Publicado en Italia en 2020 con éxito editorial en plena pandemia, la presente edición, cuidada al máximo por el editor y prologuista Iván Moure Pazos y con una excelente traducción a cargo de Cristina Lesmes, nos presenta un ensayo -como afirma el profesor Moure en su prólogo-tan certero como actual; un ensayo que es a un mismo tiempo el lamento de los intelectuales descontentos y el brillo optimista de las estéticas luminosas.
En su introducción Raffaele Milani, catedrático de Estética y especialista en Paisaje, afirma (p. 20-21) que a principios de los años ochenta y noventa del siglo XX, el mundo asistió al desarrollo y la popularización de la postmodernidad, que llegó al mismo tiempo que emergía una nueva dimensión virtual del mundo sensible. Cabe, pues, preguntarse si, en modo similar, estamos asistiendo hoy al surgimiento de una condición neocontemplativa. No se trata, sin embargo, de un préstamo procedente del universo digital e informático, como a primera vista podría parecer: decir tal cosa constituiría la afirmación de un engaño, pues lo cierto es que esta dimensión virtual ha dado lugar a una perversión del espíritu de la contemplación, ha falseado el intento de un contacto auténtico con la naturaleza o, cuando menos, ha separado el sentir del engañoso poder de los instrumentos técnicos, si bien esta unión, la del sentir y la ilusión, ha sido históricamente necesaria para la evolución de la mente representativa, desde las pinturas rupestres hasta el nacimiento del mito.
Quiere incidir con especial énfasis en el vínculo que une la representación y la expresión en una potencia de imagen que puede llevarnos de regreso a las raíces del contemplar y, por tanto, a los orígenes del acto estético y del acto artístico. Nos hace evidente la pérdida de la capacidad de ver, oír y contemplar, como fuente de experiencia estética a la que hemos llegado. Vivimos -afirma-en entornos virtuales, inmersivos, a través de dispositivos que nos acercan a una realidad virtual, digital, holográfica que nos aleja de lo real. Y frente a esta nueva realidad Milani plantea la necesaria crítica contra el impacto técnico de la reproducción ilusoria del mundo visible a través de soportes reales o virtuales.
Al interpretar las encarnaciones virtuales como verdaderas, perdemos la autenticidad del percibir estético-lingüístico. La posibilidad de ponernos unas gafas, envainar nuestras manos en guantes inteligentes y enfundarnos en un traje inteligente nos permite adentrarnos en una realidad ilusoria para vivirla como si fuera real, tangible y habitable cotidianamente. A cada momento nos encontramos de frente a la contrafigura; la copia sustituye al original. Vivimos como si estuviéramos dentro de un videogame. Se configura una acción vicaria de nuestro doble, nuestro alter ego digital, en el mundo sensible y en el mundo de la imaginación. (…) El arte de la inmersión o el placer de la inmersión hápticovisual es una evolución de las técnicas de representación visual, del modelado escultórico y la cera perdida, del estereoscopio, de las panorámicas, del cine en 3D. Es un instrumento, un truco y un divertimento que, sin embargo, deja fuera de juego el sistema natural, junto con su empatía inherente, para sustituirlo imponiendo un sistema transformador del entorno con fines lúdicos y falsamente participativo; sistema que desvía el elemento estético cognoscitivo y el protagonismo del sujeto agente (p. 33-34).
Hace ya décadas que Baudrillard habló del simulacro y la cultura. Pasamos de la realidad a la hiperrealidad y la simulación. La primera ya no es necesaria, y el ámbito artístico reemplazamos la autenticidad del gesto, la huella, la representación, por el simulacro de la sociedad virtual. Al abordar la cuestión del trauma de la sensibilidad en la actualidad, que va a la par de la perversión de la contemplación, se hace cada vez más necesario interrogarse acerca de la naturaleza de la armonía.
RESEÑAS
Nº 24 / Octubre 2023 163 La armonía condensa en sí los significados de la contemplación, tanto de la activa como de la pasiva, y los dispone elocuentemente: sitúa la belleza de las artes y de la vida estética en el centro de su vórtice de sensibilidades y formas, tiende a componer deformidades y contrastes, sana las heridas del mirar y del hacer, pone lo extraordinario a disposición de todos, convierte en música sonidos y actividades dispersas, aspira a la felicidad en las relaciones y en las prácticas. Es un orden del componer y el recomponer que, poco a poco, va tejiendo toda una filosofía de representaciones para acercar entre sí la razón y el sentimiento. Entre las circunstancias de la realidad artificial, en medio de la desorientación que caracteriza al mundo contemporáneo, la armonía recupera las concepciones del mundo al entrar en contacto con los hilos de la tradición, surcando los caminos trazados por la imitación a través de los espacios del mito y de la historia, dando vida a las evocaciones de la metáfora sinestésica y proporcionando una mirada que, a través de los tiempos, activa la naturaleza y la cultura (p. 105).
Con muy oportunas, aclaratorias e inteligentes notas a pie del editor, Albas de un nuevo sentir nos propone precisamente eso, salir de la hiperrealidad para volver a sentir y contemplar la naturaleza desde la necesaria visión armónica del arte y de la vida.