<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Archiving and Interchange DTD v1.3 20210610//EN"
  "https://jats.nlm.nih.gov/archiving/1.3/JATS-archivearticle1-3.dtd">
<article xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:ali="http://www.niso.org/schemas/ali/1.0/" article-type="research-article" xml:lang="es" dtd-version="1.3">
          <front>
    <journal-meta>
      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ayc</journal-id>
      <journal-title-group>
        <journal-title>ARTE Y CIUDAD. Revista de Investigación</journal-title>
      </journal-title-group>
      <issn pub-type="ppub">2254-2930</issn>
      <issn pub-type="epub">2254-7673</issn>
      <publisher>
        <publisher-name>Grupo de Investigación Arte, Arquitectura y Comunicación en la Ciudad Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid</publisher-name>
      </publisher>
    </journal-meta>
    <article-meta>
      <article-id pub-id-type="doi">10.22530/ayc.2013.N3.1.281</article-id>
      <article-version article-version-type="version-number">1</article-version>
      <title-group>
        <article-title xml:lang="es">Una breve historia del escaparate madrileño moderno</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>A Brief History of the Modern Madrid Shop Window</trans-title>
        </trans-title-group>
      </title-group>
      <contrib-group>
      <contrib contrib-type="author">
        <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0001-7647-8746</contrib-id>
        <name><surname>Huergo Cardoso</surname><given-names>Humberto</given-names></name>
        <email>hhuergo@carleton.edu</email>
      </contrib>
      </contrib-group>
      <aff id="aff1">
          <institution-wrap>
            <institution-id institution-id-type="ror">https://ror.org/02qtvee93</institution-id>
            <institution>Carleton University</institution>
          </institution-wrap>
        </aff>
      <pub-date pub-type="epub">
        <day>01</day><month>06</month><year>2013</year>
      </pub-date>
      <volume>2</volume>
      <issue>3.1</issue>
      <fpage>227</fpage>
      <lpage>258</lpage>
      <permissions>
      <copyright-statement>© 2013 Grupo de Investigación Arte, Arquitectura y Comunicación en la Ciudad Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid</copyright-statement><copyright-year>2013</copyright-year><copyright-holder>Grupo de Investigación Arte, Arquitectura y Comunicación en la Ciudad Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder><ali:free_to_read/>
     
        <license license-type="open-access" xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0">
          <ali:license_ref>https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0</ali:license_ref>
          <license-p>Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International (CC BY-NC 4.0)</license-p>
        </license>
      </permissions>
      <self-uri xlink:href="https://doi.org/10.22530/ayc.2013.N3.1.281"/>
      <abstract xml:lang="es"><p>1. Madrid se moderniza.El escaso ideal moderno es ideal de escaparates (Gómez de la Serna).En 1916 apenas había en Madrid unas 128 tiendas de lujo. La Primera Guerra no había terminado todavía cuando ya empiezan a asomarse a los escaparates de las tiendas objetos conmemorativos de episodios bélicos. Son cajas de bombones de aluminio que imitan proyectiles; relojes de sobremesa, barómetros y escribanías construidas con cascos teutónicos o franceses, obuses, balines y granadas; alfileres de corbata que reproducen un zepelín o un submarino. Siempre estos objetos de bisutería nos parecieron de un gusto propio de tenderos, cobradores de tranvía o concejales de Madrid (J.Francés, 1916).En 1917, abre sus puertas en el primer tramo de Gran Vía la camisería Sánchez Rubio; en el 19, la camisería de lujo Butler y la joyería Pereira; hacia el 20, la tienda de lámparas y bronces de arte Zúmel y la joyería Aldao; en el 23, el Palacio del Libro de la editorial Calpe, con enormes escaparates a la Gran Vía . En lugar de decir salir a dar una vuelta se empieza a decir salir a ver escaparates.</p></abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en"><p>Madrid modernizes. The scarce modern ideal is an ideal of shop windows (Gómez de la Serna). In 1916 there were barely 128 luxury shops in Madrid. The First World War had not yet ended when commemorative objects of war episodes began to appear in shop windows — aluminium chocolate boxes imitating projectiles, desktop clocks, barometers and writing sets made from Teutonic or French helmets, shells, bullets and bayonets.</p></trans-abstract>
      <kwd-group xml:lang="es">
        <kwd>escaparate</kwd>
        <kwd>Madrid</kwd>
        <kwd>modernidad</kwd>
        <kwd>comercio</kwd>
        <kwd>diseño</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>shop window</kwd>
        <kwd>Madrid</kwd>
        <kwd>modernity</kwd>
        <kwd>commerce</kwd>
        <kwd>design</kwd>
      </kwd-group>
          <counts>
        <fig-count count="24"/>
        <ref-count count="47"/>
        <page-count count="32"/>
      </counts>
    </article-meta>
  </front>
<body>
    <sec id="sec1">
      <title>1. Madrid se moderniza.</title>
      <p>El escaso ideal moderno es ideal de escaparates (<xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Gómez de la Serna</xref>).</p>
      <p>En 1916 apenas había en Madrid unas 128 tiendas de lujo. La Primera Guerra no había terminado todavía cuando ya empiezan a asomarse a los escaparates de las tiendas objetos conmemorativos de episodios bélicos. Son cajas de bombones de aluminio que imitan proyectiles; relojes de sobremesa, barómetros y escribanías construidas con cascos teutónicos o franceses, obuses, balines y granadas; alfileres de corbata que reproducen un zepelín o un submarino. Siempre estos objetos de bisutería nos parecieron de un gusto propio de tenderos, cobradores de tranvía o concejales de Madrid (<xref ref-type="bibr" rid="ref-frances-1916">J.Francés, 1916</xref>).</p>
      <p>En 1917, abre sus puertas en el primer tramo de Gran Vía la camisería Sánchez Rubio; en el 19, la camisería de lujo Butler y la joyería Pereira; hacia el 20, la tienda de lámparas y bronces de arte Zúmel y la joyería Aldao; en el 23, el Palacio del Libro de la editorial Calpe, con enormes escaparates a la Gran Vía<xref ref-type="fn" rid="fn-1">1</xref>. En lugar de decir salir a dar una vuelta se empieza a decir salir a ver escaparates.</p>
      <p>Hacia los mismos años, entre 1916 y 1923, empiezan a surgir los primeros grandes almacenes: Almacenes Capitol, Almacenes El Águila, los Almacenes Rodríguez, la Casa Comercial, la Casa Dos Portugueses, la Casa Eleuterio, los Almacenes Simeón, los Almacenes Madrid-París y otros (<xref ref-type="bibr" rid="ref-toboso-sanchez-2001">Toboso, 2001</xref>). Su victoria fue instantánea: La victoria de los grandes almacenes es absoluta —declara un artículo de prensa del año 1922—, como la del ferrocarril, el teléfono y el automóvil. Una ciudad de más de cien mil almas necesita su pequeño-gran-almacén. Y cuando se acerca al millón, la ciudad exige varios grandes almacenes. Es lo que le ocurre a Madrid. Además de Metro tiene —o comienza a tener— grandes almacenes. Pero los grandes almacenes de Madrid no pueden hombrearse todavía con los de París. Parecen unos hijos menores —muy menores— del engolado Louvre, del gigante "Bon Marché", del fachendoso "Primptemps", de las "Gale-rías Lafayette" […] Los grandes almacenes de Madrid empiezan. Son tímidos, exhalan el candor y la seriedad de las muchachas que acaban de dejar la trenza por el moño. Tienen un aire provinciano, y, más que en los palacios de la moda de la calle de Rivoli o el Boulevard Haussmann, hacen pensar en los magasins de Burdeos, de Lile o de Lyon. Pero ya verán ustedes cómo han de ir perdiendo su sencillez prístina y alcanzando los aspectos múltiples, encantadores y peligrosos que tienen los de París (<xref ref-type="bibr" rid="ref-insua-1922">Insúa, 1922: 1</xref>).</p>
      <fig id="fig-1">
        <label>Fig. 1</label>
        <caption><p>Fig. 1. Dibujo de Almada. Fuente: Gómez de la Serna "El compañero de una noche", Nuevo Mundo, 2 de febrero de 1928, s. p.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-1.jpg">
          <alt-text>Dibujo de Almada. Fuente: Gómez de la Serna</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>Por la noche, los escaparates iluminados transforman la ciudad en un acuario encantado. No hace mucho, no había en Madrid más que un escaparate con un gran barco de muestra. Ese barco se ha reproducido y ahora se encuentran en escaparates iluminados con una luz de acuarium oceánico varios trasatlánticos blancos, con aplicaciones de metal dorado y un ancla de primera clase. Los que admiran esos magníficos modelos son desocupados que sólo se subirán a los barcos de columpios (<xref ref-type="fig" rid="fig-1">fig. 1</xref>), pero que se imaginan la traversea entera. Pero está bien que en la noche de gran ciudad que tiene Madrid haya escaparates de grandes joyeros y otros tan de ritual como esos escaparates de las compañías de navegación (<xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Gómez de la Serna, 1923b: 1</xref>).</p>
      <p>Quienes no sueñan con viajes trasatlánticos, sueñan con ligar. Los escaparates avivan el deseo. La ciudad sueña, fantasea, vuela. Gómez de la Serna advierte: La mujer que se para mucho en los escaparates, que se dedica a ese galante flirteo, está cerca de los deslices, de ceder al varón casual, de ser infiel… Esto lo saben y lo aprovechan los amigos de la aventura callejera (<xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Gómez de la Serna, en Zlotescu, 2006: 221</xref>). ¿Está ligando la dama que aparece en el dibujo de Tito (<xref ref-type="fig" rid="fig-2">fig. 2</xref>) o está mirando escaparates?<xref ref-type="fn" rid="fn-2">2</xref> ¿Ha salido a comprar o a venderse? Probablemente las dos cosas. Un deseo despierta el otro. Como en la prostitución, el sexo y la mercancía se entrelazan de manera inextricable. Una caricatura vienesa reproducida en el diario La Voz (<xref ref-type="fig" rid="fig-3">fig. 3</xref>) que muestra a una mujer enseñando el trasero en una vitrina reza: Pidan dentro lo que no vean en el escaparate.</p>
      <fig id="fig-2">
        <label>Fig. 2</label>
        <caption><p>Fig. 2. Dibujo de Tito. Fuente: Zamacois, Eduardo <xref ref-type="bibr" rid="ref-zamacois-1915">(1915)</xref>: "La taza de café", La Esfera, 23 de enero 1915, s. p.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-2.jpg">
          <alt-text>Dibujo de Tito. Fuente: Zamacois, Eduardo</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <fig id="fig-3">
        <label>Fig. 3</label>
        <caption><p>Fig. 3. "Pidan dentro…" Fuente: La Voz, 14 de abril de 1932, p. 7.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-3.jpg">
          <alt-text>&amp;quot;Pidan dentro…&amp;quot; Fuente: La Voz, 14 de abril de 1932, p. 7.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>La célebre deshumanización del arte de Ortega corre pareja con la deshumanización a secas. Una tienda de ultramarinos del centro de Madrid (<xref ref-type="fig" rid="fig-4">fig. 4</xref>) regala cien pesetas a quien haga reír al maniquí viviente que anuncia los géneros en el escaparate, por lo que —reza la noticia— algunos clientes desde el interior de la tienda lo pinchan con alfileres (…) El escenario de R. A. [las iniciales del desgraciado] es la vitrina, el escaparate donde triunfa su maquillaje y su ritmo mecánico. Se desvanece el hombre y queda el autómata a la merced de la multitud […] que en él ve hoy un monigote y no un ser humano (<xref ref-type="bibr" rid="ref-ginestal-1929">Ginestal, 1929: 3</xref>).</p>
      <fig id="fig-4">
        <label>Fig. 4</label>
        <caption><p>Fig. 4. Dibujo de Sancha. Fuente: <xref ref-type="bibr" rid="ref-ginestal-1929">Ginestal (1929: 3)</xref>.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-4.jpg">
          <alt-text>Dibujo de Sancha. Fuente:</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>La utopía de la transparencia —casas como escaparates y escaparates como casas— se apodera de la imaginación de filósofos y arquitectos, que buscan en el cristal un antídoto contra el oscurantismo de antaño (<xref ref-type="fig" rid="fig-5">fig. 5</xref>-<xref ref-type="fig" rid="fig-6">6</xref>).</p>
      <p>Confundiendo intimidad con privacidad —no son lo mismo—, Walter Benjamin le declara la guerra al interior burgués (<xref ref-type="bibr" rid="ref-benjamin-2005">Benjamin, en Fernández Castañeda, 2005: 55</xref>), mientras que Gómez de la Serna celebra entusiasmado la ciudad del porvenir: Será una exposición social, un conjunto de vitrinas sinceras (<xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Gómez de la Serna, 1931c, 2002: 177</xref>). Decir "vitrina" era decir "sinceridad", como si habitar en una casa de cristal nos hiciera de pronto mejores personas. Todo parece dispuesto para que el planeta dé un rebote arquitectónico —resume Ortega con rara sagacidad—. Las demás artes se van apagando—por lo que tienen de interiores y minoritarias. Triunfa el hombre medio […] Además, se vive al aire libre. La arquitectura, como arte, supone siempre que el hombre abandone su habitáculo y al verlo desde fuera se avergüence de él. La arquitectura, que construye el interior, es paradójicamente el arte exterior por excelencia. Nuestra época es esto— la evasión hacia la exterioridad (<xref ref-type="bibr" rid="ref-ortega-y-gasset-1927">Ortega, 1928: 1</xref>).</p>
      <fig id="fig-5">
        <label>Fig. 5</label>
        <caption><p>Fig. 5. Dibujo de Almada. Fuente: Gómez de la <xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Serna (1929)</xref>, "Avidez de luz", Nuevo Mundo, 1 de febrero de 1929, s. p.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-5.jpg">
          <alt-text>Dibujo de Almada. Fuente: Gómez de la</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <fig id="fig-6">
        <label>Fig. 6</label>
        <caption><p>Fig. 6. Dibujo de Almada. Fuente: A.C., 2 (1931), p. 12.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-6.jpg">
          <alt-text>Dibujo de Almada. Fuente: A.C., 2 (1931), p. 12.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>Mientras tanto, el creciente comercio de Gran Vía sacaba a patadas a los moradores del antiguo barrio —unas 10,000 familias—, convirtiendo sus "antiguos nidos de topo" —como ahora se conoce la arquitectura que no se evada hacia la exterioridad— en modernas tiendas de lujo. Haciendo literatura del desahucio, Gómez de la Serna escribe: "Los pisos bajos se van quedando deshabitados. Ya van dejando de menudear tanto aquellas familias que se sometían a vivir en la sombra y conllevaban su trato en los pisos sin luz. Todo está iluminado por mayor luz en la vida, y se aspira a la amenidad del resplandor del día. Los escoplos trabajan los marcos pétreos de esos balcones en que se defendían las vejeces ante el bombardeo de lo nuevo. Les cuesta gran trabajo a los martillos abrir los grandes marcos de las tiendas futuras; pero gracias a la persistencia trabajosa logran que se inauguren nuevos comercios, aclarada la atmósfera soterrada de los pisos bajos. Aquel Madrid discreto que se guarda en esas cuevas de silencio y oscuridad ha dejado sus antiguos nidos de topo. También han huido sus antiguos moradores, por miedo a la calle, que no pueden tener ya tan cerca, metiendo sus miradas en su intimidad, atrevida, como no era la calle de hace años. Los pisos bajos se han inundado de calle en la marea creciente de las grandes vías" (<xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Gómez de la Serna, 1930a: 1</xref>). En cuestión de años, el recato y la intimidad se consideran vejedades, resabios de topo. Departir en la intimidad del hogar es someterse a vivir en la sombra. La vida entera se comprende por la capacidad de sus claraboyas. Equivale a una nueva interpretación filosófica o literaria de la vida la adquisición de la ventana corrida por la arquitectura (<xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Gómez de la Serna, 1929: s.p.</xref>).</p>
      <p>Nadie en la época sabe bien cómo llamar los nuevos artículos que exponen los escaparates. Todo el mundo sabe que no son simples "mercancías" —eso era antes—, pero nadie sabe bien lo que sean. Flores los llama objetos fascinadores<xref ref-type="fn" rid="fn-3">3</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-ortega-y-gasset-1927">Ortega (2005: 318)</xref> objetos semimovientes; Gómez de la <xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Serna (1931a: 146)</xref> nuevos seres y lo obsedante (<xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Gómez de la Serna, en Zlotescu, 2001, 7: 481</xref>); <xref ref-type="bibr" rid="ref-bunuel-1923">Buñuel (1923: 93)</xref>, lo abiótico. La siguiente definición de Gómez de la Serna quizá sea la más puntual: Más que cosas y menos que seres y que por eso son en-seres<xref ref-type="fn" rid="fn-4">4</xref>. La mercancía moderna sería, entonces, un objeto obsedante suspendido entre la cosa y el ser; una pasión abiótica, ardiente pero sin vida. La ciudad nos absorbe —escribe Quintiliano Saldaña <xref ref-type="bibr" rid="ref-saldana-1929">(1929: 37)</xref>, entre abrumado y eufórico—. En ella, sobre cada bella manufactura expuesta por el comercio, quisiera extenderse la zarpa de una ávida mano. La ciudad es gran despertador de afectos. Nos fuerza a vivir más intensamente, y, en ella, aún conscientes de que nuestra lámpara se consume, ansiamos, cada día con más extremada vehemencia, arder y brillar.</p>
      <p>La sobrecarga de estímulos urbanos hace añicos la integridad del sujeto. Herederos de los Pequeños poemas en prosa de Baudelaire, se multiplican los géneros aforísticos que de manera fragmentaria intentan dar cuenta de la fragmentación de la propia experiencia: las imágenes momentáneas de Simmel; las "greguerías" de Gómez de la Serna; los "vilanos en el aire" de Fernando Vela <xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">(1932: 3)</xref> (un vilano no quiere ser más que una observación insignificante); los "policantos" de Juan Ramón Jiménez (comentarios de lo que se ve sin querer, con el rabillo del ojo, especie de glosario de lo furtivo); los Denkbild (imágenes-pensamiento) de Walter Benjamin; los Raumbild (imágenes-espacio) de Siegfried Kracauer… Gómez de la <xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Serna (1928: 1)</xref> escribe: Todo distrae y hace perder tiempo en la vida moderna. Los aplazamientos de las cosas que necesitan concentración del pensamiento están a la orden del día. Eso que ya parecía ir a suceder es suspendido por tres veces. Perezas y distracciones coincidentes, el ir mirando escaparates, el ver parpadear sólo el film de la calle moderna, hace que todo quede, no sólo para mañana, sino para la temporada próxima.</p>
      <p>Al notar que las ideas se deshacen antes de madurar, los pensadores de peso pesado dan la voz de alarma. Unamuno se queja de que por las calles de Madrid no cabe ir soñando, no tanto por temor a los coches, tranvías y automóviles, cuanto por la continua descarga de caras desconocidas<xref ref-type="fn" rid="fn-5">5</xref>; al tiempo que Ortega invoca la ayuda de una raza de superhombres nietzscheanos que nos salve de los falsos "poderes crematísticos" del Capital y restituya la virtus o la 'voluntad de poder' clásica. En "Los escaparates mandan", del año 1927, escribe:</p>
      <disp-quote><p>Ahora un hombre llega a una ciudad y a los cuatro días puede ser el más famoso y envidiado habitante de ella sin más que pasearse por delante de los escaparates, escoger los objetos mejores —el mejor automóvil, el mejor sombrero, el mejor encendedor, etc.— y comprarlos. Cabría imaginar un autómata provisto de un bolsillo en que metiese mecánicamente la mano y que llegase a ser el personaje más ilustre de la urbe.</p></disp-quote>
      <p>Comprar confiere virtud; los escaparates destierran la askesis filosófica; cualquier autómata provisto de bolsillo es más ilustre que Ortega y Gasset. Ha llegado lo que <xref ref-type="bibr" rid="ref-benjamin-2005">Benjamin (1927, 2005: 325-326)</xref> y Adorno llaman, no sin cierta truculencia, la "teología del Infierno", y Gómez de la Serna (Zlotescu, 2001: 7, 384), "la hora de Lucifer". El último es más incisivo: Como el escaso ideal moderno es ideal de escaparates, las tiendas mejoran sus marcos y sus rótulos. Los escaparates son los verdaderos altares de la desaprensión y la ambición actuales, y en el complejo de muchas propugnaciones espirituales se encontrarían reflejos de escaparate. Casi todo se hace hoy para entrar por la puerta que da acceso a los escaparates. El objeto perfecto nos aguarda en las anchas vitrinas. Violentamos la vida para llegar a él. Las portadas, que lo saben, se vuelven más seductoras y luminosas, exacerbando los deseos de la urbe (<xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Gómez de la Serna, 1930c: 1</xref>). La mercancía se instala en el corazón mismo de la obra de arte, que a partir de ahora está obligada a medirse frente al objeto perfecto, y perfectamente seductor —lo abiótico obsedante—, que reluce en las vitrinas iluminadas. ¿Existe alguna diferencia entre la espiritualidad de la mercancía y la de la obra de arte? ¿Son el mismo tipo de maná, de amuleto? ¿Aspira la obra de arte a ser el "objeto perfecto"? ¿No es más bien lo contrario, un objeto imperfecto, perfectamente imperfecto, la imperfección elevada al nivel del sueño sin dejar de llorar y sin dejar de ser imperfecta? Dejo la respuesta para más adelante y continúo<xref ref-type="fn" rid="fn-6">6</xref>.</p>
      <p>La misma mercancía que endiosa los objetos de uso diario, banaliza la religión, inundando los escaparates de Cristos de celuloide. En los escaparates de las tiendas empiezan a aparecer cosas de pastas absurdas, de pastas en que están recocidas, deformadas y combinadas con hibridez materias distintas. Pero entre todas esas cosas, la más absurda ha sido un Cristo de celuloide, ¡un Cristo de celuloide, un Cristo inferiorizado, en el que la pasta no podía recoger la significación! Cristo vano, desconceptuado, banal.<xref ref-type="fn" rid="fn-7">7</xref> El cielo recuerda una zapatería de lujo: De tanto mirar escaparates por las calles de la ciudad hay un momento que al mirar a la luna vemos en ella vitrinas de zapaterías (<xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Gómez de la Serna, 1933: 3</xref>). Para sentirse cura basta comprar una casulla: El que se para ante los escaparates pensando en lo que se compraría, cuando llega al de objetos religiosos dice, con su voracidad de comprador hipotético: —Si yo fuese cura, me compraría esa casulla (<xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Gómez de la Serna, 1923: 1</xref>).</p>
      <p>Transformados en mercancías, los objetos enmudecen y ya no pueden recoger su significación. La palabra "absurdo" —"cosas de pastas absurdas"— cobra un nuevo significado; ya no tiene que ver tanto con la falta de sentido lógico cuanto con la pérdida radical de toda sustancia. Desconcepto, vacuidad, banalidad: ¿conocieron otras edades una experiencia semelhante? ¿Cuándo se volvieron los objetos a un mismo tiempo obsedantes y banales, fascinadores y vacuos, semivivos y peor que muertos?</p>
      <p>Como los Cristos de celuloide, la literatura también se banaliza y gana en sensacionalismo lo que pierde en intimidad (<xref ref-type="fig" rid="fig-7">fig. 7</xref>). El reclamo aplicado a la literatura es un fenómeno que desorienta y entristece bastante a quien tiene de la literatura una idea algo elevada —lamenta el autor de La intimidad literaria, José María Salaverría—. El caso es que no hay escaparate donde todos los libros no ostentan esa faja en papel de color, esa delatora faja en la que se precisan con palabras llamativas el asunto sensacional de la obra. ¿No habrá entonces diferencia entre un acaparador de ligas elásticas y un hacedor de libros? (<xref ref-type="bibr" rid="ref-salaverria-1923">Salaverría, 1923: s.p.</xref>). Vuelve la pregunta: ¿hay diferencia entre el fetichismo de la mercancía y la trascendencia de la obra de arte? Un libro, ¿es más que un par de ligas elásticas aunque se venda en un acaparador de ligas elásticas y se anuncie como ligas elásticas? ¿Qué es la "intimidad" literaria? José María Salaverría es el prototipo del escritor "burgués". ¿Es por ello la intimidad literaria un concepto meramente burgués? Y si lo fuera, ¿es la renuncia a la intimidad y la evasión hacia la exterioridad la mejor solución? ¿Qué sería una intimidad no burguesa? ¿El amparo en el desamparo? ¿Un amparo que empieza por reconocer el desamparo? Hacer concepto del propio desamparo, ¿es eso la intimidad?</p>
      <fig id="fig-7">
        <label>Fig. 7</label>
        <caption><p>Fig. 7. Dibujo de Almada. Fuente: Gómez de la <xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Serna (1928)</xref>: "Libros otoño", Nuevo Mundo, 12 de octubre 1928, s. p.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-7.jpg">
          <alt-text>Dibujo de Almada. Fuente: Gómez de la</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>Escribir se hace cada vez más difícil, no porque falten temas, sino porque una vez en los escaparates, todos los temas son igualmente banales: ¡Qué difícil es un tema en la vida actual! –exclama consternado Gómez de la <xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Serna (1931b: 3)</xref>–. Cuando todos los temas de la vida están en los escaparates de las tiendas es que la vida carece de ánimo espiritual. Pocos escritores lo sabían mejor que el propio Gómez de la Serna. La publicación de El Rastro no consiguió restaurar el valor espiritual de los Cristos de celuloide, pero sí aumentar su precio en el mercado de antigüedades. Veinte años después de la primera edición del libro, el propio autor comenta desairado: En el Rastro apelan siempre a los grandes testimonios para dar valor a las cosas. Ahora hay tan poca aristocracia popular, que, a veces, para decidir al comprador, tienen que acordarse de mí: 'D. Ramón estuvo por aquí ayer y se llevó uno igual', 'don Ramón me dio ayer veinte duros por otro como ése' (<xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Gómez de la Serna, en López Molina, 1998: 443</xref>). Sin quererlo, el escritor Gómez de la Serna acababa de convertirse en la marca publicitaria "Don Ramón", el patrocinador de "El Rastro".</p>
    </sec>
    <sec id="sec2">
      <title>2. La Exposición de Artes Decorativas e Industriales de París.</title>
      <p>Existe también actualmente un arte del escaparate que es sorprendente (<xref ref-type="bibr" rid="ref-leger-1923">Fernand Léger, Funciones de la pintura</xref>).</p>
      <p>Aunque los primeros escaparates datan de mediados del siglo XIX, cuando el progreso de la industria del vidrio hizo posible la construcción de lunas de varios metros de longitud, el escaparate "moderno", o sea, el escaparate artístico por su composición, iluminación, colorido y decoración (<xref ref-type="fig" rid="fig-8">fig. 8</xref>-<xref ref-type="fig" rid="fig-9">9</xref>) no cobró carta de ciudadanía hasta la Exposición de Artes Industriales y Decorativas de París, del año 1925.</p>
      <fig id="fig-8">
        <label>Fig. 8</label>
        <caption><p>Fig. 8. René Herbst, Carron Sœurs. Fuente: Sézille, Louis Pierre (1927): Devantures de boutiques, Éditions Albert Lévy, París, fig. 5.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-8.jpg">
          <alt-text>René Herbst, Carron Sœurs. Fuente: Sézille, Louis Pierre (1927): Devantures de boutiques, Éditions Albert Lévy, París, fig. 5.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <fig id="fig-9">
        <label>Fig. 9</label>
        <caption><p>Fig. 9. Evsi Model, L'Esthetique. Fuente: Sézille, Louis Pierre (1927): Devantures de boutiques, Éditions Albert Lévy, París, fig. 35.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-9.jpg">
          <alt-text>Evsi Model, L'Esthetique. Fuente: Sézille, Louis Pierre (1927): Devantures de boutiques, Éditions Albert Lévy, París, fig. 35.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>Hasta entonces existían, cómo no, la tienda de lujo estilo Luis XIV y la tienda de barrio, pero no el "escaparate-espectáculo" (magasins-spectacle), como lo llama el pintor Fernand Léger <xref ref-type="bibr" rid="ref-leger-1923">(1923, 1990: 43)</xref>, el escaparate expresamente diseñado para deslumbrar al peatón y que transformaría la calle en lo que la entrada "Escaparates" de la Enciclopedia Espasa-Calpe del año 1933 llama, sin asomo de ironía, el museo del pobre (<xref ref-type="bibr" rid="ref-vvaa-1933">VVAA, 1933: 8, 1029</xref>).</p>
      <p>El programa de la propia Exposición de Artes Decorativas anuncia claramente la transformación: Finalmente, convendría destacar el lugar del escaparate como una de las expresiones más modernas y más seductoras del arte publicitario. Un bello escaparate vale tanto como un bello cuadro por el equilibrio de líneas, volúmenes y colores. Es además el llamado más directo del comerciante al consumidor. De algunos años a esta parte, se han hecho grandes progresos, tanto en la distribución de los departamentos interiores como en la disposición de las vitrinas exteriores. Una sabia construcción, un sentido refinado del colorido presiden estas presentaciones, donde también destaca la calidad de los materiales. Aún así, los escaparatistas apenas empiezan a salir del periodo empírico. Un campo amplio y variado se abre a su invención<xref ref-type="fn" rid="fn-8">8</xref>.</p>
      <p>Los responsables de tal revolución —a saber, el paso del escaparate "empírico" al escaparate "espectáculo", el escaparate "onírico"—, los responsables de esa revolución, digo, fueron arquitectos y decoradores como Georges Rigault, Henri Sauvage, Francis Jourdain y René Herbst, quienes sembraron ambos lados del puente Alejandro III de París con sendas hileras de escaparates —la famosa Galerie des Boutiques Françaises (<xref ref-type="fig" rid="fig-10">fig. 10</xref>)—, cada cual más moderno, audaz y cosmopolita que el más fiero de los versos de Rubén de Darío<xref ref-type="fn" rid="fn-9">9</xref>.</p>
      <p>El programa de la Exposición merece citarse íntegramente:</p>
      <disp-quote><p>Muchas de las composiciones delatan una intención publicitaria. Unas veces la atención se centra en el escaparate, que se presenta ora como un lienzo sin marco (<xref ref-type="fig" rid="fig-11">fig. 11</xref>), ora enriquecido mediante un marco de líneas entrantes que dirigen la vista hacia la luna, ora desplegándose en una serie de compartimentos acristalados que forman los paneles de un biombo. Otras veces es la tienda como tal la que salta al primer plano: aquí, el fondo de una boutique mostraba en perspectiva los géneros reunidos en su interior, permitiendo verlos en detalle; allá, toda la tienda estaba puesta en vitrina, por decirlo así, en una caja poligonal flanqueada por dos puertas (<xref ref-type="fig" rid="fig-12">fig. 12</xref>). Todavía otras veces, la fachada estaba concebida para centrar el interés sobre un solo artículo: marco amplio, vitrinas de dimensiones reducidas. Una tienda proyectaba hacia el paseante su vientre de ángulo obtuso detrás del cual se abrigaban géneros selectos; aquella otra, con su gran luna rectangular o inclinada para evitar los reflejos, ofrecía a los ojos piezas excepcionales. A veces, por último, la fachada constituía un letrero (<xref ref-type="fig" rid="fig-13">fig. 13</xref>); o formaba una sala-museo alrededor de un portal muy abierto o que, al retranquearse, provocaba la detención del paseante; o bien se privaba de escaparates para destacar la disposición espiritual de los géneros. En un campo tan vasto, no se sabrían enumerar todos los hallazgos de los arquitectos. Al menos nos han dado una idea más que generosa del ornato que la tienda está llamada a proporcionar a la vía pública del mañana<xref ref-type="fn" rid="fn-10">10</xref>.</p></disp-quote>
      <fig id="fig-10">
        <label>Fig. 10</label>
        <caption><p>Fig. 10. Sauvage, Galerie des Boutiques Françaises. Fuente: Herbst, René (1925): Devantures, vitrines, installations de magasins à l'Exposition Internationale des Arts Décoratifs, Paris 1925, Charles Moreau Editeur, París, fig. 34.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-10.jpg">
          <alt-text>Sauvage, Galerie des Boutiques Françaises. Fuente: Herbst, René (1925): Devantures, vitrines, installations de magasins à l'Exposition Internationale des Arts Décoratifs, Paris 1925, Charles Moreau Editeur, París, fig. 34.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <fig id="fig-11">
        <label>Fig. 11</label>
        <caption><p>Fig. 11. Georges Rigault, Lina Mouton. Fuente: Herbst, René (1925): Devantures, vitrines, installations de magasins à l'Exposition Internationale des Arts Décoratifs, Paris 1925, Editeur Charles Moreau, París.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-11.jpg">
          <alt-text>Georges Rigault, Lina Mouton. Fuente: Herbst, René (1925): Devantures, vitrines, installations de magasins à l'Exposition Internationale des Arts Décoratifs, Paris 1925, Editeur Charles Moreau, París.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <fig id="fig-12">
        <label>Fig. 12</label>
        <caption><p>Fig. 12. Eric Bagge, Guélis-Frères. Fuente: Herbst, René, Devantures, vitrines, installations de magasins à l'Exposition Internationale des Arts Décoratifs.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-12.jpg">
          <alt-text>Eric Bagge, Guélis-Frères. Fuente: Herbst, René, Devantures, vitrines, installations de magasins à l'Exposition Internationale des Arts Décoratifs.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <fig id="fig-13">
        <label>Fig. 13</label>
        <caption><p>Fig. 13. Gaveav. Fuente: Herbst, René, Devantures, vitrines, installations de magasins à l'Exposition Internationale des Arts Décoratifs.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-13.jpg">
          <alt-text>Gaveav. Fuente: Herbst, René, Devantures, vitrines, installations de magasins à l'Exposition Internationale des Arts Décoratifs.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>Sin que nadie se percatara, acaso ni sus mismos autores, acababa de nacer un nuevo concepto de calle —la calle-escaparate de hoy en día— que cambiaría de modo radical la fisionomía de la ciudad y los hábitos de los ciudadanos. Los artistas no saben qué hacer. Si, llevando las cosas al límite —reconoce <xref ref-type="bibr" rid="ref-leger-1923">Léger (1923: 43)</xref>—, la mayoría de los objetos fabricados y las tiendas-espectáculo fueran bellos y plásticos nosotros [los artistas] no tendríamos ya razón de ser. En efecto, si un bello escaparate vale tanto como un bello cuadro, ¿qué vale un cuadro? Recién llegado de París, el crítico de arte más reputado de la España de la época —Manuel Abril <xref ref-type="bibr" rid="ref-abril-1932">(1932: 8)</xref>— comenta: Un cuadro [...] es una obra insondable cuando es bueno; y aunque puede también serlo un buen escaparate, no entra por el momento en nuestra intención de ahora decir ni insinuar nada que equivalga a un 'Esto es mejor que lo otro'. Aunque no entrara en la intención de nadie decirlo, todos lo sospechaban: los escaparates son mejores que los cuadros.</p>
      <p>Los arquitectos españoles que visitaron en manada la Exposición ni se dieron por aludidos. La mayoría no le dedicó al tema ni una línea (me refiero específicamente a la Galería de tiendas francesas en el puente Alejandro III), comprendido García Mercadal, que pocos años después terminaría diseñando tiendas modernas en Madrid. Por ahí hay una mención fugaz de Rafael Bergamín sobre los maniquís de Siégel y los muebles y cerámicas de Francis Jordain<xref ref-type="fn" rid="fn-11">11</xref> (<xref ref-type="fig" rid="fig-14">fig. 14</xref>); y otra de Luis de Salas sobre las inusuales forma y policromía de las tiendas, pero poco más<xref ref-type="fn" rid="fn-12">12</xref>.</p>
      <fig id="fig-14">
        <label>Fig. 14</label>
        <caption><p>Fig. 14. Francis Jourdain. Fuente: SÉZILLE, Louis Pierre (1927): Devantures de boutique, Éditions Albert Lévy, París, fig. 26.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-14.jpg">
          <alt-text>Francis Jourdain. Fuente: SÉZILLE, Louis Pierre (1927): Devantures de boutique, Éditions Albert Lévy, París, fig. 26.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>En términos generales, podemos decir que los arquitectos del país no se enteraron de la revolución que se estaba fraguando bien por creerse demasiado "modernos" como para tomar en serio la fachada de una perfumería (y este sería el caso de <xref ref-type="bibr" rid="ref-garcia-mercadal-1925">García Mercadal (1925: 240-244)</xref> y de <xref ref-type="bibr" rid="ref-bergamin-1925">Bergamín (1925: 236-239)</xref>, bien por ser demasiado antiguos y estar menos interesados en las artes de la calle (arts de la rue), como se conocen a partir de la Exposición de París los escaparates, los carteles y los letreros luminosos, que en las artes del jardín (arts du jardin) y los vitrales (y aquí podríamos mencionar a José <xref ref-type="bibr" rid="ref-yarnoz-larrosa-1925">Yárnoz Larrosa (1925b: 297-303)</xref>, Sebastián Vilata <xref ref-type="bibr" rid="ref-vilata-1925">(1925: 226-228)</xref>, Eduardo Gallego <xref ref-type="bibr" rid="ref-vilata-1925">(1925: 321-324)</xref> y Manuel Gallego <xref ref-type="bibr" rid="ref-vilata-1925">(1925: 234-238)</xref>, todos los cuales escribieron sobre la Exposición sin acordarse de las tiendas). El veredicto de <xref ref-type="bibr" rid="ref-yarnoz-larrosa-1925">Yárnoz Larrosa (1925a: 226)</xref> es válido para toda su generación: ¿Presenta algo nuevo, en definitiva, en arquitectura la Exposición de París? En nuestra opinión, no.</p>
      <p>¿Quiénes sí se acordaron de las tiendas? Dos periodistas desconocidos. El primero se llama Antonio G. de Linares, quien a pesar de ser un escritor reaccionario y remilgado (colaboraba en La Esfera y más tarde dirigió el semanario Crónica), advirtió, creo yo que con razón, que si la Exposición de París había acuñado un "estilo" característico de la época, un estilo moderno, no eran ni el cubismo ni el racionalismo ni el mero art déco, sino el estilo réclame, el estilo crasa y desvergonzadamente publicitario (pero quizá eso es precisamente el art déco: la publicidad hecha estilo): Se hace todo lo posible para que la Exposición sea centro y eje de un formidable negocio, que tal vez se logra, o que tal vez resulte fallido por exceso de ambición. Pero este aspecto 'affaire' de la Exposición sólo interesa a los comerciantes y a los industriales… Para los artistas el problema está en la eficacia orientadora que el gran concurso pueda tener, y la pregunta es ésta: ¿saldrá de tal feria el estilo característico de nuestra época? […] La cuna preparada para ese estilo cuyo nacimiento se espera tiene más de cosa grande que de cosa bella, y mejor parece la ciudad de la 'réclame', el cuartel general de la publicidad, que el armonioso conjunto de armoniosos palacios destinados a serlo del buen gusto (<xref ref-type="bibr" rid="ref-g-de-linares-1925">G. de Linares, 1925: s.p.</xref>). La ciudad como cuartel general de la publicidad. No hay más que darse un paseo por cualquier ciudad de hoy en día para comprobar que Linares tenía razón.</p>
      <p>El segundo es un cronista brillante que pide a gritos la reedición. Me refiero a Francisco de Cossío, que desde las páginas del diario obrero El Liberal escribió seis crónicas memorables sobre la Exposición que nunca he visto citadas. Recojo nada más un pasaje de la titulada Una ciudad de 1925, dedicada íntegramente a las tiendas que adornaban el puente Alejandro III:</p>
      <disp-quote><p>Al cruzar el río de una orilla a otra por el puente de Alejandro III, tenemos que entornar los ojos para suavizar los excesos de color […] Aquí, en este rincón creado por Poiret, se condensa todo el color de la Exposición. Las líneas y los volúmenes desaparecen escamoteados por el color. Paul Poiret no es arquitecto, sino un modisto, y por ello se ha limitado a elegir unas telas y a cortarlas. A hacer un admirable traje de playa a las artes decorativas de 1925. Los arquitectos, sugestionados sin duda por el modisto, se han sometido a las tentaciones del color. Los vemos a todos ellos vacilar con el compás en la mano. Diríase que el impresionismo se refugia ahora en la Arquitectura. Los muros se pierden en los fondos; las grandes masas flotan en el aire; el viento achica y agranda los ventanales a su antojo; todo es ligero, fluido, efímero […] Se advierte inseguridad y vacilación de forma y de volumen, y hay una tendencia pecaminosa a la divagación y a la frivolidad. Los arquitectos parecen preocupados de servir a las sugestiones más superficiales de la sensualidad. Esto quiere decir que las artes aplicadas han invadido las grandes superficies arquitectónicas y que el arquitecto se limita a ser un decorador.</p></disp-quote>
      <p>Y concluye: Pensamos, quizá, que hemos paseoado por una ciudad de cartón que puede viajar por todo el mundo como viajan las ciudades de teatro. Posiblemente las exigencias de la vida moderna, los últimos inventos y las nuevas necesidades de los hombres preparan este porvenir efímero a la Arquitectura. (<xref ref-type="bibr" rid="ref-cossio-1925">Cossío, 1925: 1-2</xref>).</p>
      <p>El escaparate moderno inaugura, entonces, una arquitectura impresionista de masas cristalinas e ingrávidas; la escenografía de una ciudad de cartón que viaje con nosotros, siempre la misma, adonde quiera que vayamos. Esa fantasía, o esa pesadilla —el eterno retorno de lo mismo bajo el perpetuo reclamo de lo nuevo—, es la auténtica aportación de la Exposición de París al urbanismo moderno y lo que los urbanistas de vanguardia y de retaguardia del momento no supieron ver. Nadie negará que es un fenómeno mucho más actual que el pabellón ruso de Konstantin Melnikoff y el pabellón de L'Esprit Nouveau de Le Corbusier sobre los que se ha vertido tanta tinta y que no dejan de ser un gesto vanguardista de escasa trascendencia. La arquitectura que cambió verdaderamente la forma de las ciudades no fue ni mucho menos la arquitectura funcionalista o el constructivismo ruso, sino la arquitectura de los modistos, la arquitectura de moda. El verdadero padre de la arquitectura moderna es Paul Poiret.</p>
    </sec>
    <sec id="sec3">
      <title>3. Las primeras tiendas modernas madrileñas (1927-1931).</title>
      <p>Para cerrar una ciudad no se necesitan ya murallas, basta con cerrar las tiendas (Corpus Barga, Los escaparates).</p>
      <p>Las primeras tiendas modernas de Madrid, en el sentido ya apuntado de la palabra "moderno", es decir, arquitectura onírica con vocación de espectáculo; las tiendas que 'hacen bien' entre las anodinas y rutinarias (<xref ref-type="bibr" rid="ref-anonimo-1925">Anónimo, 1927: 255</xref>), como las llama la revista Arquitectura, datan del año 1927 y son: la camisería de lujo Regent (<xref ref-type="fig" rid="fig-15">fig. 15</xref>), la tienda de automóviles Ballot, de Carlos Arniches y Martín Domínguez, y la tienda de automóviles Euskalduna (<xref ref-type="fig" rid="fig-16">fig. 16</xref>), de Rafael Bergamín, los tres asociados, como sabemos, al incipiente movimiento racionalista madrileño.</p>
      <p>En los cuatro años siguientes, hasta el 1931, les suceden: La Galería de Giménez Caballero, con decoración racionalista de García Mercadal a base de muebles de acero cromado e iluminación indirecta<xref ref-type="fn" rid="fn-13">13</xref>; la droguería y perfumería Retra (<xref ref-type="fig" rid="fig-17">fig. 17</xref>), también de García Mercadal, y ganadora del concurso de escaparates iluminados del año 32 (<xref ref-type="bibr" rid="ref-anonimo-1925">Anónimo, 1931j: 311-312</xref>); la tienda Philips Ibérica, de Carlos López Romero (<xref ref-type="bibr" rid="ref-anonimo-1925">Anónimo, 1931i: 243</xref>); la tienda de automóviles Chrysler Seida y la tienda Disco Rekord, ambas de Luis Martínez Feduchi (<xref ref-type="bibr" rid="ref-anonimo-1925">Anónimo, 1931h: 245, y 1931g: 246</xref>); la tienda Loewe de la antigua Avenida Pi y Margall (no en la Calle del Barquillo, como se lee en la revista Arquitectura) (<xref ref-type="bibr" rid="ref-anonimo-1925">Anónimo, 1931b: 246</xref>); y la Óptica Anju, de Manuel Muñoz Casayús (<xref ref-type="bibr" rid="ref-anonimo-1925">Anónimo, 1931a: 248, y 1931c: 109</xref>).</p>
      <fig id="fig-15">
        <label>Fig. 15</label>
        <caption><p>Fig. 15. Fachada de la camisería Regent de Arniches y Domínguez. Fuente: "Tiendas nuevas en Madrid. La camisería de lujo Regent, la tienda de automóviles Ballot, la tienda de automóviles Euskalduna", Arquitectura, nº 99, julio de 1927, pág. 255.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-15.jpg">
          <alt-text>Fachada de la camisería Regent de Arniches y Domínguez. Fuente: &amp;quot;Tiendas nuevas en Madrid. La camisería de lujo Regent, la tienda de automóviles Ballot, la tienda de automóviles Euskalduna&amp;quot;, Arquitectura, nº 99, julio de 1927, pág. 255.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <fig id="fig-16">
        <label>Fig. 16</label>
        <caption><p>Fig. 16. Fachada de la tienda de automóviles Euskalduna de Rafael Bergamín. Fuente: "Tiendas nuevas en Madrid. La camisería de lujo Regent, la tienda de automóviles Ballot, la tienda de automóviles Euskalduna", Arquitectura, nº 99, julio de 1927, pág. 260.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-16.jpg">
          <alt-text>Fachada de la tienda de automóviles Euskalduna de Rafael Bergamín. Fuente: &amp;quot;Tiendas nuevas en Madrid. La camisería de lujo Regent, la tienda de automóviles Ballot, la tienda de automóviles Euskalduna&amp;quot;, Arquitectura, nº 99, julio de 1927, pág. 260.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>También están: el Bar Chicote, de Gutiérrez Soto (<xref ref-type="bibr" rid="ref-anonimo-1925">Anónimo, 1931e: 351-355</xref>); el pasaje comercial del arquitecto Eduardo Figueroa, que enlazaba la Avenida de Eduardo Dato con la Calle de Silva<xref ref-type="fn" rid="fn-14">14</xref>; la panadería Viena, del dibujante art déco José Loygorri (<xref ref-type="bibr" rid="ref-anonimo-1925">Anónimo, 1931f: 249</xref>); y la soberbia fachada de la Farmacia Palacios (<xref ref-type="fig" rid="fig-18">fig. 18</xref>), de autor desconocido (¿Arniches y Domínguez?) (<xref ref-type="bibr" rid="ref-anonimo-1925">Anónimo, 1931d: 218</xref>), y a la que Gómez de la <xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Serna (1932: 3)</xref> le dedicó un artículo que no tiene pérdida, y que empieza así: Se va andando por las calles y nos sorprende a lo mejor un escaparate de película, un rincón de arquitectura que no tiene que ver nada con la fachada. Parece una joyería de pocas joyas, una corbatería de una sola corbata, quizás el escaparate de un libro único. Es solo un momento de duda, pues en seguida vemos de lo que se trata: de la entronización de los específicos de moda y de las jeringas de inyección, colocados en forma de verdaderas joyas. Y añade con ironía: Es curioso que el cubismo arquitectónico se haya dedicado a decorar farmacias, como para dar nuevo prestigio religioso a aquellas boticas de cuyos beleños se llegó a desconfiar. No se puede decir mejor: cubismo decorativo con vocación religiosa. Al tiempo que los Cristos de celuloide se desconceptuan, las jeringas de inyección cobran una trascendencia cuasi-divina.</p>
      <fig id="fig-17">
        <label>Fig. 17</label>
        <caption><p>Fig. 17. Droguería y perfumería Retra de García Mercadal. Fuente: Arquitectura, nº 149 (septiembre de 1931), pág. 311.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-17.jpg">
          <alt-text>Droguería y perfumería Retra de García Mercadal. Fuente: Arquitectura, nº 149 (septiembre de 1931), pág. 311.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <fig id="fig-18">
        <label>Fig. 18</label>
        <caption><p>Fig. 18. "Nueva farmacia en la calle de Martínez Campos (Madrid)". Fuente: Fotografía de Férriz, Arquitectura, nº 147 (julio de 1931), pág. 218.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-18.jpg">
          <alt-text>&amp;quot;Nueva farmacia en la calle de Martínez Campos (Madrid)&amp;quot;. Fuente: Fotografía de Férriz, Arquitectura, nº 147 (julio de 1931), pág. 218.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>Después del concurso de escaparates de la República en abril del 32 el número de tiendas modernas se multiplicó (bombonería La Violeta, camisería Ben-Hur, zapatería Oxford, lechería La Granja Poch, etc.). Por ahora y como digo, me limito a las tiendas y cafés "oníricos" construidos entre los años 27 y 31, que fueron los primeros en asimilar las lecciones de la Exposición de Artes Decorativas de París.</p>
      <p>Sus características arquitectónicas son, y aquí me gustaría moverme entre la descripción formal y el apunte filosófico, las siguientes:</p>
      <p>1. La fragmentación de la vía pública —la transformación de la calle— gracias a la competencia entre establecimientos parecido que no obstante exigen una atención diferenciada. Una sola frase del arquitecto <xref ref-type="bibr" rid="ref-gutierrez-manchon-1934">Gutiérrez Manchón (1934: 480)</xref> basta para explicar lo que quiero decir: La finalidad de la portada de una tienda […] debe ser el cortar lo más posible con las tiendas colindantes, dando a ésta el mayor relieve posible, obteniendo al mismo tiempo una gran faja de escaparates que permita la más adecuada exposición de los productos. O esta otra frase, de <xref ref-type="bibr" rid="ref-arniches-y-dominguez-1926">Arniches y Domínguez (1927: 4)</xref>: Hay que tener en cuenta que el escaparate es un lugar de exposición de mercancías u objetos y que, por tanto, no debe haber, ni en él ni en la parte de fachada que le rodea, ningún elemento arquitectónico que, distrayendo la vista, haga la competencia a lo que en el escaparate se quiere exponer. Un fuerte arquitrabe o marco que rodee el escaparate exteriormente podrá muy bien servir este objeto de separar y tranquilizar la fachada alrededor del escaparate. Mientras Secundino Zuazo dirigía las labores del ensanche del nuevo Madrid a lo largo del Paseo de la Castellana y el G.A.T.E.P.A.C. trazaba con un cartabón la utopía de una Barcelona racionalista, la ciudad real se desarrollaba por su propia cuenta sujeta a la ley de la competencia: cortar y separar con el fin de exponer y resaltar. El orden lógico (el número) se subordina al desorden teratológico (la rareza y la diversidad formal). La tendencia actual —dice Rafael Bori <xref ref-type="bibr" rid="ref-bori-1936">(1936: 561)</xref>, el padre de la moderna publicidad española— es la de hacer destacar en una manzana los edificios, dando a cada uno una característica especial que permita identificarlos, no por el número que en la calle ocupan, sino por sus líneas o por formas diversas y aun raras, que son las que más gustan, más chocan o más sorprenden al público en general. Racionalismo, sí, pero racionalismo de lo raro e irracional sin otro fin que los caprichos del gusto y la sorpresa chocante.</p>
      <p>2. El carácter abiertamente publicitario, con llamadas explícitas al cartelismo de los tiempos, como ésta de <xref ref-type="bibr" rid="ref-arniches-y-dominguez-1926">Arniches y Domínguez (1927b: 4)</xref>: Toda tienda ha de ser un cartel de la mercancía que expende; o esta otra de <xref ref-type="bibr" rid="ref-bergamin-1925">Bergamín (1927: 261)</xref>: La portada es el cartel que grita al público de la calle la marca del auto que se vende. En lugar de "arquitectura comercial" (el comercio subordinado a la arquitectura) se empieza a hablar de "publicidad arquitectónica" (la arquitectura subordinada a la publicidad) (<xref ref-type="bibr" rid="ref-bori-1936">Bori, 1936</xref>). Contra las buenas intenciones de Ortega y de Benjamin, el fin del interior burgués no se traduce en la liberación del espíritu, sino en la servidumbre publicitaria. Es verdad que la arquitectura se evade hacia la exterioridad, pero no una exterioridad real o siquiera desinhibida, una verdadera libertad, sino al mismo tiempo pacata y exhibicionista, una especie de nuevo oscurantismo a plena luz del día. El fin del interior burgués es simplemente el principio del exterior publicitario; se pierde la interioridad pero no se gana de ninguna manera la "sinceridad" que prometía Gómez de la Serna.</p>
      <p>3. Lo contrario de la evasión publicitaria hacia la exterioridad: el repliegue igualmente publicitario hacia la interioridad, entendida, no como intimidad, como espacio afectivo o como hábito, que es la definición de la palabra habitación, el espacio donde se despliegan mis hábitos, no esa interioridad de sentido, digo, sino la mera privacidad. Las tiendas que no se evaden hacia la exterioridad se refugian en la privacidad deshabitada, sin sentido de la intimidad. El mejor ejemplo lo ofrecen las tiendas de lujo, que en lugar de ampliar el tamaño de sus escaparates, los reducen para protegerse de la curiosidad de los mirones y fomentar el sentido de la distinción y del misterio. Explican <xref ref-type="bibr" rid="ref-arniches-y-dominguez-1926">Arniches y Domínguez (1927a: 4)</xref>: El tamaño de los escaparates es una de las cuestiones más difíciles de resolver. Hay comercios en que los escaparates grandes son una necesidad; en otros no solamente no son necesarios, sino que serían perjudiciales. El escaparate grande da la impresión de vulgaridad, de cosa barata y para todo el mundo, y ste no es siempre el efecto que se desea producir […] Es mucho mejor en ciertos casos no tratar de colocar en los escaparates todo lo que se vende en la tienda, sino sugerirlo, exhibiendo unos cuantos objetos, debidamente colocados, sin que por el afán de enseñarlo todo resulten los escaparates abarrotados y en ellos se pierda la vista del que mira desde la calle. En cambio, en el caso de comercios de artículos baratos y de distinta naturaleza, el problema es distinto. Aquí convienen los escaparates grandes y los más posibles. Arquitectura o bien para todos o bien para unos pocos, pero nunca para lo mejor de cada uno. En términos generales, la modernidad no supo articular un concepto de intimidad que sin caer en el secreteo de lo privado, tampoco se agotara en el exhibicionismo de lo público.</p>
      <p>4. El colorido de las tiendas obedece a la misma disyuntiva: o bien los colores chillones (fuga hacia la exterioridad) o bien los neutros (fuga hacia la privacidad). Como ejemplo del reclamo chillón podría citar los rojos de la fachada de la tienda de automóviles Eskalduna, de <xref ref-type="bibr" rid="ref-bergamin-1925">Bergamín (1927: 261)</xref>: Esta portada había que resolverla, como todo cartel, en línea y color. Una vez dibujada se pensó en pintarla de rojo vivo con las grandes letras blancas; pero la pintura no podría resistir el salpiqueo continuo del barro de la calzada y quizá tampoco el sol madrileño de poniente. Se hizo de cerámica roja; pero de un rojo color de 'puchero', porque en España no hay azulejo rojo. A la inversa, Arniches y Domínguez se decantan por los tonos blancos y grises que connotan el lujo: La parte destinada a exposición [de la tienda de automóviles Ballot] va pintada en dos tonos de gris y un blanco, así como el suelo, que está formado por grandes triángulos grises de linoleum (<xref ref-type="bibr" rid="ref-arniches-y-dominguez-1926">Arniches, 1927c: 259</xref>). ¿Tiene la intimidad un color (en la arquitectura vernacular japonesa es el jade)? Si es así, la modernidad lo desconoce.</p>
      <p>5. El empleo de la iluminación "racional", como se decía en la época –reflectores de variada intensidad, vidrios difusores, refractores, proyectores de mediana o gran concentración, etc.–, al servicio de fines mágicos, como son la divinización de las mercancías y la creación de interiores con ambiente, otra de las palabras de moda de la época. El manual de Iluminación de escaparates (<xref ref-type="fig" rid="fig-19">fig. 19</xref>) de la Asociación de Luminotecnia de Madrid <xref ref-type="bibr" rid="ref-asociacion-espanola-de-luminotecnia-1932">(1932: 19)</xref>, con oficinas en Pi y Margall y en Mesonero Romanos, explica: El efecto de conjunto que se obtiene al presentar iluminado un escaparate es mucho más atractivo cuando brillan los objetos expuestos como con luz propia, agradable y difusa.</p>
      <fig id="fig-19">
        <label>Fig. 19</label>
        <caption><p>Fig. 19. Portada de Iluminación de escaparates. (¿1932?) Gráficas Reunidas, Madrid.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-19.jpg">
          <alt-text>Portada de Iluminación de escaparates. (¿1932?) Gráficas Reunidas, Madrid.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>La desconceptualización del objeto que diría Gómez de la Serna se enmascara con el brillo de los reflectores. Desde sus comienzos en 1924 y 1925, el campo de la luminotecnia decorativa se divide en dos bandos: el de los racionalistas puros o racionalistas brechtianos, podríamos también llamarlos, que cuestionan la legitimidad de un efecto que esconde sus medios, y el de los decoradores, que se entregan al encanto de la magia científica. Me remito al importante libro de Guillaume Janneau El alumbrado y los nuevos medios de iluminación, del año 1926, que toma partido abierto por los decoradores: Ciertos racionalistas rigurosos cuestionarán la legitimidad de un efecto que esconde sus medios. No hay que ser tan escrupulosos: el espíritu moderno es más sutil, y aprecia además el nuevo encanto de la magia científica [féerie scientifique]. De la misma manera que es sensible a la belleza abstracta de la radiofonía sin hilos y los fenómenos eléctricos, gusta también de lo maravilloso de una iluminación creada sin materialidad (<xref ref-type="bibr" rid="ref-janneau-1926">Janneau, 1926: s. p., traducción del autor</xref>). La falta de aliento espiritual de la época que denunciaba Gómez de la Serna se refugia en la magia disfrazada de ciencia. Conviene ser "modernos" y "racionalistas", pero sin renunciar a los encantos de la iluminación indirecta. Parece un problema banal, pero no lo es, porque, en efecto, ¿qué lugar debe ocupar la fantasía en la vida diaria? ¿Hay siempre que mostrar los medios y destruir la ilusión como exigían Brecht y los construccionistas "rigurosos"? Pero al mismo tiempo, ¿quién quiere vivir de fantasías? Quizá el problema no sea tanto la fantasía como tal, cuanto la naturaleza y el fin de sta. En cualquier caso, será uno de los dilemas de la obra de arte en la Era del Escaparate: si lo que queremos no es la "magia científica" de los escaparates iluminados, ¿qué magia queremos? ¿La magia del desencanto de la magia? ¿El aura de la pérdida del aura? (Adorno). Quizá la mejor respuesta sea la de Gómez de la Serna: "Sobreponerse al mundo en el mundo"<xref ref-type="fn" rid="fn-15">15</xref>. Una fantasía que, proyectándose más allá del mundo, me devuelva al mundo; fantasías reales, fantasías mundanas. Ni valor de uso, entonces, ni valor de cambio, sino el valor de lo inútil, una inutilidad con sabor de mundo. Pues del racionalismo "riguroso" tampoco se puede vivir.</p>
      <p>6. Otra variación del trastorno esquizofrénico entre racionalismo y magia: la mezcla de materiales industriales (linoleum, fibrocemento, Vitrolit, carpintería metálica, gas neón de diversos colores, "tubos de duraluminio y letras de cobre", "reflectores como faros de automóvil", "tableros contrachapados, como la carrocería de un coche", etc.) y materiales de lujo (sicomoro, madera de sapeli, opasita negra, mármol de Bélgica, lunas de Checoslovaquia, "muebles de roble tapizados en cuero", etc). En suma, "tornillos visibles" (<xref ref-type="bibr" rid="ref-bergamin-1925">Bergamín</xref>), pero "iluminación oculta" (<xref ref-type="bibr" rid="ref-arniches-y-dominguez-1926">Arniches y Domínguez</xref>). Ahora se ve, ahora no se ve; ahora es racional, ahora ensueño.</p>
      <p>7. La decoración a base de óleos y murales vanguardistas como el que se ve en el fondo de la sala de exposición de la tienda Ballot, de influencia orfista; o los dos trampontojos de Hipólito de Caviedes para el Bar Chicote: el Bodegón con cacto (<xref ref-type="fig" rid="fig-20">fig. 20</xref>) y el Bodegón con guitarra, ambos de estilo mágico-realista, a lo Miró o a lo Dalí, pero herederos de los bodegones barrocos de Sánchez Cotán (<xref ref-type="bibr" rid="ref-anonimo-1925">Anónimo, 1931e: 351-355 y Gutiérrez Soto, 1933: 60-68</xref>). De Caviedes son también el mural del Alquimista para la Farmacia Sevilla, del arquitecto Javier Barroso, de idénticas características a los anteriores (estilo naif o mágico-realista, pasado por el Barroco) (<xref ref-type="bibr" rid="ref-anonimo-1925">Anónimo, 1934: 44-48</xref>) y la Alegoría de los Cuatro Elementos —título barroco— para el ingreso del Centro de Exposición y Formación Permanente a la Construcción. La decoración de la Óptica Anju estaba formada por un mural abstracto entonado en gris y detalles en amarillo cromo (<xref ref-type="bibr" rid="ref-anonimo-1925">Anónimo, 1931c: 109</xref>). Mayor interés presenta el óleo (no mural) neo-objetivista de Alfonso Ponce de León para la tienda Pizarrita, del arquitecto <xref ref-type="bibr" rid="ref-lopez-delgado-y-esteve-1933">López Delgado (1933: 306-309)</xref>, alusivo a la fabricación del cemento y ladrillos. Es del año 1933, ligeramente posterior a las tiendas que comento aquí.</p>
      <fig id="fig-20">
        <label>Fig. 20</label>
        <caption><p>Fig. 20. Nuevo bar en la Gran Vía (Madrid). Arquitectura, 150, octubre 1931, p. 352.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-20.jpg">
          <alt-text>Nuevo bar en la Gran Vía (Madrid). Arquitectura, 150, octubre 1931, p. 352.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>8. El ahuecamiento de los basamentos mediante el uso del cristal y de la luz artificial y que, sobre todo en la noche, cuando las luces artificiales de los escaparates se entrecruzan con las de la calle, le presta a la ciudad un aire encantado. Los primeros en advertir el fenómeno son <xref ref-type="bibr" rid="ref-arniches-y-dominguez-1926">Arniches y Domínguez (1927a: 4)</xref> al comentar que se tiene la impresión de que toda la fachada de la casa se apoya sobre el cristal de los escaparates; pero quien profundiza verdaderamente en el tema es el arquitecto Fernández Balbuena, en el artículo que le dedicara a los escaparates de la Casa del Libro de Gran Vía, de su amigo José Yárnoz Larrosa. Subraya allí Fernández Balbuena cómo la arquitectura moderna es la primera en la historia en presentar dos aspectos contradictorios, uno de día y otro de noche, y cómo ste ltimo pulveriza la determinación de las masas y la objetividad de las formas a la manera del claroscuro caravaggesco. Dice <xref ref-type="bibr" rid="ref-fernandez-balbuena-1925">Fernández Balbuena (1925: 34)</xref>: El edificio ha de ser contemplado durante el día, y, como consecuencia, va a ofrecer dos aspectos contradictorios, porque cuando la luz natural, más fuerte e intensa que la interior de los locales públicos, domine, el plano límite del edificio con la calle será el de los escaparates, que es el de la fachada, a plomo con el resto de la masa edificada; pero al llegar la noche, y con ella la potencia luminosa del interior —tienda, café, bar, casino—, se ocasionará un como vaciamiento de los basamentos, una fusión entre las calidades similares de las luces provenientes de la calle y de las irradiadas de las tiendas, dando lugar a una verdadera extensión del ambiente de aquélla que penetra las zonas bajas de los edificios circundantes. Y puntualiza todavía: Problema absolutamente nuevo, no sospechado siquiera por los hombres que nos antecedieron […] al hacer arquitectura. Entiéndase bien que la novedad estriba en la participación activa de la luz con calidades lumínicas, vibrantes y violentas, no conocidas en otras edades, y, sobre todo, con una intervención decisiva en la determinación de las masas, cuya 'objetividad escueta' desaparece. Las revistas de arquitectura de la época explotan el fenómeno, reproduciendo frecuentemente ambas caras del establecimiento, la diurna, grávida, pesante y arquitectónica, como dice Fernández Balbuena, y la nocturnal, ingrávida y espectral. Así las fotos de la lechería La Granja Poch, de José Loygorri <xref ref-type="bibr" rid="ref-loygorri-1934">(1934: 456-459)</xref>, y del reformado café Negresco (<xref ref-type="fig" rid="fig-21">figs. 21</xref>-<xref ref-type="fig" rid="fig-22">22</xref>), de Jacinto <xref ref-type="bibr" rid="ref-jimenez-ortiz-1934">Jiménez Ortiz (1934: 393-420)</xref>.</p>
      <fig id="fig-21">
        <label>Fig. 21</label>
        <caption><p>Fig. 21. Portada del café Negresco de día (izq). Fuente: Jiménez Ortiz, Jacinto <xref ref-type="bibr" rid="ref-jimenez-ortiz-1934">(1934)</xref>: "Reforma y decoración de Negresco, Madrid", Nuevas Formas, nº 8, págs. 397 y 396.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-21.jpg">
          <alt-text>Portada del café Negresco de día (izq). Fuente: Jiménez Ortiz, Jacinto</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <fig id="fig-22">
        <label>Fig. 22</label>
        <caption><p>Fig. 22. Portada del café Negresco de noche (drch). Fuente: Jiménez Ortiz, Jacinto <xref ref-type="bibr" rid="ref-jimenez-ortiz-1934">(1934)</xref>: "Reforma y decoración de Negresco, Madrid", Nuevas Formas, nº 8, págs. 397 y 396.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-22.jpg">
          <alt-text>Portada del café Negresco de noche (drch). Fuente: Jiménez Ortiz, Jacinto</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>Arquitectura, luego, en los límites de lo arquitectónico y de voluntad impresionista, como ya había advertido Francisco Cossío en la crónica sobre la Exposición de París, y como repite sin saberlo <xref ref-type="bibr" rid="ref-fernandez-balbuena-1925">Fernández Balbuena (1925: 36)</xref>: Se ha dicho que en todas las artes plásticas es lícito hablar de impresionismo menos en arquitectura, y, pese a la autoridad indiscutible del que tal dijo, la realidad es que determinados problemas arquitectónicos son hoy más que nunca problema de luz, de color, 'impresionistas', aun cuando la técnica, el oficio sea matemático. Porque llega a adquirir tal importancia este valor en la tienda como foco de luz, que sus irradiaciones destruyen ópticamente el estatismo propio de una obra pesada, anulan todo el efecto orgánico de su estructura basamental, hoy reducida, de ordinario, al límite físico. El resultado de esta matemática impresionista, mitad sueño y mitad realidad, concluye Fernández Balbuena, es cierto "espejismo" como el que asalta al viajero al atravesar los páramos castellanos, y no dudo que esté pensando en las alucinaciones de Don Quijote: El fenómeno de espejismo, tan frecuentemente gozado en los páramos castellanos: pueblos, caminos, carreteras, sobre una atmósfera diáfana y vibrátil, es un anticipo de la sensación causada por la calle moderna: luz, aire, abajo; material, pesantez, encima. Es una bella definición de la ciudad moderna: la ciudad de los espejismos. Si entender la mercancía como imagen dialéctica significa entenderla también justamente como causa de su hundimiento y de su 'superación' (cito la definición de Adorno)<xref ref-type="fn" rid="fn-16">16</xref>, entonces el espejismo de los escaparates nocturnos representa el hundimiento de la tienda moderna en el sentido en que su poder de encantamiento desborda la utilidad del comercio y se convierte en un fin en sí mismo. Es decir, estamos ante uno de esos raros momentos donde el escaparate se traiciona a sí mismo y queriendo vender mercancías, despierta, como las cajas de Joseph Cornell, auténticas visiones. Si la obra de arte tiene algo que reprocharle a la obra de arte no es que mienta, sino, por el contrario, que no mienta lo suficiente. En este sentido, la obra de arte no es más que el espejismo de la mercancía llevado al extremo; la apoteosis de lo inútil, más allá del uso y del cambio.</p>
      <p>9. La disolución de los límites entre el interior y el exterior y entre lo público y lo privado. La tienda invade la calle al tiempo que sta se privatiza y se introduce en la tienda. De este modo, la tienda de automóviles Euskalduna de Bergamín reproduce en su interior una calle ficticia (<xref ref-type="fig" rid="fig-23">fig. 23</xref>), y encima "española", sin olvidar la maceta de claveles, el nicho de la Virgen y el cartel publicitario que prohíbe fijar carteles publicitarios. La tienda figura una calle —explica el arquitecto—, y el techo es el cielo (<xref ref-type="bibr" rid="ref-bergamin-1925">Bergamín, 1927: 263</xref>). Queda abierta la puerta hacia lo que es hoy en día cualquier centro comercial: una ciudad de juguete —la ciudad sin sentido de la ciudadanía— contenida dentro del espacio semiprivado del comercio. La solución de Arniches y Domínguez es la opuesta: figurar que la tienda es una casa (<xref ref-type="fig" rid="fig-24">fig. 24</xref>), un rincón para las visitas de los clientes, donde van muebles hechos también por nosotros. Y añaden: Este pequeño 'interior' va pintado de un rojo puro (<xref ref-type="bibr" rid="ref-arniches-y-dominguez-1926">Arniches, 1927b: 4</xref>). La exterioridad por excelencia —una tienda de automóviles— se refugia en el pequeño interior burgués. Si antes la magia se disfrazaba de ciencia, ahora la industria automovilística se disfraza de casa de muñecas, explotando la misma intimidad de la que reniega. Se mofa <xref ref-type="bibr" rid="ref-bergamin-1925">Bergamín (1927: 263)</xref> de sus colegas: No sé por qué se va a exponer un automóvil en medio de un salón, al lado de una mesa de té y de una butaca, en lugar de colocarle junto a un guardia o un farol.</p>
      <fig id="fig-23">
        <label>Fig. 23</label>
        <caption><p>Fig. 23. Interior de la tienda de automóviles Euskalduna. Fuente: "Tiendas nuevas en Madrid", Arquitectura, 99, julio 1927, p. 263.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-23.jpg">
          <alt-text>Interior de la tienda de automóviles Euskalduna. Fuente: &amp;quot;Tiendas nuevas en Madrid&amp;quot;, Arquitectura, 99, julio 1927, p. 263.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <fig id="fig-24">
        <label>Fig. 24</label>
        <caption><p>Fig. 24. Interior de la tienda de automóviles Ballot. Fuente: "Tiendas nuevas en Madrid", Arquitectura, nº 99, julio de 1927, pág. 259.</p></caption>
        <graphic xlink:href="https://www.arteyciudad.com/revista/public/journals/1/figures/281/fig-24.jpg">
          <alt-text>Interior de la tienda de automóviles Ballot. Fuente: &amp;quot;Tiendas nuevas en Madrid&amp;quot;, Arquitectura, nº 99, julio de 1927, pág. 259.</alt-text>
        </graphic>
      </fig>
      <p>10. Por último, el pintoresquismo de diversos grados, desde la teatralización amable de la tradición de Arniches y Domínguez en el café Granja "El Henar" hasta la parodia salvaje de Bergamín en la tienda de automóviles Euskalduna. Por lo que respecta a los primeros —la teatralización amable de la tradición—, me remito a una nota inéditas de año 25 a propósito, una vez más, de la Exposición de Artes Decorativas de París. El autor podría ser Fernando Vela, aunque no me atrevo a asegurarlo. Dice así (<xref ref-type="bibr" rid="ref-anonimo-1925">Anónimo, 1925: 5</xref>): Cada día se inaugura en Madrid alguna sala pública —café, hotel, casino, teatro, 'cine'—, de vieja fisonomía o de rostro extranjero: alemán, inglés. Por esta razón hemos de mencionar como excepción de esta costumbre el estilo decorativo de una sala recién inaugurada, en donde se une el sabor jugoso de la tradición madrileña y la ironía moderna, en una fusión tan perfecta que sus elementos parecen inseparables. Allí se nos muestra cómo el arte decorativo puede ser una invención sin serlo, y de qué manera y hasta dónde el artista puede usar de las creaciones populares. Es preciso citar el nombre de los arquitectos que han salido del rumbo vulgar y realizado esta primera tentativa. Son D. Martín Domínguez y D. Carlos Arniches. Por la fecha del artículo —junio de 1925—, debe de aludir, repito, a la reforma del antiguo café Granja "El Henar", aunque a partir de las pocas fotos que existen del establecimiento es difícil juzgar el grado de ironía de la decoración. Los propios Arniches y Domínguez dicen que dado el carácter especial que la Granja tenía, siendo, como era, un café muy de Madrid, pensamos que era perfectamente lógico el hacer de la nueva Granja un local de ambiente marcadamente madrileo, simplificando y estilizando en un sentido moderno el ambiente de los viejos salones, iglesias, paradores y calles de Madrid, que tanto se diferencian de sus contemporáneas [sic] españoles<xref ref-type="fn" rid="fn-17">17</xref>. Quien sí se burla despiadadamente de tales "ambientes" y, de paso, de los propios Arniches y Domínguez, es Bergamín, que ya no intenta rendirle homenaje alguno a la tradición popular, sino, como confiesa él mismo, sacarle una buena tajada. El público español —escribe— se emociona ante la página en color del "Blanco y Negro". El que va a vender algo tiene, ante todo, que habérselas con el público. Si no conquista al público, ¿para qué quiere la tienda? Y concluye con la siguiente frase: Esta tienda [o sea, la tienda pseudoandaluza diseñada por el propio Bergamín], por dentro, es la exaltación del 'lugar común' (<xref ref-type="bibr" rid="ref-bergamin-1925">Bergamín, 1927: 263</xref>). La falta de ideales es desconcertante. Puesto que el público tiene sed de ambientes autochtones, reconstruyamos en el interior de una tienda de automóviles un callejón "andaluz" a tono con el gusto de la revista Blanco y Negro. Rara vez un arquitecto se ha expresado en público con tanto cinismo.</p>
      <p>Repasando estos apuntes, advierto dos tendencias, propias de la modernidad en general y no slo del escaparatismo moderno: la tensión entre magia y racionalismo y la negación de la intimidad en nombre de un espacio bien puramente exterior (la arquitectura de cristal, la vida al aire libre, la arquitectura-cartel, los colores chillones, los materiales industriales, etc.) bien puramente privado (la casa como coto vedado, el lujo, el confidencialismo, el aislamiento, etc.). Las dos tendencias me parecen falsas. La verdadera magia, en el sentido amplio de la palabra, la fantasía, la imaginación no huye de la realidad sino que se hunde en ella y nos ayuda a comprenderla. Respecto al espacio, no creo que deba ser ni exterior ni interior, ni público ni privado, ni vulgar ni exclusivo, ni chillón ni sedante, sino ntimo y cálido: el espacio de mis hábitos y no slo de mis antojos; el espacio donde transcurre mi vida, solo o acompañado, pero siempre abierto al mundo. Desde luego, no creo que vivir en una vitrina nos haga más sinceros ni que, por rehuir de la magia, el teatro con las luces encendidas de Brecht esté más cerca de la verdad que cualquier otra obra de arte "burguesa". Sean cuales sean las trampas del "interior burgués", la solución no puede ser la fuga hacia la exterioridad y la estética del desencanto.</p>
    </sec>
  </body>
  <back>
    <fn-group>
      <fn id="fn-1">
        <label>1</label>
        <p>Véanse, entre otros, (<xref ref-type="bibr" rid="ref-nielfa-cristobal-1984">Nielfa – Urrutia, 1984</xref>) y (<xref ref-type="bibr" rid="ref-baker-2009">Baker, 2009</xref>).</p>
      </fn>
      <fn id="fn-2">
        <label>2</label>
        <p>El cuento de Eduardo Zamacois que acompaña el dibujo despeja la incógnita: Se detiene [la señora] ante el escaparate de un comercio próximo. Algo parece interesarla [sic]. Pero no; aquello es un pretexto. Inmediatamente gira la cabeza hacia donde yo estoy: tercera sonrisa. <xref ref-type="bibr" rid="ref-zamacois-1915">Zamacois (1915: s.p.)</xref>.</p>
      </fn>
      <fn id="fn-3">
        <label>3</label>
        <p>Flores, Antonio (1893: 322): A los atractivos naturales de esos objetos fascinadores, ¡no añaden todos ellos [los escaparates] la deslumbradora luz del gas con que aparecen irresistibles de noche!.</p>
      </fn>
      <fn id="fn-4">
        <label>4</label>
        <p>Gómez de la Serna, Obras completas, vol. 7, pág. 489.</p>
      </fn>
      <fn id="fn-5">
        <label>5</label>
        <p>Unamuno, Miguel de <xref ref-type="bibr" rid="ref-unamuno-1908">(1908)</xref>: "Grandes y pequeñas ciudades", Obras completas, Fundación José Antonio de Castro <xref ref-type="bibr" rid="ref-unamuno-1908">(2004)</xref>, Madrid, vol. 6, págs. 325-26.</p>
      </fn>
      <fn id="fn-6">
        <label>6</label>
        <p>Trato el asunto en la última sección del trabajo: "La obra de arte ante el escaparate moderno".</p>
      </fn>
      <fn id="fn-7">
        <label>7</label>
        <p>Gómez de la Serna, Obras completas, vol. 4, pág. 573.</p>
      </fn>
      <fn id="fn-8">
        <label>8</label>
        <p>VV.AA. (1977): Encyclopédie des Arts Décoratifs et Industriels Modernes. The Environment. Street and Garden, Garland Publishing, Nueva York, vol. 11, pág. 52. Traducción del autor.</p>
      </fn>
      <fn id="fn-9">
        <label>9</label>
        <p>Martínez de la Riva, Ramón <xref ref-type="bibr" rid="ref-martinez-de-la-riva-1925">(1925: 43)</xref>: Este puente decorado [el puente Alejandro III] con todas las audacias y las nuevas tendencias de una modernidad tan acentuada que hasta en su espíritu se ha querido marcar una transición denominada de la postguerra.</p>
      </fn>
      <fn id="fn-10">
        <label>10</label>
        <p>VV.AA. (1977): Encyclopédie des Arts Décoratifs et Industriels Modernes, Garland Publishing, Nueva York, vol. 11, págs. 41-42. Traducción del autor.</p>
      </fn>
      <fn id="fn-11">
        <label>11</label>
        <p>Bergamín, Rafael <xref ref-type="bibr" rid="ref-bergamin-1925">(1925: 239)</xref>: Interiores, muebles de Chareau, Ruhlmann, Jourdain… cristales, porcelanas, ¡ah!, y los maniquíes de Siégel.</p>
      </fn>
      <fn id="fn-12">
        <label>12</label>
        <p>Salas, Luis de <xref ref-type="bibr" rid="ref-salas-1925">(1925: 229)</xref>: Las galerías sobre el Puente de Alejandro III, por su policromía y forma, son también muy apreciables, así como los pabellones de los Almacenes de la Villa de París, Galerías Lafayette, Printemps, Louvre, Nancy, Sèvres y Collectionneur.</p>
      </fn>
      <fn id="fn-13">
        <label>13</label>
        <p><xref ref-type="bibr" rid="ref-anonimo-1925">Anónimo (1930: 84-89)</xref> y José Moreno Villa, en H. Huergo Cardoso (2010: 155-160).</p>
      </fn>
      <fn id="fn-14">
        <label>14</label>
        <p><xref ref-type="bibr" rid="ref-figueroa-1931">Figueroa (1931: 236-237)</xref>. Existe descripción de Gómez de la <xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Serna (1930b: 1)</xref>: En el reciente trecho de la Gran Vía y en casa de moderno estilo, que ha construido con rectas de luz el gran arquitecto Eduardo Figueroa, ha appearedo un largo portal galería, pasadizo del nuevo Madrid, pequeño estuario del comercio, en que podremos remeternos cuando las resacas de la calle aprietan demasiado. Francia e Italia están llenas de pasadizos y galerías en que reposo del tiracorriente de la calle, y bueno es que aparezca en la Gran Vía un burladero de los empujones y las marcheas forzadas. En estos portalones comerciales de entrada libre no es que haya que comprar muchas cosas y arruinarse, como en una casa de juego, sino que se da el encuentro fortuito con las ideas, se las caza rezagadas y aturdidas, y allí se cita uno con las mujeres que no se dejarán dar una cita nunca. El aprontador de temas encuentra en esos compartimientos estancos de las avenidas un sedimento confidencial, un escorzo especial de discos y objetos, una contemplación más pura y aislada del tono de la calle. El novelista es donde encontrará a su protagonista en estado de merecer.</p>
      </fn>
      <fn id="fn-15">
        <label>15</label>
        <p>Más que las propagandas morales, han influido en la vida y sus costumbres la novedad en las telas, en las luces, en los muebles, en los cuadros, en los géneros literarios. A veces la estilización [del arte] parece vencida, pero no lo está. Es lo único que se sobrepone al mundo en el mundo (<xref ref-type="bibr" rid="ref-gomez-de-la-serna-1923">Gómez de la Serna, Ismos, p. 13</xref>).</p>
      </fn>
      <fn id="fn-16">
        <label>16</label>
        <p>Carta de Adorno a Benjamin, citada en El libro de los Pasajes, pág. 927.</p>
      </fn>
      <fn id="fn-17">
        <label>17</label>
        <p><xref ref-type="bibr" rid="ref-arniches-y-dominguez-1926">Arniches y Domínguez (1926: 45)</xref>. Véase también Concha Diez-Pastor <xref ref-type="bibr" rid="ref-diez-pastor-2005">(2005: 89-93)</xref>: "Café Granja El Henar.</p>
      </fn>
    </fn-group>
    <ref-list>
      <title>Referencias</title>
      <ref id="ref-abril-1932">
        <label>1</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>ABRIL</surname></name>
          </person-group>
          <year>1932</year>
          <article-title>En París: arte y escaparates</article-title>
          <source>Luz</source>
          <comment>ABRIL, Manuel (1932): "En París: arte y escaparates", <italic>Luz</italic>, 2 de septiembre de 1932, pág. 8.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-anonimo-1925">
        <label>2</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>ANÓNIMO</surname></name>
          </person-group>
          <year>1925</year>
          <article-title>En busca de un estilo</article-title>
          <source>El Sol</source>
          <comment>ANÓNIMO (1925): "En busca de un estilo", <italic>El Sol</italic>, 5 junio de 1925, pág. 5.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-arniches-y-dominguez-1926">
        <label>3</label>
        <element-citation publication-type="journal">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>ARNICHES Y DOMÍNGUEZ</surname></name>
          </person-group>
          <year>1926</year>
          <article-title>Notas sobre el decorado de la Granja El Henar y bar del Palace Hotel</article-title>
          <source>Arquitectura</source>
          <comment>ARNICHES Y DOMÍNGUEZ (1926): "Notas sobre el decorado de la Granja El Henar y bar del Palace Hotel", <italic>Arquitectura</italic>, nº 81, pág. 45.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-asociacion-espanola-de-luminotecnia-1932">
        <label>4</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE LUMINOTECNIA</surname></name>
          </person-group>
          <year>1932</year>
          <source>Iluminación de escaparates</source>
          <comment>ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE LUMINOTECNIA (¿1932?): <italic>Iluminación de escaparates</italic>. Gráficas Reunidas, Madrid, págs. 19-20.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-baker-2009">
        <label>5</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>BAKER</surname></name>
          </person-group>
          <year>2009</year>
          <source>Madrid cosmopolita. La Gran Vía, 1910-1936</source>
          <fpage>1910</fpage>
          <lpage>1936</lpage>
          <comment>BAKER, Edward (2009): <italic>Madrid cosmopolita. La Gran Vía, 1910-1936</italic>, Marcial Pons y Fernando Villaverde, Madrid.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-benjamin-2005">
        <label>6</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>BENJAMIN</surname></name>
          </person-group>
          <year>2005</year>
          <source>Libro de los pasajes</source>
          <comment>BENJAMIN, Walter (1927?, inacabado): <italic>Libro de los pasajes</italic>, traducción de Luis FERNÁNDEZ CASTAÑEDA, Isidro HERRERA y Fernando GUERRERO (2005), Akal, Madrid, págs. 55-56 y págs. 848, 927 y 928.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-bergamin-1925">
        <label>7</label>
        <element-citation publication-type="journal">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>BERGAMÍN</surname></name>
          </person-group>
          <year>1925</year>
          <article-title>Exposición de Artes Decorativas de París. Impresiones de un turista</article-title>
          <source>Arquitectura</source>
          <comment>BERGAMÍN, Rafael (1925): "Exposición de Artes Decorativas de París. Impresiones de un turista", <italic>Arquitectura</italic>, nº 78, octubre de 1925, pág. 236-239</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-bori-1936">
        <label>8</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>BORI</surname></name>
          </person-group>
          <year>1936</year>
          <article-title>Publicidad arquitectónica</article-title>
          <source>Tratado completo de publicidad y propaganda</source>
          <comment>BORI, Rafael (1936): "Publicidad arquitectónica". <italic>Tratado completo de publicidad y propaganda</italic>, 2ª ed. de José Monteso, Barcelona, págs. 561-602.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-cossio-1925">
        <label>9</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>COSSÍO</surname></name>
          </person-group>
          <year>1925</year>
          <article-title>La Exposición de París. Una ciudad de 1925</article-title>
          <source>El Liberal</source>
          <comment>COSSÍO, Francisco de (1925): "La Exposición de París. Una ciudad de 1925", <italic>El Liberal</italic>, 21 de junio de 1925, págs. 1-2.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-diez-pastor-2005">
        <label>10</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>DIEZ-PASTOR</surname></name>
          </person-group>
          <year>2005</year>
          <source>Carlos Arniches y Martín Domínguez, Arquitectos de la Generación del 25</source>
          <comment>DIEZ-PASTOR, Concha (2005): <italic>Carlos Arniches y Martín Domínguez, Arquitectos de la Generación del 25</italic>, Mairea, Madrid.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-fernandez-balbuena-1925">
        <label>11</label>
        <element-citation publication-type="journal">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>FERNÁNDEZ BALBUENA</surname></name>
          </person-group>
          <year>1925</year>
          <article-title>José Yárnoz Larrosa</article-title>
          <source>Arquitectura</source>
          <comment>FERNÁNDEZ BALBUENA, Gustavo (1925): "José Yárnoz Larrosa", <italic>Arquitectura</italic>, nº 70, págs. 34 y 36.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-figueroa-1931">
        <label>12</label>
        <element-citation publication-type="journal">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>FIGUEROA</surname></name>
          </person-group>
          <year>1931</year>
          <article-title>Edificio en la avenida de Eduardo Dato</article-title>
          <source>Arquitectura</source>
          <comment>FIGUEROA, Eduardo (1931): "Edificio en la avenida de Eduardo Dato", <italic>Arquitectura</italic>, nº 147, págs. 236-237.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-frances-1916">
        <label>13</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>FRANCÉS</surname></name>
          </person-group>
          <year>1916</year>
          <article-title>Un recuerdo poco grato</article-title>
          <source>La Esfera</source>
          <comment>FRANCÉS, José (1916): "Un recuerdo poco grato", <italic>La Esfera</italic>, 16 de diciembre de 1916, s. p.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-g-de-linares-1925">
        <label>14</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>G. DE LINARES</surname></name>
          </person-group>
          <year>1925</year>
          <article-title>La Exposición Internacional de Artes Decorativas en París, ¿verá surgir el nuevo estilo característico de nuestra época</article-title>
          <source>La Esfera</source>
          <comment>G. DE LINARES, Antonio (1925): "La Exposición Internacional de Artes Decorativas en París, ¿verá surgir el nuevo estilo característico de nuestra época", <italic>La Esfera</italic>, 11 de abril de 1925, s. p.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-garcia-mercadal-1925">
        <label>15</label>
        <element-citation publication-type="journal">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>GARCÍA MERCADAL</surname></name>
          </person-group>
          <year>1925</year>
          <article-title>Algunas consideraciones sobre las plantas de la Exposición de las Artes Decorativas</article-title>
          <source>Arquitectura</source>
          <comment>GARCÍA MERCADAL, Fernando (1925): "Algunas consideraciones sobre las plantas de la Exposición de las Artes Decorativas", <italic>Arquitectura</italic>, nº 78, octubre de 1925, págs. 240-244.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-ginestal-1929">
        <label>16</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>GINESTAL</surname></name>
          </person-group>
          <year>1929</year>
          <article-title>El maniquí viviente</article-title>
          <source>La Voz</source>
          <comment>GINESTAL, Francisco (1929): "El maniquí viviente", <italic>La Voz</italic>, 11 de diciembre de 1929, pág. 3.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-gomez-de-la-serna-1923">
        <label>17</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>GÓMEZ DE LA SERNA</surname></name>
          </person-group>
          <year>1923</year>
          <article-title>Cosas</article-title>
          <source>El Sol</source>
          <comment>GÓMEZ DE LA SERNA (1923a): "Cosas", <italic>El Sol</italic>, 14 de noviembre de 1923, pág. 8.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-gutierrez-manchon-1934">
        <label>18</label>
        <element-citation publication-type="journal">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>GUTIÉRREZ MANCHÓN</surname></name>
          </person-group>
          <year>1934</year>
          <article-title>Una bombonería en la Gran Vía</article-title>
          <source>Nuevas Formas</source>
          <comment>GUTIÉRREZ MANCHÓN (1934): "Una bombonería en la Gran Vía", <italic>Nuevas Formas</italic>, nº 9, pág. 480.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-insua-1922">
        <label>19</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>INSÚA</surname></name>
          </person-group>
          <year>1922</year>
          <article-title>Al estilo de París</article-title>
          <source>La Voz</source>
          <comment>INSÚA, Alberto (1922): "Al estilo de París", <italic>La Voz</italic>, 1 abril 1922.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-janneau-1926">
        <label>20</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>JANNEAU</surname></name>
          </person-group>
          <year>1926</year>
          <source>Le Luminaire et les moyens d'éclairages nouveaux</source>
          <comment>JANNEAU, Guillaume (1926): <italic>Le Luminaire et les moyens d'éclairages nouveaux</italic>, Éditions d'Art Charles Moreau, París, s. p.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-jimenez-ortiz-1934">
        <label>21</label>
        <element-citation publication-type="journal">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>JIMÉNEZ ORTIZ</surname></name>
          </person-group>
          <year>1934</year>
          <article-title>Reforma y decoración de Negresco, Madrid</article-title>
          <source>Nuevas Formas</source>
          <comment>JIMÉNEZ ORTIZ, Jacinto (1934): "Reforma y decoración de Negresco, Madrid", <italic>Nuevas Formas</italic>, nº 8, págs. 393-420.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-leger-1923">
        <label>22</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>LÉGER</surname></name>
          </person-group>
          <year>1923</year>
          <article-title>Nota sobre la vida plástica actual</article-title>
          <source>Funciones de la pintura</source>
          <comment>LÉGER, Fernand (1923): "Nota sobre la vida plástica actual", <italic>Funciones de la pintura</italic>, trad. de Antonio ÁLVAREZ (1990): Paidós, Madrid, pág. 43.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-lopez-delgado-y-esteve-1933">
        <label>23</label>
        <element-citation publication-type="journal">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>Lopez Delgado y Esteve</surname></name>
          </person-group>
          <year>1933</year>
          <article-title>Instalación Pizarrita en Madrid</article-title>
          <source>Arquitectura</source>
          <comment>Lopez Delgado y Esteve (1933): "Instalación Pizarrita en Madrid", <italic>Arquitectura</italic>, nº 175, noviembre de 1933, págs. 306-309.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-loygorri-1934">
        <label>24</label>
        <element-citation publication-type="journal">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>LOYGORRI</surname></name>
          </person-group>
          <year>1934</year>
          <article-title>Un tipo estandarizado de la Granja Poch</article-title>
          <source>Nuevas Formas</source>
          <comment>LOYGORRI, José (1934): "Un tipo estandarizado de la Granja Poch", <italic>Nuevas Formas</italic>, nº 9, págs. 456-459.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-martinez-de-la-riva-1925">
        <label>25</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>MARTÍNEZ DE LA RIVA</surname></name>
          </person-group>
          <year>1925</year>
          <article-title>El buen humor en la noche encantada</article-title>
          <source>Blanco y Negro</source>
          <comment>MARTÍNEZ DE LA RIVA, Ramón (1925): "El buen humor en la noche encantada", <italic>Blanco y Negro</italic>, 20 de septiembre de 1925, pág. 43.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-nielfa-cristobal-1984">
        <label>26</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>NIELFA CRISTÓBAL</surname></name>
          </person-group>
          <year>1984</year>
          <source>Establecimientos tradicionales madrileños. A ambos lados de la Gran Vía</source>
          <volume>4</volume>
          <comment>NIELFA CRISTÓBAL, Gloria y URRUTIA SÁNCHEZ, Ángel (1984): <italic>Establecimientos tradicionales madrileños. A ambos lados de la Gran Vía</italic>, Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid, vol. 4, Madrid.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-ortega-y-gasset-1927">
        <label>27</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>ORTEGA Y GASSET</surname></name>
          </person-group>
          <year>1927</year>
          <article-title>Los escaparates mandan</article-title>
          <source>Obras completas</source>
          <volume>4</volume>
          <comment>ORTEGA Y GASSET (1927), "Los escaparates mandan", <italic>Obras completas</italic>, vol. 4, pág. 58.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-salas-1925">
        <label>28</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>SALAS</surname></name>
          </person-group>
          <year>1925</year>
          <article-title>Breves comentarios a sus tendencias arquitectónicas</article-title>
          <source>La Construcción Moderna</source>
          <comment>SALAS, Luis de (1925): "Breves comentarios a sus tendencias arquitectónicas", <italic>La Construcción Moderna</italic>, nº15, 15 agosto 1925, pág. 229.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-salaverria-1923">
        <label>29</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>SALAVERRÍA</surname></name>
          </person-group>
          <year>1923</year>
          <article-title>El reclamismo literario</article-title>
          <source>La Esfera</source>
          <comment>SALAVERRÍA, José María (1923): "El reclamismo literario", <italic>La Esfera</italic>, 23 de junio de 1923, s. p.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-saldana-1929">
        <label>30</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>SALDAÑA</surname></name>
          </person-group>
          <year>1929</year>
          <article-title>El momento de España</article-title>
          <source>La Esfera</source>
          <comment>SALDAÑA, Quintiliano (1929): "El momento de España", <italic>La Esfera</italic>, 19 octubre 1929, pág. 37.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-toboso-sanchez-2001">
        <label>31</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>TOBOSO SÁNCHEZ</surname></name>
          </person-group>
          <year>2001</year>
          <source>Grandes almacenes y almacenes populares en España. Una visión histórica</source>
          <comment>TOBOSO SÁNCHEZ, Pilar (2001): <italic>Grandes almacenes y almacenes populares en España. Una visión histórica</italic>, Fundación Empresa Pública, Madrid.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-unamuno-1908">
        <label>32</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>UNAMUNO</surname></name>
          </person-group>
          <year>1908</year>
          <article-title>Grandes y pequeñas ciudades</article-title>
          <source>Obras completas</source>
          <volume>6</volume>
          <comment>UNAMUNO, Miguel de (1908): "Grandes y pequeñas ciudades", <italic>Obras completas</italic>, Fundación José Antonio de Castro (2004), Madrid, vol. 6, págs. 325-26.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-vvaa-1933">
        <label>33</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>VVAA.</surname></name>
          </person-group>
          <year>1933</year>
          <article-title>Publicidad</article-title>
          <source>Enciclopedia Universal Ilustrada, Apéndice</source>
          <volume>8</volume>
          <comment>VVAA. (1933): "Publicidad", <italic>Enciclopedia Universal Ilustrada, Apéndice</italic>, Espasa-Calpe, Madrid, vol. 8, pág. 1029.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-yarnoz-larrosa-1925">
        <label>34</label>
        <element-citation publication-type="journal">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>YÁRNOZ LARROSA</surname></name>
          </person-group>
          <year>1925</year>
          <article-title>La Arquitectura en la Exposición Internacional de las Artes Decorativas e Industriales Modernas</article-title>
          <source>Arquitectura</source>
          <comment>YÁRNOZ LARROSA (1925a): "La Arquitectura en la Exposición Internacional de las Artes Decorativas e Industriales Modernas", <italic>Arquitectura</italic>, nº 78, octubre de 1925, págs. 226.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-zamacois-1915">
        <label>35</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>ZAMACOIS</surname></name>
          </person-group>
          <year>1915</year>
          <article-title>La taza de café</article-title>
          <source>La Esfera</source>
          <comment>ZAMACOIS, Eduardo (1915): "La taza de café", <italic>La Esfera</italic>, 23 de enero 1915, s. p.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-bunuel-1923">
        <label>36</label>
        <element-citation publication-type="journal">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>BUÑUEL</surname></name>
          </person-group>
          <year>1923</year>
          <article-title>Tragedias inadvertidas como temas de un teatro novísimo</article-title>
          <source>Obra literaria</source>
          <comment>BUÑUEL, Luis (1923): "Tragedias inadvertidas como temas de un teatro novísimo", <italic>Obra literaria</italic>, introducción de Agustín SÁNCHEZ VIDAL (1982): "Lo indudable es que en lo abiótico existen las pasiones", <italic>Heraldo de Aragón</italic>, p. 93.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-vilata-1925">
        <label>37</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>VILATA</surname></name>
          </person-group>
          <year>1925</year>
          <article-title>Modalidades del estilo contemporáneo en Arquitectura</article-title>
          <source>La Construcción Moderna</source>
          <comment>VILATA, Sebastián (1925): "Modalidades del estilo contemporáneo en Arquitectura", <italic>La Construcción Moderna</italic>, 15 de agosto de 1925, págs. 226-228.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-moreno-villa-2010">
        <label>38</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>MORENO VILLA</surname></name>
          </person-group>
          <year>2010</year>
          <article-title>En La Galería. En vez de vinagre, yodo</article-title>
          <source>Función contra forma y otros escritos sobre arquitectura madrileña, 1927-1935</source>
          <fpage>1927</fpage>
          <lpage>1935</lpage>
          <comment>MORENO VILLA, J.: "En La Galería. En vez de vinagre, yodo", <italic>Función contra forma y otros escritos sobre arquitectura madrileña, 1927-1935</italic>, ed. de Humberto HUERGO CARDOSO (2010): I See Books, Valencia, págs. 155-160.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-flores-1893">
        <label>39</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>FLORES</surname></name>
          </person-group>
          <year>1893</year>
          <article-title>Los escaparates</article-title>
          <source>Ayer, hoy y mañana, o la fe, el vapor y la electricidad</source>
          <comment>FLORES, Antonio (1893): "Los escaparates", <italic>Ayer, hoy y mañana, o la fe, el vapor y la electricidad</italic>, nueva edición ilustrada, Montaner y Simón, Barcelona, volumen 2, página 322.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-gallego-ramos-1925">
        <label>40</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>GALLEGO RAMOS</surname></name>
          </person-group>
          <year>1925</year>
          <article-title>El urbanismo en la Exposición Internacional de París de 1925</article-title>
          <source>La Construcción Moderna</source>
          <comment>GALLEGO RAMOS, Eduardo (1925): "El urbanismo en la Exposición Internacional de París de 1925", <italic>La Construcción Moderna</italic>, 15 de noviembre de 1925, págs. 321-324.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-gallego-1925">
        <label>41</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>GALLEGO</surname></name>
          </person-group>
          <year>1925</year>
          <article-title>Impresiones de una visita a la Exposición</article-title>
          <source>La Construcción Moderna</source>
          <comment>GALLEGO, Manuel (1925): "Impresiones de una visita a la Exposición", <italic>La Construcción Moderna</italic>, 15 de agosto de 1925, págs. 234-238.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-obras-completas-2001">
        <label>42</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>Obras completas</surname></name>
          </person-group>
          <year>2001</year>
          <source>Obras completas</source>
          <volume>7</volume>
          <fpage>481</fpage>
          <lpage>484</lpage>
          <comment>__ <italic>Obras completas</italic>, ed. de Ioana ZLOTESCU (2001): Galaxia Gutenberg, Barcelona, vol. 7, págs. 221, 384, 481-484, 489 y 573.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-algunos-paseos-epilogales-1998">
        <label>43</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>Algunos paseos epilogales"</surname></name>
          </person-group>
          <year>1998</year>
          <article-title>Algunos paseos epilogales</article-title>
          <source>El Rastro</source>
          <comment>__ "Algunos paseos epilogales", <italic>El Rastro</italic>, edición de Luis LÓPEZ MOLINA (1998): Espasa-Calpe, Madrid, pág. 443.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-gutierrez-soto-1933">
        <label>44</label>
        <element-citation publication-type="journal">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>GUTIÉRREZ SOTO</surname></name>
          </person-group>
          <year>1933</year>
          <article-title>Bares y cafés</article-title>
          <source>Obras</source>
          <comment>GUTIÉRREZ SOTO, Luis (1933): "Bares y cafés", <italic>Obras</italic>, nº 16, febrero de 1933, págs. 60-68.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-perez-rojas-1990">
        <label>45</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>PÉREZ ROJAS</surname></name>
          </person-group>
          <year>1990</year>
          <source>Art déco en España</source>
          <comment>PÉREZ ROJAS, J. (1990): <italic>Art déco en España</italic>, Cátedra, Madrid.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-vela-1932">
        <label>46</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>VELA</surname></name>
          </person-group>
          <year>1932</year>
          <article-title>Vilanos en el aire</article-title>
          <source>Luz</source>
          <comment>VELA, Fernando (1932): "Vilanos en el aire", <italic>Luz</italic>, 10 de febrero de 1932, pág. 3.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
      <ref id="ref-vvaa-1977">
        <label>47</label>
        <element-citation publication-type="other">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>VVAA.</surname></name>
          </person-group>
          <year>1977</year>
          <source>Encyclopédie des Arts Décoratifs et Industriels Modernes. The Environment. Street and Garden</source>
          <volume>11</volume>
          <comment>VVAA. (1977): <italic>Encyclopédie des Arts Décoratifs et Industriels Modernes. The Environment. Street and Garden</italic>, Garland Publishing, Nueva York, vol. 11, págs. 41-42 y 52.</comment>
          
        </element-citation>
      </ref>
    </ref-list>
  </back>
</article>
