Windmills in the rural skyline of La Mancha: current functions and scales
El artículo se centra en el estudio de las funciones actuales de los molinos de viento haciendo una selección de 61 localizados en La Mancha (España) que han sido visitados y estudiados mediante bibliografía y trabajo de campo. Tras una evolución histórica muy larga y contrastada los molinos pierden su función principal y quedan mayoritariamente en situación de ruina, pero un movimiento intelectual a mediados del siglo XX logra rehabilitarlos. A partir de ahí los molinos, aunque pierden su función de moler cereales van adquiriendo otros valores como el turístico o el paisajístico. También son importantes de cara a la identidad de los habitantes de la zona, que acaban dotándolos de un valor cultural y simbólico muy elevado en relación con el Quijote.
Palabras clave: molinos de viento, patrimonio cultural agrario, Don Quijote, Castilla-La Mancha, función, La Mancha.
The article focuses on the study of the current functions of windmills, selecting 61 located in La Mancha (Spain), which were visited and analyzed through bibliographic research and fieldwork. After a long historical evolution, windmills lost their primary function and mostly fell into ruin. However, an intellectual movement in the mid-20th century succeeded in restoring them. From that point on, although windmills no longer served their original purpose of grinding grain, they began to acquire other values, such as tourism and landscape significance. They also became important for the identity of the local inhabitants, who endowed them with a high cultural and symbolic value, especially in relation to Don Quixote.
Keywords: windmills, agricultural cultural heritage, Don Quixote, Castilla-La Mancha, function, La Mancha.
El objetivo de estas páginas es ofrecer una visión actualizada de los molinos de viento en cuanto a las funciones que poseen, centrándonos en la zona de mayor concentración de estos, localizada en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. A pesar de que la bibliografía sobre estos molinos es muy amplia, aún quedan varios aspectos por conocer en profundidad y uno de ellos es el estudio de las funciones que estos singulares edificios poseen yendo más allá de la turística que resulta la más evidente al visitar estos espacios.
Para ello hemos diseñado una investigación en la que los abordamos como un conjunto homogéneo, no exento de singularidades de diverso tipo, pero que permiten llegar a unas conclusiones generales para entender mejor un tipo de arquitectura de apenas diez metros de altura que otorga carácter a unos paisajes kilométricos caracterizados por el predominio de la llanura y la alta visibilidad de cualquier elemento de carácter vertical.
También tiene una proyección social y cultural muy importante fuera de su ámbito local, bastante poco frecuente para lo elemental y discreto que es un molino de viento desde un punto de vista meramente arquitectónico, mecánico o incluso estético. No obstante, la potenciación del molino le viene dada por su emplazamiento, en las cotas topográficas más altas de sus contextos territoriales y, sobre todo, de su vinculación con el personaje de Don Quijote de La Mancha y con la novela de caballería de Cervantes más popular, en particular.
La bibliografía del mundo de la literatura es la que más se ha ocupado de un triángulo formado por La Mancha, Don Quijote y Cervantes, mezclándose la ficción de la obra y el personaje con la realidad del autor y sus viajes por un territorio real, La Mancha, poco abordado y descrito en la novela de forma explícita (Pillet, 2002) (Pillet y Tabasco, 2006), más allá de la presencia de topónimos que continúan plenamente vigentes y que bautizan desde pueblos y ciudades hasta cadenas montañosas de entidad ibérica como Sierra Morena o la propia Mancha. También existe una amplia base de conocimiento de los molinos de viento que viene desde perspectivas históricas de gran interés si bien, los molinos de agua captan mucho más la atención de los investigadores. Así lo demuestran por ejemplo las voluminosas actas de los congresos internacionales de molinología (https://molinologia.es/s/acem/page/actas-cimo), habiéndose celebrado el treceavo en Sevilla en 2023 desde sus inicios en 1995. Entre ambos tipos de molinos, hidráulicos y de viento, existe un vínculo importante en el caso de los de La Mancha, en el que se incidirá más adelante, que está asociado al régimen de complementariedad que se establece entre ambos tipos de ingenios para cumplir la función de molienda en una zona en la que los ríos y los desniveles resultan escasos, al igual que los caudales de la mayor parte de la red hidrográfica, cuyo régimen, además, se caracteriza por un largo estiaje.
También existen estudios técnicos de interés que buscan la modelización de los mecanismos o el recreo virtual de edificios, maquinaria y los entornos1 o incluso alguna guía turística de gran interés, como la del centro de interpretación de molinos de Campo de Criptana (Ciudad Real) (Hervás Herrera & Sánchez Bermejo, 2022).
Para esta investigación sobre las funciones actuales de los molinos de viento además de los trabajos bibliográficos y de documentación habituales se han desarrollado desde 2021 hasta 2024 visitas de campo a todas las áreas molineras y molinos incluidos y a otros que se han descartado. Estos trabajos se han basado en diferentes tipos de consultas sobre el mapa topográfico nacional a escala 1:50.000 en diversas ediciones y con diferentes ortofotografías, fotografía aérea e imágenes de satélite del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y del Centro Nacional de Información Geográfica (CNIG) a través de sus diferentes visualizadores. Tras tener la lista definitiva de molinos y entornos molineros se realizó la campaña de trabajos de campo, comprobando, entre otras variables y mediante fichas, el estado de los accesos, las actividades que se desarrollan y el mantenimiento del entorno, así como el propio estado de los edificios. También se han realizado entrevistas abiertas aleatorias, no regladas, orientadas a conocer la percepción de personas que estaban en los entornos molineros tanto locales como foráneas, aunque los resultados no se integran aquí.
En las siguientes páginas, tras exponer brevemente el objetivo, las fuentes y metodologías se presenta el área de estudio con los molinos y áreas molineras incluidas en esta investigación. Después se aborda el origen vinculado a una coyuntura de sequía y a las diferentes fases históricas por las que ha pasado hasta conformar la realidad territorial actual en la que conviven molinos de diferente condición. Luego se aborda la importancia que tiene su configuración en el paisaje como elemento de entidad y después se analizan sus valores, destacando el turístico por la actividad económica, el paisajístico por su entidad espacial a escala local, el identitario en relación con las personas que conviven con ellos acabando con la dimensión cultural y simbólica, ligadas a la novela de caballerías de Miguel Cervantes. Como final se añaden unas reflexiones sobre la situación de los molinos.
En este trabajo hemos seleccionado un total de 61 molinos de viento repartidos en 15 municipios (Tabla 1) de las provincias de Ciudad Real, Cuenca y Toledo, estando casi todos ellos incluidos en La Mancha según la delimitación realizada por Pillet (Pillet, 2001) y teniendo en cuenta la comarcalización de Castilla-La Mancha (Panadero y Pillet, 2011: 29-44). Esta decisión evita la indefinición e imprecisiones que lleva asociado el concepto de La Mancha y lo mancha por haberse utilizado el topónimo en multitud de ocasiones a lo largo de los últimos siglos, aplicándose siempre a territorios con diferentes límites: Común de la Mancha (1353), Partido de La Mancha (1530), Comarca de la Mancha (1575), Provincia de la Mancha (1765) y más modernamente comarca agraria de La Mancha o incluso el propio nombre de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha (Pillet, 2015).
| Provincia | Molinos | Tipo de emplazamiento | Molinos (n.º) | Distancia entre molinos más lejanos (m) | Cota máx. del entorno molinero (m) | Cota centro urbano (m) | Desnivel (molinos–centro urbano) (m) |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Toledo | Consuegra | Cerro aislado | 12 | 995 | 832 | 704 | 128 |
| Ciudad Real | Campo de Criptana | Borde de páramo | 10 | 272 | 758 | 696 | 62 |
| Ciudad Real | Herencia | Cerro aislado | 7 | 2 894 | 768 | 639 | 129 |
| Cuenca | Mota del Cuervo | Borde de páramo | 7 | 561 | 769 | 705 | 64 |
| Cuenca | Belmonte | Borde de páramo | 6 | 1 450 | 810 | 745 | 65 |
| Ciudad Real | Alcázar de San Juan | Cerro aislado | 4 | 171 | 729 | 639 | 90 |
| Ciudad Real | Puerto Lápice | Cerro aislado | 3 | 47 | 793 | 674 | 119 |
| Toledo | El Romeral | Cerro aislado | 3 | 355 | 693 | 658 | 35 |
| Toledo | Tembleque | Cerro aislado | 2 | 32 | 655 | 636 | 19 |
| Toledo | Los Yébenes | Cerro aislado | 2 | 111 | 968 | 816 | 152 |
| Ciudad Real | Fuente el Fresno | Cerro aislado | 1 | — | 847 | 679 | 168 |
| Toledo | Madridejos | Ladera suave | 1 | — | 698 | 688 | 10 |
| Toledo | Las Ventas con Peña Aguilera | Cerro aislado | 1 | — | 909 | 802 | 107 |
| Toledo | Urda | Ladera suave | 1 | — | 808 | 759 | 49 |
| Toledo | Camuñas | Ladera suave | 1 | — | 696 | 679 | 17 |
Tabla 1. Entornos molineros estudiados, tipo de emplazamiento y datos topográficos básicos de localización. Elaboración propia a partir del visualizador Iberpix (IGN).
Los molinos incluidos en este trabajo, además de emplazarse mayoritariamente dentro de La Mancha, han sido seleccionados por cumplir diferentes criterios. El primero de ellos ha sido tener el cilindro que constituye el cuerpo principal objetivo completo; el segundo disponer de una cubierta cónica, bien de madera, bien de metal (metal zincado o chapa de acero) también completa; y, por último, disponer de un juego de aspas, giratorias o no, de metal o madera, que en algunos casos presentaban diferente nivel de conservación. También se ha tenido en cuenta que estuviesen emplazados en lugares en los que se hayan realizado moliendas antes de la llegada de la luz eléctrica a las respectivas localidades.
La selección de estos 61 molinos, que no ha pretendido ser exhaustiva, podría haber incluido algunos molinos más, pero los resultados no habrían sido sustancialmente diferentes. Lo que sí se ha tenido en cuenta es no incluir en este estudio los que Carmen Cañizares denominó “molinos inventados” (Cañizares Ruiz, 2009: p. 282-283) refiriéndose a aquellos que no son “ni antiguos u originales”, que se construyen desde cero, o sin seguir ni los cánones tradicionales ni están ubicados en entornos molineros históricos (fig. 1). Eliminando este tipo de molinos se ha logrado conseguir una homogeneidad formal e incluso funcional en torno al molino de tipo manchego o tipo torre indicado por Julio Caro (Caro Baroja, 1983 y 1952) que no se encuentra en otras regiones. Para el caso de Andalucía, se indica que la homogeneidad de los molinos es menor debido a que “en cada provincia se observan disparidades en elementos no solo arquitectónicos sino también funcionales” (José Ignacio Rojas Sola et al.: 2013). En el área de estudio, las diferencias formales son escasas, aunque varían algunos materiales y algunos detalles arquitectónicos, mientras que, funcionalmente, todos estuvieron orientados a la molienda de cereales como función principal y único objetivo. Dentro del área de estudio, los molinos que más escapan del modelo manchego son los de los extremos este y oeste (Belmonte, en Cuenca y Las Ventas con Peña Aguilera en Toledo, al oeste). Son sustancialmente más pequeños, tanto en diámetro como en altura y, a diferencia de todos los demás la mampostería no dispone de revoco alguno, pudiéndose apreciar directamente los materiales litológicos que forman la mampostería siendo calizos en el extremo conquense y granitos en el extremo occidental.
Las dimensiones del área de estudio son relativamente contenidas, pudiéndose incluir las 15 áreas molineras y todos los molinos de este trabajo en un rectángulo de 130 kilómetros de oeste a este por 50 de norte a sur, siendo los molinos más alejados el de Las Ventas con Peña Aguilera y los de Belmonte en el eje este-oeste y los de El Romeral y Herencia en el eje norte-sur, respectivamente. En sentido estricto, solo quedarían fuera de La Mancha los molinos situados en Los Yébenes (Toledo), en Fuente el Fresno (Ciudad Real), que dando limítrofes a esta y algo más alejado, el molino de Las Ventas con Peña Aguilera (Toledo), cumpliendo este todos los requisitos antes enunciados.
Los molinos de viento son construcciones preindustriales que llegan al centro de la península ibérica en el siglo XVI en un contexto de “sequía devastadora que obliga a buscar otras fuentes de energía” (Almarcha Núñez-Herrador et al., 2005, pp. 141). Su misión fundamental es aprovechar la fuerza del viento para transformarla en movimiento que permitiese moler granos de cereal con facilidad y rapidez. Hasta ese momento, los molinos hidráulicos o aceñas, asociados a los cauces de ríos y arroyos habían cumplido esa función hasta el punto de que, en algunos tramos de ríos principales con caudal permanente, no era posible instalar un molino más sin perturbar el funcionamiento del anterior o el posterior siendo la causa fundamental la escasez de la pendiente. Un ejemplo lo encontramos en los primeros kilómetros de recorrido del río Guadiana desde su resurgimiento, en los denominados Ojos del Guadiana, hasta aguas abajo del actual Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, en el ingenio de Flor de Ribera, tramo en el que se constatan siete molinos en 21 kilómetros con un desnivel de tan solo 13 metros entre el primero y último ingenio (Santos & Moreno, 2009). Esto nos indica que los molinos hidráulicos no estaban distribuidos aleatoriamente, sino que obedecían a unas lógicas ambientales y de poder, ligadas en el área de estudio con las órdenes militares de San Juan, Santiago y Calatrava.
La sequía dejaba inoperativos los molinos hidráulicos y la saturación de algunos tramos en ríos principales, los que mejor soportaban las recurrentes sequías mediterráneas, parecen ser los impulsores de la búsqueda de nuevas energías que permitiesen moler el grano sin necesidad de cubrir largas distancias transportando el grano y, posteriormente, la harina. En este marco, aparecen los molinos de viento, cuyas lógicas de poder son muy similares, pero encontrando grandes diferencias en las ambientales, dado que estos ingenios están sujetos a la disponibilidad de viento. Esto justifica la ligazón con unos emplazamientos elevados, aunque sea solamente unas decenas de metros sobre el entorno circundante (Tabla 1). No obstante, también hemos encontrado huellas documentales y restos arqueológicos de molinos de viento emplazados en llanura como los de Sonseca o Manzanares, hoy no aptos para ser incluidos en este estudio con o sin molinos de viento, respectivamente. Esto nos indica que la distribución de estos ingenios fue mucho más amplia y desigual de lo que podemos observar en la actualidad. Diferentes fuentes documentales ofrecen cifras máximas de unos 250 molinos a mediados del siglo XIX (Hervás Herrera & Sánchez Bermejo, 2022) momento a partir del cual su número irá menguando progresivamente.
En los albores del siglo XX, con la expansión del uso de la energía eléctrica y su aplicación en la industria, estos ingenios caen en desuso y sufren una etapa de varias décadas de abandono y deterioro progresivo, llegando en muchos casos a la situación de ruina e incluso a su desaparición total. Las cubiertas cónicas fabricadas con madera y otras fibras vegetales como el carrizo (Phragmites sp.) resultaron mucho más sensibles a la falta de cuidado y mantenimiento y los incendios. La pérdida de la cubierta dejaba a la intemperie la parte superior de unos muros de mampostería que, en la planta superior, la tercera, moledero o sala de molienda, en algunos casos disponían de una construcción específica, con adobe y madera revestidos (Hervás Herrera & Sánchez Bermejo, 2022: p. 108), que soportaban la mejor la vibración, pero conformaban un muro mucho más delgado y por lo tanto más fácil de degradar por los agentes atmosféricos.
En los trabajos de campo de distintos municipios se han podido localizar restos de muros de molinos en ruina (fig. 2), con diferente grado de consolidación y cuidado hasta otros desaparecidos, en total grado de abandono o difíciles de identificar sin trabajos arqueológicos. No obstante, también hemos documentado zanjas abandonadas relativamente recientes, que indican algún intento frustrado de construir nuevos molinos. Los últimos trabajos en Campo de Criptana, en el denominado cerro de los molinos, o Valdepeñas, fuera del área de estudio, han optado por no reconstruir totalmente más de los que ya tiene y trabajar en la consolidación de la ruina. Esto podría indicar un posible cambio de ciclo, en donde la reconstrucción de molinos que caracterizó las últimas décadas del siglo XX y la primera del XXI se frene, y se sustituya por la mera consolidación de este tipo de edificios en su estado actual.
En las décadas centrales del siglo XX comienza un movimiento intelectual, encabezado por personajes relevantes del momento como el pintor Gregorio Prieto, que consigue su recuperación mediante reparaciones, restauraciones y reconstrucciones, siendo frecuentes las construcciones de molinos de viento de nueva planta. Este movimiento es continuador de una cierta responsabilidad sobre el cuidado del patrimonio territorial, formulado en otros términos, que empieza a desaparecer y que se concreta en la preocupación por el mal estado de los edificios molineros (Municio, 1930).
El entusiasmo que desprende el pintor por estos ingenios en lo que él mismo llama “campaña pro-restauración de los molinos” (Prieto, 1974: p. 203) sería prácticamente una constante en su vida y obra pero se plasma en un balance en su libro titulado Molinos, publicado en 1966 por primera vez y en 1974 sin cambios en el texto aunque sí en la parte gráfica. En dicho libro, el autor destaca como consecuencias de esa campaña el compromiso de reconstrucción de molinos de Alcázar de San Juan, Herencia y Valdepeñas, la firma de un Decreto de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando a propuesta del Duque de Alba y Marcelino Santamaría declarando los molinos monumento histórico-artísticos, relaciones con sociedades protectoras de molinos de Inglaterra y Holanda, la creación de premios (Molino de oro y plata) o incluso un modelo de vestido de noche titulado Molinos de la Mancha de Pilar Sangro Torres (conocida como Píluca Sangro). Junto a estos logros también se destaca la presencia de los molinos en medios de comunicación del momento, concretándose especialmente en variedad de artículos periodísticos y en los propios trabajos de Caro Baroja el cual indica que “hay muchas razones (aparte de las literarias y artísticas) para conservar, proteger y estudiar estos ingenios” (Prieto, 1952 y 1974: p. 203-205). La publicación de Disertación sobre los molinos de viento de Caro Baroja en 1952 fue considerado “pionero, de carácter general y técnico” (Redondo, 1989: p.183) o, en palabras del propio Prieto en Molinos “el estudio más erudito llevado a cabo en España sobre estas materias” (Prieto, 1974: p. 205).
En ese caldo de cultivo germinará con éxito la idea de recuperación de los molinos de viento en La Mancha, en donde durante todo lo que resta del siglo XX y XXI seguirán apareciendo molinos tanto nuevos como antiguos siendo actualmente difíciles de diferenciar sin un estudio detallado. En Campo de Criptana, los tres que se conservaron en mejor estado son denominados “molinos históricos” para diferenciarlos de los demás, mucho más recientes (Hervás Herrera et al., 2019). Los fondos para la recuperación proceden inicialmente de agentes locales como los ayuntamientos y de particulares, pero también de otros países, que colaboran o conectan por diferentes motivos con la revitalización de los molinos. Esto explica el nombre de algunos de ellos como Irak o Francia (este ya en desuso) en Mota del Cuervo o la placa andorrana en Campo de Criptana (fig. 3) aunque muchos de ellos suelen tomar nombres relacionados con el Quijote y la literatura, con apellidos o apodos de relacionados con sus últimos trabajadores conocidos, existiendo también otros nombres propios locales.
Más recientemente, la financiación para el mantenimiento será compartida por diferentes administraciones públicas de la mano de programas europeos de desarrollo que invierten en zonas rurales, siendo LEADER y sus diferentes ediciones o nacionales y regionales uno de los protagonistas, aunque no los únicos, orientándose la mayoría de las acciones en estos espacios hacia el turismo (Pillet y Santos, 2017).
El producto final de estos procesos de revitalización, no concluidos, son unos molinos de viento que hoy están totalmente desvinculados de su función tradicional, más allá de realizar moliendas turísticas testimoniales, generalmente una vez al mes y solo en aquellos molinos que disponen de la maquinaria precisa. En este sentido, la mayoría de las quince áreas molineras estudiadas han ido dotándose a lo largo del tiempo de al menos un molino con capacidad de moler, siendo esta una de las actuaciones prioritarias y más importantes económicamente desde el punto de vista de algunos gestores. También acogen oficinas de turismo, museos dedicados a la propia molienda o a otras cuestiones, kioscos, tiendas de recuerdos, o incluso, albergar talleres de artistas (fig. 4.). No obstante, no todos los edificios albergan algún uso en su interior, especialmente los que se construyeron sin vínculo alguno con los molinos existentes o en los que sencillamente, no se contempló la posibilidad por diferentes motivos. Este es el caso de los molinos que han sido llamados “decorativos” o incluso “paisajísticos” en clara alusión a su función estética siempre y cuando su fisonomía y proporciones encaje con el modelo manchego o de tipo torre tradicional (Caro Baroja, 1983).
La tendencia de puesta en valor y actuaciones diversas para rehabilitar los molinos de viento llega hasta la actualidad, habiéndose generado finalmente unos paisajes singulares en la parte central de Castilla-La Mancha que toman especial desarrollo en la llanura manchega, aprovechándose algunos pequeños cerros y elevaciones próximos siempre a poblaciones. Sobre ellos se levantan molinos, en grupo o aislados, que generalmente destacan sobre las líneas de horizonte circundantes otorgándoles un protagonismo que inicialmente es meramente topológico pero que queda subrayado por su vinculación con el Quijote, con el pasado socioeconómico de las poblaciones y con su valor patrimonial intrínseco llegando incluso a la categoría de símbolo que ha trascendido fronteras.
Todo lo anterior les concede a estos espacios una relevancia cultural que se ha ido construyendo, procedente de lo literario, y que hoy se mezcla con su consideración como patrimonio cultural agrario y con su consideración como paisajes culturales de entidad en el marco de lo urbano por su emplazamiento, aunque se localice en espacios netamente rurales o ciudades pequeñas, y lo histórico como indica el libro 100 Paisajes culturales en España (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, 2015: p. 312-215). A escala local también constituye un referente, no solo en el paisaje cotidiano de la población que reside en el entorno o los viajeros que los circundan, sino en la identidad de esos pueblos, manifestándose como símbolo a diferentes escalas, destacando la local, la escala regional, que se suele percibir como manchega en este caso, o autonómica y estatal si la hacemos coincidir con la organización política actual del territorio. A escala global, el molino de viento, individual o formando conjuntos, también dispone de un reconocimiento internacional innegable y de amplio espectro, vinculado inexorablemente al capítulo ocho de la novela que Cervantes publicó en 1605. En la práctica y a pesar de esos valores, solo siete de los quince conjuntos molineros, algo más de la mitad de los molinos seleccionados, disponen de algún tipo de figura de protección (Bien de Interés Cultural mayoritariamente) dominando la categoría de “monumento” o “sitio histórico” habiéndose conseguido todas ellas a partir de 2002 en adelante (Santos, 2023: p. 246-248). Sin entrar en los detalles de cada área molinera y sus respectivos ingenios repasamos ahora en conjunto y a modo de corolario las diferentes funciones y valores que tienen los molinos en el área de estudio.
En la actualidad, cuando se visita o se recorre el espacio geográfico de La Mancha y, sobre todo, el área de estudio seleccionada resulta muy difícil evitar el contacto visual lejano con los molinos de viento. Los lugares elegidos tanto para su construcción primigenia como para su recuperación están sujetos a unas condiciones topográficas favorables para el aprovechamiento de los vientos y para su contemplación en la lejanía. Encontrarse en un emplazamiento elevado, aunque fuesen solo unas decenas de metros (Tabla 1.) hizo que pudiesen dar más rendimiento cuando eran puras máquinas y que ahora sea un hito. Un elemento que llama pronto la atención en un territorio dominado por la llanura y la horizontalidad y la ausencia de grandes obstáculos visuales naturales o antrópicos. Esto hace que cuanto mayor desnivel exista entre las zonas que se recorren o los propios pueblos y los entornos molineros, más llamativa y altiva resulte su estampa, al tiempo que más costoso resultaría el traslado del grano. Así sucede por ejemplo en Fuente el Fresno, Los Yébenes, Herencia, Consuegra, Puerto Lápice y Las Ventas con Peña Aguilera en los que la diferencia de altitud de los molinos con respecto al centro urbano (plaza principal habitualmente) es superior a los 100 m. Muy probablemente, la contemplación de ruinas en el horizonte, aunque encaje con alguno de los ideales románticos que caracterizan el siglo XIX, fue lo que movió a personajes como Gregorio Prieto a comenzar la campaña de renovación y reconstrucción de los molinos que coronaban los cerros aledaños a los entornos estudiados.
En la actualidad, los molinos forman un conglomerado atractivo para el turismo que conviene desgranar ya que no es solamente el edificio lo que atrae al turista sino un conjunto de elementos visuales y tangibles como otros, no tangibles o solo apreciables a través de indicios vinculados al Quijote, por igual o más importantes. La presencia del molino en el horizonte es un reclamo que llama al turista, pero una vez que se corona el cerro y se establece contacto con el edificio las vistas también forman parte de la experiencia turística. Unas vistas abiertas, lejanas y caracterizadas por la amplitud que da la topografía llana que suele rodear las pequeñas islas o alargadas sierras en las que se emplazan los molinos. La función del molino como mirador o las vistas desde las propias plataformas en las que se instalan los molinos, resultan fundamentales para el turismo, aunque no ha sido aprovechada en muchos de los entornos estudiados, en donde las vistas en derredor son un elemento que debiera vincular el molino con su función original y primigenia y su alto valor intrínseco como artefacto preindustrial en el sentido al que se refiere la Carta de Baeza sobre Patrimonio Agrario.
Los paisajes culturales agrarios y en concreto los del cereal están aquí íntimamente ligados a los entornos molineros junto con silos, pósitos y otros elementos (Cañizares, 2023: p. 131-137) existiendo incluso un centro de interpretación del paisaje manchego en uno de los molinos (Rocinante) de Alcázar de San Juan. A pesar de estos importantes valores como patrimonio cultural agrario, las moliendas, que constituirían la esencia del molino volviendo a cumplir su función harinera, no son demasiado frecuentes en la zona. Ver un molino con las aspas enteladas y girando es casi una excepción en el paisaje actual. La necesidad de un escaso personal especializado y el caro mantenimiento constante que genera la acción de molienda son barreras muy extendidas que, por el momento, impiden un aprovechamiento turístico más intenso.
Los molinos, tanto por su contenido, cuando lo hay, como por su continente, las vistas y todas las infraestructuras que permiten y ordenan la visita forman parte directa de la experiencia del turista. Aparcar, circular a pie o en vehículo o incluso prevenir caídas a diferente nivel son cuestiones de gestión a las que los ayuntamientos dedican cierto esfuerzo. No obstante, la ausencia de sombra y espacios verdes, buena señalización e información, infraestructuras turísticas mínimas u horarios de apertura más amplios son necesidades demandadas por los turistas (Mata y Galiana, 2008: p. 216-218). Al mismo tiempo y a pesar de las mejoras necesarias, el grado de satisfacción del turismo que visita los molinos es alto o muy alto (Santos, en prensa).
Todo lo anterior, dispuesto fundamentalmente para el turismo como el uso más evidente no oculta otras importantes funciones como la estética. Los molinos forman parte del paisaje del entorno urbanizado en el que se hallan. De hecho, como ya se ha señalado, muchos de ellos se construyeron para formar parte de una escena; función meramente decorativa, molinos paisajísticos son denominaciones europeas para este fenómeno que va más allá del fondo escénico o paisaje e imagen percibida de un pueblo.
La gente de estos lugares lleva generalmente varias décadas viendo los molinos desde multitud de puntos de vista en su vida diaria y eso permite que vayan formando parte de un imaginario visual colectivo que acaba generando una identidad en torno al molino y se empieza a erigir como un referente de la localidad. La organización de moliendas regulares, de conciertos, visitas teatralizadas y eventos deportivos como la “Titán de la Mancha” entre muchos otros eventos hacen que el molino se haya consolidado como un referente y como símbolo de cada localidad, al igual que sucede con otros edificios singulares.
Sin embargo, el molino, dada su relativa ubicuidad en La Mancha es un símbolo compartido con otras localidades con lo cual, la escala simbólica del molino no se queda exclusivamente en un nivel municipal, sino que trasciende más allá pudiéndose asumir que es un símbolo plenamente regional, confundiéndose con frecuencia este nivel con el autonómico, que en España es puramente político y no tiene entidad escalar en un sentido geográfico estricto. No en vano, desde los años 60 y hasta nuestros días la imagen del molino se viene utilizando como reclamo turístico y patrimonial a cualquier escala.
Esta transformación en símbolo prácticamente universal no sucede con otros elementos patrimoniales como edificios, esculturas y otros elementos, por ejemplo, cuyo reconocimiento como símbolo queda asociado a un lugar concreto y determinado. El molino supera esa escala, aún siendo una obra arquitectónicamente muy discreta, por su vinculación con El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. La amplia difusión de esta obra literaria y los diferentes tipos de ilustraciones que la han acompañado durante siglos ha hecho del molino una imagen icónica muy por encima de otras que también emanan de la novela de Cervantes. Es cierto que la imagen del molino que se difunde en otras áreas y momentos de la historia no tiene mucho que ver con los molinos de viento manchegos teniendo más que ver con otras tipologías más septentrionales, pero la asociación del Quijote con La Mancha encuentra en los molinos de esta zona un vínculo fuerte y un punto de unión tangible. Se ha dicho que “el molino —y más directamente el molino de viento— ha venido a ser el símbolo de la civilización rural tradicional” (Redondo, 1989). Sin quitarle valor a dicha afirmación, en un marco rural posproductivista, en donde a las funciones agrarias clásicas se le están sumando muchas otras nuevas, los molinos son un elemento con un gran potencial aún por desarrollar sin necesidad de dejar de ser un referente desde diferentes perspectivas en aquellos entornos en los que está presente.
La potencia del molino de viento como símbolo se manifiesta también en el manejo que se hace de los personajes de Don Quijote y Sancho y su fuerte presencia en las zonas con molinos y aledañas, también elevados, aunque de otro modo, a emblemas del territorio de La Mancha. Puede decirse que existe una apropiación recíproca de conceptos y que los molinos son el espacio natural, un espacio netamente escénico, en donde se produce un encuentro de las personas, locales y foráneas, con las aventuras de la novela, en una mezcla de ficción, la percepción y la realidad, que otorga un carácter singular a estos lugares y que ha sido cultivada, fomentada y relanzada por multitud de escritores y viajeros (Pillet, 2002). El Quijote es el principal motor de atracción de los molinos y lo que le otorga un valor cultural que supera el que, de ordinario, tiene como patrimonio cultural agrario o el que tendría si tan solo fuese edificio de molienda y un mirador. Los molinos, lejos de dividir, suman dichos valores: turístico, paisajístico, identitario, cultural y simbólico.
Los molinos de viento de La Mancha han tenido una evolución muy larga y contrastada, pero en la actualidad constituyen un referente visual en el territorio. Esa alta visibilidad les proporciona un peso específico importante como iconos del paisaje y como miradores a pesar de que su origen es mucho más reciente de lo que aparentan en la mayoría de los casos. Como patrimonio territorial o como patrimonio cultural agrario tienen un alto valor intrínseco procedente de su función tradicional relacionada con la molienda de cereales, que el turismo aprovecha de una forma relativamente discreta. Al mismo tiempo, se ha convertido en un referente local, generando una identidad común entorno al molino y a su vinculación con el Quijote que trasciende las meras fronteras municipales convirtiéndose en un referente cultural y un símbolo del territorio en el que se hallan, trascendiendo la escala regional y proyectándose internacionalmente.