Algunas notas acerca de Villa Pilar: una arquitectura indiana en la Pontevedra de la Restauración

Title (en): Some Notes on Villa Pilar: An "Indiano" Architecture in the Pontevedra of Bourbon Restoration

Author: Matías G. Rodríguez Mouriño, Universidad de Santiago de Compostela, ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0997-0356

Volume: 9, Issue: 17, Year: 2020, Pages: 117-142

Date published: 2020-04-30

DOI: 10.22530/ayc.2020.17.568

Recibido: 25/01/2019 | Aceptado: 12/07/2019

Resumen

Situándonos en la Pontevedra de la Restauración como culminación de un proceso de expansión urbana que había comenzado ya en 1833 con la concesión de la capitalidad provincial, el presente texto tiene como objeto el análisis de Villa Pilar (1905), construcción indiana promovida por Manuel Martínez-Bautista enclavada en el nuevo eje urbanístico institucional-comercial de la ciudad.

Palabras clave: Arquitectura Indiana; Burguesía; Restauración; Pontevedra; Villa Pilar; Manuel Martínez-Bautista.

Abstract

From the perspective of Pontevedra during the Bourbon Restoration as the zenith of an urban growth already begun in 1833 due to its new condition as the provincial capital, this text aims to analyse Villa Pilar (1905), an "indiano" construction promoted by Manuel Martínez-Bautista located in the new institutional-commercial urban axis of the city.

Keywords: "Indiano" Architecture; Bourgeoisie; Bourbon Restoration; Pontevedra; Villa Pilar; Manuel Martínez-Bautista.

1. Introducción

Villa Pilar, palacete indiano rematado en 1905 (fig. 1), representa toda una singularidad en el contexto de la Pontevedra de la Restauración. Ciudad liberal, progresista, regida en estos años por una burguesía culta y dinámica, había ido expandiendo sus límites y equipamientos desde la concesión de la capitalidad provincial en 1833, en un proceso que culmina en el último cuarto de siglo con el trazado de los nuevos ejes centrales de la urbe.1

En el tramo central de la nueva vía (Rúa de Riestra) que conecta la institucional Praza do Concello con la comercial Praza de S. Xosé, justo en donde se abre en perpendicular a la Rúa de Gutiérrez Mellado, se alza Villa Pilar. Nuestro objetivo será el trazado de las principales problemáticas que tal emplazamiento genera y revela.

2. El urbanismo pontevedrés en el contexto de la Restauración.

Con la excepción de Coruña y Vigo, desarrolladas industrial y comercialmente, abiertas al Atlántico y consecuentemente dinamizadas por su contacto con la emigración gallega en América, la mayor parte de las ciudades gallegas de la segunda mitad del s. XIX eran pequeñas y dependían todavía del campo circundante (Bonet Correa, 1990: 87). La falta de grandes industrias determinó un crecimiento urbano lento, que se alimentaba principalmente de la emigración rural. Si bien el país estaba densamente poblado, la mayor parte de esa población se concentraba en el disperso ámbito rural.

El atraso del tejido productivo, el gran aumento demográfico, el entramado caciquil y la sempiterna desatención estatal llevará a muchos de los habitantes de la Galicia rural a emigrar a lo largo del s. XIX a ciudades, como decimos, todavía pequeñas, que carecían de la capacidad de integrar tamaña fuerza de trabajo (lo cual, a su vez, constituirá uno de los muchos factores que condicione a tantos y tantas a buscar suerte en América).

Este lento crecimiento urbano coincidía con un, igualmente, progresivo cambio de naturaleza de estas mismas ciudades2. La nobleza y la jerarquía eclesiástica seguían teniendo, como es evidente, mucho poder, pero éste comenzaba a menguar. Refiriéndose a Pontevedra, el Cardenal Hoyo había escrito en sus Memorias del arzobispado de Santiago (1607) que había "mucha gente noble y de lo mejor de Galicia, como son los Mendozas, Sotomayor, Lobeyras, Montesnegros, Mariños y Sarmientos, que, aunque tienen sus casas en otras partes, viven de muchos años y tienen casas en esta villa, y algunos de más de ducientos años" (Del Hoyo, 2000: 102). En la centuria que nos ocupa, sin embargo, los apellidos que regían la ciudad habían dejado de ser los suyos, como también los constructos discursivos que legitimaban la naturaleza de las nuevas élites.

Desde luego, los antiguos estamentos rectores continúan detentando mucho poder y conservando su derecho a palco preferente, pero el devenir de las cosas comienza a indicar nuevos derroteros3. Comerciantes, burócratas, funcionarios y profesionales liberales comienzan a tener más y más peso, a medida que la burguesía se va situando en el centro del sistema económico. Por su parte, las dinámicas políticas determinaban el surgimiento de toda una red de notables provinciales, gobernadores civiles y diputados de creciente poder, como parte de la estructura de poder provincial-estatal de la Restauración. Riestra, González-Besada, Montero Ríos y Bugallal, factótums de la urbe pontevedresa, provenían de familias relevantes, pero sus apoyos y la manera en la que urdieron sus tramas de poder eran ya muy diferentes.

Ordenación del territorio, planificación urbanística y principios arquitectónicos cambian igualmente de lógicas y rectores. Las nuevas dinámicas burguesía-Estado elevan edificios públicos a la altura, o según el molde, de los tiempos: escuelas e institutos, bancos y cámaras de comercio, hospitales y hospicios, cafés y teatros. Se lleva a cabo toda una política de equipamientos, infraestructuras y policía urbana: pavimentación, iluminación, traída de aguas, mejoras en la higiene pública paralelas a su modernización doméstica o alumbrado (la luz eléctrica llega a Pontevedra en 1888, a Coruña en 1893, a Lugo en 1894 y a Vigo en 1896) (Bonet Correa, 1990: 101). Construyen cementerios en las afueras de la ciudad, como el de S. Amaro (Coruña, 1834) o S. Domingos (Compostela, 1839-1846), y abren paseos y jardines, como el coruñés de S. Carlos (1834).

La nueva ciudad de la burguesía liberal que promueve todas estas actuaciones en calidad de la clase dominante en la que se estaba convirtiendo, significa sus edificios a través de una arquitectura entre lo neoclásico y lo ecléctico, que retoma significantes pasados con los que se busca visibilizar su poder, pero que al mismo tiempo manifiesta una voluntad de apertura al gusto europeo.

Por otra parte, las necesidades de la nueva división territorial del trabajo determinan en primer lugar un cambio en la manera en la que la ciudad se expande. Las urbes europeas, por lo general, habla3 habían ido creciendo sobre sí mismas, modificando o sustituyendo sus edificios sin un excesivo trastorno de su tejido socio-urbanístico. Sus relaciones y divisiones internas, por lo demás, eran tal vez más ambiguas, más difusas que en la contemporaneidad. La nueva ciudad de la era industrial, de hecho, genera una diversificación funcional que se constituye en factor urbanístico de primer orden, incluso (si bien, evidentemente, en menor medida) en zonas de baja industrialización como Galicia.

A la progresiva transformación de los "centros históricos" (denominación-delimitación consecuente con este mismo proceso), que tiende a desplazar las viviendas de trabajadores y artesanos en favor de bloques residenciales burgueses, bancos, despachos, comercios o cajas de ahorros, le sigue la expansión del recinto mismo de la urbe. A medida que la antigua ciudad comienza a constreñir la nueva expansión urbana, se recurrirá frecuentemente a soluciones drásticas que al mismo tiempo permitían extender uno de los mayores recursos de la burguesía emergente, como es la instrumentalización de la renta y la especulación inmobiliaria. Comienza entonces la terciarización del centro histórico, el desplazamiento de las clases populares hacia la periferia y el crecimiento externo de la urbe, que da inicio con el derribo de las murallas. En Galicia, apenas se salvarán las de Lugo, siendo derrumbadas durante la segunda mitad del XIX las de Coruña, Vigo y Pontevedra.

Stricto sensu, en el caso gallego deberíamos reservar la palabra "ensanche" (forma paradigmática del urbanismo burgués en expansión, propuesta global de ordenación del crecimiento urbano, preponderantemente residencial y comercial según principios de racionalidad, higiene y vocación de futuro) a los de la Magdalena de Ferrol (proyectado ya en el siglo XVIII) y al diseñado por Agustín de Marcoartú en 1837 para Vigo, posteriormente modificado.

El caso de Pontevedra se reviste de ciertas peculiaridades. Capital de su provincia desde 1833, y por lo tanto epicentro de todas las redes clientelares inherentes a las estructuras de poder de la Restauración, en la boa vila, como decía Julio Camba, predominaba el "elemento oficial" (por ejemplo, frente al Vigo industrial). Camba da en el clavo cuando señala el Gobierno Civil, la Audiencia, la Deputación y el Instituto como centros que "sostienen" la vida de la ciudad, una vida "pequeña, pintoresca y blanda, que se parece mucho a la de Madrid" (Camba, 1963: 17).

Al mismo tiempo, Pontevedra era urbe progresista, de talante muy liberal para su contexto, fundamental para la conformación del discurso nacional gallego contemporáneo (allí se fundará, de hecho, el Partido Galeguista de Bóveda y Castelao). A lo largo de toda la Restauración, como también en la Pontevedra más galeguista del primer tercio del siglo XX, la vida cultural de la burguesía local era rica y dinámica.

Entre las figuras que habitaban la Pontevedra de la Restauración se cuentan el filósofo Indalecio Armesto, el científico Octavio Lois, el historiador Claudio González Zúñiga, el poeta Juan Bautista Andrade, los escritores Prudencio Canitrot, Javier Valcárcel o los hermanos Rodríguez Seoane, el painter Enrique Campos, el erudito Casto Sampedro y, por supuesto, el brillante investigador (y lector) Víctor Said Armesto, la figura central de Xesús Muruais y un Valle-Inclán que publicará en la ciudad su primera obra, la colección de novelas cortas Femeninas (1895).

Riestra ("[e]n Pontevedra y su provincia podría afirmarse que dos y dos no llegan a hacer definitivamente cuatro mientras el marqués de Riestra no autoriza la suma"4) contemplaba la ciudad desde su palacete en la colina de A Caeira (construcción, por cierto, hoy tristemente desaparecida). El suyo era uno de los cuatro satélites que, desde las afueras de la ciudad, poseían quienes en ella más influían, tanto en su vida diaria como por lo que respecta a las Cortes: Riestra en A Caeira, González Besada en Poio, Montero Ríos en Lourizán y Bugallal en A Parda. En aquellos lugares se celebraban tertulias que en verano se transferían a los balnearios de Lérez y Mondariz. Por este último, y como aseguraba haber constatado en su mismo libro de visitas Hipólito de Sá, pasarían "Cánovas, Moret, Sagasta, Urzáiz, Elduayen, Ordóñez [...], García Prieto, Portela Valladares [...], Vincenti, Becerra Armesto y algunos otros de matiz político distinto" (De Sá, 1977: 303).

Las tertulias, como costumbre por antonomasia de la burguesía, proliferaban en la animada Pontevedra del momento, muchas de cuyas dinámicas nos ayudan aquellas a comprender5. A la más celebrada de Perfecto Feijóo6, debería-

sumar, en la propia Praza da Peregrina, la tertulia "femenina" de Pedrosa de los domingos, las científicas y literarias de Maquieira o las históricas y políticas de Casto Sampedro. Política, cultura y artes animaban estas tertulias, en muchos casos moléculas de pensamiento democrático7.

Las tertulias, en Pontevedra como en cualquier parte, eran espacios de la sociabilidad burguesa de igual manera que los propios cafés y salones en donde se celebraban, y como tal oscilaban entre la conspiración, el dejarse ver, la erudición y un genuino lugar para el pensamiento estético8. En este sentido, las figuras de Xesús Muruais y de Said Armesto, así como sus bibliotecas, son los ejemplos más claros de la altura cultural de la ciudad durante la Restauración, cuando al florecimiento de tertulias e imprentas se suma la presencia en la ciudad de Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán o José de Echegaray, quien afirmaba que pasaba cuatro meses al año en Pontevedra y los ocho restantes pensando en volver.

El signo de los nuevos tiempos comienza por la propia residencia de los Muruais en la Casa do Arco, anteriormente propiedad del almirante Méndez Núñez y ahora lugar de reunión de una burguesía culta, afrancesada y decididamente moderna9. La relevancia urbana de estas intervenciones, aunque no siempre fuesen del todo conscientes o intencionadas, es inmensa por su propio simbolismo como relato del recambio de élites. Otro ejemplo notable en este sentido lo tenemos en el edificio del Café Moderno, construido por el indiano Bernardo Martínez-Bautista (hermano de Manuel, propietario de Villa Pilar) sobre parte de la antigua casa-torre de los Montenegro. Sus últimas almenas son todavía visibles a la sombra de las formas eclécticas de la nueva construcción.

3. El nuevo eje Praza do Concello – Rúa de Riestra – Praza de S. Xosé.

Para Pontevedra, las centurias precedentes habían sido de franca decadencia. La ciudad, antaño una esplendorosa ciudad marítima, la villa más poblada del país en tiempos del Renacimiento, había atravesado un largo y notorio declive. El cegamiento de la ría por acumulación sedimentaria, la desaparición de los grandes bancos de sardina, la modificación de las artes de pesca, las invasiones inglesa y francesa, las reformas fiscales.... Muchos son los factores que contribuyeron a que el puerto fuera muriendo10; con él, se fue apagando la ciudad, acusa11 también en su urbanismo las consecuencias lógicas de este declinar.

La concesión de la capitalidad provincial, sin embargo, cambiará en parte las condiciones de la ciudad (como lo hará, en sentido negativo, para Tui), comenzando aquí una gran renovación de la ciudad que durará décadas. Y es que, con el impulso de la capitalidad, la burguesía pontevedresa comienza a equipar, ordenar y expandir la ciudad: alumbrado, traída de aguas, línea ferroviaria, red telegráfica y telefónica, etc.

La expansión que acompaña a esta producción institucional y equipamientos urbanos ve limitada su acción por el constreñimiento de las murallas, que la Corporación decide comenzar a derribar en 1854 (Sotelo Resurrección, 1997: 34). El trazado de nuevas calles, la reglamentación en términos de policía urbana y las adscripciones estilísticas de los nuevos edificios se alinean en el "ensanche" pontevedrés. En el último cuarto del siglo, se abren la calle de la Oliva y el barrio de Virxe do Camiño (futura García Camba), la continuación de la de la llamada (con notoria sutileza) Rúa do "Chanchullo" hasta la actual Praza de Curros Enríquez o la que unía la Praza da Ferrería con el nuevo Hospital (calle originalmente "do Progreso", hoy Benito Corbal), para después, ya en los años 20, expropiarse terrenos a la familia Mon para abrir una calle entre Michelena y la nueva de Riestra, una conexión comercial central que enlazaba el centro con las nuevas zonas de expansión, y en cuyo extremo se alzará Villa Pilar.

A modo de armónicos, se suceden las mociones de la Corporación para "higienizar" estas nuevas áreas, desde el bando del alcalde sobre policía y aseo público en 1846 (Sotelo Resurrección, 1997: 22) a la moción para evitar la circulación nocturna de las prostitutas en 188812 y para impedir la mendicidad en 1895 (Sotelo Resurrección, 1997: 103).

Por lo que respecta a la expansión urbana, una vez se derriban las murallas la ciudad se funde con el antiguo y otrora tan importante barrio pesquero de A Moureira (cuya progresiva desaparición es sin duda una de las grandes pérdidas de la ciudad); se abren varias circunvalaciones y las calles o "carreteras" de Marín, Vigo y Ourense; se absorben los "campos" extramuros, como el antiguo Campo das Rodas (desde donde se abrirá la Alameda y se edificarán los edificios institucionales más importantes), o la zona del Campo de S. Roque; muy cerca de allí, se construye el puente de hierro de A Barca enlazando la ciudad con Poio, trazándose seguidamente la calle de Echegaray para enlazar directamente las salidas a Poio y Compostela con el eje (paralelo a Riestra) formado por la Alameda, la Gran Vía y los Xardíns de Vincenti.

Ora nuevas, ora reformadas, estas calles reciben el nombre de los prohombres que financian o promote sus obras: la nueva y eficiente vía que conecta la Praza do Concello (fig. 2) con la comercial Praza de S. Xosé y la Oliva recibe el nombre de Riestra; la Gran Vía paralela a la Alameda y a la que se abren estas nuevas edificaciones de poder se llamará de Montero Ríos ("o noso señor"13),

Sus jardines adyacentes llevan el nombre de Eduardo Vincenti, etc. Según la descripción del madrileño Pérez Nieva en 1896, Pontevedra era un…

(…) laberinto de callecitas estrechas y tortuosas, muy lancas, con bastante soportales, todas de casas de diversa y desigual altura y con un muestrario variadísimo de barandillas de balcón, barrocas, [de las que] [n]o pudo Churriguera soar jamás curvas tan disparatadas y retorcidas; diríase que muchos de sus hierros están así de reuma. (1988: 79)

Alrededor del mismo, sin embargo, proliferan ahora grandes y europeizantes edificios, de lenguaje francés e italiano en ecléctico engarzado: Casa Consistorial (1880), Deputación (1890) (fig. 3), Instituto (1927) y Escuela de Artes y Oficios (1901), todos ellos alineados en el eje de la Gran Vía que conectaba también la Praza do Concello con una salida al mar por aquel entonces mucho más próxima que la actual. Al poco tiempo se construyen también la sucursal del Banco de España (obra promovida por Riestra en 1900), el Cuartel de S. Fernando (1900, en el eje Alameda-Echegaray-A Barca) o la sucursal de Correos (1911, en terrenos propiedad de Riestra).

La Gran Vía de Montero Ríos es el eje más importante de la nueva Pontevedra. Núcleo de la expansión urbanística tras el derribo de las murallas, nexo entre la Praza do Concello (poder municipal), Michelena, Peregrina y S. Xosé (área comercial) y S. Roque (salida al mar), flanqueado por la Alameda y los Xardíns de Vincenti (y, consecuentemente, área de paseo y sociabilidad), se elevaron en su curso edificios que en formas y funciones vienen a reforzar el proyecto burgués restauracionista, construcciones que hablaban de una nueva Pontevedra. De esta nueva Pontevedra, igualmente en el entrecruzamiento de todos estos ejes, nos habla también Villa Pilar.

4. Los "indianos" y su arquitectura.

Del otro lado del esplendor burgués, sus proyectos, leyes y edificios, las esforzadas mayorías que sostenían la ciudad y el país. La suerte de los interminables gallegos y gallegas que sufrieron el exilio de la emigración americana fue muy diversa. Muchos se fueron para no volver, otros hicieron fortuna y retornaron, muchos otros volvieron a casa sin nada. Demasiados se dejaron la vida en el viaje. A la少数 que regresó con millones en los bolsillos se les dio el término ambiguo, complejo, con marca de clase14, de "indiano" (a diferencia del de "americano", que acostumbraba a referir el número mucho mayor de retornados que pudieron comprar una casa y algo de tierra, o quizás abrir un negocio, pero que en ningún caso habían acumulado una fortuna).

La compleja figura del indiano es una de las que mejor representan la complejidad de las relaciones de poder, formales e informales, de la Galicia de la Restauración. Despreciado por el fidalgo tanto como por el burgués, en ocasiones equívoco estímulo para campesinos y obreros, su status social, su lugar en la estructura de clases, era certainly ambiguo, plurívoco. Antropológicamente concomitante con muchas de las vicisitudes del "nuevo rico", el indiano no participaba cultural ni económicamente del mundo campesino u obrero del que provenía, al mismo tiempo, la aristocracia rural y la burguesía tradicional despreciaban su escasa formación y su acceso reciente y acelerado a los lenguajes sociales, costumbres y lugares de ocio que ellos conocían desde la niñez. Excluidos de los espacios simbólicos de las clases altas "tradicionales" (de mayor o menor antigüedad), su riqueza ocupaba un lugar peculiar en una sociedad tan rígida, de casi inexistentes clases medias.

La arquitectura promovida por estas figuras, tanto en su lenguaje y función como, desde luego, en sus correlatos urbanísticos, evidencia todos estos conflictos. Se trata de lugares otros, problemáticos, que comparten espacio con la burguesía vernácula y con la nobleza persistente, pero que poseen un capital simbólico de una consistencia, podríamos también decir que de un "timbre", absolutamente diferente.

Tanto por la cercanía cronológica como por lo complejo de su estudio (enorme dispersión de las fuentes, altísimo número de ejemplos, falta de un verdadero aparato crítico), la arquitectura indiana gallega se ha estudiado, en términos comparativos, muy poco. Sin embargo, uno de los motivos más claros de esta ausencia obedece a cuestiones tanto de gusto como históricas. De la misma manera en la que el burgués despreciaba en ocasiones al indiano, visto como un intruso con pretensiones pero sin posibles (simbólicos), así también la arquitectura indiana fue repetidamente despreciada como un mal pastiche, considerando sus casas y fundaciones como construcciones pretenciosas sin valor alguno, resultado de una carencia de gusto15, incluso cuando en muchas ocasiones repitiesen las mismas adscripciones estilísticas que las construcciones de la burguesía local:

[S]e analizamos as casas non indianas do mesmo período construídas pola burguesía local, observaremos as mesmas adscricións estilísticas, que poden concretarse basically en catro: rexionalistas, eclécticas, modernistas e as pertencentes á arquitectura popular ou vernácula.
Estes estilos raramente aparecen como estilos exentos senón que adoitan articular simbioses arquitectónicas de grande orixinalidade e mesturan sincreticamente os elementos ultramarinos con outros tradicionais. (Fidalgo Casares, 2009: 17).

Pareciera constatarse que la arquitectura indiana nace en gran parte de una amalgama de estilemas eclécticos, modernistas y tradicionales, de raíces tanto burguesas como populares. Y es que no se trata ya de la ambigüedad de las consabidas influencias americanas, sino de que en muchas ocasiones unos y otros, indianos y burgueses, encargaban sus obras a los mismos arquitectos, que frecuentemente reproducían los mismos catálogos.

Este complejo entretejido estilístico, inherente a los tiempos, resulta igualmente evidente en Pontevedra. Pensemos en la fuerte influencia francesa en las edificaciones de Rodríguez Sesmero para el Concello y la Deputación (Sánchez García, 2000: 361-400), o en la centralidad en la sociabilidad burguesa del italianizante Teatro Principal (fig. 4) elevado en el solar que ocupara la antigua iglesia de S. Bartolomeu (Sánchez García, 1997: 270-287; Rodríguez-Mouriño, 2019: 98-92).

5. Villa Pilar.

Desde un punto de vista estilístico, urbanístico y sociológico, Villa Pilar señala, el entrecruzamiento de todos estos fenómenos. Situado en la entrada a los Xardíns de Vincenti (que, en su conexión con los Xardíns de Colón y la Alameda, eran de por sí uno de los escenarios centrales de la sociabilidad burguesa de la ciudad) desde la nueva calle de Riestra con la desembocadura de la Rúa do Chanchullo (actual Gutiérrez Mellado, anteriormente General Mola, popularmente "de los bancos"), la construcción tiene algo de cada uno de estos mundos (fig. 5).

Vista desde la Alameda del Instituto (Joaquín Roji, 1926) y la Deputación (Alejandro Rodríguez-Sesmero, 1890), Pontevedra. Pocos metros al este se encuentra Villa Pilar. (Fotografía del autor)
Fig. 5.- Vista desde la Alameda del Instituto (Joaquín Roji, 1926) y la Deputación (Alejandro Rodríguez-Sesmero, 1890), Pontevedra. Pocos metros al este se encuentra Villa Pilar. (Fotografía del autor)

Ya bajo la luz otoñal, enmarcada por desnudas arboledas; ya bajo la lluvia inclemente y una luz invernal que la convierte para muchos niños de la ciudad en una sorts de casa encantada; ya alfombrada de flores y bañada en doradas luces; ya castigada por el sol, sin otro descanso que la sombra de sus palmeras, y como puerta de entrada al respiro de los jardines a los que se abre, la contemplación de su fachada (fig. 6) nos permite observar estilemas y discursos superpuestos, que incluso para el neófito evidencian la singularidad de esta construcción.

Fachada delantera de Villa Pilar (Antonio Crespo (?), 1905, Pontevedra) (Fotografía del autor)
Fig. 6.- Fachada delantera de Villa Pilar (Antonio Crespo (?), 1905, Pontevedra) (Fotografía del autor)

Sobre la base-modelo del "chalet", con todos los influjos europeos que esto supone, su vocabulario formal es decididamente plurilingüe: se trata de una composición serena y sólida, basada en la agregación de volúmenes sólidos y bien delimitados en cuerpos de voluntad simétrica y comedida, que no por ello dejan de dominar el espacio al que se abren. Almohadillados, guirnaldas, pilastras y balaustradas (de hormigón, algo casi inaudito por aquel entonces) abrazan su fábrica, con dos vanos en los cuerpos laterales por cada uno de los tres pisos, y uno en el central, coronado. Sin olvidar elementos clásicos en composición y ornamentación, así como evitando cualquier ruptura volumétrica brusca, hace igualmente gala de pequeñas operaciones modernistas, luciendo elementos americanos de procedencias diversas y difícil localización, reservando en cualquier caso el vocabulario más libre a molduras y detalles (fig. 7).

Detalles ornamentales en el exterior de Villa Pilar. (Antonio Crespo (?), 1905, Pontevedra) (Fotografía del autor)
Fig. 7.- Detalles ornamentales en el exterior de Villa Pilar. (Antonio Crespo (?), 1905, Pontevedra) (Fotografía del autor)
Detalle del pequeño jardín de Villa Pilar (Antonio Crespo (?), 1905, Pontevedra) (Fotografía del autor)
Fig. 8. Detalle del pequeño jardín de Villa Pilar (Antonio Crespo (?), 1905, Pontevedra) (Fotografía del autor)

Villa Pilar, como hemos venido diciendo, representa el cruce de innúmeras subjetividades: la apresurada ciudad comercial, el tranquilo discurrir de la burguesía paseante y jardinera, los intimidantes volúmenes de las instituciones de la Restauración, el espíritu indiano que busca significarse y, al mismo tiempo, mimetizarse…

Esta misma pluralidad continúa en el pequeño pero delicioso jardincillo, que rodea la villa, enmarcado por palmeras (Phoenix canariensis y Trachycarpus fortunei) y lleno de camelias, hortensias, fucsias, adelfas y lilas. (fig. 8)

Por la escasez de las fuentes conservadas, de la historia constructiva del edificio no se sabe demasiado. Aunque resulte extraño, dado el emplazamiento y relevancia del edificio, no se han encontrado los planos definitivos (tampoco nosotros hemos sido capaces de hacerlo); y ni siquiera su autoría es segura. Fortes nos indica de manera entrañable algunas de las cosas que sí sabemos17:

Villa Pilar es el nombre con el que se bautizó el palacete construido a finales del siglo pasado por Manuel Martínez Bautista entre la calle Riestra y Las Palmeras, entre el Instituto, entonces hospicio, y el grupo de edificaciones que limita el café Blanco y Negro [(fig. 9)].

El solar, comprado en los años 80 del pasado siglo, formaba parte de la línea de solares, con frente a la calle Riestra, que el ayuntamiento pontevedrés enajenó del conjunto adquirido mediante subasta —finca de los dominicos— y expropiación con objeto de ampliar la Alameda y crear un amplio espacio ajardinado posteriormente denominado Las Palmeras. (Fortes Bouzán, 1995: 207-8)

Vista de Villa Pilar (Antonio Crespo (?), 1905) y del Instituto (Joaquín Roji, 1926) desde los Xardíns de Vincenti, popularmente conocidos como 'As Palmeiras', Pontevedra. (Fotografía del autor)
Fig. 9.- Vista de Villa Pilar (Antonio Crespo (?), 1905) y del Instituto (Joaquín Roji, 1926) desde los Xardíns de Vincenti, popularmente conocidos como "As Palmeiras", Pontevedra. (Fotografía del autor)

Xosé Fortes, sin duda una de las personas que mejor conocen la historia de la ciudad, considera a Antonio Crespo como autor del proyecto, de quien por lo demás se conservan dos anteproyectos de 1889; ahora bien y como el propio historiador indica, son de "diferente diseño que el finalmente ejecutado" (1995: 208).

Por lo que se refiere a su promotor, las fuentes periódicas arrojan de Manuel Martínez-Bautista18 la imagen prototípica del indiano: filántropo, moderno, comprometido con la suerte de su ciudad. Las noticias de su muerte en 1911 lo dibujan como "opulento capitalista" (Anónimo, La Correspondencia Gallega, 1911: 3), "filántropo y opulento capitalista pontevedrés", "honrado y laborioso gallego" (Anónimo, Noticiero de Vigo, 1911: 2), etc19. Son varias las reseñas de sus donaciones a la boa vila, así al Grupo Escolar en 188720, al Monte de Piedad en 189321, a la Cocina Económica en 189622, al nuevo Hospital en 190423 o a la Sociedad Artística en 190724.

Martínez-Bautista parece haber cumplido igualmente otra extendida característica del indiano: su progresismo. A la muerte del estradense Ramón Verea, inventor de la primera calculadora mecánica capaz de operar automáticamente y fundador del periódico "combatiente de la nueva idea" El Progreso (Nueva York, 1884), los diarios indican su vinculación con el pontevedrés25:

Allí, entre otras empresas, fundó un establecimiento tipográfico y una revista brillante titulada El Progreso, consagrada á combatir los dogmas de las religiones positivas y á la defensa de la libertad y la democracia. […] Era gran amigo del filántropo hijo de este pueblo, residente en New-York, D. Manuel Martinez Bautista, y su revista El Progreso recibíase por donación del Sr. Bautista en todas las sociedades de esta capital. (Anónimo, El Combate, 1899: 3)

Lo cierto es que la historia de los Martínez-Bautista, en lo que se ha ido conociendo, se reviste de un particular interés. Retornemos al relato de Fortes26:

Los nueve hermanos Martínez Bautista, hijos del matrimonio entre Rosendo Martínez Pazos, natural de Tenorio, y Juana Bautista Lubiáns, natural y vecina de la villa, escribieron una de las más apasionantes sagas finiseculares. Decir nueve hermanos es tanto como decir emigración, siendo Manuel, el segundo de los hijos, el primero que cruza el océano y desembarca en La Habana el 29 de agosto de 1840, apenas cumplidos los 17 años. Pero no iba desnudo. En su petate llevaba una carta de recomendación para don Pedro Fernández Villaverde, que desempeñaba un alto cargo en la administración de la isla. Con su ayuda no tardó en adquirir unos ahorros y establecerse por su cuenta, montando un almacén de loza que bautizó con el nombre de La Joven América. (Fortes Bouzán, 1995: 208).

En la aventura americana, y según Fortes, le siguieron sus hermanos Bernardo (quien elevará el edificio donde se albergará el célebre Café Moderno, a pocos metros de Villa Pilar) y Gabriel (ambos a La Habana), así como Juan, que marchará a Nueva York para dedicarse a la bolsa, fundando "una especie de banca y grupo de inversión" en el número 10 de Wall Street (idem). A la muerte de este último seguirá el traslado de Manuel, albacea de Juan, a Nueva York27: "Soltero impenitente vivió siempre hasta su muerte en un ala del Central Hotel, en el 671 de Broadway, donde le entrevistan y fotografían para Vida Gallega (número 19) en 1910" (Fortes Bouzán, 1995: 208-9).

En el citado reportaje de Vida Gallega, parte de una serie acerca de gallegos en Nueva York, encontramos información de vital importancia acerca del "venerable filántropo que tantos y tan repetidos beneficios hace á Pontevedra". En el texto, firmado por Jesús Tato Lens, leemos28:

D. Manuel Martínez Bautista llegó á la Habana el 29 de Agosto de 1840. Su principio en aquella hermosa Perla del Mar Caribe fué tan sencillo y humilde como el de todos nuestros conterráneos que cifran sus esperanzas en este continente. […] En aquel tiempo hizo venir á su lado á sus dos hermanos don Juan y D. Bernardo, á los cuales encauzó también en el comercio hasta elevarlos al rango de acaudalados; á D. Bernardo en la Habana, y á D. Juan aquí, en New-York. […]

Para disipar el triste recuerdo de su hermano, realizó un largo viaje por todas las principales ciudades de Europa, visitando en su regreso á Pontevedra, su querida parruliña, como él cariñosamente la llama.

En esta su primera visita á la patria nativa, hizo edificar en los talleres artísticos de Carrara un panteón de mármol para la necrópolis de Pontevedra, al cual trasldadó las sagradas cenizas de sus padres. […] Hoy corona su cabeza la venerable blancura de sus ochenta y siete años de edad, y á su lado se agitan amigos y correligionarios de todas clases y nacionalidades, que estiman á título de honor el cultivo de su amistad personal. (Tato Lens, Vida Gallega, 1910: 10)

A pesar de que las informaciones relativas a Villa Pilar continúan siendo escasas29, sabemos que de Manuel Martínez-Bautista el edificio pasó a su sobrino, Ramiro Trapote (motivo por el cual la construcción se conoce también como "chalet de Trapote")…

(…) ingeniero residente en New York, que en julio de 1936, encontrándose de vacaciones en la villa, hubo de recurrir a su pasaporte y a la mediación del cónsul americano para regresar a Estados Unidos ante la actitud de las nuevas autoridades. A su muerte, en los años cincuenta, legó a su sobrina Pilar Pardo Trapote, que lo bautizó con el nombre de Villa Pilar, y a sus hijos, los actuales propietarios. (Fortes Bouzán, 1995: 208)
Fachada trasera de Villa Pilar (Antonio Crespo (?), 1905, Pontevedra). (Fotografía del autor)
Fig. 10.- Fachada trasera de Villa Pilar (Antonio Crespo (?), 1905, Pontevedra). (Fotografía del autor)

Contamos, sin embargo, con una nota históric30a al respecto de su verja. En 1906 (año en el que este texto habla de Villa Pilar como de "casa en construcción", a pesar de que en el edificio y en la mayoría de las fuentes figure el de 1905 como fecha de finalización), Evaristo Cuiñas Rivas envía una "Aclaración" a los directores de La Libertad (01/11/1906), El Diario de Pontevedra (02/11/1906) y La Correspondencia Gallega (02/11/1906) que reza31: "Mi querido amigo: El ciclón de ayer ha derribado la verja que circunda la casa en construcción, propiedad de D. Manuel Martínez Bautista y como son muchas las personas que se han acercado á mí, manifestándome su disgusto creyendo sin duda que aquel trabajo ha sido construído en mi fábrica, me veo en la precisión de hacer constar, que las pilastras de cemento las han encargado á fuera, y según tengo entendido vinieron de Santander.

En la citada casa existen trabajos hechos en mi fábrica, y éstos son la crestería ó greca que la corona, así como los jarrones de la misma. Que conste, pues, que mis trabajos son hechos con materiales especiales, en los que pongo todo el cuidado en su construcción, máxime en aquellas obras que pueden afectar á la seguridad pública.

No quisiera ocuparme en la forma y procedimientos que emplean mis compañeros en el arte, pero sería ingrato á mi mismo si me concretase al silencio. […]

Conste pues, que ni las pilastras ni los balcones de la ya tantas veces citada casa, son construits en mi fábrica."

5. Conclusiones.

A la luz de estas notas, hemos comenzado a perfilar algunos problemas que pueden resultarnos de ayuda de cara al estudio socio-urbanístico de la Pontevedra de la Restauración, así como de uno de sus capítulos menos conocidos, como es el de la arquitectura indiana:

  1. Como capital provincial y, en consecuencia, núcleo de las estructuras provinciales-estatales del turnismo, Pontevedra constituye un caso paradigmático de expansión urbanística burguesa en el contexto gallego, tanto más notorio al reparar en la decadencia de la urbe en las centurias precedentes.
  2. El dinamismo de esta nueva burguesía en el poder sentará las bases, no solo de la rica vida cultural de la Pontevedra del último tercio del XIX, sino la de la Pontevedra galleguista del primer tercio del XX.
  3. La arquitectura indiana continúa ocupando un lugar equívoco en el contexto de este progresivo recambio de élites, con su consecuentemente gradual renovación-continuación del capital simbólico de estas mismas élites (así, por ejemplo, en relación al estilo de los nuevos edificios de la institucionalidad burguesa).
  4. Edificios como Villa Pilar (fig. 10) nos enseñan hasta qué punto es ambigua la figura del indiano, siempre demasiado lejos tanto de su origen como de su destino en las clases altas como para pertenecer de pleno derecho a ninguno de estos ámbitos.
  5. Tanto para una mejor comprensión de la figura del indiano como de la propia historia de la Galicia de la Restauración, es preciso continuar y sistematizar el estudio de estas arquitecturas, así como, en particular, sus correlatos socio-urbanísticos.

Obras citadas

  1. ANÓNIMO, Crónica de Pontevedra, 04/10/1887: 2.
  2. ACUÑA TRABAZO, Ana et al. (eds.) (2007): Pontevedra literaria. Concello de Pontevedra & Fundación Caixa Galicia. Pontevedra.
  3. ALONSO PEREIRA, José Ramón (2005): "El fenómeno indiano en Asturias y en Galicia", en VIÑUALES, Graciela María (coord.). Julián García Núñez: Caminos de ida y vuelta. CEDODAL, Buenos Aires.
  4. BONET CORREA, Antonio (1990): "Las ciudades gallegas en el siglo XIX", en BOZAL, Valeriano et al. Arte y ciudad en Galicia, siglo XIX. Fundación Caixa Galicia, Santiago de Compostela.
  5. BUJÁN NÚÑEZ, José Daniel (1992): "Jesús Muruais: Bibliófilo e coleccionista", en ACUÑA, Xosé Enrique (com.). Fotografía decimonónica. Colección Muruais. Xociviga, O Carballiño.
  6. CAMBA, Julio (1963): "Pontevedra y Vigo", en Playas, ciudades y montañas. Austral, Madrid.
  7. CUIÑAS RIVAS, Evaristo (1906): "Aclaración" en La Libertad (01/11/1906: 3), El Diario de Pontevedra (02/11/1906: 2) y La Correspondencia Gallega (02/11/1906: 2).
  8. DE SÁ, Hipólito (1977): Estampas pontevedresas (recuerdos de mi niñez). Imp. Paredes. Pontevedra.
  9. DEL HOYO, Jerónimo (2000): "Pontevedra en las 'Memorias' del Cardenal Hoyo". Museo de Pontevedra. Pontevedra 9, págs. 101-6.
  10. FERNÁNDEZ MARTÍNEZ, Carla (2013): Iconografía de una ciudad atlántica: Memoria e identidad visual de Pontevedra. Universidade de Santiago de Compostela. Santiago de Compostela.
  11. FIDALGO CASARES, María (2009): "As casas indianas do Baixo Miño", en BORES GAMUNDI, Fernando (coord.). Casas de indianos: Pontevedra. Xunta de Galicia, Santiago de Compostela.
  12. FORTES BOUZÁN, Xosé (1995): Pontevedra en el espejo del tiempo. Caixa de Pontevedra & Concello de Pontevedra. Pontevedra.
  13. HERNÁNDEZ BARBOSA, Sonsoles (2006): "Memoria musical dunha vila: Pontevedra", en Itinerarios histórico-musicais: Pontevedra. Ouvirmos, Sarria.
  14. LANDÍN CARRASCO, Rafael (1986): Pontevedra de aquélla. Deputación Provincial de Pontevedra. Pontevedra.
  15. MORENO FELIU, Paz (2011): El bosque de las Gracias y sus pasatiempos: Raíces de la antropología económica. Trotta. Madrid.
  16. NÚÑEZ SABARÍS, Xaquín (2005): Valle-Inclán en el fin de siècle: Femeninas. Deputación Provincial de Pontevedra. Pontevedra.
  17. OTERO PEDRAYO, Ramón (1980): Guía de Galicia. Galicia. Vigo.
  18. POSE ANTELO, José Manuel (1997): "Progreso material e condicións de vida en Galicia durante o século XIX: a busca do confort", en Galicia terra única: O século XIX. Xunta de Galicia, Santiago de Compostela.
  19. SÁNCHEZ GARCÍA, Jesús Ángel (1997): La arquitectura teatral en Galicia. Fundación Pedro Barrié de la Maza. A Coruña.
  20. SÁNCHEZ GARCÍA, Jesús Ángel (2000): "La recepción de modelos franceses en la arquitectura ecléctica: Alejandro Rodríguez-Sesmero y su proyecto para el Ayuntamiento de Pontevedra (1876)". Espacio, tiempo y forma. Madrid, 7.13, págs. 361-400.
  21. SOTELO RESURRECCIÓN, Enrique (1997): Pontevedra 1840-1915. Deputación Provincial de Pontevedra. Pontevedra.
  22. TATO LENS, Jesús (1910): "Los gallegos en New-York", en Vida Gallega, 30/04/1910: 10.

Obras consultadas

  1. ___, El Combate, 18/06/1899: 3.
  2. ___, El Eco de Galicia, 20/01/1893: 2-3.
  3. ___, Gaceta de Galicia, 25/10/1896: 2.
  4. ___, El Diario de Pontevedra, 25/07/1904: 1.
  5. ___, El Correo de Galicia, 26/06/1907: 2.
  6. ___, La Correspondencia Gallega, 02/08/1911: 3.
  7. ___, Noticiero de Vigo, 02/08/1911: 2.
  8. BORES GAMUNDI, Fernando (coord.) (2000): Casas de indianos. Xunta de Galicia. Santiago de Compostela.
  9. DEL VALLE-INCLÁN, Ramón (1895): Femeninas (Seis historias amorosas). Imp. y Comercio de A. Landín. Pontevedra.
  10. FILGUEIRA, Marta (2014): Eclecticismo, arquitectura y ciudad en Galicia: La obra de los Sesmero en Vigo. Instituto de Estudios Vigueses. Vigo.
  11. NÚÑEZ SEIXAS, Xosé Manoel (1994): "¿Americanos revolucionarios ou indianos reformistas? Sobre os emigrantes e a política na Galicia da Restauración (1900-1923)". Anuario Brigantino. Betanzos, 17, págs. 187-228.
  12. NÚÑEZ SEIXAS, Xosé Manoel (1998): Emigrantes, caciques e indianos: O influxo sociopolítico da emigración transoceánica en Galicia (1900-1930). Xerais. Vigo.
  13. PÉREZ NIEVA, Alfonso (1988): Por las Rías Bajas (Notas de viaje por Galicia) [1900]. La Voz de Galicia. A Coruña.

Notas

1. El presente texto se inscribe en el marco del proyecto de investigación titulado "CEAI: Canon Europeo de Arquitectura Indiana" (IP: Iván Moure Pazos), promovido por el Plan Galego de Investigación, Innovación e Crecemento da Xunta de Galicia.
2. "A Coruña pasou de 27.354 habitantes en 1857 a 40.501 en 1897; Lugo, de 8.246 a 25.568; Santiago, de 26.938 a 24.335; Ferrol, de 18.669 a 24.957; Vigo, de 11.412 a 17.222; Ourense, de 6.872 a 15.250; Pontevedra, de 6.623 a 19.986; Tui, de 11.760 a 10.987." (Pose Antelo, 1977: 213).
3. Ya en el siglo XX, Amado Carballo dramatizará en Os probes de Deus (1925) este conflicto: "A vella mais vella do asilo narraba a sua vida á un grupo de catro mulleriñas labregas que a escoitaban con respetosa atención. […] Inda a fidalga señora surría as lembranzas espertadas do eterno sono do esquecimento; mais aurrisa, era lonxana e doída, quedando no sembrante enrugado, cal unha carantoña que preludia un saudoso chorar. […] Era das mellores e mais nobres familias de Pontevedra a familia de Doña Malvina de Gondarel, nos seus antepasados contabanse reises e raíñas, condes e marqueses. Inda a casa dos seus abôs, hoxe no poder d'un usuairo, campeban encol do marco da porta, os escudos dos Gagos dos Mariños de Lobeira, dos Pazos de Probén e de outras mais familias, de masisa e fidalga procedencia.
Foi no comenzo da sua adolescencia, inda a vila conservaba os seus muros como un cinturón aislador da plebeyez que moraba nos burgos apartados, cando conmovera â Galicia enteira a nova da sanguiñenta carniceria de Carral, que epilogara tristeiramente o bravo alzamento de Solís e os seus compañeros." (apud Acuña Trabazo et al., 2007: 153).
4. "Aquí, en Pontevedra, donde las auras son tan libres y los bosques tan robustos, no se mueve la hoja del árbol sin la voluntad del marqués. [...] 'Un ruso reconoce que dos y dos son cuatro en todas partes —decía Turgueneff—; pero en el fondo de su alma cree que en Rusia lo son de un modo más categórico que en ningún otro país'. En Pontevedra y su provincia podría affirmarse que dos y dos no llegan a hacer definitivamente cuatro mientras el marqués de Riestra no autoriza la suma." (Camba, 1963b: 25-27)
5. De nuevo Hipólito de Sá: "El señoritismo de los representantes de esta política de gente rica es indudable que tuvo, en el centro de la ciudad, un lugar de cita. La popular farmacia de don Perfecto Feijóo con su banco de piedra y su recóndita rebotica, lo mismo que las dependencias del Casino, la aristocrática sociedad pontevedresa, cuyas puertas no se abrían fácilmente para los que no estuviesen catalogados entre la clase de los señoritos. Por el contrario, los artesanos y las gentes de la clase media tenían su ambiente y sus tertulias en la Sociedad Artesanos, que se constituía en tribuna para los actos culturales de los agrarios, de los republicanos y de los progresistas liberales. La matización política de signo contrario señalaba y distinguía el ambiente que predominaba en el Casino y en Artesanos. […] En el Casino abundarán los seguidores de la política de turno, conservadores o liberales, pero con signo de clase acomodada, y en Artesanos los defensores, más o menos sinceros, de unos cambios, enarbolando la bandera de unas reivindicaciones que exigían nuevas estructuraciones del Estado y de la organización provincial y municipal." (De Sá, 1977: 303-304).
6. Perfecto Feijóo fue una figura clave en la investigación y conservación del patrimonio musical gallego. Fundador del coro Aires d'a Terra (1883), con él grabará en 1904 una serie de cilindros de cera para la Compagnie Française du Gramophone que conformarán la primera serie comercial gallega, de gran éxito entre la emigración americana (Hernández Barbosa, 2006: 25). Por su tertulia pasarán, además de cuanto político e intelectual pasase por la ciudad, Sarasate, Albéniz, Granados y, por supuesto, los pontevedreses Carlos Sobrino y Manuel Quiroga.
7. "De todo se hablaba, pero inquietaba el ambiente político, en el que también entraba el grupo reducido de los tradicionales republicanos, cuya influencia política era muy poca entonces, pero que tenían su sello en el ambiente pontevedrés por su notorio anticlericalismo, su ausencia de toda creencia religiosa y la defensa de una cultura naturalista y completamente laica, y de aquí la opción y defensa de los matrimonios civiles y el deseo de los enterramientos sin pompas religiosas en el separado cementerio civil. Eran fieles seguidores de las ideologías importadas por ciertos intelectuales de prestigio, hijos de Pontevedra, educados y formados al calor de las orientaciones culturales, que cristalizaron en la Escuela Libre de Enseñanza y que años más tarde tuvieron un amplio desarrollo en el período de la II República, durante la cual pasaron a ocupar puestos políticos en la ciudad y en la provincia, algunos de los republicanos de mi tiempo." (De Sá, 1977: 298-9).
8. Para ulteriores informaciones acerca de las tertulias pontevedresas, en especial por lo que se refiere a sus participantes, (Landín Carrasco, 1986: 51-63).
9. Gran lector, interesante (y muy astuto) crítico, escritor de una obra breve, Muruais fue construyendo una excepcional biblioteca, eminentemente literaria y artística, marcadamente francófila. Aunque estaba al tanto de (y adquiría) las últimas novedades editoriales inglesas, alemanas e italianas, "converte a súa biblioteca nunha pequena embaixada francesa da cultura parisiense en Pontevedra" (Buján Núñez, 1992: s.p.). El contacto con su biblioteca permitió introducir y difundir ideas estéticas, corrientes artísticas y tendencias literarias de la Europa contemporánea. Valle-Inclán, Said Armesto, Torcuato Ulloa, Labarta Pose, Álvarez Limeses o el propio Casto Sampedro frecuentarán la Casa do Arco, donde igualmente se proveerá de documentación y actualidades la revista Galicia Moderna.
A esta biblioteca, que llegará a albergar más de cuatro mil volúmenes a la muerte de Muruais, habremos de sumar una interesantísima colección fotográfica de unos dos mil ítems (en particular retratos) y otra de grabados, tanto de autor como de reproducción, entre las que de nuevo destacan los ejemplos franceses: Millet, Corot, Manet, Toulouse-Lautrec o Fantin-Latour.
Junto a su estancia en México y la influencia del Rexurdimento, la importancia de esta biblioteca resulta primordial en la génesis del gusto estético de Valle-Inclán, quien la frecuentaba y en donde se formed en la literatura fin-de-siècle: D'Annunzio, Barbey d'Aurevilly, Villiers de l'Isle-Adam, los Goncourt, pero también "esos textos de la vida galante y mundana parisina" (Núñez Sabarís, 2005: 58) que tanto influirán en Femeninas.
10. "Pero la decadencia del puerto invadido por los aluviones y la pérdida de los mercados, no pudo detenerse. Aún, a comienzo del siglo XVIII, subían por el estuario y llevaban al puente galeones con cargas de tres y cuatro mil quintales. El puerto, como Noya, fue muriendo y las obras del siglo XIX no consiguieron reanimarlo." (Otero Pedrayo, 1980: 434).
11. "Si el XVI constituyó el siglo de mayor plenitud de la ciudad, el XVII fue el de su decadencia. No resulta fácil determinar todos los factores que occasionaron su declive, aunque la mayor parte de los autores destacan los cambios fiscales y las crisis y pestes de la década de los años setenta del XVI. Paulatinamente, Pontevedra fue perdiendo su prosperidad y la deficiencia del calado del puerto hizo que muchos mareantes emigrasen al campo o a otros puertos de la ría.
Hasta el momento la fiscalidad había sido beneficiosa para los núcleos urbanos, pero con el reinado de Felipe II y sus reformas, la villa no pudo afrontar la presión fiscal; el arrabal fue abandonado, mientras que otros núcleos, como Portonovo, tomaron el relevo. Ante esta situación desoladora, la Corona, inmersa en la Guerra con Inglaterra, no consideró relevante destinar fondos a una población que, pese a continuar siendo la más poblada de Galicia, estaba agonizando.
Pontevedra entró en un ocaso que se prolongó hasta el siglo XIX. Es cierto que a finales del siglo XVII se recuperó una cierta vitalidad, gracias al cultivo de la tierra y a que se centralizó en la villa la ruta de salinas de Galicia y Asturias. De todos modos, en la centuria siguiente la situación volvió a empeorar por diversos motivos. La guerra de sucesión había repercutido en la economía, pero no ocasionó grandes daños materiales; sin embargo, la invasión inglesa de 1719 dejó sumida en la ruina a la ciudad. Se extendió el temor a un desembarco inglés por todas las costas gallegas y Pontevedra fue ocupada, produciéndose un saqueo y destrucción de numerosos edificios, como la maestranza, el palacio arzobispal y el castillo del puente. El arrabal de A Moureira comenzaba a caer en el en el olvido y el puerto, antes frequentado por un gran número de embarcaciones, se había reducido a unos pocos pescadores.
Esta decadencia económica no tardó en reflejarse en el urbanismo. El concejo, sumido en un hondo déficit, solo pudo acometer ciertas obras de reparación del patrimonio acumulado. Por el contrario, la capacidad económica de ciertos sectores privilegiados y exentos de cargas públicas, como la hidalguía y el clero, permitió la construcción de suntuosas edificaciones civiles y religiosas. Entre las primeras, destacaban los pazos de los condes de Maceda, de los de San Román y marqueses del Villar, el de Gago Montenegro, el del Marqués de Aranda, el Barbeito de Padrón, el de Aldao, el de Troncoso, el de los Valladares, el de Arias Teijeiro, el de Cadavid García Caamaño, el de Castro Monteagudo, el García Flórez […], el del Marqués de Sierra y el de Montenegro. [...]
Durante el siglo XVIII, solo se pudieron acometer algunas restauraciones del puente y diversas medidas para pavimentar las calles. Pontevedra se encontraba en un estado de postración del que no salió hasta la centuria siguiente." (Fernández Martínez, 2013: 161-2).
12. 22-IV-1888: "Moción para que se adopten medidas con el fin de evitar que circulen de noche por las calles de la ciudad mujeres de dudosa reputación, y que se cuide y vigile de la salubridad pública pues existen muchas personas enfermas de afecciones sifilíticas." (apud Sotelo Resurrección, 1997: 90).
13. "[…] como lo llamaban en las críticas de las propagandas anticaciquiles" (De Sá, 1977: 293-298).
14. "El término 'indiano' tiene una connotación tan clasista como lo era la sociedad que lo creó: no parece que los emigrantes retornados lo utilizasen para referirse a sí mismos. Más bien surge de una clasificación que pretendía establecer, desde el exterior, una identidad que se tradujese en un estigma que, quienes habían detentado tradicionalmente el poder, hubiesen lanzado contra ellos, contra su fortuna, contra sus lujos, contra las casas caprichosas y reñidas con el buen gusto que edificaban o contra la movilidad social que habían conquistado y pretendían mantener a su regreso." (Moreno Feliu, 2011: 76).
15. "Escritores como Clarín o Palacio Valdés en Asturias, Camba o Insúa en Galicia retrataron al indiano como un hombre inculto, elemental y grotesco, amante únicamente del dinero. […] El indiano querrá participar de los ideales cosmopolitas de la burguesía de su tiempo —ideales sociales y culturales; también ideales y realidades constructivas— y, dada su capacidad económica y su idiosincrasia, con un gran énfasis formal. Inherente al fenómeno indiano, estos ideales y estas realidades permiten hablar de arquitectura indiana tanto en Asturias como en Galicia." (Alonso Pereira, 2005: 12); "En otra novela similar, 'Juventina la Bella' (1921), el escritor gallego Alberto Insúa nos recuerda asimismo cómo el indiano gallego no quiere una casona vieja, sino que se hace levantar un palacete de nueva planta, para lo cual 'trae el arquitecto de París, los decoradores de Barcelona, las vigas de Bilbao y los mármoles de Italia'." (13).
Apunta también Fidalgo Casares: "Desgraciadamente, este singular patrimonio no protegido sufrió una importante deterioroación por diferentes motivos. Ata hai pouco tempo estes edificios non foron valorados como se debe, tanto por ser consecuencia dun fenómeno relativamente próximo no tempo como por ser caracterizados sen rodeos por moitos historiadores e arquitectos como híbridos de mal gusto, pastiches, construcións pretensiosas e, polo tanto, indignas de calquera tipo de medida de protección... Non hai que remontarse ao de sobra coñecido exemplo da Regenta de Clarín ou aos comentarios despectivos de Castelao sobre a desmesura dos costumes dos retornados de América; mesmo en publicacións recentes se refiren a certas tipoloxías de construción indiana como de mal gusto ou 'caricaturesca', algo un tanto paradóxico se consideramos a invasión do feísmo que arrasa, dunha maneira semella que irreversible, as nosas cidades e vilas e que converte en auténticas obras de arte ata as máis sinxelas destas vivendas.
Ademais hai que engadir que nas máis coñecidas e consultadas enciclopedias e manuais de arte galega, o capítulo de arquitectura contemporánea ignora dun xeito absoluto este fenómeno arquitectónico, e non nos referimos exclusivamente ao de Pontevedra, senón globalmente ao de toda Galicia." (Fidalgo Casares, 2009: 16)
17. Xosé Fortes, sin duda una de las personas que mejor conocen la historia de la ciudad, considera a Antonio Crespo como autor del proyecto, de quien por lo demás se conservan dos anteproyectos de 1889; ahora bien y como el propio historiador indica, son de "diferente diseño que el finalmente ejecutado" (1995: 208).
18. Frecuentemente citado como "Martínez Bautista", "Martínez Baptista" o "Martínez-Baptista".
19. En El Diario de Pontevedra, leemos: "Ayer se recibió en esta capital la triste noticia de haber fallecido en New York el laborioso hijo de Pontevedra y opulento capitalista, D. Manuel Martinez Bautista, que en repetidas ocasionesrió pruebas de su filantropía enviando importantes cantidades a su pueblo natal para fines benéficos. El Sr. Bautista residía hace muchos años en aquella población, donde logró hacer una fortuna considerable gracias a su perseverante trabajo ayudado por la suerte. Reciba su estimada familia la expresión de nuestro sentimiento." (Anónimo, El Diario de Pontevedra, 1911: 2).
20. "El Sr. D. Manuel Martinez Baptista hijo de Pontevedra y residente hace muchos en Nueva-York, ha donado dos mil duros para ayuda de la construcción del Grupo Escolar que se proyecta construir en esta capital." (Anónimo, Crónica de Pontevedra, 1887: 2).
21. "El rico comerciante D. Manuel Martinez Baptista, que reside en Nueva-York, ha escrito una carta al director del Monte de Piedad de Pontevedra, diciendo que está dispuesto á desempeñar por su cuenta cuanto existe pignorado en dicho establecimiento hasta el 15 de Enero, en su afán de realizar una obra caritativa en su pueblo natal. Según un periódico de Pontevedra, la cantidad que le costará al Sr. Baptista tan laudable acto pasará de 16.000 duros." (Anónimo, El Eco de Galicia, 1893: 2-3).
22. "El entusiasta pontevedrés don Manuel Martínez Baptista, ha remitido desde Nueva York, donde reside, la cantidad de mil pesetas con destino á la Cocina Económica." (Anónimo, Gaceta de Galicia, 1896: 2).
23. "El Sr Alcaldeadó cuenta de un donativo hecho por el distinguido filántropo hijo de esta capital D. Manuel Martinez Baptista, residente en New-York, consistente en 2.5000 pesetas oro, con aplicación á las obras en el Hospital de esta ciudad, noticia que la Corporación recibió con satisfacción suma, haciendo consignar en acta un voto de gracias para el distinguido hijo de Pontevedra, que tantas demostraciones de filantropía y de patriotismo viene dando a su pueblo." (Anónimo, El Diario de Pontevedra, 1904: 1).
24. "El hijo de Pontevedra residente en Nueva York, D. Manuel Martínez Baptista, ha girado doscientos pesos oro al presidente de la Sociedad Artística Sr. Ozores, con destino á los gastos que ocasione el viaje de aquel orfeón á San Sebastián." (Anónimo, El Correo de Galicia, 1907: 2).
25. Martínez-Bautista parece haber cumplido igualmente otra extendida característica del indiano: su progresismo. A la muerte del estradense Ramón Verea, inventor de la primera calculadora mecánica capaz de operar automáticamente y fundador del periódico "combatiente de la nueva idea" El Progreso (Nueva York, 1884), los diarios indican su vinculación con el pontevedrés:
26. Los nueve hermanos Martínez Bautista, hijos del matrimonio entre Rosendo Martínez Pazos, natural de Tenorio, y Juana Bautista Lubiáns, natural y vecina de la villa, escribieron una de las más apasionantes sagas finiseculares. Decir nueve hermanos es tanto como decir emigración, siendo Manuel, el segundo de los hijos, el primero que cruza el océano y desembarca en La Habana el 29 de agosto de 1840, apenas cumplidos los 17 años. Pero no iba desnudo. En su petate llevaba una carta de recomendación para don Pedro Fernández Villaverde, que desempeñaba un alto cargo en la administración de la isla. Con su ayuda no tardó en adquirir unos ahorros y establecerse por su cuenta, montando un almacén de loza que bautizó con el nombre de La Joven América. (Fortes Bouzán, 1995: 208).
27. En la aventura americana, y según Fortes, le siguieron sus hermanos Bernardo (quien elevará el edificio donde se albergará el célebre Café Moderno, a pocos metros de Villa Pilar) y Gabriel (ambos a La Habana), así como Juan, que marchará a Nueva York para dedicarse a la bolsa, fundando "una especie de banca y grupo de inversión" en el número 10 de Wall Street (idem). A la muerte de este último seguirá el traslado de Manuel, albacea de Juan, a Nueva York: "Soltero impenitente vivió siempre hasta su muerte en un ala del Central Hotel, en el 671 de Broadway, donde le entrevistan y fotografían para Vida Gallega (número 19) en 1910" (Fortes Bouzán, 1995: 208-9).
28. En el citado reportaje de Vida Gallega, parte de una serie acerca de gallegos en Nueva York, encontramos información de vital importancia acerca del "venerable filántropo que tantos y tan repetidos beneficios hace á Pontevedra". En el texto, firmado por Jesús Tato Lens, leemos: "D. Manuel Martínez Bautista llegó á la Habana el 29 de Agosto de 1840. Su principio en aquella hermosa Perla del Mar Caribe fué tan sencillo y humilde como el de todos nuestros conterráneos que cifran sus esperanzas en este continente. […] En aquel tiempo hizo venir á su lado á sus dos hermanos don Juan y D. Bernardo, á los cuales encauzó también en el comercio hasta elevarlos al rango de acaudalados; á D. Bernardo en la Habana, y á D. Juan aquí, en New-York. […] Para disipar el triste recuerdo de su hermano, realizó un largo viaje por todas las principales ciudades de Europa, visitanto en su regreso á Pontevedra, su querida parruliña, como él cariñosamente la llama. En esta su primera visita á la patria nativa, hizo edificar en los talleres artísticos de Carrara un panteón de mármol para la necrópolis de Pontevedra, al cual trasldadó las sagradas cenizas de sus padres. […] Hoy corona su cabeza la venerable blancura de sus ochenta y siete años de edad, y á su lado se agitan amigos y correligionarios de todas clases y nacionalidades, que estiman á título de honor el cultivo de su amistad personal. (Tato Lens, Vida Gallega, 1910: 10)
29. A pesar de que las informations relativas a Villa Pilar continúan siendo escasas23, sabemos que de Manuel Martínez-Bautista el edificio pasó a su sobrino, Ramiro Trapote (motivo por el cual la construcción se conoce también como "chalet de Trapote")…
30. Contamos, sin embargo, con una nota anecdotica al respecto de su verja. En 1906 (año en el que este texto habla de Villa Pilar como de "casa en construcción", a pesar de que en el edificio y en la mayoría de las fuentes figure el de 1905 como fecha de finalización), Evaristo Cuiñas Rivas envía una "Aclaración" a los directores de La Libertad (01/11/1906), El Diario de Pontevedra (02/11/1906) y La Correspondencia Gallega (02/11/1906) que reza: "Mi querido amigo: El ciclón de ayer ha derribado la verja que circunda la casa en construcción, propiedad de D. Manuel Martínez Bautista y como son muchas las personas que se han acercado á mí, manifestándome su disgusto creyendo sin duda que aquel trabajo ha sido construído en mi fábrica, me veo en la precisión de hacer constar, que las pilastras de cemento las han encargado á fuera, y según tengo entendido vinieron de Santander.
31. Evaristo Cuiñas Rivas envía una "Aclaración" a los directores de La Libertad (01/11/1906), El Diario de Pontevedra (02/11/1906) y La Correspondencia Gallega (02/11/1906).