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        <journal-title>ARTE Y CIUDAD. Revista de Investigación</journal-title>
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        <publisher-name>Grupo de Investigación Arte, Arquitectura y Comunicación en la Ciudad Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid</publisher-name>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.22530/ayc.2013.N3.148</article-id>
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        <article-title xml:lang="es">Arquitectura, Ciudad y Territorio en Málaga (1900-2011)</article-title>
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      <copyright-statement>© 2013 Grupo de Investigación Arte, Arquitectura y Comunicación en la Ciudad Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid</copyright-statement><copyright-year>2013</copyright-year><copyright-holder>Grupo de Investigación Arte, Arquitectura y Comunicación en la Ciudad Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder><ali:free_to_read/>
     
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      <abstract xml:lang="es"><p>Maite Méndez Baiges (ed.), Arquitectura, Ciudad y Territorio en Málaga (1900-2011), Málaga: Geometría Asociación Cultural, 2012, 354 págs. La obra, articulada en nueve capítulos por un equipo de investigadores de la Universidad de Málaga y la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, traza un recorrido panorámico por la producción arquitectónica, urbana y territorial de Málaga a lo largo del siglo XX y los primeros años del XXI, con el concepto de «modernidad desfasada» como hilo conductor. El libro analiza cómo Málaga, en tanto ciudad periférica respecto a los grandes focos culturales, desarrolló una identidad propia a través del eclecticismo, el regionalismo, el racionalismo tardío, la arquitectura turística del sol y los planes urbanísticos de la democracia, hasta alcanzar una proyección metropolitana en el siglo XXI. El reseñador valora el trabajo como un instrumento riguroso e imprescindible para comprender la complejidad arquitectónica y territorial de Málaga.</p></abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en"><p>Maite Méndez Baiges (ed.), Arquitectura, Ciudad y Territorio en Málaga (1900-2011), Málaga: Geometría Asociación Cultural, 2012, 354 pp. The work, structured in nine chapters by a team of researchers from the University of Málaga and the Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, offers a panoramic survey of the architectural, urban, and territorial production of Málaga throughout the twentieth century and the early twenty-first, with the concept of 'belated modernity' as its guiding thread. The book examines how Málaga, as a peripheral city relative to the major cultural centres, developed its own identity through eclecticism, regionalism, late rationalism, solar tourist architecture, and the urban planning of the democratic period, culminating in a metropolitan expansion in the twenty-first century. The reviewer regards the work as a rigorous and indispensable instrument for understanding the architectural and territorial complexity of Málaga.</p></trans-abstract>
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      <p><bold>Autor:</bold> Miguel Ángel Chaves Martín, Universidad Complutense de Madrid y Director del Grupo de Investigación, ORCID: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://orcid.org/0000-0003-1822-4363">https://orcid.org/0000-0003-1822-4363</ext-link></p>
      <p><bold>DOI:</bold> <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://doi.org/10.22530/ayc.2013.3.148">10.22530/ayc.2013.3.148</ext-link></p>
      <p><bold>Volumen:</bold> 2, <bold>Número:</bold> 3, <bold>Año:</bold> 2013, <bold>Páginas:</bold> 179-186</p>
      <p><bold>Fecha de publicación:</bold> 2013-04-01</p>
      <p><bold>Licencia:</bold> CC BY-NC 4.0</p>
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      <title>Resumen</title>
      <p>Maite Méndez Baiges (ed.), Arquitectura, Ciudad y Territorio en Málaga (1900-2011), Málaga: Geometría Asociación Cultural, 2012, 354 págs. La obra, articulada en nueve capítulos por un equipo de investigadores de la Universidad de Málaga y la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, traza un recorrido panorámico por la producción arquitectónica, urbana y territorial de Málaga a lo largo del siglo XX y los primeros años del XXI, con el concepto de «modernidad desfasada» como hilo conductor. El libro analiza cómo Málaga, en tanto ciudad periférica respecto a los grandes focos culturales, desarrolló una identidad propia a través del eclecticismo, el regionalismo, el racionalismo tardío, la arquitectura turística del sol y los planes urbanísticos de la democracia, hasta alcanzar una proyección metropolitana en el siglo XXI. El reseñador valora el trabajo como un instrumento riguroso e imprescindible para comprender la complejidad arquitectónica y territorial de Málaga.</p>
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      <title>Abstract</title>
      <p>Maite Méndez Baiges (ed.), Arquitectura, Ciudad y Territorio en Málaga (1900-2011), Málaga: Geometría Asociación Cultural, 2012, 354 pp. The work, structured in nine chapters by a team of researchers from the University of Málaga and the Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, offers a panoramic survey of the architectural, urban, and territorial production of Málaga throughout the twentieth century and the early twenty-first, with the concept of 'belated modernity' as its guiding thread. The book examines how Málaga, as a peripheral city relative to the major cultural centres, developed its own identity through eclecticism, regionalism, late rationalism, solar tourist architecture, and the urban planning of the democratic period, culminating in a metropolitan expansion in the twenty-first century. The reviewer regards the work as a rigorous and indispensable instrument for understanding the architectural and territorial complexity of Málaga.</p>
      <p><bold>Palabras clave:</bold> arquitectura malagueña, modernidad periférica, urbanismo, eclecticismo, arquitectura del siglo xx, patrimonio arquitectónico</p>
      <p><bold>Keywords:</bold> architecture of málaga, peripheral modernity, urbanism, eclecticism, twentieth-century architecture, architectural heritage</p>
      <p>Las publicaciones sobre arquitectura española, sobre todo las que se refieren al cercano y complejo siglo veinte, derivan siempre de la apremiante necesidad de actualizar y poner en valor lo que representa este patrimonio. Pero si el estudio se centra además en la interesantísima y múltiple producción de la arquitectura malagueña y su desarrollo urbano y territorial a lo largo de ese mismo siglo, el trabajo probablemente se presente como doblemente necesario, de un alto grado de interés cultural, amén de sumo revelador.</p>
      <p>Este es el caso de esta magnífica obra, desarrollada en nueve capítulos por la historiadora Maite Méndez Baiges y un grupo de investigadores del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Málaga, con la colaboración de dos arquitectos de la escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla. El resultado es una rigurosa profundización en la realidad arquitectónica y urbana de Málaga y su territorio, un ambicioso y panorámico trabajo que arroja no pocas luces para la comprensión del papel que esta ciudad periférica ha desempeñado en el desarrollo y evolución de la arquitectura española de los últimos cien años.</p>
      <p>Y para acometer la complejidad de este valor periférico, traducido a menudo en ese inevitable papel secundario que Málaga, su arquitectura y sus arquitectos han desempeñado a lo largo del siglo anterior con respecto a los principales focos de producción cultural, lo mejor es dirigirse directamente a la búsqueda de una posible identidad que pudiera marcar ese contraste, esa diferencia de potencial con respecto a fenómenos de mayor escala, que sin duda actuarán como referencias y que servirán para establecer los diferentes niveles de análisis en cada etapa estudiada.</p>
      <p>Sin ir más lejos, el debate sobre el concepto de "modernidad arquitectónica" representaría plenamente una suerte de "leit motiv" que alentaría prácticamente todos los capítulos que aquí se concitan, un debate traducido en el estudio poliédrico de un particular concepto de "desfase", en cada momento, con respecto a ciertas manifestaciones paradigmáticas, en cuanto a modernidad se refiere, de la historia de la arquitectura, y que han encontrado en esta producción periférica malagueña un particular acomodo, un peculiar acento.</p>
      <p>Esta constancia de modernidad desfasada adquiere así, en Málaga y su territorio, una formalización que le resulta propia, desvelando una especial poética de lo híbrido, alentando simultáneamente un concepto de identidad y una relación concreta con lo histórico, entendiendo lo identitario como un correlato, a su correspondiente escala física, social y cultural, de una producción arquitectónica "oficial", áulica, exportada por los principales centros de poder político y económico.</p>
      <p>Así, los comienzo del siglo veinte en lo que se refiere a sus dos primeras décadas vendrán en Málaga marcados por una fuerte herencia de los lenguajes eclecticistas del siglo diecinueve, y como asegura el autor del primer capítulo, Francisco García Gómez, supondrán un fiel manifiesto de lo costoso que resultó para la arquitectura malagueña abandonar este siglo. En cualquier caso, es de resaltar la peculiaridad, bien destacada por el autor, de una arquitectura que nunca llegó al exceso formal y ornamental de otras ciudades, pudiéndose hablar en el caso malagueño de un eclecticismo y un historicismo "atemperados", tanto en la recurrencia a estilos pasados como en la capacidad combinatoria de los distintos elementos. Tanto esta sorprendente sobriedad como una cierta distancia con la "época dorada" de la burguesía anterior, (la que supuso el despegue económico y cultural de Málaga a mediados del diecinueve), se vio traducida a principios del siglo veinte en una elegante simplicidad, en una relativa ausencia de estridencias lingüísticas que pudiera ser la causa, en una interpretación plausible del autor, de una menor necesidad de lo "racionalista" en cuanto estela de las vanguardias europeas, lenguaje que por otra parte tampoco llegó a cuajar del todo a nivel general en la arquitectura nacional (salvo en su expresión catalana y con menor relevancia en Madrid), pero que de nuevo en Málaga presentó su peculiar desfase. Así, las dos primeras décadas del siglo se viven como una consagración de los estilos del pasado, encontrando Málaga su acento especial en esta época gracias a una nueva generación de arquitectos, comandados por la colosal figura del arquitecto Fernando Guerrero Strachan, y las no menos importantes de sus colegas Manuel Rivera Vera y Daniel Rubio Sánchez.</p>
      <p>Fernando Guerrero Strachan sigue siendo considerado, y así lo avalan todos los trabajos que sobre él se realizan, como el arquitecto "malagueño" por excelencia, una suerte de dominador de todos los lenguajes eclécticos, historicistas y regionalistas del momento, del neo-barroco al neo-gótico, del regionalismo sevillano al montañés, del neo-mudéjar al neo-plateresco, sin llegar a ser del todo "modernista". Su gusto por los claroscuros y ciertos valores ornamentales al servicio de los nítidos volúmenes le aseguraron siempre un éxito sin precedentes. Sin embargo su compañero, Manuel Rivera Vera, como nos ilustra en el segundo capítulo Belén Ruiz Garrido, resultó mucho más permeable a los valores empáticos y ornamentales cercanos a un cierto "art nouveau", aunque siempre desde el empleo comedido del plano como soporte para elementos de ornamentación más o menos sofisticada, con mucha menos riqueza y apuesta ideológica y formal que el genuino precedente catalán, y prácticamente sin distorsiones volumétricas que pudieran denotar acentos expresionistas. Tan sólo en los almacenes Félix Sáenz demostró Rivera Vera una dosis considerable de plasticidad y talante expresivo. Recordando la dificultad de lectura capilar que posee el fenómeno modernista, tantas veces tratado con excesiva alegría, se podría afirmar que el tándem catalán y bipolar de referencia, Gaudí / Doménech y Montaner, se inclina sin duda en Málaga a favor de este último, como evocación de modelos históricos y eclécticos, más que búsqueda de contrastes y distorsiones lingüísticas.</p>
      <p>Esta preponderancia de lo histórico-ecléctico se unirá a las experiencias regionalistas descritas en el tercer capítulo por Francisco José Rodríguez Marín, avaladas por la reactivación económica que se produjo en la segunda década del siglo, con el consecuente desarrollo de una industria de la construcción autóctona, sobre todo en lo referente a materiales cerámicos. El momento de bonanza propició el auge de la vivienda unifamiliar, reflejo "parlante" del carácter de sus habitantes, una burguesía optimista que quería elegir su propio estilo, sus elementos de distinción a través de esta variedad de lenguajes y posibilidades constructivas. Una auténtica poética de repertorio inundó la ciudad, hasta bien entrados los años treinta. Un eclecticismo regionalista alejado de alguna manera del oficial y autorizado, por ser enemigo de todo rigor escolástico; un eclecticismo a merced de las más impuras contaminaciones, propenso a desmitificar el pasado instrumentalizándolo en una peculiar trama de lo "popular" en la que se verterá y fundirá la entera gama de su repertorio. Y desde luego, absolutamente impermeable a cualquiera de los presupuestos del Movimiento Moderno arquitectónico, plenamente racionalista.</p>
      <p>Podemos afirmar por tanto que entre 1900 y una fecha que podemos precisar en torno a 1925 la arquitectura española siguió una trayectoria consistente en solapar los epígonos del eclecticismo decimonónico con el germen de lo que se entiende oficialmente como arquitectura del siglo veinte, y que bordeando el cuarto de siglo se detecta la consolidación de un nuevo ambiente que va a zanjar el legado del diecinueve. Este nuevo ambiente adquirirá su particular reflejo en la producción arquitectónica malagueña, como nos ilustra el capítulo cuarto, desarrollado por Igor Vera Vallejo. La cuestión será cuánto se aleja de nuevo esta arquitectura, en el caso de Málaga, de los cánones y códigos esenciales que Europa, a comienzo del siglo veinte, definió como "arquitectura moderna". Estos códigos oficiales de la modernidad llegaron a calificar lo distintivo periférico como auténtico enemigo de esa cualidad. La respuesta de Málaga a esta presión adoptó la forma de un incipiente racionalismo que pretendía adaptar a su realidad ecléctica consolidada el lenguaje universal de la nueva arquitectura derivada del Estilo Internacional. Esta nueva tendencia estaría protagonizado por arquitectos de la llamada Generación del 25, procedentes en su mayoría de la Escuela de Madrid, actuando como un soporte previo para la consolidación del racionalismo. El autor establece los primeros ejemplos a este respecto con las actuaciones de José Joaquín González Edo, Antonio Palacios y Teodoro Anasagasti, a través de actuaciones urbanas adaptadas al contexto, en una suerte de "protorracionalismo de integración" de especial acento en cada caso. Un punto álgido es establecido por el paradigmático y expresionista Málaga–Cinema, de Antonio Sánchez Esteve, que en los primeros años de la década de los treinta cierra el telón de esta etapa, ante la inminente llegada de la contienda civil española. Es de destacar las experiencias ya prácticamente racionalistas que tuvieron lugar en zonas del litoral como Torremolinos, destacando la pureza de formas del Colegio de Huérfanos Ferroviarios, de Francisco Alonso Martos, o las primeras experiencias del versátil Gutiérrez Soto, quien, antes de su importante recorrido por la Málaga de la autarquía, dejó su impronta en la Torre de Control de la primitiva terminal militar del aeropuerto.</p>
      <p>Especial mención requiere el trabajo de María Inmaculada Hurtado Suárez en el capítulo cinco, quien bajo el sugestivo título "La azarosa pervivencia de la modernidad en el primer franquismo", acomete la exploración y reflexión de la arquitectura generada en Málaga en el periodo de la posguerra. Su enfoque representa la búsqueda de la presencia paradójica de la modernidad en el lenguaje arquitectónico de una época marcada tanto por una élite política impositiva, enemiga acérrima de todo lo que supusiera una imagen republicana materializada en los presupuestos del Movimiento Moderno, como por el oficio real de la profesión, el trabajo diario de los arquitectos, en el que la desorientación y la ambigüedad serían atributos permanentes. Y es que la posguerra española no genera una arquitectura directa e íntimamente solidaria con el Régimen vencedor y desgajada del tronco que podríamos llamar tradición moderna de la arquitectura. Hubo, eso sí, un intento de definir una arquitectura para un nuevo Estado, pero esta tendencia fue débil y confusa en el panorama, en sí mismo caótico, en el que se movía la propia cultura, y la definición ideológica no se corresponde en esta época, como en tantas otras, con los símbolos que ciertos lenguajes arquitectónicos pretendían representar. La búsqueda de la "arquitectura nacional" como leit-motiv espiritual del momento y como modelo propagandístico fundamental del régimen franquista, representado por Herrera y Villanueva, va a presentar en Málaga un cariz racionalista que resultará especialmente abstracto e interesante, con una producción arquitectónica que a veces tendrá que enmascararse con una estética autárquica añadida, pero pudiendo establecerse una clara distinción en sus partes, predominando el orden y la austeridad.</p>
      <p>Muchos de estos trabajos se verán realizados en Málaga por arquitectos foráneos de calidad, que se establecieron temporalmente en la ciudad o realizaron en ella obras puntuales, destacando nombres como Juan Jáuregui Briales, sobre todo en la producción de viviendas, o Fernando García Mercadal y Pablo Cantó con sus peculiares viviendas denominadas Casas de Cantó. Es de destacar la participación de Luis Moya Blanco en proyectos como la Casa de la Cultura, demolida en los años noventa, con gran debate previo, con el fin de rescatar la totalidad de los restos del Teatro Romano. Importantes fueron también las actuaciones de arquitectos como Miguel Fisac y sus edificios en la Plaza del Ejido, así como las propuestas que desde 1946 y a cargo de la Oficina Técnica de la ciudad, realizó J.J. González Edo. Su Plan General de Ordenación de la Provincia, de 1950, presentaba aspectos orgánicos, sociales, patrimoniales y ecológicos adelantados a su tiempo, contemplando proyectos urbanos tan ambiciosos como la Prolongación de Calle Larios hasta el Ejido, la Ordenación de la Malagueta y el Anteproyecto de Unión de la Alameda con el Parque, con una concepción ilustrada de la modernidad muy cercana al ideario del vienés Otto Wagner. Por su parte la huella de Luis Gutiérrez Soto se deja sentir en actuaciones de geometría clara, de volúmenes rotundos y sencillos, y de fuerte presencia urbana, como el Mercado de Mayoristas, la Casa de Sindicatos o la Jefatura Provincial de Sanitaria.</p>
      <p>Los años cincuenta representaron el despegue definitivo de la conciencia de la modernidad arquitectónica en todo el país. En el caso de Málaga y su costa y sobre todo en los primeros años de la década, comienzan a manifestarse expedientes de una amable y relajada concepción, de líneas curvas y seductores materiales de una particular idiosincrasia, lo que Juan Antonio Ramírez, en 1987, denominó como "estilo del relax", una especie de lenguaje espontáneo, a-programático, popularizante, despreocupado de la posible ortodoxia de sus planteamientos. Este estilo, encarnado a principio de los cincuenta en ciertas construcciones e instalaciones deportivas, va a resultar un buen preámbulo para que Maite Méndez Baiges, en el capítulo sexto, desarrolle el tema fundamental de la "Arquitectura del Sol", como aspecto emblemáticos de lo que supuesto la consagración definitiva de Málaga como perteneciente a un cierto mapa de la modernidad arquitectónica, y auténtico nudo gordiano para su avance hacia la contemporaneidad.</p>
      <p>Será en estos años de despegue económico y cultural donde, coincidente con el auge del fenómeno turístico, va a surgir una arquitectura que llevará en su seno la impronta de una modernidad máxima, heredera directa de los lenguajes arquitectónicos que en esos momentos se estaban produciendo en Europa y América. Experiencias como las del Team X, tras la disolución de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM), propiciaron un neo-racionalismo de corte positivista que acogió la fragmentación volumétrica, las disonancias proporcionales y muy a menudo una brutalista rudeza. Se fracturaron y reagruparon los volúmenes, se fundieron las rampas y los pasos elevados, exaltando la imprevisibilidad de los efectos estéticos, asimilando los edificios, sobre todo en sus plantas bajas, la multiplicidad dinámica temporalizada de la ciudad. Podríamos decir que los aspectos instrumentales del modernismo moderno, basados en la revisión y actualización de los presupuestos de las vanguardias de principio de siglo, son adoptados con inusitada naturalidad por la arquitectura turística, estableciendo un campo de experimentación arquitectónica donde Málaga, por vez primera, va a sentirse pionera (o al menos absolutamente homologada) con las arquitecturas más avanzadas del momento. Expedientes como los apartamentos La Nogalera y la Urbanización Playamar, de Antonio Lamela; las Torres de Los Manantiales de Luis Alfonso Pagán; Los Apartamentos Skol y el Hotel Alay de Manuel Jaén Albaitero; los apartamentos Eurosol y el Palacio de Congresos de Torremolinos, de Rafael de la Hoz y Gerardo Olivares o la Iglesia Stella Maris, de José María García de Paredes, van a suponer para Málaga y sus cercanías un vendaval de aire fresco en plenos años sesenta, una colocación inmediata en el mapa de la modernidad arquitectónica y el germen de un desarrollo urbanístico y territorial que ya no tendrá interrupción prácticamente hasta nuestros días. Maite Méndez es plenamente consciente de la importancia de esta etapa, y analiza célebres y otros muchos edificios con precisión, ahondando en sus aspectos más prototípicos e innovadores.</p>
      <p>En el siguiente capítulo, Antonio Jesús Santana Guzmán desarrolla este concepto innovador ampliando la etapa a los años sesenta y setenta. Esta etapa supone una gran expansión de la propia ciudad de Málaga, con la prolongación de la Avenida de Andalucía, el crecimiento de la Malagueta, la creación de grandes fábricas como la de Intelhorce, y la aparición de edificios públicos de calidad, como la Delegación de Hacienda, de E. Caballero Monrós y Jose Luis Dorronsoro, el edificio Caja de Ahorros de Málaga, de A. J. Valero Navarrete, la Facultad de Medicina de L. Gutiérrez Soto, o edificios comerciales como El Corte Inglés de L. Blanco Soler.</p>
      <p>Igor Vera Vallejo acomete en el capítulo ocho la Málaga que surge con la llegada de la democracia y su traducción en el desarrollo de la vertiente urbanística. El Plan General de Ordenación Urbana de 1983, de los arquitectos José Seguí, Damián Quero y Salvador Moreno, representa un punto de inflexión importante, llegándose a un entendimiento de la arquitectura como proceso cognoscitivo en sí mismo, reconociendo su autonomía, imponiendo una redefinición disciplinar, frente a un carácter nocivo de lo internacional-pintoresco que agruparía la contaminación de los vectores expresivos anteriores. Las nuevas ideas iban a estar basadas en el análisis histórico, el estudio exhaustivo de la ciudad, de su topografía y de sus tipologías, consideradas estás como las líneas de desarrollo propias de la arquitectura. Málaga se vuelve sobre sí misma, sobre su historia, protege su Centro Histórico, cose sus heridas producto de la especulación y el desarrollo desenfrenado de la actividad inmobiliaria. Esta nueva etapa ilustrada basada en el conocimiento de la ciudad, en un estructuralismo contextual y en la cultura disciplinar, con clara referencia en el movimiento de la Tendenza italiana, es considerada por muchos autores, incluido Igor Vera, como post-moderna, en el sentido de su esfuerzo por recuperar la historia, con la consideración tipológica y la reflexión sobre lo urbano por encima de otros aspectos propositivos, en un claro afán de recuperar los sólidos valores de lo propio que la sombra de la última modernidad había olvidado, basada como estaba en la producción desaforada de objetos cada vez más sofisticados. Así, Málaga inaugura una nueva conciencia con el instrumento urbanístico como bandera principal, creando infraestructuras y equipamientos fundamentales y sentando unas bases importantes para lo que será el gran desarrollo metropolitano y territorial que empezaba a producirse a mediados de los noventa.</p>
      <p>El último capítulo del trabajo, de los arquitectos Joaquín Ortiz de Villajos y Francisco Montero Fernández, se refiere a la Málaga extensa e ilimitada, el hecho territorial que supone su inmersión en el siglo veintiuno. Al gran crecimiento inmobiliario los autores oponen con precisión la necesidad de destacar ciertas iniciativas de especialización cultural fundamentales para la ciudad, como la creación del Museo Picasso en el rehabilitado Palacio de Buenavista, del Museo Thyssen en el céntrico Palacio de Villalón, y el conjunto Teatro Romano - Alcazaba actuando de atractores turísticos, junto con un revitalizado Centro Histórico. La gran expansión de la ciudad por el oeste, el desarrollo del Parque Tecnológico y de las infraestructuras viarias, el gran número de pequeños equipos que invaden todos los barrios de la ciudad y la ampliación de su Universidad, son factores todos ellos de una Málaga que se reconoce irremediablemente a sí misma como diferenciada arquitectónica, urbana y territorialmente, justamente debido a su peculiar y múltiple proceso de modernización.</p>
      <p>Por todo ello este libro se nos presenta como un instrumento básico, debido a sus interpretaciones abiertas, coherentes y múltiples, para empezar a entender la complejidad de Málaga y su territorio, siendo este carácter sugerente un valor añadido que incita a una lectura obligada.</p>
      <p><bold>JAVIER BONED PURKISS</bold> 
        Doctor Arquitecto. Profesor de Teoría e Historia de la Arquitectura. 
        Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Málaga 
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