Se obtuvo el consentimiento de los artistas y se respetaron los derechos de autor y propiedad intelectual relacionados con las obras.
Análisis cuantitativo y cualitativo: se utilizó un enfoque mixto de análisis, incluyendo análisis cuantitativos (por ejemplo, estadísticas sobre la distribución de temáticas en las obras) y análisis cualitativos (para interpretar significados y contextos más profundos).
Interacción con la comunidad académica: se mantuvo un diálogo constante con miembros de la comunidad académica de la Universidad Complutense de Madrid para comprender cómo estas obras de arte han influido en el entorno educativo y en la percepción de la arquitectura brutalista en el campus.
Elaboración del artículo científico: finalmente, todos los datos recopilados, análisis y resultados se utilizaron para elaborar el artículo científico de investigación, destacando la relación entre el graffiti y la arquitectura brutalista, así como su significado en el contexto de la academia.
Objetivos.
Objetivo General: El propósito fundamental de este estudio es examinar y comprender la interacción entre el graffiti como forma de expresión artística urbana y la arquitectura brutalista personificada por el edificio de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Los objetivos específicos se encuentran alineados con este objetivo general y tienen como finalidad iluminar diversos aspectos clave de esta interacción:
• Investigar la convergencia del arte urbano, representado por el graffiti, con la arquitectura brutalista en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Este primer objetivo se centra en comprender cómo el graffiti y la arquitectura brutalista se entrelazan y ejercen influencia mutua en el contexto de la Facultad.
• Analizar el impacto visual y emocional de esta combinación en las personas que interactúan con el edificio. Se busca también determinar el valor artístico de las obras de graffiti presentes en el edificio y cómo contribuyen a enriquecer el entorno arquitectónico brutalista.
• Examinar cómo el graffiti actúa como expresión de identidad y resistencia en el entorno académico. Se pretende explorar cómo las obras de graffiti se interpretan y discuten en un contexto académico. El análisis subjetivo de estas obras y su influencia en la apreciación artística y cultural son áreas de interés. Pretendemos también explorar cómo la creatividad y el conocimiento pueden florecer conjuntamente en un entorno académico a través de la fusión del arte urbano y la arquitectura brutalista.
• Investigar si el graffiti puede coexistir con la arquitectura brutalista y enriquecer el paisaje urbano.
La Síntesis entre el arte urbano y el brutalismo.
En este apartado analizamos la interacción entre dos elementos aparentemente dispares: el arte urbano representado por el graffiti y la arquitectura brutalista encarnada por el edificio de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Se pretende examinar cómo estos dos mundos aparentemente antagónicos convergen y se influyen mutuamente para crear una experiencia única.
El arte urbano como voz de la calle.
Para dejarlo claro desde el principio; no debemos confundir el graffiti y el arte urbano con algo que siempre ha existido: la pintada. La pintada se vale de las palabras para transmitir unos determinados contenidos; y las palabras, como afirma Porzig (1974, p. 146), están dadas para el diálogo, están a disposición de los hablantes y son válidas en la comunidad idiomática. La pintada constituye, en definitiva, un peculiar acto (performativo, como afirma Garí, 1995) de comunicación que nos implica a todos y con el que podemos establecer siempre una relación de reciprocidad.
Esto se debe, en parte, a la percepción de que el graffiti es un movimiento menos controlable y adaptable al modelo de sociedad predominante, en contraste con la percepción que se tiene del arte urbano (Martínez, 2022, p. 229).
La historia del graffiti se remonta a las raíces mismas de la civilización humana. Desde las pinturas rupestres prehistóricas hasta las inscripciones antiguas en las paredes de Pompeya, el impulso de dejar una marca personal en espacios públicos ha existido desde hace milenios. Sin embargo, en el contexto moderno, el graffiti tal como lo conocemos hoy tiene sus raíces en la cultura urbana y el movimiento hip hop de la década de 1970 en la ciudad de Nueva York. El graffiti neoyorquino tenía diversos precursores directos, incluyendo formas de graffiti infantil, graffiti asociado a pandillas, graffiti realizado por vagabundos y prisioneros. Sin embargo, también podía rastrearse hasta otras manifestaciones como el graffiti de naturaleza erótica y romántica, aquel dedicado a la memoria de viajeros y turistas, el graffiti de carácter político, así como los graffitis que contenían frases o leyendas, a menudo acompañadas por la firma de su autor y que buscaban provocar reflexiones o emociones en quienes los leían, entre otras manifestaciones (Couvreux, 2017, p. 133).
Hacia 1968, jóvenes, en su mayoría de ascendencia hispana y afroamericana, ya estaban dejando sus nombres plasmados en toda la ciudad de Nueva York. Los medios de comunicación desempeñaron un papel crucial en este proceso. El 21 de julio de 1971, The New York Times publicó un artículo titulado "Taki 183" da origen a los amigos por correspondencia. A través de una entrevista con el joven Taki, de tan solo 17 años, se revelaron las razones detrás de la proliferación de firmas en la ciudad: "No lo haces para impresionar a las chicas, parece que no se dan cuenta. Lo haces por ti mismo. No estás buscando convertirte en presidente ni nada por el estilo" (Stewart, 2009, p. 37). Lo que nace como una tímida tentativa de unos cuantos adolescentes acaba convirtiéndose "en un movimiento que integra a miles de jóvenes cuyas pintadas constituyen en muchas ocasiones murales inmensos y llenos de colorido" (Castleman, 1987, p. 9) El graffiti, desde sus inicios, ha servido como una voz para las voces silenciadas en la sociedad. En comunidades marginadas y entre jóvenes con acceso limitado a recursos, el graffiti ha sido un medio de expresión y resistencia. Ha permitido que los individuos marquen su presencia en un mundo que a me-nudo los ignora. Además, el graffiti ha sido una forma de marcar territorio, no solo físicamente, sino también culturalmente, como una afirmación de identidad en los barrios urbanos.
Una vez que el nombre del escritor o escritora había ganado reconocimiento debido a la cantidad de firmas que habían proliferado, la evaluación de una obra se basaba en varios criterios. En primer lugar, se consideraba la originalidad del diseño, seguido por la fluidez en la composición de las letras, conocida como flow. Además, se valoraba la intensidad y la viveza de los colores, así como la precisión en la aplicación de la pintura, asegurando que no hubiera excesos o goteos. Por último, se prestaba atención a la nitidez de los contornos y la efectividad en la inclusión de detalles, que podían ser desde simples líneas hasta complejas caricaturas y paisajes (Castleman, 1987, p. 33-34).
El graffiti no solo marca territorio, sino que también desafía las expectativas sociales impuestas. Ha sido un medio a través del cual las personas pueden expresar opiniones y emociones que de otro modo podrían quedar sin voz. El graffiti a menudo aborda temas sociales y políticos, desde la injusticia racial hasta la lucha por los derechos civiles. Además, ha desafiado las normas convencionales de la estética y la propiedad privada, lo que lo hace inherente a la cultura de la rebelión.
El graffiti además representa lo prohibido, lo transgresor No es el objetivo exponer un juicio estético sobre este fenómeno ni tampoco evaluar sus consecuencias económicas ni el choque con la ley. Partimos de una posición más cercana al rizoma de Deleuze y Guattari: "La hierba sólo existe entre los grandes espacios no cultivados. Llena los vacíos. Crece entre, y en medio de otras cosas" (1977, p. 43). Resulta muy pertinente establecer una relación con el pensamiento de George Bataille sobre lo prohibido, que ha sido desde los orígenes del graffiti, un elemento indivisible de una ecuación vital, el riesgo y el premio, el caos en el orden, un momento efímero de gloria antes de volver a empezar sobre una superficie recién pintada por los servicios de mantenimiento.
Se considera que la narrativa experiencial, desde la subjetividad de la memoria oral, es un método respetuoso para acercarse al estudio de la historia del graffiti, no sin reconocer que este nace al margen de los circuitos oficiales del arte y también de lo académico. Sin embargo, esta tensión se relaciona estrechamente con el pensamiento de Michel Foucault, en su defensa por la interdependencia de los fenómenos marginales respecto a un centro. Daniel J. García lo recoge en Rara Avis (2016) para referirse al pulso entre identidad y comunidad en la sociedad postmoderna.
A lo largo del tiempo, el graffiti ha evolucionado de ser percibido como un acto de vandalismo a una forma legítima de expresión artística. Se ha ganado un lugar en galerías de arte, museos y colecciones privadas en todo el mundo. Este cambio de percepción ha llevado a una apreciación más profunda del graffiti como una forma de arte genuina, y no solo como vandalismo.
A pesar de que las personas se dedican al graffiti de diversas maneras y con distintos propósitos, a menudo se estigmatiza como una forma de vandalismo o comportamiento antisocial. Por esta razón, la mayoría de los estudios académicos se centran en las acciones y afiliaciones subyacentes desde la perspectiva de la juventud, los estudios de subcultura y el discurso de los marginados (Daniell et al., 2011;Sendra, 2017).
La arquitectura brutalista y su carácter impenetrable.
La historia del arte se ha dedicado a analizar el interés en lo primitivo y su impacto en las artes visuales del siglo XX. Este mismo fenómeno puede ser examinado en el contexto de la historia y la teoría de la arquitectura para comprender las características de ciertos movimientos que surgieron como respuesta a la uniformidad de la arquitectura moderna (Vélez, 2018, p. 1).
La arquitectura no puede pasar por alto su impacto en el estado emocional de quienes la utilizan y en el estilo de vida de quienes la habitan. La ubicación y las características físicas y materiales de un edificio influyen de manera variable en las actividades de las personas y en la percepción particular de su entorno (De Diego, 2017, p. 2).
El estilo arquitectónico brutalista se erige como un punto focal en la comprensión de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y cómo su uso de hormigón crudo y líneas geométricas severas contribuye a su apariencia generalmente impenetrable. A pesar de la variedad de motivaciones subyacentes al movimiento brutalista, todas sus expresiones comparten un profundo interés en influir en la experiencia de quienes visitan o utilizan estos edificios. Su poderosa influencia se basa en la sensación táctil, su solidez, peso, juego de luces y sombras, magnitud y expresión. Estos aspectos buscan, e incluso demandan, provocar respuestas inmediatas que van más allá de lo visual, centrándose en lo cinestésico, el tacto, la audición e incluso el olfato (Bermúdez & Navarrete, 2019, p. 98).
El brutalismo, un estilo cuyo surgimiento está vinculado a un movimiento arquitectónico que alcanzó su apogeo en las décadas de 1950 y 1970, toma su nombre de la expresión béton brut, que significa hormigón crudo en español, como señala Rubio Hancock (2014) (Súarez Carballo, 2019 p. 112).
El brutalismo fue iniciado bajo la dirección del influyente arquitecto francosuizo Le Corbusier. Sus fundamentos descansaban en la utilización de hormigón, materiales industriales en su estado crudo, elementos estructurales robustos, geometrías rígidas y una paleta de colores monocromáticos, y una apariencia que a menudo puede describirse como impenetrable. La apariencia de impenetrabilidad crea un contraste llamativo con la idea de expresión artística y creatividad, lo que convierte a la Facultad de Ciencias de la Información en un escenario inesperado para el graffiti y el arte urbano. Los arquitectos brutalistas abrazaron la idea de que la arquitectura debería ser honesta, sin ornamentación superflua y con una revelación cruda de los materiales. Esta visión de la arquitectura se traduce en estructuras que exhiben una estética cruda y monumental.
Usualmente, gewalttätig se traduce como "violento", ya que es un derivado de Gewalt. Sin embargo, un examen detenido de las opciones de traducción para este término revela que gewalttätig también puede ser interpretado en español como "brutal", en el sentido de un acto que se considere brutal (Langenscheidt, 2018). (Bastidas, 2023, p. 95).
El brutalismo encontró un lugar importante en el contexto de la educación superior, donde se buscaba expresar un sentido de permanencia y solidez. Los edificios brutalistas, como la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, se convierten en símbolos arquitectónicos de la seriedad académica y la dedicación al conocimiento. Este estilo arquitectónico se utiliza para comunicar una sensación de perdurabilidad y la importancia de la educación superior.
La convergencia en la Facultad de Ciencias de la Información.
El núcleo de la investigación explora la convergencia única entre el arte urbano representado por el graffiti y la arquitectura brutalista que caracteriza a la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Aquí vemos cómo las superficies de hormigón crudo del edificio actúan como lienzos para las expresiones artísticas del graffiti, y cómo estas dos formas de expresión interactúan y se influyen mutuamente de maneras sorprendentes. Los pasillos y las paredes de la facultad se transforman en un escenario vivo para la expresión artística a través de los murales y graffitis que los adornan. Estos elementos presentan una amplia variedad de temas, estilos y técnicas artísticas, lo que da vida al entorno académico y desafía las expectativas.
Algunas de estas obras resaltan la austeridad del brutalismo al utilizar una paleta de colores y formas que se integran armónicamente con las líneas de hormigón crudo y la geometría rígida del edificio. Estos murales respetan la naturaleza de la arquitectura brutalista y se fusionan con ella, creando un efecto visual que armoniza con el entorno.
Por otro lado, otros murales desafían deliberadamente las características del brutalismo. Utilizan colores vibrantes, diseños audaces y temáticas provo-cativas, lo que crea un marcado contraste con la sobriedad de la arquitectura circundante. Estas obras desafían activamente la idea de impenetrabilidad y añaden un elemento sorprendente al paisaje arquitectónico. Los murales y graffitis en los pasillos de hormigón no solo decoran las superficies, sino que interactúan de manera única con el contexto arquitectónico. Algunas obras siguen las líneas geométricas del concreto, adaptándose a la estructura del edificio y convirtiéndose en una parte inseparable del diseño. Estos murales complementan la arquitectura brutalista y aportan una dimensión adicional al espacio, donde la línea entre arte y arquitectura se desvanece.
Además, los murales a menudo juegan con la ubicación y la perspectiva para dar vida a sus creaciones en las superficies de hormigón. Al hacerlo, transforman las paredes en escenarios dinámicos que interactúan con quienes transitan por los pasillos. Algunos murales se presentan como si fueran una extensión natural de la arquitectura, mientras que otros parecen desafiar activamente su entorno, creando una experiencia visual intrigante.
El graffiti en la facultad como una expresión de identidad.
El graffiti que adorna las paredes de la Facultad de Ciencias de la Información se erige como una manifestación única de la identidad de los que los crearon. Cada obra es una expresión personal, una narrativa visual y una desviación de las expectativas culturales. Al final, el graffiti también es un medio para que los artistas expresen sus pensamientos, emociones y perspectivas.
Esto entronca con el leit motiv principal del graffiti, que es el "dejarse ver". El graffiti surgió como respuesta a una necesidad fundamental: la de ser visto y logró expresarse en su forma más pura. En su obra recopilada en el volumen doble Hacia una psicología del arte. Arte y Entropía (1986), Rudolf Arnheim abordó la pregunta sobre el propósito del arte. Él sostuvo que: "La auténtica actividad artística no es ni un reemplazo ni una evasión, sino una de las maneras más directas y valientes de enfrentar los desafíos de la vida" (p. 312). Además, añadió más adelante:
El arte es la cualidad que marca la diferencia entre ser un mero espectador de la vida y ser alguien que actúa y se ve afectado, conmovido y transformado por las fuerzas inherentes a todo lo que entregamos y recibimos (p. 315).
Jean-Michel Basquiat, antes de dejar su hogar, expresó a su padre su ambición: "Algún día seré una figura famosa". Para mantenerse, desarrolló su creatividad en la creación de postales y camisetas, una habilidad artística que había heredado de su madre (Fourtoul, 2020, p. 57).
Cada mural y graffiti cuenta una historia en sí mismo. A través de diseños, imágenes y palabras, los artistas reflejan sus visiones del mundo, sus experiencias personales y sus puntos de vista únicos. Estas obras no son meros adornos, sino narrativas visuales que se traducen en declaraciones artísticas profundas y, a veces, crípticas.
La creación de murales y graffitis en la Facultad de Ciencias de la Información se lleva a cabo en un proceso que incluye la colaboración con el equipo decanal. Esta colaboración es fundamental para asegurar que las obras respeten el entorno y reflejen los valores de la facultad. Esto diferencia al graffiti tradicional vandálico o de encargo de este otro tipo de graffiti, en el que destacamos cómo los artistas integran sus ideas y visiones en un diálogo con la academia. El graffiti se convierte así en una forma de expresión que coexiste en armonía con la arquitectura brutalista, y cómo este equilibrio se convierte en un punto de orgullo y respeto mutuo.
El poder del graffiti: comunicación y reflexión.
El graffiti, presente en los muros de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, se manifiesta como una forma de comunicación poderosa y un medio para la reflexión en un contexto académico. Los murales y graffitis dentro de la facultad actúan como un hilo conductor que une a la comunidad universitaria. Estas expresiones artísticas a menudo transmiten mensajes que invitan a la reflexión y promueven la discusión. En un mundo saturado de información, el graffiti resalta al presentar temas de actualidad y puntos de vista alternativos que desafían a los espectadores a cuestionar y comprender mejor la realidad que los rodea. El graffiti como medio de expresión artística refleja la diversidad de voces y perspectivas dentro de la facultad. Cada mural cuenta una historia, refleja una visión y desafía las expectativas culturales. Los mensajes sirven como recordatorios visuales y provocadores que inspiran a la comunidad universitaria a reflexionar sobre temas fundamentales, desde la identidad personal hasta la responsabilidad social.
En un mundo donde la libertad de expresión es un valor fundamental, el graffiti se convierte en una plataforma de expresión accesible para todos. Los estudiantes y artistas de la facultad utilizan estas superficies para dar voz a sus pensamientos, emociones y perspectivas personales. La facultad se convierte en un entorno donde la creatividad y la libre expresión son bienvenidas y celebradas. Las expresiones artísticas a menudo incitan a la acción, ya sea en forma de apoyo a una causa, sensibilización sobre un tema importante o la promoción de la unidad y la diversidad. El graffiti sirve como un llamado a la acción para la comunidad universitaria, inspirándola a ser consciente y activa en su entorno. Estos graffitis y murales ilustran cómo la comunicación visual puede ser una herramienta poderosa para la reflexión y el cambio. La comunidad académica se beneficia de esta forma de expresión artística al ser desafiada a cuestionar, discutir y actuar en consecuencia en un mundo en constante evolución.
Algunos autores, como Talego (2012), han planteado la idea de que el arte urbano puede ser concebido como parte del patrimonio inmaterial. Esta manifestación artística contribuye a la formación de la identidad a través de diversos procesos y medios, lo que a su vez puede promover un sentimiento de cohesión social mediante el reconocimiento, aunque también puede generar debate y recibir críticas, como han señalado estudios como el de Luque (2019) (Luque & Moral, 2021, p. 60).
Murales y graffitis en la Facultad de Ciencias de la Información.
En este punto, se ofrece una visión panorámica de los murales y graffitis que decoran la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Se presenta una descripción detallada de algunas de las obras más representativas, resaltando su estilo, contenido y contexto. Cada mural y graffiti se examina desde una perspectiva artística y social, destacando cómo contribuyen a la identidad de la facultad y su relación con el brutalismo arquitectónico. Además, se explora la relación entre los artistas y la comunidad académica, subrayando cómo estas expresiones artísticas fomentan la reflexión y el diálogo en el entorno universitario.
Este punto finaliza el recorrido por el singular paisaje artístico de la Facultad de Ciencias de la Información y refuerza la idea de que estos murales y graffitis no solo son adornos visuales, sino manifestaciones de creatividad, identidad y unidad en la academia. La inclusión de fotografías y ejemplos visuales ilustra la diversidad de obras presentes en la facultad, permitiendo a los lectores apreciar plenamente la riqueza de esta síntesis entre el arte urbano y el brutalismo arquitectónico.
Al recorrer los pasillos de la facultad y experimentar estos murales y graffitis, se descubre una narrativa visual que trasciende las palabras. Los murales y graffitis se convierten en testigos mudos de la coexistencia entre la expresión artística y la arquitectura brutalista, dejando una impresión duradera en todos aquellos que tienen el privilegio de explorar esta combinación única de creatividad y academia. La Facultad, que acaba de celebrar su 50 aniversario, ha sido testigo de una notable transformación en los últimos años, donde algunos de sus muros grises se han convertido en vibrantes murales llenos de color. Esta metamorfosis en la estética y, en cierto modo, en la identidad corporativa representa un cambio paradigmático en el aspecto visual de un edificio universitario. Cada día, miles de estudiantes se cruzan con estos murales, lo que puede influir positiva o negativamente en su experiencia académica. En este apartado, analizaremos el "porqué", el "cómo" y el "cuándo" de esta transformación y, además, exploraremos las técnicas empleadas, la historia interna de cada mural y el proceso creativo que culmina en cada obra de arte.
Estos murales se destacan por ser diferentes a los que comúnmente encontramos, ya que han sido creados en su totalidad con aerosol y realizados por personas que trabajan y estudian en la Facultad, lo que les otorga un carácter aún más especial, ya que no se trata de murales por encargo realizados por empresas o artistas externos a la comunidad académica. Resulta igualmente interesante el proceso de selección de las imágenes plasmadas en estos murales y cómo se han involucrado diferentes miembros de la administración académica.
Una mirada a la historia de la Facultad de Ciencias de la Información y los antecedentes de los murales.
La creación de la Facultad tiene su origen en el Decreto 2070/71 del 13 de agosto, que regulaba los estudios de Periodismo y otras disciplinas de Comunicación en España. Posteriormente, el Decreto 2478/71 del 17 de septiembre dio lugar a la creación de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Las clases se iniciaron en 1972 en las instalaciones que hoy conocemos como el Instituto de Radio y Televisión (IORTV), y el edificio actual fue inaugurado en 1974. Se llevó a cabo una segunda fase
La génesis de los murales en el edificio antiguo se remonta a 1995, cuando un grupo de estudiantes (entre ellos el ahora profesor Francisco Reyes) coordinados por el profesor Javier González Solas presentaron una propuesta al Decanato para crear una serie de murales que representaran imágenes relacionadas con las tres carreras que se imparten en la Facultad. En un inicio, se presentó un boceto de Bibendum, el icónico muñeco de Michelín. El Decano Javier Fernández del Moral, solicitó que se creara una versión a tamaño real y se colocara en las escaleras que conducen hacia la cafetería para evaluar su aspecto si se decidía pintarlo. Sin embargo, este mural nunca llegó a concretarse, y el boceto original, elaborado con hojas impresas, ha permanecido colgado en el mismo lugar desde entonces. Doce años después, en 2007, el profesor Javier González Solas presentó un proyecto de mural que representaba la licenciatura (hoy en día grado) de Publicidad y Relaciones Públicas. Se inspiró en un cartel propagandístico de Aleksandr Ródchenko. A partir de este momento, este enfoque definiría el estilo de los murales futuros. La idea de utilizar colores planos para plasmar la imagen se convertiría en la "identidad corporativa" de todos los murales posteriores. La tarea de pintar el mural recayó en el profesor Francisco Reyes. Para la representación facial del personaje, se emplearon tres tonos de gris (RV-6 Gris claro, RV7040 Gris perla, RV-7016 Gris antracita), negro brillo (RV-9011 Negro brillante) y blanco (RV-9010 Blanco divinidad), todos pertenecientes a la carta de colores de la marca Montana. Los demás colores del fondo formaron parte de una selección de tonos vibrantes de la misma carta.
Finalmente, después del fallecimiento de la profesora Ana Vigara en 2012, Francisco Reyes solicitó permiso a la decana de ese momento, Carmen Pérez de Armiñán, para escribir el nombre de la profesora con letras de graffiti en las escaleras de caracol que conectan el edificio antiguo con la parte trasera de la facultad. Estas letras se acompañaron de un retrato de la profesora Vigara, que fue elaborado por el artista urbano Sfhir. Este graffiti también sirvió para cubrir otro graffiti ilegal realizado por un grafitero inexperto.
Primera fase: proceso y realización de los murales.
En 2016, la entonces decana de la Facultad descubrió un dossier realizado en 1995 que contenía una propuesta presentada al decano de la época. La idea le pareció atractiva y optó por revivirla. Después de mantener diversas conversaciones con la decana, el vicedecano Jorge Clemente y la gerente Ananda Martínez, el profesor Francisco Reyes presentó varias propuestas alternativas hasta que se definieron las imágenes finales.
Una vez seleccionadas las imágenes, el profesor Francisco Reyes, junto a dos becarios, Mario Figueiras y Laura Bermejo, se puso manos a la obra. Mario se encargó de la logística y los diseños, mientras que Laura brindó su ayuda en el proceso de pintura bajo la supervisión del profesor Francisco Reyes.
El primer mural que crearon representaba un fotograma de la película E.T. (Steven Spielberg, 1982) y se ubicó estratégicamente entre la cafetería y la zona de reprografía. Para este mural, eligieron utilizar tonos de azul para la representación de la luna y negro para el resto. La ejecución fue sencilla y relativamente rápida. La decana quedó encantada y los animó a seguir adelante con el proyecto. El mural siguiente que llevaron a cabo representó La Ventana Indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954). Este mural resultó un poco más desafiante debido a la presencia de numerosos detalles y una amplia gama de tonos de grises. La complejidad residía, en gran medida, en la necesidad de capturar los rasgos faciales con precisión, en particular los ojos. Era fundamental que el retrato se asemejara a James Stewart; de lo contrario, no se hubiese reconocido bien al personaje. El momento de mayor tensión llegó cuando el profesor Francisco Reyes se dispuso a pintar los ojos y las cejas del retrato. Con un par de trazos, afortunadamente, logró un parecido impresionante a James Stewart al primer intento. Posteriormente, se embarcaron en la creación de un mural que podría considerarse como una representación más directa de la Facultad: la película Tesis (Alejandro Amenábar, 1996). La idea principal era continuar con la estética gráfica, pero esta vez deseaban agregar un toque de apariencia vintage de cinta de video antigua. Lograron este efecto mediante la aplicación de pequeñas rayas con aerosol. Lo más destacado es que, cuando el director Amenábar visitó la Facultad y vio el mural, felicitó al Decano y quedó impresionado por el efecto de video antiguo. El mural que representaba "La niña afgana" de National Geographic (Steve McCurry, 1984) fue, con diferencia, el más desafiante. No tanto por la dificultad del dibujo o la variedad de colores, sino por su ubicación. Dado que estaba en las escaleras y a una gran altura, tuvieron que utilizar un andamio que se encontraba desmontado en el piso de abajo, frente a la reprografía, y, como no cabía en el ascensor, tuvieron que subirlo desmontado, pieza por pieza, a través de las escaleras.Una vez ensamblado, tampoco resultó sencillo pintar el mural ya que, al estar pegado a la pared, les era imposible obtener perspectiva mientras pintaban. Descender y subir constantemente las escaleras para visualizarlo desde cierta distancia resultó agotador. Sin embargo, la suerte jugó a su favor y lograron plasmar expresivamente los ojos, quizás la parte más significativa del retrato. Es probable que este mural sea el más emblemático de la Facultad, aunque curiosamente no es el favorito de sus creadores. Con frecuencia aparece en portadas de blogs y artículos de prensa cuando se mencionan los murales de la Facultad. Sin duda, fue el que requirió más tiempo de trabajo, casi nueve horas en total. En un paso posterior, se abordó la creación del mural basado en We Can Do It! (J. Howard Miller, de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de su aparente simplicidad, surgieron desafíos significativos durante el proceso de pintura debido a la falta de una capa base de blanco en las paredes. La aplicación del color amarillo, en particular, resultó problemática, requiriendo el uso de entre siete u ocho latas de pintura para lograr una cobertura adecuada del fondo. Este aspecto del trabajo resultó agotador, pero la perseverancia finalmente produjo un resultado satisfactorio. El mural dedicado a Los Hermanos Marx fue completado de manera más rápida en comparación con los anteriores, ya que los artistas habían adquirido experiencia en la creación de murales y habían aprendido de sus experiencias previas. Este mural, compuesto en su mayoría de tonos de gris, blanco y negro, se caracterizó por su simplicidad y empleo eficiente de recursos. Dada la reputación de nuestra Facultad en el campo de los estudios de Comunicación Audiovisual, era apropiado rendir homenaje a una de las películas más emblemáticas del cine español, Los Santos Inocentes (Mario Camus, 1984). Este mural se ubicó en la tercera planta, junto al Departamento de Ciencias de la Comunicación Aplicada, y presentó un desafío adicional debido a la multiplicidad de rostros en el diseño y su tamaño reducido. La técnica de la imagen graficada no resultó la elección más adecuada, lo que dificultó el reconocimiento de los rostros con solo unos pocos trazos, aunque los retratos de Landa y Rabal resultaron más distinguibles que otros. Finalmente, se creó un mural en honor a Forges, que presentaba cuatro viñetas seleccionadas entre más de 90 propuestas. Este mural destacó por su divergencia estilística con respecto a los demás, una variación impuesta por la necesidad de reflejar el estilo característico de Forges en su trabajo artístico.
Segunda fase: los murales en el marco de las actividades del 50 aniversario de la Facultad.
En la segunda fase de los murales, que coincidió con la celebración del 50 Aniversario de la facultad y tras haber superado una pandemia mundial, el proyecto muralístico fue reanudado. En esta etapa, participaron activamente las cinco becarias del Departamento de Ciencias de la Comunicación Aplicada: Andrea Merino, Fátima García, Mara Pérez, José Manuel Álvarez, Ainhoa Martínez y el Profesor Francisco Reyes. En un primer paso, se procedió a la representación gráfica de todas las imágenes que habían sido previamente seleccionadas por el equipo decanal, antes de la irrupción de la pandemia.
Se elaboró un dossier en el que se presentó la propuesta para la segunda fase de los murales al decano y a la nueva gerente, Marina Sanz. Sin embargo, antes de comenzar, el decano solicitó un encargo adicional: la realización de un mural que incorporara el nuevo logotipo de la Facultad, diseñado por la consultora de branding Superunion, y las letras que lo acompañan. Esta tarea representó un desvío significativo de la estética de los murales previamente creados, ya que se caracterizó por la aplicación de un solo color plano, específicamente el gris (Pantone 415C), y el uso de la tipografía Circular Std. En este mural, se introdujo la técnica del pincel por primera vez, en contraste con los murales anteriores que habían sido creados única y exclusivamente con la técnica del aerosol. Esta elección implicó un proceso de trabajo considerablemente más extenso y, se podría decir, hasta monótono. El siguiente mural se concibió como tributo a Félix Rodríguez de la Fuente, en particular, su icónica fotografía junto a un lobo. La determinación del decano fue ubicarlo en el muro de entrada a la biblioteca. Se hizo uso del color negro y se emplearon siete tonalidades de marrón y verde. El mural marcó el comienzo de la segunda fase en un contexto de "puerta cerrada", lo que significaba que el equipo ingresaba a la facultad alrededor de las ocho de la tarde. En ese momento, se iniciaba la preparación de la pintura y la protección del suelo. La labor de pintura se extendía hasta alrededor de las dos de la madrugada. Posteriormente, se procedía a la limpieza y se solicitaba la apertura de la puerta y la verja exterior a los servicios de seguridad de la UCM para poder salir. El tercer mural, el célebre "Jumpman" de Michael Jordan, se plasmó en la segunda planta, en el muro del Club Deportivo de la Facultad. Para esta obra, se optó por el uso de negro, gris y siete tonalidades en el rango que abarcaba del naranja al violeta. En este caso, se tomó la determinación de suprimir los rasgos faciales debido a que, al emplear la técnica de aerosol, resultaba sumamente complicado reproducir los detalles del rostro a la escala requerida. El mural siguiente fue ubicado en la cafetería y representó la icónica imagen de Harold Lloyd colgado de un reloj en El Hombre Mosca (Fred C. Newmeyer y Sam Taylor), una película de 1923. Para esta obra, se emplearon los tonos blanco, negro y cuatro matices de gris provenientes de la marca de aerosoles Loop. La complejidad de esta pintura radicó en la altura que la Gerente había especificado para su ejecución, lo que requirió el uso de un andamio. Pintar desde un andamio móvil, con la necesidad de subir y bajar para cambiar de color, planteó desafíos adicionales. Sin embargo, el mural se completó con éxito y se armonizó con la paleta de grises y negros que caracteriza la decoración de la cafetería, destacando además un toque de rojo en los números del reloj para coordinar con las sillas y azulejos circundantes. El penúltimo mural de esta segunda etapa representa una de las imágenes más icónicas y queridas del cine español, inspirada en la película Bienvenido Mister Marshall, dirigida por Luis García Berlanga en 1953. Este mural se encuentra ubicado en la escalera que conecta la cuarta y tercera planta de la facultad. Emplearon una paleta de colores que incluyó el negro, el blanco y cuatro tonos de gris.
Para lograr una representación fiel del fotograma, fue necesario ajustar la expresión facial de Manolo Morán y la corneta de Pepe Isbert, ya que los detalles originales no eran claramente perceptibles en la imagen graficada. La jornada en la que se pintó este mural fue particularmente calurosa, y los artistas debieron tomar pausas periódicas para refrescarse, aunque uno de ellos sufrió una irritación en el ojo izquierdo, posiblemente agravada por los vapores del aerosol, lo que requirió atención médica urgente. Al día siguiente, el decano solicitó que se añadiera un marco negro alrededor del fotograma para que ocupara toda la pared, lo cual se realizó durante las horas de apertura de la facultad en un período no lectivo. El mural que se hizo antes del cierre por vacaciones de ese año en la Facultad rinde homenaje a la icónica película Tiburón, dirigida por Steven Spielberg en 1975. Aunque inicialmente se había previsto ubicarlo en un pasillo de la quinta planta, el equipo decanal tomó la decisión de situarlo al final del pasillo de la biblioteca en la etapa final del proyecto. La obra se realizó utilizando una paleta de colores que incluyó el negro, el blanco, un marrón, un crema y siete tonos de azul. A pesar de su tamaño más reducido en comparación con otros murales, este mural tiene un gran impacto visual, y su ubicación en el pasillo de la biblioteca, junto con la perspectiva desde la cual se aprecia, le confiere un efecto impresionante. Sorprendentemente, la obra se completó en un tiempo relativamente breve, con una duración de aproximadamente dos horas. El siguiente mural, diseñado y realizado por el profesor Francisco Reyes con la técnica del graffiti en la Facultad de Ciencias de la Información, es una obra dedicada a la película El Mago de Oz. Ubicado en la cuarta planta del edificio principal, es el vigésimo tercero en la colección de obras que adornan las paredes de la facultad. La inspiración proviene de la icónica película, basada en el libro El maravilloso mago de Oz, de L. Frank Baum publicado en 1900, y estrenada en Estados Unidos en 1939 y en España en 1945 debido a los acontecimientos históricos de la Guerra Civil y otros factores. El mural se basa en la secuencia que se utilizó como parte de la promoción original. Este fotograma captura muchos de los elementos distintivos de la película, incluyendo a Dorothy y sus famosos zapatos de rubí, el león cobarde, el hombre de hojalata, el espantapájaros, el camino de baldosas amarillas y un arco iris, que se ha convertido en un símbolo importante para la comunidad LGTBI. El último mural realizado en la Facultad, en el momento de cerrar este artículo, ha sido el que se ubica en la redacción compartida de Infoactualidad y la Videofactoría en uno de los sótanos del edificio. Se trata de un graffiti al uso, con letras de graffiti clásicas y un fondo que representa una ciudad con logos de diferentes medios de comunicación. La palabra elegida fue "clandestinos". Se trataba de unificar los dos tipos de trabajo que se realizan en esa redacción. Ellos se sienten como un clan y tienen una misión, un destino. El mural fue realizado, como siempre por el profesor Francisco Reyes, pero en esta ocasión contó con la colaboración de uno de los pioneros del graffiti en España: Kapi, que vino desde Barcelona para aportar su granito de arena en lo que ya es, o debería ser, una exposición de arte urbano permanente para toda la Universidad Complutense. Este estudio ha explorado minuciosamente la convergencia entre el arte urbano, representado por el graffiti, y la arquitectura brutalista que define la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. A lo largo de esta investigación, se ha revelado una simbiosis única y poderosa entre dos mundos que, a simple vista, podrían parecer dispares.
La presencia del graffiti en el contexto académico de la facultad ha demostrado ser un desafío constante a las percepciones tradicionales de la educación superior y el arte urbano. Las superficies de hormigón crudo que conforman el edificio se transforman en lienzos vivos, enriqueciendo el entorno con una paleta de colores y formas que contrastan con la austeridad característica del brutalismo. El impacto visual y emocional de esta convergencia se manifiesta como una experiencia única para quienes interactúan con el edificio. A través de esta experiencia visual y emocional, los graffitis en la facultad han logrado transmitir emociones y provocar reacciones en el espectador, desafiando así las expectativas tradicionales y enriqueciendo la experiencia académica.
El graffiti también se ha revelado como una expresión profunda de identidad y resistencia. Cada mural y graffiti cuenta una historia, refleja una visión y desafía las expectativas culturales. Los artistas detrás de estas obras utilizan este espacio como un medio legítimo para expresar sus pensamientos, emociones y perspectivas personales, en colaboración con el equipo decanal de la facultad. De esta manera, se resalta la importancia de dar voz a la comunidad académica, y se demuestra que la expresión artística y la academia pueden coexistir en un diálogo constructivo.
Este estudio ha evidenciado que el graffiti va más allá de ser simplemente un acto de vandalismo; es, de hecho, un medio legítimo de expresión artística. A través de la relación entre el arte urbano y la academia, se han explorado temas sociales y culturales, lo que ha fomentado la reflexión y el debate en la comunidad académica. Las conclusiones del estudio destacan que el graffiti puede coexistir con la arquitectura brutalista y enriquecer el paisaje urbano.
La Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid se convierte así en un ejemplo destacado de cómo la creatividad y el conocimiento pueden florecer juntos. La síntesis entre el arte urbano y la arquitectura brutalista crea una suerte de "ciudad en el campus" de contrastes, donde los mundos del arte callejero y la educación superior convergen en una convivencia enriquecedora y significativa.
Es importante reconocer las limitaciones de este estudio. Aunque se ha adentrado en la interacción entre el graffiti y la arquitectura brutalista, investigaciones futuras podrían explorar las perspectivas de artistas individuales y el impacto en la comunidad urbana en general. Además, el estudio se centra principalmente en una ubicación específica, y sus hallazgos pueden no ser universalmente aplicables. No obstante, este estudio resalta el notable potencial de coexistencia creativa y aboga por una exploración continua de esta relación única entre el arte urbano y la arquitectura.