1. Preámbulo.
La Escuela de Arquitectura y Diseño es una de las dos unidades académicas que conforman la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), en Chile, Universidad que nace desde un profundo humanismo de raíz católica, para formar profesionales con vocación de servicio a la sociedad, y que se proyecta al mundo respetando su identidad vinculada a la propia ciudad. Esta Escuela cuya orientación, fundamento y línea de trabajo se ha mantenido desde hace sesenta y cuatro años, está considerada como una de las experiencias más importantes en investigación arquitectónica en América del Sur. La sede es una casa construida alrededor de 1940 con fines residenciales, adquirida por la Universidad en 1951, y adaptada conforme a los requerimientos educacionales. Para el año 1970, funda en Ritoque1 una ampliación de la sede y como lugar de proyección de una utopía.
En 1952, un grupo de arquitectos y de artistas, entre ellos el poeta argentino Godofredo Iomni2, y el arquitecto chileno Alberto Cruz3 revolucionan la Escuela de Arquitectura, refundándola en 1967, bajo los principios de la poesía y con gran libertad de cátedra, donde los estudiantes tenían mayor protagonismo. Junto a la Escuela se fundó el Instituto de Arquitectura, muy significativo, ya que se cuenta desde el principio con un lugar que va más allá de lo puramente docente.
La experiencia de la Escuela, a través del grupo de arquitectos y diseñadores que la constituyen, en su modo de enseñar y de hacer arquitectura comparten una visión poética del continente americano que han llamado Amereida, palabra con la que poéticamente se construye una lectura original del continente americano. Al mismo tiempo, la Escuela ha desarrollado un lenguaje figurativo en su modo de enseñar, de escribir y de hablar; para ir a las formas observando la realidad en la creación de un lugar en el que sea posible estar.
La formación con vocación de servicio a la sociedad, realza la identidad vinculada a Valparaíso4, ciudad ubicada en el litoral central del territorio de Chile, emplazada en una bahía y rodeada de cerros, que ha sido inspiración para los arquitectos y artistas donde la invención y la relación con la naturaleza ha sido de gran importancia en el proceso creativo de la Escuela.
La ciudad de Valparaíso es un aula abierta donde los estudiantes observan y descubren la arquitectura, sumado a la actividad didáctica de arquitectos y artistas quienes han desarrollado un modo de enseñanza para llegar a ser un punto de referencia y modelo como escuela que ha cruzado los límites de América. La experiencia de quienes han visitado la Escuela y Ciudad Abierta, ha quedado plasmada en publicaciones, tanto europeas como americanas que han puesto su atención en esa visión poética del continente americano. Ciudad Abierta representa hoy en día una de las experiencias contemporáneas de mayor creatividad e invención como práctica proyectual de la arquitectura.
2. Introducción.
Este trabajo se inscribe en la línea de investigación sobre Escuelas y Teorías de Arquitectura, desarrollado en el curso Teorías Arquitectónicas, del Doctorado en Arquitectura de La Universidad Central de Venezuela5.
La investigación recoge una reflexión sobre los ejes que rigen el modelo didáctico de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso en Chile; a partir de la revisión de la documentación en línea, de publicaciones que tratan sobre el tema, específicamente aquellas que provienen de textos escritos por profesores de la citada Escuela, de fotografías y entrevistas, impresos en los talleres de Investigación de la Escuela de Arquitectura de Valparaíso. Otra fuente de información proviene de textos de autores que han escrito sobre Ciudad Abierta desde diferentes mirada.
Partiendo de la información obtenida, se intentará una aproximación a un modo de enseñar y de hacer arquitectura, desde la visión poética de la Escuela, expresada en el poema Amereida6. Una Escuela que contiene una condición humana poética como un acto libre en la formación de los estudiantes. En este sentido, el Taller Amereida constituye la parte esencial del programa de estudio, siendo Ciudad Abierta el campo de experimentación arquitectónica, donde teoría y práctica se encuentran a través de actos poéticos que representan el momento central de la enseñanza. Este trabajo aborda la visión poética de la Escuela, a partir de cuatro ejes temáticos:
- La visión poética de la Escuela expresada en el poema Amereida.
- La enseñanza a partir de la observación arquitectónica como punto de partida desde la realidad y como instrumento para pensar la arquitectura.
- La idea de las Travesías en los viajes de acercamiento al continente americano, como experiencia en la formación del arquitecto.
- La Ciudad Abierta: el lugar donde se vive, se estudia y trabaja en la construcción de una utopía (Segre, 2011: 7).
3. La Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile: La visión poética de la enseñanza de la arquitectura.
En el año 1952 la Orden de los Jesuitas decide renovar la Universidad Católica de Valparaíso, invitando a un grupo de arquitectos y artistas: El arquitecto Alberto Cruz y el poeta Godofredo Iommi7, quienes se incorporan junto a otros (Fabio Cruz P., Miguel Eyquem, José Vial, Arturo Baeza, Francisco Méndez, Jaime Bellalta y Claudio Girola) con un planteamiento que centra su atención en la poesía, el arte y el oficio de la arquitectura. Planteamiento que orienta y configura los estudios y la pedagogía de la escuela, ya que declaraba estar abierto a todas las artes y a todo artista.
Señala el arquitecto Fabio Cruz, profesor de arquitectura y diseño de la Escuela, que todo parte en Santiago por el año 1950, tiempo en que se produce en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica, un movimiento que pone en discusión la gran dicotomía que se producía en la enseñanza del Taller. Movimiento que trascendió rápidamente los límites internos de la Escuela al involucrarse las autoridades de la Facultad y posteriormente de la Universidad (que era Pontificia, y se entablaban relaciones con otras personas vinculadas de alguna manera al quehacer universitario). En ese momento, Alberto Cruz Covarrubias como profesor de la escuela realizaba un Taller en Segundo año, en el que se planteé, por primera vez, “salir a observar” directamente la vida de la ciudad por medio del croquis y la anotación, y las proposiciones arquitectónicas que se hacían debían surgir de dicha observación.
En ese mismo año como consecuencia de las inquietudes y horizontes abiertos en el movimiento de la Escuela se fue constituyendo un grupo, donde Iommi, el poeta con otra visión de la realidad y de la concepción de América como hijo de emigrantes, tenía otra dimensión de la condición humana. Y a finales de 1952, éste señaló que era necesario crear un ámbito de estudio más amplio y abierto, que trascendiera la mera actividad docente; un lugar al que pudieran concurrir otras personas, otros artistas, otras disciplinas. Y así se fundó el primer Instituto de Arquitectura, de la Universidad Católica de Valparaíso en marzo de 19528. El grupo de arquitectos y artistas “reformistas” se trasladan a Valparaíso, y alquilaron casas en un conjunto residencial, para convivir entre el espacio de las casas y la Universidad, construyendo una unidad entre “vida, trabajo y estudio”, en la que se sustentaba la acción artística y académica.
Lo que se transmitía en las enseñanzas era el reflejo de su propia aventura creativa, que se fundaba e iluminaba en dos afirmaciones: una: “que el hombre por su naturaleza misma es de condición poética, lo que lo lleva incesantemente a reinventar, cada vez, la figura del mundo”, y la segunda afirmación: “que la obra de arquitectura se origina a partir de la observación o elogio de la realidad cotidiana, por medio del dibujo y la palabra. Estas afirmaciones fundamentales han seguido iluminando nuestra aventura y han fructificado en el tiempo de múltiples maneras”9.
4. La visión poética de la Escuela expresada en el poema Amereida.
La palabra Amereida es la poética en la cual se fundamenta la Escuela de Arquitectura y Diseño de Valparaíso. En el año 1965 la escuela realiza su primera Travesía10, que dejó una serie de textos, poemas, anotaciones y cartas, entre otros, como testimonio de la experiencia del viaje, las cuales fueron reunidas hasta ser editadas y constituirse en publicaciones. La primera se publicó en 1967 como el primer poema de Amereida.
El texto en sí es el poema que representa a “América como un mar interior que invita a ser descubierto con la cruz del Sur como guía. Los autores visualizan América del Sur en posición invertida, donde se muestra el inicio de la Travesía –La Patagonia– en el extremo superior del mapa. El poema busca revelar la esencia del territorio virgen con el cual se encontraron los conquistadores.
La palabra poética Amereida, significa la unión entre poesía y arquitectura, convirtiéndose en la mayor inspiración para los profesores y estudiantes de la escuela, quienes entienden esa condición humana poética como un acto libre de enseñanza. Es entonces la palabra poética Amereida, la línea de enseñanza que fundamenta la investigación y la relación con la naturaleza que desvelan el carácter de las obras de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Universidad Pontificia de Valparaíso, siendo el Taller Amereida parte esencial del programa de estudios dentro del área artístico-humanista, un Taller compuesto por doce unidades de Taller que van desde el primer año hasta el cuarto de estudios; donde alumnos y profesores abordan los trabajos de los talleres bajo esa palabra poética, como una visión que apela a lo más alto del ser humano para ver lo esencial del ser americanos; y el ejemplo de esto lo encontramos en Ciudad Abierta, donde se da la actividad del Taller; más adelante explicaremos como los actos poéticos representan el momento central de la enseñanza.
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Las acciones poéticas llamadas Phalènes12, se inspiran en los métodos de André Breton y los surrealistas, según el cual las acciones poéticas se deben realizar colectivamente. El poema además se nutre de las lecturas clásicas de Virgilio13 en la epopeya de la Eneida.
Afirma Cáraves que los primeros veinte años de la escuela, desde 1952 hasta 1970, han sido necesarios “para conformar lo interno con un lenguaje junto a la poesía, con rigor artístico, de vida, trabajo y estudio en común. Los primeros veinte años del Instituto de Arquitectura junto a la Escuela, constituyeron la base teórica para abrir el estudio y la investigación de la Arquitectura como oficio artístico, en Chile y tal vez en América, dando existencia a un ámbito creativo” (Cáraves, 2007: 21).
5. La enseñanza a partir de la observación arquitectónica como punto de partida desde la realidad y como instrumento para pensar la arquitectura.
La enseñanza de la Escuela de Arquitectura y Diseño de Valparaíso está guiada por la palabra Amereida, como se explicó anteriormente, y bajo esa visión se desarrollan las fases de la Escuela desde su creación hasta el presente. Fases que se describen brevemente, haciendo énfasis en su visión poética.
5.1. 1952. I fase de la Escuela. La mirada al lugar: Valparaíso.
Siguiendo la cronología de la Escuela, y como se señaló en la parte de la enseñanza, para el año 1952 el entonces Rector de la Universidad Católica de Valparaíso, P. Jorge González Foster, invita a un grupo de jóvenes artistas y arquitectos (Alberto Cruz y Godofredo Iommi, entre otros) a trabajar al interior de la Escuela de Arquitectura, creando el Instituto de Arquitectura y desarrollando una nueva visión de la disciplina que será su sello distintivo.
La incorporación de estos invitados motivó el cuestionamiento de la enseñanza académica de la arquitectura, principalmente en eliminar el distanciamient entre alumnos y profesores con la intención de incorporar a los estudiantes a la cotidianidad, a la vida social urbana atentos a sus propias realidades. Señala Segre que el “cuestionamiento de los sistemas políticos, religiosos y filosóficos dominantes ya en la antigua Grecia, motivaron la formación de pequeños grupos sociales alternativos, casi comunidades utópicas: recordemos el jardín de Epicuro en Atenas; y el desarrollo del escepticismo y el estoicismo, tanto en Grecia como Roma” (Segre, 2011: 32). Esa relación entre comunidad y arquitectura viene dándose en el desarrollo de la historia, desde las cofradías de constructores en la época medieval hasta la Revolución Industrial del siglo XIX, donde pensadores como William Morris y John Ruskin se levantaban en contra de la estética de la máquina, donde la relación entre arquitectos, artistas y artesanos no se daba, estos eran defensores del respeto a la naturaleza, y la valorización de los materiales tradicionales, para fomentar la creación de pequeñas comunidades capaces de producir objetos artesanales. Ya para el siglo XX con la Bauhaus se buscó un equilibrio entre el arte, la artesanía, la arquitectura, el diseño y la máquina, para lograr la integración de alumnos y profesores a la vida cotidiana.
Sin lugar a dudas a lo largo del siglo XX se dieron diferentes ejemplos de arquitectos como FranK Lloyd Wright, cuyas ideas se aproximaban a la idea de una comunidad utópica dedicada a la enseñanza de la arquitectura, en donde la participación de la comunidad y el uso de materiales o recursos locales, era fundamental para aportar soluciones a los problemas de su realidad social. Una búsqueda en la relación arquitectura y comunidad, entre cultura, trabajo y arte manual que también influyó en América latina, donde Cruz y Iommi plantaron crear una Escuela de Arquitectura con conciencia que sabe mirar las particularidades de un contexto como la ciudad de Valparaíso.
La visión poética de los profesores fundadores fue la de alcanzar un equilibrio entre lo etéreo de la palabra y la rigidez de la materia, para orientar los estudios y la pedagogía de la Escuela:
Esa visión proporcionó el sustrato conceptual sobre el cual habría de levantarse en 1952 una de las más influyentes escuelas de Arquitectura de Latinoamérica. Abriéndose paso por senderos alternativos a los de la instrucción tradicional, la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Universidad Católica de Valparaíso logró forjar un modelo de formación original y vanguardista, que alteró los paradigmas académicos, sobre la base de principios como la observación, la experimentación y el trabajo en terreno (Angelini, 2004: 19-21).
La primicia de la Escuela en su primera línea de enseñanza es la observación, la experiencia de observación del entorno, tanto el de Valparaíso como el del continente (a través de las Travesías).
El modelo pedagógico sobre el cual se basa esta formación es el Taller, que se estructura en torno a un tema que los profesores exponen en clases, para generar tareas y estudios que se llevan a cabo en la ciudad mediante observaciones que se fijan en croquis y anotaciones. Las tareas de Observación se exponen colectivamente al interior del Taller, donde los profesores las corrigen individualmente, así cada alumno va dando pasos de maduración que le permiten formular un fundamento, el que luego da origen a su proposición, que es corregida un cierto número de veces dependiendo del caso, y termina en una proposición final que es calificada.
Esa experiencia se plasma en una carpeta que acompaña cual hábito, a profesores, alumnos y ex alumnos, ella se lleva a cabo en el taller. Es una celebración donde se arman las lecturas poéticas, exposiciones, conciertos, cine, etc; objetivos que fueron planteados por primera vez en 1952, cuando la Escuela de Arquitectura se refunda.
El Taller es así un ámbito de estudio colectivo en que cada alumno fructifica en su trabajo individual, por medio de un camino creativo en común que considera el desarrollo individual de cada cual. Las experiencia del taller, de salir, se convierten en investigaciones teóricas surgidas desde la observación, del acto de habitar, que tienen un desarrollo en las obras.
Este modelo conduce a ciertas capacidades que definen el perfil de un egresado de arquitectura en esta escuela. Todas las actividades concurrentes al estudio e investigación de la arquitectura y, a la formación de futuras generaciones, de Arquitectos y de jóvenes Profesores, “cuyo pivote es la Ciudad Abierta de Amereida”.
La primera línea de enseñanza basada en la observación, en el caso de Valparaíso, una arquitectura popular hecha del reciclaje, una arquitectura esponanea de casas de madera, de lámina corrugada, de mucho colorido y la versatildad al apropiarse de un entorno con un significado especial, donde el espacio público es el resultado de la geografía que al pie del cerro y del Plan (parte baja) muestra recorridos sinuosos que se enfrenta como puerta abierta al Pacífico; esto conlleva a aprender a proyectar de un modo poético esa realidad, y más allá será en principio la inspiración de la Escuela en una práctica del aprendizaje de la arquitectura junto al oír de la poesía y a su palabra poética de la mano de artistas y arquitectos. Se inaugura entonces una forma de proyectar y hacer arquitectura que continua implementándose hasta hoy.
5.2. 1964: II Fase de la Escuela. Implementación de la visión poética en la enseñanza de los Talleres.
Durante los años 60 las universidades del sistema universitario chileno experimentarán un cambio debido a la reforma universitaria suscitada en esos tiempos, aunado a las reformas que se daban en las universidades de América Latina y a la vez influenciados por los movimientos estudiantiles en diversas universidades de Europa. En 1967 se produce la Reforma Universitaria, y es la Escuela de Valparaíso la que asume el liderazgo, y desde allí se extiende a otras universidades de Chile. Dicho movimiento tuvo un origen poético y por ello en la “Escuela lo llamamos la Reoriginación Universitaria y es el origen de la Ciudad Abierta. En 1970 los profesores de la Escuela adquieren los terrenos en el litoral al norte del Río Aconcagua y fundan allí la Ciudad Abierta”11.
Como se mencionó en el punto sobre la palabra poética de la escuela: Amereida, es una visión poética como expresión de espíritu libre y colectivo que guía a los estudiantes. Allí encontró el poeta Iommi el espacio para desarrollar todo su potencial creativo, donde plasmó una visión de América entendida como un don, idea que desde entonces ha servido y se mantiene como eje articulador de las acciones y la filosofía de la Escuela.
Su obra literaria, así como los actos poéticos en los que participó, se convirtieron en inspiración para futuros arquitectos y diseñadores, que a partir de sus poemas desarrollaban las creaciones de los Talleres y las Travesías.
Durante la investigación se realizó una búsqueda de los Programas de Estudio de ambas fases, llamados en la Universidad “Malla Arquitectura” (corresponde al modelo curricular), pero solo se tuvo acceso a la que corresponde a la última reforma curricular, sin embargo la importancia radica en la disposición de los docentes de mantener la experiencia fundadora como guía permanente en la enseñanza.
Es importante resaltar que la enseñanza de estudios en la Escuela, actualmente sigue la estrecha relación desde su etapa fundacional la fundamentación en el área artístico-humanista, en el que se incluye el Taller Amereida hasta el cuarto año de estudios, seguidamente el Área Taller, que contempla desde el Taller Inicial en una primera etapa que incluye las Travesías así como el Taller Arquitectónico y el Taller de Titulación. Un área Técnica que abarca desde la línea constructiva, estructural e instrumental, con cinco Talleres de Construcción que se desarrollan en la Ciudad Abierta como laboratorio de sus propuestas.
La importancia del Taller inicial del primer año de arquitectura es una conjunción de módulos convergentes al Taller que se propone abrir la mirada a la observación de la realidad como un lenguaje articulador, creativo y constructor del mundo y la arquitectura.
6. La idea de las Travesías en los viajes de acercamiento al continente americano, como experiencia en la formación del arquitecto.
El nombre Travesías lo dieron los fundadores de la Escuela de Arquitectura, para realizar viajes poéticos por diversos lugares del continente americano, “América ha de recorrerse en su extensión; es preciso ir al continente, ir a él para reconocerle y habitar su emergencia”.
En 1965 los fundadores de la Escuela decidieron partir en esa visión, siguiendo la línea recta que une la Tierra del Fuego, en la Patagonia chilena, con Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, uno de los ejes de la proyección de la constelación donde se encuentra la Cruz del Sur, punto que en el poema Amereida se le llama “capital poética de América”.
La primera Travesía se publicó en 1967 como el primer poema de Amereida. El texto en si es el poema que representa a “América como un mar interior que invita a ser descubierto con la Cruz del Sur como guía. Los autores visualizan América del Sur en posición invertida, donde se muestra el inicio de la Travesía -la Patagonia- en el extremo superior del mapa”. El poema busca revelar la esencia del territorio virgen con el cual se encontraron los conquistadores. El Primer Poema de Amereida dice:
¿No fue el hallazgo ajeno a los descubrimientos -oh marinos sus pájaras salvajes el mar incierto las gentes desnudas entre sus dioses- porque el don para mostrarse equivoca la esperanza? ¿No dejó así la primera pasión del oro al navegante ciego por esa claridad sin nombre con que la tarde premia y destruye la apariencia? ¿Y ni día ni noche la tercera jornada no llegó como una isla y suavemente sin violentar engaños para que el aire humano recibiera sus orillas? que también para nosotros el destino despierte mansamente desde aquella gratuidad del yerro se abren todavía los grandes ríos crueles de anchas complacencias las montañas solas sobre las lluvias los árboles difíciles dejando frutos en la casa abandonada. Y aún con otros ¿no buscó el paso su abertura tanteando en la costa como en la noche el ojo su aventura? ¿y no entregó el viento en torno al primer barco su saludo más vasto su inconsolable inocencia sobre las pampas y la dulzura de otro mar blanco inexistente la mirada cuando la tierra púdica se entrega? porque así como el trabajo encubre la mano que se arriesga la seña la verdadera seña miente como el día para salvar de otros usos la noche regalada y sin embargo escucharon esos extraños la útil y sola melodía del cordaje responder bajo la luz vacía que aún nos llama porque allí el tiempo nace de la guardia ¡oh desapegos que uno mismo ignora antiguas gentes nocturnas a quienes el peligro abre sus ofrendas y la primera tumba inútil donde con gracia comenzar otro pasado (Cáraves, 2007: 13).
“Las Travesías pasan a ser una instancia de estudio, con la intensión de sacar las aulas a la extensión del continente americano” (Cáraves, 2007: 21). Son realizadas con los Talleres de la Escuela de Arquitectura, junto a profesores y alumnos, generalmente durante la primavera de cada año, y con un periodo de extensión de un mes: “Emprendemos viajes poéticos, que se llevan a cabo en la extensión americana con la finalidad de indagar desde los oficios de la Poesía, la Arquitectura y los Diseños, en torno a nuestra identidad de americanos, recabando acerca de la pregunta primordial; la que inquiere sobre el destino en América. Para ello se realiza la empresa travesía, la que consta del cálculo, del viaje mismo (con un recorrido normal de 10 a 15 mil kilómetros) y, de la obra: su fundamento, construcción y acto de proclamación y, o, entrega a los habitantes del lugar. Acto que en Amereida se lo nombra como la primera habitación; el que es un presente o regalo” (Cáraves, 2007: 21). Son en sí, un acto fundacional, un viaje épico que es también un viaje arquitectónico, que en su punto final culminan con un acto poético que incluye la creación de obras e intervenciones artísticas in situ como experiencia de creación colectiva en directa interacción con el entorno. Las mismas son una experiencia arquitectónica, de las cuales se recogen textos, poemas, anotaciones y cartas, entre otros, como testimonio de la experiencia del viaje. Luego son expuestas, ante profesores y alumnos de la Escuela, los fundamentos de la actividad poética-arquitectónica realizada. Estos testimonios han sido reunidos hasta ser editadas y constituirse en publicaciones.
La tarea de viajar juntos estudiantes y profesores a diversos lugares de América, dieron continuidad a numerosas Phalène o actos poéticos para realizar obras concretas de arquitectura y diseño en algún punto, fijado a través del estudio que desarrolla cada Taller. La necesidad de vincular la enseñanza de la disciplina más estrechamente con el territorio llevó a los académicos de la Escuela de Arquitectura a concreta, por medio de la Cooperativa de Servicios Profesionales Amereida, la compra de unos terrenos en la localidad de Ritoque. Allí se inició la edificación de la Ciudad Abierta.
7. La Ciudad Abierta: el lugar donde se vive, se estudia y trabaja en la construcción de una utopía.
La Ciudad Abierta fue fundada en 1970 por la Facultad de Arquitectura de Valparaíso mediante la creación de la Cooperativa Amereida, siendo su creación la ampliación de la antigua sede de la Escuela, a posterior pasó a ser la Corporación Cultural Amereida la propietaria de los terrenos de Ciudad Abierta, ubicados en la comuna de Quintero, en la localidad de Punta de Piedra, a 4 Km. de Concon y a no más de 20 Kms. de la ciudad de Viña del Mar, Chile (Cáraves, 2007: 23), de modo que forma parte del Gran Valparaíso.
Ciudad Abierta desde su fundación se propone ser ciudad, y como señala Cáraves (2007), se parte de lo más público, como es la palabra, y por ello se construyó el Ágora para que se exponga la palabra libre, por tanto es el lugar de partida de Ciudad Abierta, constituyéndose en tres:
Así, se proyectan y construyen el Ágora de los Huéspedes en la parte alta de los terrenos, el Ágora del Fuego en las dunas y, el Ágora de Tronquoy en la vega próxima al mar. Las ágoras son primeramente la conformación de un suelo. Suelo arquitectónico que concibe las posturas del cuerpo cuando habla públicamente. Es el Ágora, el lugar de acto, de reunión, de convocatoria, al que hay que ir.
Los actos poéticos dieron inicio a la fundación de los terrenos Ciudad Abierta, siguiendo el poema de Amereida, y cito un extracto del mismo, para acercarnos a la relación poesía, ciudad y arquitectura:
La poesía surge para hacer resplandecer la suspensión milagrosa del hombre. Le recuerda al hombre el alba perpetua de su origen. Ella es el acto humano que se relaciona con el fundamento de toda realidad. Y por ella se hace terriblemente consoladora. Es el poeta quien consuela a la humanidad Si revela el acto humano, es por tal acción que ella llega a ser Fiesta. El poeta es el portador de la Fiesta. La Poesía es Fiesta. Me digo: es necesario obedecer al acto poético con y a pesar del mundo para desencadenar la Fiesta. Y, la Fiesta es el juego, supremo rigor de mi libertad. Tal es la misión del poeta porque el mundo debe ser siempre reapasionado. La poesía en acto surge y se inserta verdaderamente en la realidad. Desvela la posibilidad que funda toda existencia efectiva y al mismo tiempo se hace acto en el mundo. Pero ¿qué es lo que quiere decir consola? El consuelo no es el bálsamo sobre las heridas ni el pañuelo para las lágrimas. Consolar quiere decir, revelar constantemente a los hombres cogidos por las tares del mundo el esplendor que llevan en ellos, el fulgor de esa pura posibilidad antes de toda elección: de esa posibilidad de hacer y de alcanzar toda realidad. Revelación del instante que es el hombre antes de todo tiempo. Revelación, que es la verdadera memoria (Cáraves, 2007: 14).
Ciudad Abierta es el lugar que toma el fundamento poético de Amereida, y es así como desde 1971 comienzan a levantarse las construcciones en una ciudad sin un trazado preconcebido, una ciudad sin calles, donde lo que predomina son las formas abierta y cerradas, creadas bajo esa palabra poética, ciudad concebida como un mirador que contempla el paisaje entre dunas, mar y montaña. Las construcciones que allí comenzaron a levantarse, se constituyeron en la praxis de la escuela, utilizando materiales locales y reciclados en una especie de collage como elementos transformadores del paisaje; en un gran vínculo con el lugar, pero sobre todo en la capacidad de evocar figuras poéticas en el entorno.
Al hacer referencia a la arquitectura de Ciudad Abierta, Cáraves afirma que: “El arquitecto es un obrador, él sigue la voz poética que dice ahora y, la arquitectura levanta aquí, ahora y aquí”, lo que en la voz pasa a ser cuerpo tridimensional. Para ello se realizan actos en la Ciudad Abierta, de este modo, toda actividad en Ciudad Abierta es interpelada por esa voz poética que llama, “al que en contemplación se detiene y, la oye”. Y esa interpelación de la poesía “lo hemos llamado parapeto, es una invención, es un trabajo tridimensional, un primer cuerpo espacial con el que se intenta nombrar y luego atrapar, fixer, limitar el despliegue del acto ocurriendo. Digamos que es el despliegue de los cuerpos en la extensión, porque antes de que un espacio sea dado a un uso, el arquitecto comprende el factorial de posibilidades así, podemos comprender el tamaño apropiado de un recinto”.
Es importante señalar algunos de los actos poéticos (obras) como hechos formales en Ciudad Abierta, donde la palabra se convierte en arquitectura; recorreras es inspiración en la comprensión de la visión poética que ha marca la línea teórica de la Escuela de Arquitectura de Valparaíso.
8. Conclusiones.
Como hemos visto, la Escuela de Arquitectura y Diseño de Valparaíso en sus diferentes fases, ha desarrollado una línea autónoma de enseñanza y proyecto de la arquitectura que nace con las ideas del arquitecto Alberto Cruz Covarrubias, junto al grupo de profesores que a partir de 1952 transformaron la Escuela, destacando el poeta Godofredo Iommi. Podemos señalar que, desde entonces, se ha conformado un lenguaje que junto a la poesía marcan las actividades de la Escuela, como un método de enseñanza que se ha desarrollado, evolucionando y construyéndose a lo largo de la experiencia de muchos años, con un rigor artístico, aunado a un modo de vida muy particular; ese aprender a proyectar a partir de saber ver e interpretar de un modo poético la realidad del entorno, Luego en 1965, con el poema Amereida, pensando en una Eneida fundacional para América, se fue convirtiendo en la palabra que “ilumina todos los quehaceres de la Escuela”, para ir configurando sus conceptos básicos sobre el habitar. Como señala el profesor Cáraves, los primeros veinte años del Instituto de Arquitectura junto a la Escuela (1952-1972), “constituyeron la base teórica para abrir el estudio y la investigación de la Arquitectura como oficio artístico, en Chile y tal vez en América, dando existencia a un ámbito creativo” (Cáraves, 2007: 14).
La Escuela mantiene una dimensión de la relación entre poesía y arquitectura, incorporando los actos poéticos como la línea central de la enseñanza, durante el cual se da forma a la idealización de un proyecto y su posterior elaboración técnica, para dar paso a realizaciones materiales. Ciudad Abierta un lugar que pretende reunir vida, trabajo y estudio.
La Escuela de Arquitectura y Diseño de Valparaíso ha mantenido desde sus inicios unos conceptos claros y discursivos soportados en la poesía, en esa palabra poética de Amereida; siendo la base de la teoría arquitectónica bajo la cual se desarrollan las actividades de Taller. Una teoría como sistema de ideas y conocimientos implementados y referidos a un campo muy específico de su quehacer, como lo es Ciudad Abierta. Ciudad Abierta es el campo de experimentación para profesores y alumnos, que buscan a mi parecer, dejar de entender la arquitectura como creadora de objetos únicos, singulares; con un objetivo muy claro: entenderla como estrategia y como proceso, como obra en simbiosis con la naturaleza. Una libertad creadora que se convierte en práctica proyectual, como fruto de una relación entre los oficios de la arquitectura y la poesía, parafraseando a Caráves, esa relación abierta entre la poesía y los oficios que no elude ninguna realidad. Al contrario, da cabida a la plenitud de la vida humana, que es el horizonte de toda invención de ciudad.
En Ciudad Abierta se experimenta una teoría arquitectónica a través de los actos poéticos, que proclaman por una arquitectura “qué poéticamente va colonizando… señalando un territorio siempre inacabado, continuamente refundado” (Cáraves, 2007: 20), para comprender el significado de su dimensión existencial, precisado por éste en la estructura de “ser y estar en el mundo” (Heidegger, 1951), en un sentido heideggeriano del lugar como resultado del quehacer arquitectónico; para entender la arquitectura más allá de los términos descriptivos, los cuales están casi siempre basados en análisis tipológicos, tecnológicos y funcionales.
¿Es acaso una ciudad, como su nombre señala “abierta”, a experimentar el oficio de la arquitectura libremente?, el lugar donde se observa la realidad, se escucha la palabra (poesía), para que el hombre con su libertad creadora, escuche, y la convierta en fundamento para dar forma a la arquitectura; a la arquitectura como creación de lugar, que transforma el paisaje como afirmaba Heidegger. Por lo tanto Ciudad Abierta como el lugar es mucho más que una ubicación, está constituido por actos poéticos (obras tridimensionales), que permiten crear y delimitar espacios, en los que el hecho construido hace lugar.
Siguiendo el poema Amereida, “es la poesía que indaga en el sentido y significado de ser americano, que es la pregunta sobre el destino de los americanos, llegados a una tierra no descubierta sino que regalada, inventada” (Cáraves, 2007: 14), desde esa posición podemos afirmar que Ciudad Abierta es un lugar único, concebido para el repensar de ser americano, entonces es un lugar libre como campo de experimentación para la enseñanza en los talleres, una “ciudad abierta al que signaron un destino”, por eso la visión poética que la sustenta hace que sea importante. El paisaje se impone y Ciudad Abierta se hace visible a partir de la existencia de una arquitectura dispersa, de formas abiertas, dibujando figuras poéticas en el entorno, que materializa la palabra poética Amereida, como el fundamento de la Escuela.
Finalmente, sería interesante considerar para futuras investigaciones, indagar sobre la práctica proyectual desarrollada por los arquitectos egresados de la Escuela, para analizar en sus obras esa visión poética como base teórica impartida en su proceso de formación; lo que en diversos textos se afirma que los egresados de la Pontificia Universidad Católica de Chile, tienen una “impronta especial” que los distingue del resto, y que dicha impronta se basa en las travesías; por lo que se abriría otra dimensión para presentar la práctica proyectual más allá de Ciudad Abierta.
Notas
Obras citadas
- ANGELINI, A. (2004). Un.architettura tra gesto e poesia. Politecnico di Milano Facolta di Architettura Civile Laurea Specialistica in Architettura e Dot- torado in Composizione architettonica.
- CARAVÉS, P. S. (2007). La Ciudad Abierta de Amereida Arquitectura desde la Hospitalidad (Tesis Doctoral). Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelo- na. Universidad Politécnica de Cataluña. Extraído el 25 de febrero de 2017 de www.tesisenred.net/bitstream/handle/10803/6810/01Pcs01de14.pdf?sequence=1
- CRUZ, A. (2003). Memoriachilena Biblioteca Nacional de Chile. Extraído el 01 de marzo de 2016 de http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-95243.html
- ESCUELA DE ARQUITECTURA de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Amereida. Extraído el 04 de Marzo de 2016 de http://www.ead.pucv.cl/amereida/.
- HEIDEGGER, M. (1951), Construir, Habitar, Pensar. Darmstadt. Extraído el 01 de marzo de 2017 de http://www.laeditorialvirtual.com.ar/Pages/Heidegger/Heidegger_ConstruirHabitarPensar.tm.
- SEGRE, Roberto (2011). Amereida en Valparaíso: Un sueño Utópico del siglo XX. Año 1, número 1. Extraído el 28 de febrero de 2016 de http://www.pragmatizes.uff.br.
Obras consultadas
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- FUNDAMENTOS DE LA ESCUELA DE ARQUITECTURA Universidad Católica de Valparaíso 1974. Extraído el 04 de Marzo de 2016 de http://www.ead.pucv.cl/carreras/arquitectura/
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- IOMMI, Godofredo. (2001). Memoriachilena Biblioteca Nacional de Chile. Extraído el 01 de Marzo de 2016 de http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-95248.html.
- IOMMI, Godofredo Y CRUZ, Alberto: “Ágora del 7 de Enero de 1971” Texto de edición interna Cooperativa Amereida, Viña del Mar Chile, 1971. Extraído el 05 de marzo de 2017 de: http://www.amereida.ucv.cl
- MONTANER, Josep. (2009), Sistemas arquitectónicos contemporáneos, Gustavo Gili, Barcelona.