1. Consideraciones iniciales.
Los viajes de Richard Ford por España entre 1830 y 1833 son bastante conocidos gracias a la publicación de su famoso A Hand-Book for Travellers in Spain (1845) y sus distintas reediciones, que le darían gran reputación como hispanista. En dicho Manual se entremezclan datos tomados de eruditas publicaciones con agudas observaciones y vivencias propias, llamando la atención que no incluyese ilustraciones, a pesar de que Ford realizó cientos de vistas de las ciudades y paisajes que visitaran.1 Dichos dibujos, felizmente conservados por sus herederos, han permanecido en gran parte inéditos hasta una reciente exposición (Rodríguez, Gámiz, Robertson 2014), y constituyen un fiel y valioso testimonio de la España de aquel tiempo, documentando muchos lugares y edificios después transformados o desaparecidos.
Sus dibujos, de trazo suelto y desenfadado, no tenían pretensiones editoriales o comerciales, como otras sofisticadas vistas sobre Córdoba que en aquel tiempo publicaron Laborde, Taylor, Roberts, Chapuy, Vivian, u otros. Frente a ellos, Ford dibujaba para conocer y recordar, por curiosidad, fascinación o puro placer. Con sus rápidos bocetos, ejecutados con grafito sobre papel de tonalidad grisácea, pretendía registrar los lugares o vivencias que llamaban su atención cuando aún no existía la fotografía. Por todo ello, sus puntos de vista y encuadres aportaron un fiel y riguroso testimonio de la realidad del momento.
Según los pasaportes o salvoconductos de la época, también conservados por sus herederos, Ford estuvo tres días en Córdoba: llegó desde Écija el 29 de mayo de 1831, y el 2 de junio partió hacia Andújar, Jaén y Granada (fig. 1). Hasta ahora sólo se había publicado su más elaborado y vistoso dibujo sobre Córdoba, que muestra la fachada urbana hacia el Guadalquivir. Aquí se aportan otros tres bocetos inéditos: uno del río y la ciudad desde el meandro, y dos más de gran interés del lienzo oriental de la muralla. A ellos cabe sumar un dibujo sin firma del interior de la Mezquita-Catedral, atribuido a su esposa, Harriet Ford y surely copied de su amigo el pintor J. F. Lewis. Todos estos dibujos se analizan a continuación, contextualizándolos con otras vistas de la época y con los propios textos de su Manual, que ilustran algunas impresiones del erudito viajero en su recorrido por aquella Córdoba decimonónica.
2. La fachada de la ciudad al Guadalquivir.
Córdoba, vista desde la distancia, entre sus olivos y sus palmeras, y como apoyada en la sierra coronada de conventos, tiene un aspecto verdaderamente oriental (...) Los que no hagan sino cruzarla debieran bajarse junto al puente, mirar el Alcázar y la Mezquita..." (Ford 1988: 304).
Efectivamente Ford dibujó Córdoba desde las inmediaciones del puente, como recomendaba en su texto, con ste y el Guadalquivir en primer plano, y los ms importantes edificios perfectamente ubicados (fig. 2a). En aquel lugar tambi n tomaron vistas otros destacados dibujantes viajeros en la primera mitad del XIX, como Laborde (1812), Murphy (1815), Prangey (1836), Roberts (1837) (fig. 2b) o Chapuy (1842), encuadrando la fachada ms representativa y monumental de la ciudad. sta a n conservaba en gran medida su conformaci n bajomedieval, slo transformada por intervenciones urbanas y arquitect nicas puntuales (Puchol 1992).
A la izquierda Ford dibuj el Alcázar de los Reyes Cristianos, antigua sede de la Inquisición. Junto a ste se distingue una arboleda, tambi n reflejada en la posterior vista de Guesdon (1853), que correspondería con los limoneros gigantes del Palacio Episcopal, del que slo asoma su torre con agudo chapitel. Protagoniza la composici n la imponente Mezquita-Catedral, dibujada con especial cuidado y precisi n, y caracterizada por sus "torres cuadradas con contrafuertes, con parapetos en sierra", o sus "timpanos moros de las diferentes entradas" (Ford 1988: 311). En ella emerge el volumen catedralicio y otros elementos cristianos como la nave gótica (1489) o la capilla del Cardenal Salazar (1703). En segundo plano aparece el antiguo alminar, adaptado a campana-rio, que Ford consideraba menos logrado que la Giralda sevillana.
En el perfil urbano se divisa la cpula del actual colegio de Santa Victoria, que realmente estaba ms alejada. En primer plano se representa el entorno natural del río; en este lugar Ford (1988: 311) aconselhava "passear por baixo da ponte e (...) ver alguns moinhos mouros pitorescos e uma agradable e fresca plantação", todo ello plasmado en su dibujo. También representó la puerta del Puente, y el Triunfo de San Rafael, que calificó despectivamente como churriguerresco. Como telón de fondo aparece esbozada Sierra Morena, "coronada de conventos" a los que aconsejava hacer una excursin de una maana; entre ellos mencionaba los cenobios de San Jerónimo y de San Francisco de la Arruzafa, cuyo camino "sube por entre jardines" (Ford 1988: 317). Esta elocuente expresión nos revela un infatigable y curioso viajero, que también exploró los alrededores de la ciudad.
3. El puente y la ciudad desde el meandro del río.
Las armas de la ciudad son un puente colocado sobre agua, allusion al que hay sobre el río; los cimientos son romanos y los actuales arcos, irregulares, fueron construidos en el ao 719... (Ford 1988: 310).
El protagonista de esta inédit composition es el Guadalquivir, visto aguas arriba de la ciudad, desde su gran meandro (fig. 3). Se trata de un excepcional enclave, donde antes slo haba dibujado Swinburne (1779) y con un punto de vista cercano Pier Mara Baldi (1668). Poco despus, una imagen de Chapuy (1842) superara estos precedentes en preciosismo grfico y fidelidad.
En primer plano Ford dibuj el molino de Martos y su azuda, en cuyas inmediaciones aparecen pequeas barcas de pesca, ilustrando la singular actividad de este paraje. Al fondo se representa el perfil de la ciudad en sus dos orillas, unidas por el puente de ascendencia romana. En la margen izquierda estaba el Campo de la Verdad, presidido por la torre de la Calahorra, custodiando la entrada al puente. Esta fortificacin islmica fue reformada por los cristianos en poca bajomedieval, generando un singular conjunto de volúmenes maclados que Ford esboz desde la lejana (León 2002-2003).
En la orilla derecha se distingue el Alcázar con sus torres, el Triunfo de San Rafael, la puerta del Puente y la torre del Palacio Episcopal. Sin embargo, lo ms llamativo vuelve a ser la Mezquita-Catedral, que aparece como un gran volumen prismtico a modo de podium, del que sobresale el crucero cristiano. ste queda flanqueado por la capilla del Cardenal Salazar, que se dibuj algo desplazada de su posicin correcta. La torre campanario aparece nuevamente como hito del paisaje urbano.
4. El lienzo oriental de la muralla.
El paseo en torno a las solitarias murallas es pintoresco. Son moras y estn hechas de tapia; con sus puertas y torres tienen que haber sido muy parecidas a la circunvalacin original que describe Csar (...). Obsrvese el bello grupo de palmeras que caen sobre la muralla cerca de la Puerta de Plasencia. La primera que jams se plant en Córdoba lo fue por la real mano de Abdu-r-rahman, que quera tener un recuerdo de su muy amado y siempre echado de menos Damasco... (Ford 1988: 316).
En este pasaje del Manual de Ford se recoge el recuerdo de su paseo por la zona extramuros oriental, que dio lugar a dos evocadores bocetos hasta ahora inditos y que adems son las primeras vistas conocidas de aquel sector de la muralla. Ambos representan el mismo lienzo, an conservado, desde posiciones contrapuestas, y seran dibujados ya avanzada la tarde del 31 de mayo de 1831, segn las sombras que el sol produce al declinar por el oeste.
La rotulacin de uno de los bocetos nos indica la fecha, lugar y punto de vista (fig. 4a): Córdoba. May 31 831 from Puerta de Placentia looking W. En el exterior de la ciudad, Ford se situ junto a la desaparecida puerta de Plasencia, no incluida en su dibujo, dirigiendo su mirada hacia la muralla. Como fondo aparece la sierra, cuya vegetacin descenda hasta los mismos aleeda-zos de la ciudad. Al otro lado de la muralla estaba el convento de los Trinitarios, en cuyo huerto se erguan majestuosas palmeras que debieron de impresionar al artista, dibujadas en ambos bocetos y mencionadas en su texto. Su representacin concuerda con posteriores vistas de Vivian (1838) y Guesdon (1853), que corroboran su veracidad.
En la otra vista (fig. 4b) Ford esboz la compleja volumetra de la cabecera de la iglesia del citado convento de los Trinitarios, incluido tambin en la litografa de Vivian (fig. 4c). El camino exterior de ronda, antes solitario, aparece ahora salpicado de lugareos, que curiosamente transitan por parejas. A lo lejos se divisan unas arborizaciones y una pequea torre, de difcil identificacin, as como las primeras y suaves lomas de la campia cordobesa.
La muralla representada era efectivamente de tapial, segn deca Ford, pero no "mora", sino una reedificacin cristiana de las primitivas defensas almorvies (1145-55), que en su origen constaban de muralla y barbacana. Su conjunto fue rehecho en poca bajomedieval para construir un foso y reedificar lienzos y torres, stas con una sala alta para el cuerpo de guardia, hoy perdida (Crdoba y Marfil, 1998). Ford document con sus dos vistas la colmatacin del foso y dibuj los potentes volmenes de las torres que por entonces an sobresalan ligeramente por encima de la muralla, como restos de sus cmaras altas.
5. El interior de la Mezquita-Catedral.
El interior de la catedral es imposible de describir, es preciso verlo; es un laberinto de columnas, que (...) sostiene un techo bajo... (Ford 1988: 311).
Estas palabras de Ford expresan la emocin y perplejidad que sentira en el interior de este singular espacio, que no llegara a dibujar, ya que sus vistas solan dedicarse a paisajes urbanos y apenas se conocen dibujos suyos sobre interiores. No obstante, se conserva una vista atribuida a Harriet Ford (fig. 5a) muy distinta a las anteriores, sobre el sector de la Mezquita levantado por Al-Hakam II, cuyo aspecto estaba entonces muy transformado por la adicin hacia 1720 de bvedas encamonadas (Nieto 1998).
Como ocurri con otros dibujos de Harriet sobre la Alhambra, parece ser un plagio de John Frederick Lewis, amigo de la familia. Hacia diciembre de 1832, tras el paso de dicho pintor por Crdoba, compartieron casa en Sevilla y ella copiara sus dibujos, segn indica la correspondencia de Ford conservada (Gámiz, 2012). Las similitudes con la litografa publicada por Lewis parecen corroborarlo (fig. 5b). Sin embargo algunas inexactitudes de sta, no presentes en el dibujo de Harriet, indican que hubo un original previo que servira como base de ambas vistas. En la litografa hay algunas incoherencias en el apoyo de las columnas, que Harriet represent mejor, al igual que las pilastras superiores de la nave principal del Mihrab. Pese a todo, la litografa de Lewis tiene una calidad grfica muy superior. Adems de incluir sugerentes personajes, precis detalles que en el dibujo de Harriet parecen confusos, sin formalizar o errneamente dibujados como consecuencia de un excesivo afn detallista.
Lewis (1836): Interior de la Mezquita-Catedral" loading="lazy" style="max-width:100%;height:auto;">
La vista tiene tambin similitudes con otra previa de Murphy (1815) y, especialmente, con una de Laborde (1812), con la que coincide en significativos detalles (Nieto y Luca de Tena, 1992); entre ellos, los bancos adosados al cierre de la macsura, curiosamente ausentes en la litografa de Lewis. Y aunque Laborde es ms realista y coherente en el tratamiento de la luz (fig. 5c), parece que Harriet cont con un preciso dibujo de referencia que le permiti detallar los capiteles de pencas, o el pavimento de ladrillo a espiga, simplificado en la vista del francs.
6. Epílogo.
En sus viajes por España Richard Ford dibuj los lugares visitados desde puntos de vista inditos, demostrando una profunda comprensin y amor por nuestro patrimonio histrico. Su aportacin debe considerarse como un verdadero ejercicio de investigacin grfica, acometida desde su doble condicin de dibujante y escritor. En el caso de Crdoba, hasta ahora no estudiado, sus vistas se complementan muy bien con los minuciosos y apasionados textos de su Manual para Viajeros, ajustndose con rigor a la realidad que percibi. Sus dibujos o bocetos tienen gran inters como registro documental del paisaje urbano, ofreciendo datos que concuerdan con las fuentes histricas o arqueolgicas y con las vistas de otros destacados dibujantes de aquel tiempo.
Agradecimientos
Los autores de este artculo queremos expresar nuestra gratitud a la familia Ford, y en particular a Francis Ford, por facilitar la publicacin de los dibujos de Richard Ford; igualmente a Francisco Javier Rodrguez Barberán, a Javier Blas Benito y a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde se fotografiaron los inditos originales aqui aportados, en febrero de 2015, tras la exposicin sobre Ford all celebrate. As mismo se agradece la generosa colaboracin de Carlos Snchez Gmez y Eduardo Prez Lpez que han facilitado imgenes de sus respectivas colecciones particulares aqui reproducidas.