Vol. 11, Nr. 21 (2022): 175-178
Fecha de publicación: 2022-04-30
Licencia: CC BY-NC 4.0
Ascensión Hernández Martínez
Prensas de la Universidad de Zaragoza
Zaragoza, 2019
ISBN: 978-84-17873-99-8
Ascensión Hernández Martínez, Las ciudades históricas y la destrucción del legado urbanístico español. Fernando Chueca Goitia, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2019, ISBN 978-84-17873-99-8. El libro propone una relectura crítica y rigurosa de La destrucción del legado urbanístico español (1977), obra fundamental y largo tiempo olvidada del arquitecto e historiador Fernando Chueca Goitia, junto a otros cinco textos esenciales del autor sobre la conservación del patrimonio urbano español. Hernández Martínez contextualiza el pensamiento de Chueca en el panorama europeo de los años sesenta y setenta, marcado por la Carta de Venezia de 1964 y los modelos de intervención de Bolonia, mostrando cómo el arquitecto convirtió la defensa del patrimonio urbanístico en el eje de su trayectoria profesional e intelectual. La reseña valora la obra como un referente sólido y necesario de los estudios patrimoniales, que recupera el protagonismo olvidado de Chueca Goitia en la historiografía española del siglo XX.
Palabras clave: patrimonio urbanístico, ciudades históricas, conservación del patrimonio, desarrollismo, historiografía arquitectónica española
En 1977 Fernando Chueca Goitia escribía La destrucción del legado urbanístico español, un libro atrevido, fundamental y a la vez olvidado, en palabras de Pedro Navascués Palacio en la introducción a esta publicación de la catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza Ascensión Hernández Martínez, que hace una rigurosa relectura crítica del texto de Chueca junto a otros artículos esenciales del arquitecto en el contexto de su permanente preocupación por el patrimonio y las ciudades históricas, de lo que la autora es también reconocida especialista con una larga y sólida trayectoria en publicaciones y proyectos de investigación que avalan más aún la presente edición.
La preocupación por el ambiente, más allá del monumento aislado que había caracterizado la política patrimonial desde los primeros años del siglo XIX, empieza a coger sus frutos durante la segunda mitad del siglo XX, con las aportaciones de Cesare Brandi, Roberto Pane, y la fundamental Carta de Venezia de 1964 que actualiza los criterios de la anterior y ya obsoleta Carta de Atenas de 1931. El valor del centro histórico, entendido como conjunto patrimonial, afectará a las nuevas políticas de intervención en ciudades históricas que contarán con el paradigma de Bolonia y su Piano di Salvaguarda del Centro Storico de Pier Luigi Cervellati en 1969, y sus secuelas en el Piano Regolare de Ferrara y el Convegno celebrado en aquella ciudad por Bruno Zevi en 1976 remembering su estudio urbanístico como “primera ciudad moderna de Europa”.1
Todos estos hitos marcan los años en que, desde España, Chueca Goitia escribe sus mejores trabajos sobre el patrimonio español y la conservación (y destrucción) de su patrimonio monumental y urbano. Como afirma en su Introducción Ascensión Hernández:
Fruto de este cambio, y también de los acelerados procesos de transformación urbana experimentados en aquel momento, en las décadas de los sesenta y setenta, el centro histórico aparece no sólo como la definición de una parte de la ciudad que tiene una historia, unos valores, una personalidad y una morfología definida, sino también como un problema que no podía resolverse con la simple extinción o consumo de esta zona para fines especulativos. Fueron muchas las voces y los autores que reflexionaron sobre este tema en aquel momento, y si bien han sido estudiados los casos europeos, poco o nada se conoce en realidad sobre los debates que se produjeron en nuestro país, en concreto, sobre la teoría de la ciudad que tenía el arquitecto Fernando Chueca Goitia, que hizo de la conservación del patrimonio urbanístico un aspecto central de su trabajo, como arquitecto y como historiador.2
Aquí radica en buena medida la aportación fundamental de Ascensión Hernández, sacando a la luz un protagonismo tan merecido como olvidado en el estudio de la conservación patrimonial de nuestro país. De ahí la oportunidad de hacer no sólo un estudio crítico de la obra de Chueca sino también de recuperar cinco textos fundamentales del autor sobre la conservación del patrimonio entre los que destaca, por importante y olvidado, La destrucción del legado urbanístico español.
Como afirma la autora, esta investigación completa, tanto el perfil profesional e intelectual de una figura clave en la cultura artística española contemporánea, como el análisis de un episodio definitorio de la historia del urbanismo español del pasado siglo: los efectos del desarrollismo en nuestras ciudades históricas. La reflexión de Chueca se inserta magistralmente en un contexto de creciente alerta y sensibilización hacia la conservación del patrimonio cultural europeo que, como ya hemos indicado, caracteriza los ricos y convulsos años de las décadas de 1960 y 1970.
A Chueca le había preocupado el patrimonio y la ciudad histórica desde sus años de formación, y lo mantuvo a lo largo de toda su trayectoria, publicando numerosos textos y pronunciando conferencias en tal sentido. Así, en la Revista de Occidente publica “La transformación de la ciudad” (1963) donde expone su preocupación por los cambios y desconexiones producidos entre la ciudad histórica y la contemporánea (funcionalista llama él), surgida del proyecto racionalista, a la que no duda en calificar como “cada vez más estridente por la misma razón que cada vez es más vulgar”.
Ascensión Hernández analiza en profundidad este texto así como el siguiente que publicara en la misma Revista de Occidente en 1965 “Las ciudades históricas, un drama de nuestro tiempo”, en el que da continuidad a lo planteado dos años antes, partiendo de la base, como afirma la autora, de que la ciudad histórica es un problema para la sociedad contemporánea porque se considera un estorbo inviable para cumplir las necesidades de la vida moderna. Como solución a esta situación Chueca planteará dos cuestiones fundamentales: la educación y la aceptación de un cierto cambio dentro de la ciudad histórica.
Fernando Chueca Goitia fue siempre muy crítico con la arquitectura moderna, viendo en ella un problema y nunca una solución para la ciudad histórica. Constreñir la historia de las ciudades a un tiempo, parando el proceso y limitando por tanto la capacidad creativa de la arquitectura contemporánea, es un debate aún hoy abierto y que en Chueca generó partidarios y detractores durante toda su vida.
Sus ideas seguidas plasmándose en textos fundamental analizados también por Ascensión Hernández en una secuencia cronológica que nos lleva de “El problema de las ciudades históricas” (Granada, 1968) al “Neomudéjar, última víctima de la piqueta madrileña” (Madrid, 1971), y otros tantos textos sobre la conservación del patrimonio monumental español que va desgranando en la primera parte de su estudio.
La segunda parte del análisis de Ascensión se centra en la obra de referencia La destrucción del legado urbanístico español (1977), obra clave en su producción y en su pensamiento, que Ascensión define como “obra única en su género, personal y biográfica en el tono, y decisiva y fundamental para nosotros en lo que tiene de fuente de primera mano, documento que relata el proceso de transformación de las ciudades españolas expresado por alguien que conocía en profundidad la historia de la arquitectura y del urbanismo español”. Contextualiza la obra en un panorama que abarca las publicaciones sobre la desaparición del patrimonio monumental español, como la clásica y pionera de Gaya Nuño (La arquitectura española en sus monumentos desaparecidos, 1961)3 o artículos en revistas como la aragonesa Andalán o la barcelonesa CAU, Construcción, Arquitectura, Urbanismo.
El texto de Chueca –afirma Ascensión Hernández– tiene un carácter extremadamente personal, difícil de clasificar, con un tono airado a veces, poético otras, va más allá de un estudio histórico o científico para convertirse en un revelador testimonio de la sensación de pérdida experimentada por un experto estudioso de la historia de la arquitectura al que le duele España, como le dolía a Machado y a tantos otros artistas desde el 98. Sorprende sobre manera el profundo conocimiento que Chueca Goitia tenía, no solo de la historia de los edificios, sino también de los avatares que habían afectado a su conservación, porque los había analizado in situ dedicando a su estudio y restauración gran parte de su vida profesional. También impresiona la capacidad del arquitecto para relacionar sus experiencias personales con los conocimientos históricos, encontrando paralelos y referencias entre los diversos casos analizados. Puede decirse que Chueca tiene un conocimiento enciclopédico de la historia de la arquitectura y del urbanismo, pero el suyo es un saber penetrado de vida, aligerado (si se quiere) por el contacto directo con la realidad y por el recuerdo de sus impresiones personales, porque Chueca se presenta a sí mismo como un flaneur, un caminante a la manera de Baudelaire, que pasea por la ciudad moderna intercambiando sus impresiones con el lector y también con los escritores que han escrito sobre ellas.
Estamos, sin duda, ante un referente de los estudios patrimoniales. Una obra sólida, rigurosa, necesaria y oportuna, en la que Ascensión Hernández ha sabido desgranar todos los valores de una personalidad tan rica y compleja como la de Chueca Goitia, reivindicando y asentando su papel fundamental en la práctica profesional y en la historiografía española de esas décadas cruciales que caracterizaron la segunda mitad del siglo XX.
Universidad Complutense de Madrid