El origen de este recorrido por las galerías de arte bonaerenses regentadas por mujeres durante la década de 1950 es precisamente Juan Navarro Ramón y la exposición que realizó en 1956 en una de ellas, la Galería Pizarro. Para quien esto escribe, tuvo lugar en el primer lustro del siglo XXI un despertar a este artista alteano y su vinculación con las mujeres, tanto en su vida personal y cotidiana como en su obra pictórica. Sin duda, un viaje posterior a Buenos Aires conduciría mis pasos a intentar caminar los suyos y los de su esposa casi siete décadas más tarde.
Navarro Ramón recorrió muchos lugares en la geografía española y europea, espacios a los que regresaba o que visitaba solo una vez. Entre estos últimos se encuentra Buenos Aires, hacia donde partió, junto a su esposa, Josefa Fisac, en agosto de 1956 desde el puerto de Barcelona. Cinco años antes, en 1951, su obra Femme et guitarre fue adquirida por el Musée d'Art Moderne de París conseguir así que el nombre de Navarro Ramón comenzara a sonar en el mundo. Es precisamente Femme et guitarre la imagen que aparece en la invitación de la exposición que inaugura el 10 de septiembre de 1956 en la Galería Pizarro, en Buenos Aires. Llevaba Navarro entonces la intención de visitar la Argentina y Brasil —la Bienal de São Paulo nace en 1951—. Este artículo va a centrarse en la primera parte de ese viaje y, dentro de ésta, a recorrer junto a Navarro y Fisac las calles bonaerenses y las galerías regentadas por mujeres hasta llegar a la ya mencionada Galería Pizarro, donde expuso junto a dos mujeres artistas: la pintora, escritora, titiritera y grabadora Mane Bernardo y la escultora autodidacta Josefina Zamudio. La Galería Pizarro, fundada a finales de 1955, es la primera regentada por una mujer sola en la capital argentina.
Entre las galerías que se relacionan está la Galería Peuser (1944-finales de los sesenta), por haber sido dirigida por Antonio Chiavetti, artista que tiene obra depositada en el Museo Castagnino+Macro —en la ciudad argentina de Rosario—, como Navarro Ramón; la Galería Van Riel —creada en 1924—, por contar desde 1952 con una sala —la V, dedicada a Pintura Moderna— dirigida por María Sara de Jiménez y la Galería Antígona (1954-1979), dirigida por tres mujeres: Mabel y Mary Castellano y Nelly Freire.
Palabras clave: Juan Navarro Ramón; Galería Pizarro; Buenos Aires; Josefina Pizarro Crespo; Mane Bernardo; Josefina Zamudio; Galería Peuser; Galería Van Riel; Galería Antígona.
The origin of this tour of the Buenos Aires art galleries run by women during the 1950s is precisely Juan Navarro Ramón and the exhibition he held in 1956 in one of them, the Pizarro Gallery. For the writer of this, an awakening of this Altean artist and his connection with women took place in the first five years of the 20th century, both in his personal and daily life and in his pictorial work. Without a doubt, a subsequent trip to Buenos Aires would lead my steps to try to walk his and his wife's steps almost seven decades later.
Navarro Ramón visited many places in Spanish and European geography, spaces to which he returned or visited only once. Among the latter is Buenos Aires, where he arrived, together with his wife, Josefa Fisac, in August 1956 from the port of Barcelona. Five years earlier, in 1951, his work Femme et guitarre was acquired by the Musée d'Art Moderne, in Paris, thus making Navarro Ramón's name begin to be heard around the world. Femme et guitarre is precisely the image that appears in the invitation to the exhibition that opened on September 10th, 1956, at the Galería Pizarro, in Buenos Aires. Navarro then had the intention of visiting Argentina and Brazil —the São Paulo Biennial was born in 1951—. This article is going to focus on the first part of that trip and, within this, to travel with Navarro and Fisac through the streets of Buenos Aires and the galleries run by women until reaching the above-mentioned Pizarro Gallery, where he exhibited with two women artists: the painter, writer, puppeteer and engraver Mane Bernardo and the self-taught sculptor Josefina Zamudio. The Pizarro Gallery, founded at the end of 1955, is the first one run by a single woman in the Argentine capital.
Among the galleries that are related is the Peuser Gallery (1944-late sixties), having been directed by Antonio Chiavetti, an artist who has work deposited in the Castagnino+Macro Museum —in the Argentine city of Rosario—, such as Navarro Ramon; the Van Riel Gallery —created in 1924—, which has had a room since 1952—V, dedicated to Modern Painting— directed by María Sara de Jiménez, and the Antígona Gallery (1954-1979), directed by three women: Mabel and Mary Castellano and Nelly Freire.
Keywords: Juan Navarro Ramón; Pizarro Gallery; Buenos Aires; Mane Bernardo; Josefina Zamudio; Peuser Gallery; Van Riel Gallery; Antígona Gallery.
En 2005, cuando el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert organizó sendas exposiciones del pintor Juan Navarro Ramón (Balsalobre, 2005) (Altea, 1903-Sitges, 1989) en la provincia de Alicante: Altea —Palau Altea, Centre d'Arts, del 2 de junio al 23 de julio— y en Alicante —Palacio de la Diputación Provincial de Alicante, del 4 al 28 de agosto—, la presencia de sus trazos se hizo presente no sólo en las paredes de estos lugares, sino también en las retinas y sensibilidades de cada visitante. Una de esas personas fue quien esto escribe; la pincelada de Navarro Ramón cautiva, es una caricia aterciopelada de tonos suaves que invita a la introspección, o la fuerza centrífuga capaz de irradiar color impregnando al entorno que lo contempla. En el catálogo Juan Ignacio Ferreras Tascón publica una carta abierta donde menciona:
Siempre pensé que hay que estar muy cerrado al mundo para lograr ese grado de concentración que consiste en inventar colores y formas; es como si el artista que era Navarro Ramón, al rechazar lo cotidiano, el mundo objetivo real, se fortificara en su labor creativa, como si necesitara esa negación de un mundo para crear otro [y donde explica cómo lo lograba]: ¿Cómo podía vivir en sociedad un hombre que apenas dialogaba con los demás? Y tardé en comprenderlo, pero la respuesta estaba allí. Fina, su mujer, era el lazo que le unía a la sociedad, era ella la que hablaba con los demás (Balsalobre, 2005: pp. 3-4)
En 1928, Juan Navarro Ramón se casa con Josefina Fisac Martín (1909-1989). Con ella llegó a la vida de Navarro Ramón la conexión con la realidad, el eslabón que le acercaba el pulso de su entorno. Josefa Fisac cobra así una especial relevancia; continúa con ella la importancia de la presencia femenina en la vida de Navarro Ramón, iniciada ya con su madre, María Ramón Morales, y su hermana Juana, que vivían en Madrid y a quienes visitaban a menudo; así es como también es conocido en el ambiente capitalino y en 1933 es invitado a exponer en el histórico Lyceum Club Femenino de Madrid, cuyas socias eran mujeres relevantes de la cultura y la intelectualidad de esos años (Bonet, 2010: p. 22-23). Realizadas con diferentes técnicas, encontramos en la trayectoria pictórica de Navarro Ramón numerosas piezas dedicadas a la mujer: retratos, desnudos, y otras formas de presencia femenina, desde su madre, su hermana mayor, bodegones, desnudos, espacios custodiados o serpenteados por mujeres (Balsalobre, 2015: p. 31-32), hasta llegar a su esposa, su vida. Navarro Ramón siempre busca la luz protagonista de cada mujer.
Cuando en España estalla la Guerra Civil las condiciones impuestas por esta situación "fueron marcando violentamente a hombres, mujeres, ancianos, niños. La realidad bélica, la crudeza, el desgarro y la impotencia condujo a cientos de miles de españoles republicanos a la huida, la `Retirada´ (enero 1939) en busca de libertad, aunque lo que se perfilaba al otro lado de la frontera era bastante desolador. En la línea de costa se divisaban los campos de refugiados como Argèles sur Mer, Saint-Cyprien y otros. En esa desolación, en palabras de Javier Barrio Navarro —sobrino del artista—, la luz, el faro para Juan Navarro Ramón y su esposa Josefa Fisac Martín, fue, entre otros, Pauline Quintana, madame Quintana, del Hotel Bugnol-Quintana" (Balsalobre, 2002).1 Otra mujer, madame Quintana, confiará en la trayectoria pictórica de Navarro Ramón y contribuirá a su proyección artística en la vecina Francia.
Navarro Ramón recorrió las calles de las ciudades que visitaba; a sus trayectos fijos entre su ciudad natal y Madrid, Barcelona, o Sitges, unió otros de la geografía española como Valencia, Palma de Mallorca o Ibiza; y otros allende nuestras fronteras, como Port Bou, Perpignan, Coulliure, Alemania y Argentina. Será la capital de este último país, la ciudad de Buenos Aires, a la que llega invitado por la Galería Pizarro, la protagonista del recorrido que realizaremos acompañando lo que surely fueron los pasos bonaerenses de Navarro Ramón. Pizarro es la primera galería de arte de la capital argentina regentada por una sola mujer, Josefina Pizarro. Allí expone junto a dos mujeres artistas: Mane Bernardo y Josefina Zamudio. Un viaje a esta ciudad me llevó inexorablemente a este lugar o, mejor dicho, a su vacío y recuerdo; a la búsqueda de aquel encuentro de Navarro Ramón y Josefina Fisac con la Argentina.
La recuperación del fondo documental de la Galería Pizarro y las fotografías de Horacio Raúl Klappenbach para la editorial Peuser nos permiten recrear el viaje. El largo viaje por mar, el desembarco en Buenos Aires y el recorrido por la ciudad, sus calles y edificios más emblemáticos hasta terminar en la exposición de septiembre de 1956 en la Galería Pizarro. Con las siguientes palabras lo explica al diario Clarín Marina Baron Supervielle, coordinadora de la Fundación Espigas, al referirse a la importancia que tiene la conservación de documentos, que son parte de la memoria del arte argentino:
Entre los años 1955 y 1967 existió en Buenos Aires una importante galería, Pizarro, inspirada por una cordobesa "tenaz y temeraria", Josefina Pizarro Crespo. Entre muchas otras cosas, Pizarro apostó por los pintores abstractos y del informalismo, influyó en la conformación de la colección de Domingo Minetti, expuso los premios De Ridder y Emecé. Pero el archivo de Pizarro fue a parar a un volquete de basura, donde fue rescatado en el último momento por un donante de la Fundación Espigas1.
Desde Alemania, y con apenas 12 años, llega a la República Argentina Jacobo Peuser, nacido en 1843, quien muy pronto comenzaría a destacar por sus trabajos en artes gráficas. Tras recorrer varias ciudades llega a Buenos Aires, con tan solo 23 años; allí abre una pequeña librería en la calle San Martín entre las de Cangallo y Piedad (Bartolomé Mitre). Trabaja con tanta pasión que pronto se queda pequeño ese local, y adquiere la renombrada "Librería Nueva", ubicada en Cangallo 89 de la antigua numeración. Sus progresos siguen aumentando y en 1891 se instala en la esquina de Cangallo y San Martín, edificio que se convertiría en su Casa Central, y que acabó por incorporarse a la toponimia popular como: "la Esquina de Peuser"3.
Su establecimiento vuelve a tener poco espacio para albergar la gran envergadura que su industria tipográfica estaba tomando —adquiría máquinas tipográficas que respondieran a sus trabajos especializados— y compra la hacienda de la Avenida Patricios 567, en el barrio de Barracas, donde instala sus grandes talleres generales; allí permanecerían hasta el final de su etapa.
Un visionario como Peuser abre sucursales en La Plata en 1885, en 1890 en Rosario, Santa Fe; más tarde sus herederos lo harían en Mar del Plata en 1920, Mendoza en 1923 y Córdoba en 1924. También en 1910 inauguran espacio en Once, otra parte de la capital y en 1930 el Anexo Florida, en 1938 la sucursal Constitución y al año siguiente la de Boedo.
Tenía gran fama por la venta de artículos de librería, papelería e imprenta; de hecho, solía oírse la popular frase: «Y si no lo encontrás, andá hasta lo de Peuser». No solo cubría los aspectos citados, también imprimía láminas artísticas, etiquetas para envases, billetes para tranvía, sellos, recibos, pagarés, letras de cambio, libros escolares, libros comerciales, y lo que más destacó en su carrera tipográfica fue la Guía Peuser, que salió por primera vez en 1887 y se hizo famosa en todo el país.
La Guía Peuser era un librito de tapas rojas donde se encontraba toda la información necesaria en la ciudad: todas las calles, las líneas de tranvías, todos los autobuses, consulados, embajadas, salidas y llegadas de los barcos, todo. Era habitual oír por las calles del centro cada mes «Ya salió la nueva Guía Peuser»; a la que más tarde se añadió la Guía Peuser del viajero, más grande que la anterior y conteniendo información de los horarios de trenes, tanto generales como locales y datos del interior del país. Otra faceta en la que triunfó Peuser fue la edición de tarjetas postale; la ciudad, sus edificios, sus estaciones, parques, jardines, edificios singulares y las estampas urbanas bonaerenses quedaron plasmadas para siempre con el sello Peuser. Años más tarde, en 2014, nace el proyecto digital Fotos Históricas de la Ciudad de Buenos Aires, coordinado por el fotógrafo J. Simón Tagtachian, quien recopila, data y ubica fotografías del pasado bonaerense que obtiene de libros, otras publicaciones y personas interesadas poseedoras de estas imágenes históricas4.
Jacobo Peuser fallece en la capital argentina en 1901; sus descendientes y principales colaboradores continuaron su obra durante décadas, tal como se ha expresado más arriba. El nieto de Jacobo Peuser, Gilberto Knaack Peuser (1908-1948), sigue la tradición familiar como librero y editor y se convierte también en marchand d'art, fundando la Galería Peuser en 1944 (Bermejo, 2011). La Galería era de la familia Peuser y estuvo dirigida por el artista argentino Antonio Chiavetti (San Nicolás de los Arroyos, Argentina, 1916-Buenos Aires, 2016), con quien Navarro Ramón comparte espacio en la colección del Museo Costagnino+Macro, de Rosario, en la provincia de Santa Fe, con la obra titulada Composición, un óleo de 58,5x74 cm, que ingresó en el Museo en 1957, justo un año después de su primera exposición en Buenos Aires y del que no hay imagen disponible5.
Bajo la dirección de Chiavetti, Peuser apoyaba la promoción comercial de los artistas concretos, mientras sostenía un programa paralelo de exhibiciones más rentables. Con el fallecimiento de Knaak Peuser en 1948, Chiavetti renuncia y funda su propia sala de arte, la Galería Antú, que estuvo abierta desde 1948 a 1952. La Galería Peuser, por su parte, continúa abierta hasta finales de la década de los sesenta del siglo XX. Siempre sostuvo una dinámica muy activa, a medida que afianzaba viejos contactos o establecía nuevos, delineó un perfil que apostaba fuerte a la promoción del arte local al mismo tiempo que afianzaba los puentes tendidos con la escena artística europea.
Chiavetti es «un pintor de aire libre; un observador directo que recoge de la naturaleza sólo los elementos indispensables a su necesidad de expresión plástica»6. Las dos pinturas de él que conserva el museo son La batea, un óleo sobre tabla de 101 x 117 cm, que fuera primer Premio Adquisición Fondo Nacional de las Artes, sección Pintura, del XLI Salón de Rosario, y Naturaleza muerta, un óleo sobre lienzo de 67 x 98,5 cm7.
El Museo Municipal de Bellas Artes Artes Juan B. Castagnino [https://castagninomacro.org/], inaugurado el 7 de diciembre de 1937, surgió a partir del vínculo entre la iniciativa privada y el gobierno municipal. Es heredero del antiguo Museo Municipal de Bellas Artes, fundado en 1920 y que fuera impulsado por la Comisión de Bellas Artes con el objetivo de promover el arte local y nacional. A esa Comisión de Bellas Artes pertenecía Juan Bautista Castagnino (Rosario, 1884-Buenos Aires, 1925), a la sazón mecenas y coleccionista de arte. Su madre, Rosa Tiscornia de Castagnino hizo construir y donó este edificio en memoria de su hijo.
El paseo histórico que se va a realizar por las galerías bonaerenses más representativas durante los siglos XIX y XX sirve para focalizar la importancia de la aparición de la Galería Pizarro, fundada y dirigida por una mujer, posiblemente —y hasta donde alcanzan los datos consultados— la primera en ejercer este cargo en solitario en la capital argentina.
Antes de comenzar este itinerario, es interesante conocer qué se decía en la revista El Hogar8 sobre el papel de la mujer en las galerías de arte bonaerenses en un reportaje titulado "Las vendedoras de sueños", firmado por Dolika el 9 de agosto de 1957. Para conocer la importancia de esta publicación se ha tenido acceso al blog Ilustración Argentina9, creado en 2014 por
un grupo de docentes —Florencia Capella, Matías Malizia y Martín Laksman— de la materia Ilustración, cátedra Daniel Roldán, perteneciente a la Carrera de Diseño Gráfico de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, de la Universidad de Buenos Aires (FADU/UBA). La cátedra nació en el 2011, siendo la primera vez que se conformaron estudios de esta disciplina a nivel universitario, por ese motivo debió generar sus propios contenidos. En este contexto comenzamos a investigar acerca de la historia de la ilustración argentina… que ayudará a construir y valorizar nuestra identidad visual… Son imágenes que hablan de todos los aspectos —culturales, artísticos, religiosos, políticos, sociales— de la vida de nuestro país a lo largo de las décadas, forman parte del acervo cultural de la sociedad argentina.
En Ilustración Argentina, además de encontrar imágenes de la publicación, se especifican datos del nacimiento y evolución de revista:
El Hogar fue una revista argentina, fundada en 1904 por Alberto M. Haynes y editada por la Editorial Haynes. Comenzó con el nombre de 'El Consejero del Hogar', 'revista quincenal literaria, recreativa, de moda y humorística', pero sin mayor eco, hasta que pronto inició un cambio que apuntaba al gusto femenino de la clase media de la Argentina de la época y halagaba la vanidad de la clase alta, dedicando numerosas páginas a describir fiestas, casamientos, viajes, ropas y lugares de veraneo de las familias más tradicionales. El éxito fue significativo y lo acompañó con adelantos técnicos: simplificó el nombre a 'El Hogar', adoptó características de semanario ilustrado y por primera vez utilizó tapas en tricomía. Fue la pionera que sacó a las revistas argentinas de los límites del país al tener difusión internacional. El Hogar llegaba a los principales centros del mundo como algo más que un semanario impreso en Buenos Aires; era también una publicación elaborada por argentinos, que hacía conocer firmas, literatura y pensamiento argentino. Exaltaba las tradiciones (por ejemplo, las gauchescas), el arte, el folclore, la historia, los usos y cosas cotidianos, los héroes de la nacionalidad (por ejemplo, José de San Martín o Manuel Belgrano).
El Hogar contribuyó a la difusión de la literatura argentina, exaltando el pasado literario y abriendo sus páginas a los principales expositores del pensamiento vernáculo, como Enrique Méndez Calzada, Eduardo González Lanuza, Manuel Mujica Láinez, José Quesada, Ernesto Mario Barreda, Horacio Quiroga, Conrado Nalé Roxlo, Julio Aramburu, Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, César Tiempo y otros. Entre 1936 y 1939 Borges estuvo a cargo de la sección Libros y autores extranjeros de la revista, pero colaboró en ella entre 1935 y 1958. En 1932 el director de la revista era el uruguayo afincado en Buenos Aires, Leon Bouché:
A partir del enfoque dado por Bouché, a través de las notas escritas por los grandes pensadores, profesionales y políticos de la época, fueron reflejando los más significativos aspectos de la actualidad argentina y mundial, en el campo de lo social, de las artes y las letras. Fue considerada como una de las revistas más importantes de habla castellana… La nómina de famosos que volcaron sus ideas y reflexiones en "El Hogar", durante la dirección de Bouché es larguísima. Funda y dirige la revista "Diplomacia" dedicada a difundir las actividades culturales y sociales de las representaciones diplomáticas de los distintos países del mundo asignadas a nuestro país. En 1959, la dirección del diario "El Nacional", le confiere la creación de los suplementos sobre las distintas áreas de información, recibidos con gran éxito por parte del público porteño. Pocos años después el Dr. Roberto Noble, gran amigo, lo lleva a su editorial, para darle un toque distinto al diario "Clarín". Surge así, como novedad en el periodismo argentino, la revista, que acompañará al diario los domingos, y en donde se pone de manifiesto una vez más la habilidad de Bouché en la organización de la información a través de las páginas de una revista. La respuesta del público fue tal, que la aparición de la revista los domingos, acompañando al diario, no solo continúa, sino que fue copiada por las más importantes editoriales del país10.
Tras conocer la importancia de la revista El Hogar, retomamos la opinión de Dolika sobre el papel de la mujer en las galerías de arte bonaerenses:
En los últimos años han surgido en Buenos Aires varias galerías de pintura. Algunas desaparecieron. Pero, en total, hubo más nacimientos que decesos. ¿A qué se debe este fenómeno? ¿No será que la obra de arte se vuelve cada día un objeto de mayor necesidad? ¿No será que el ser humano necesita más de lo que se piensa de estos trozos de tela o de cartón a cuya dimensión se reducen los mundos misteriosos brotados del más profundo "yo" del artista, de la esencia misma del artista? Pero no me propongo hablar aquí de las galerías de arte en general, sino en particular de las que dirigen, en nuestro medio artístico, algunas mujeres, algunas valiosas mujeres que han tenido la energía de emprender la difícil tarea de 'marchands', es decir, que se han propuesto vender esas visiones únicas del mundo, siempre un poco mágicas, personales, propias de cada pintor, que son los cuadros. Pero antes de recorrer estas galerías y de trabar conocimiento con sus directoras, veamos en qué consiste este famoso oficio de 'marchand' de pintura.
Para serlo se necesita una serie de cualidades nada comunes. Es necesario, ante todo, y como en cualquier oficio, una fe en su trabajo. Luego hay que tener un espíritu de lucha, una infinita paciencia para poder esperar 'su hora', un gran amor a la pintura respaldado por una cultura seria que permita apreciarla y un olfato especial para descubrirla donde aparezca. A esta receta, que parece culinaria, hay que agregar un don de psicólogo, tanto para saber tratar con los clientes, no siempre comprensivos, como son los artistas, no siempre fáciles. Es indispensable, además, tener el gusto del riesgo, porque no siempre se apuesta al buen caballo y no carecer de un mínimo sentido comercial. Todas estas cualidades las tienen los grandes 'marchands' parisienses de fines de siglo pasado y del principio del nuestro, los Georges Petit, los Durand-Ruel, los Völlard y tantos otros, cuyos nombres se han inscrito en la historia del arte contemporáneo al lado de los nombres de los mismos artistas. Todas estas cualidades tenían, más una: el coraje, un verdadero coraje moral y, a veces, físico, para imponer a un público reticente, desconfiado y a menudo hostil, pintores nuevos, en muchos casos geniales, pero que habían cometido el pecado de elegir para su expresión caminos vírgenes que nadie todavía había pisado.
Impresionismo, postimpresionismo, cubismo, fauvismo y tantos otros 'ismos' han sido nombres de batallas libradas por los 'marchands' contra el fanatismo académico, contra el conservadurismo pictórico del siglo pasado. Las mujeres también han tenido un papel importante en la lucha por la liberación del arte de su encajonamiento tradicional. Al lado de las grandes figuras de los 'marchands' parisienses que han dado el tono al mercado mundial de la pintura y de la escultura modernas, encontramos mujeres dotadas del valor y de la capacidad necesarios para desempeñarse en esta lucha, que requiere una vida dura, sacrificada, llena tanto de interés como de desilusiones, no siempre rematada por el éxito social y financiero. Recordamos algunas de ellas: Berthe Weill, gran campeona de la pintura impresionista, que murió casi en la miseria; Kathia Granoff que, partiendo de nada, gracias a su valor y su espíritu de combatividad, llegó a tener y a mantener una galería de gran renombre y una importantísima colección de cuadros; Jeanne Bucher que transformó su vieja casa de Montparnasse en una galería de pintura surrealista; Denise René que, en un segundo piso de su departamento de la calle de la Boëtie tiene una famosa galería de arte abstracto.
Volviendo a las galerías; empezamos por la Galería van Riel, nacida en 1924; su fundador fue el artista, formado en la Escuela de Bellas Artes de Roma, Frans van Riel (Roma, 1879-Buenos Aires, 1950), perteneciente a una familia de marchands d'art y llegado a Buenos Aires para trabajar como escenógrafo. Esta Galería aporta, a partir de 1952, una sala nueva, la denominada Sala V, donde María Sala de Jiménez dirige las exposiciones de Pintura Moderna que se exponen en esta sala, localizada al final de la Van Riel.
Desde 1954-1979, según consta en la Fundación Espigas, que custodia sus fondos, estuvo abierta la Galería Antígona, que dirigían tres mujeres: Nelly Freire y las hermanas Mabel y Mary Castellano, quienes desean hacer contar la colaboración de su mamá, María Isabel Forthingham de Castellano.
A finales de 1955 abre la Galería Pizarro, puesta en marcha por Josefina Pizarro en solitario.
Otras galerías también importantes se mantienen sin reseña en este estudio, como la Galería Viscontea, nacida posterior a Pizarro, dirigida por Betty de Galer y Marta A. de Estrín; la Galería Rubbers, fundada en 1957 por Natalio Jorge Povarché y su esposa Elena Montero Lacasa, siendo sus directoras Mariana Povarché y María Basile. O la Galería Lirolay, puesta en marcha por Mario y Paulette Fano en 1960.
Malena Babino (María Elena Babino, Buenos Aires, 1957), historiadora del Arte, se refiere así a esta Galería centenaria:
La galería Van Riel, espacio ineludible en el circuito del arte contemporáneo, es ya un hito en la historia del arte argentino. En una mirada retrospectiva, cuando en 1910 el mítico Frans van Riel llegó a nuestro país, proveniente de Roma, las celebraciones del Centenario eran clara señal de optimismo nacional. En ese contexto, van Riel instaló un local de fotografía en la calle Viamonte, entre Maipú y Florida, donde fueron retratadas las figuras más relumbrantes del ambiente cultural e inició junto a Manuel Rojas Silveyra la publicación de "Augusta", una revista especializada en arte que constituía entonces una fuente de información indispensable. Cinco años después, se decidió a abrir la que habría de ser una de las galerías de mayor trascendencia en su momento, en el número 659 de la calle Florida. En 1924 empezó a funcionar en sus salas la Asociación Amigos del Arte; le siguieron, entre otros hitos relevantes, Ver y Estimar, el Instituto de Arte Moderno, y el primer teatro independiente de Buenos Aires (Babino, 2020).
Exposiciones colectivas e individuales -continúa afirmando Babino–, conferencias y publicaciones de arte se fueron sucediendo a lo largo de los años, en una responsable y estratégica labor de debate, estudio, promoción y comercialización de arte. Esa dinamización constante, ese estar en el núcleo de los acontecimientos, bien despierto a todo cuanto acontece, generó la confianza que el medio artístico depositó en los van Riel y sustentó, al mismo tiempo, su permanencia en el tiempo. Luego del cierre del local en 1979, la galería reabre sus puertas en la calle Talcahuano 1257, destinando sus salas no sólo a exposiciones de arte sino también a las reuniones que regularmente organizaba la Asociación Argentina de Críticos de Arte. Finalmente, la reopening de la galería en la nueva sede de la calle Juncal 790, en marzo de 2007, constituye un claro testimonio de un compromiso de continuidad. En un nuevo espacio de concepción despojada y minimalista, y desde una perspectiva contemporánea, su actual dirección organiza en forma regular muestras que se sustentan en la calidad de las obras.
El reportaje de Dolika publicado en El Hogar en 1957 describe la Sala V de la Galería Van Riel como una pequeña sala dedicada exclusivamente a exposiciones de pintura moderna dirigida por María Sara Hernández de Jiménez.
Detrás de la 'Sala V' se encuentra el escritorio de María Sara. ¡Cuántas veces los pintores, los críticos del arte, los hombres de letras o sencillamente los amigos, buscan refugio a sus cansadoras andanzas por la capital en esta isla de verdosa tranquilidad, aislada por millas del ruidoso caudal de la gente de la calle Florida! ¡Con qué placer uno se sumerge en este clima de amistad, de discreción y de cortesía, creado por María Sara, y se entrega al cordial abrazo de los enormes sillones para charlar un rato, rodeada de buenos cuadros! (Dolika, 1957).
Fundada en 1952 contó al principio con la participación de varias socias hasta que pasó a manos exclusivas de María Sara, formada en Colegio Libre de Estudios Superiores en los cursos de Romero Brest.
Mi intención es seguir haciendo exposiciones, guiada siempre por un criterio de calidad. Figurativo o no figurativo, el pintor tiene que presentarse con una obra digna de interés. Me gusta mucho descubrir valores nuevos, ayudar a pintores jóvenes. Y me gustaría viajar y promover un intercambio de exposiciones con otros países (Dolika, 1957).
Antígona es, en palabra de Dolika, la más bohemia de las galerías de arte, un verdadero centro donde se congregan los artistas jóvenes, unidos por un mismo interés en su trabajo, por un mismo fervor creativo. Dirigida por las sisters Mabel y Mary Castellano y Nelly Freire, formó parte también de la sociedad María Isabel Forthingham de Castellano, madre de las galeristas, con taller propio de cerámica.
La galería nació en 1954 por una casualidad, por una, digamos, feliz casualidad. Las tres muchachas que trabajaban juntas —Nelly hacía pintura; Mabel, encuadernación; Mary, cerámica— se quedaron un buen día sin taller y se pusieron a buscar local. Desde entonces, el subsuelo de la esquina de San Martín y Córdoba se transformó en un pintoresco taller-galería, lleno de salitas y rincones donde palpita una comunicativa y vibrante vida artística. El ambiente que reina entre estas paredes es de juventud, buen humor, sinceridad y entusiasmo. Al bajar la escalera y penetrar en el laberinto de la galería, uno tiene la sensación de haber caído dentro de una colmena en plena efervescencia. Es que las actividades de Antígona son múltiples. Varias salas están destinadas a exposiciones de pintura, escultura, dibujo y grabado. Pero al abrir una de las puertas cerradas al público, el indiscreto visitante tropezará con una barricada de caballetes detrás de los cuales las futuras glorias del país cruzan sus inofensivas armas, o se encontrará con un grupo entusiasta de alumnos dibujando el modelo, o se enterará de una inmutable verdad acerca de las leyes que rigen la decoración moderna de interiores (Dolika, 1957).
La galería siempre busco la promoción de pintores jóvenes, con especial interés por los nuevos valores locales, y entre el profesorado que imparte los cursos de prácticas artísticas destacan Szalay en dibujo, Leoplodo Presas en pintura, Ideal Sánchez en composición y Olav Gall en decoración. El archivo de la galería, custodiado por la Funación Espigas, cuenta con 208 entradas conteniendo catálogos, invitaciones, tarjetas y artículos de prensa, así como noticias gráficas (reseñas, críticas, entrevistas, gacetillas, reproducciones de obras) correspondientes a las múltiples actividades de la galería desde su inauguración en diciembre de 1954 hasta el momento de su cierre en 1979.
Antígona fue una de las principales galerías de arte contemporáneo que funcionó en Buenos Aires, especialmente en su etapa central de los años 50 y 60 [del siglo XX]. Es importante destacar su constante actividad con relación a la artesanía popular, al trabajo de múltiples y piezas de gráfica, y su estrecha relación con el inicio del informalismo local, así como sus exposiciones de artistas extranjeros, especialmente de origen alemán, húngaro y brasileño.
La Galería Pizarro fue una de las galerías de exposiciones más activa en Buenos Aires desde 1955. Especializada en arte argentino combinó, en sus exposiciones y trastienda, artistas modernos y contemporáneos con arte popular internacional, obra gráfica y artistas europeos y latinoamericanos. En sus salas se llevaron a cabo, además, importantes actividades como la organización de premios literarios y artísticos, y remates. Contiene 1087 entradas de los años 1955-1961 con catálogos, invitaciones, tarjetas y artículos de prensa y noticias gráficas (reseñas, críticas, entrevistas, gacetillas, reproducciones de obras) sobre las exposiciones realizadas en la galería desde su inauguración. Material fotográfico de algunas exposiciones, inauguraciones, actividades varias y obras de artistas de la galería. El archivo está organizado en seis carpetas con el material
pegado en hojas de cartulina, de ambos lados, y una carpeta colgante con material muy variadas, en el mismo estado en que fue donado a la Fundación Espigas. En 1957 su directora era Josefina Pizarro Crespo.
Josefina es cordobesa. Me cuenta sus actividades en el campo de las artes plásticas en Córdoba. Fue secretaria del Museo Genaro Pérez durante doce años y abandonó el puesto por culpa del régimen desaparecido. En el año 1954 asumió la tarea de transformar la Galería Delacroix. La modernizó, y organizó, durante el tiempo de su dirección, exposiciones de pintores importantes. La muerte del propietario puso fin a esta obra y determinó el traslado de Josefina a Buenos Aires. Ecléctica en materia de arte y decida a fomentar las artes plásticas en todos sus aspectos, Josefina Pizarro se interesa de modo análogo tanto en impresionistas franceses como en jóvenes argentinos, a quienes ofreció, en varias ocasiones, la oportunidad de exponer por primera vez. A la par de los grandes 'marchands' internacionales, contrata a pintores que le reservan su producción. Gracias a este amplio programa, hemos podido ver, en la galería de la calle Esmeralda, al lado de las interesantes muestras de pintura, exposiciones de tapices, esculturas, antigüedades, pinturas infantiles, cerámicas y arte folklórico (Dolika, 1957).
Dos años antes de esta entrevista, el 21 de octubre de 1955, durante la emisión del programa Ha llegado una mujer…, en Radio Mitre, con guión de Alicia Helguera, la actriz Elsa del Campillo pone voz a las cualidades de Josefina:
Josefina Pizarro Crespo es mujer artista y activa, ha inaugurado en estos días su galería de Arte, empresa que dice, una vez más [muestra] los nuevos rumbos que toma la inquietud femenina. Profesora de Dibujo y Pintura, culta, muy distinguida, y para su mejor definición, cordobesa, Josefina Pizarro Crespo, mientras atiende el desfile incesante y calificado de los visitantes, que llegan a la Galería inquietados por la muestra artística que ofrece un panorama nuevo, donde se aprecian 45 años de pintura italiana moderna, conversa sobre su reciente viaje11.
Afirma la galerista que en Perú el movimiento plástico no había alcanzado aún el protagonismo argentino, aunque destaca jóvenes valores en nombres como los de Dávila, Núñez Zureta, cuyos frescos se apprecian en varios edificios públicos, y Carlos Castillo, argentino radicado allí; son baluartes del arte actual peruano. Por su parte, en Brasil, los dibujos y grabados superan los trabajos de pintura, pero tanto en Sao Paulo como en Río de Janeiro, el movimiento plástico va adquiriendo día a día, mayor notoriedad, destacando la figura de Eloísa Motta, que expondrá sus trabajos en Buenos Aires al año siguiente. "Josefina Pizarro Crespo nos trae nuevos rumbos para las inquietudes de las mujeres de hoy, y las posibilidades de mayores oportunidades para la mejor comunión de pintores y público"12.
Dada su amplia trayectoria cultural en su Córdoba natal, las conexiones de Josefina Pizarro con el arte, tanto dentro como fuera de las fronteras argentinas, eran considerables. Así es como nació la colaboración de las galerías San Marcos, de Lima y Pizarro, de Buenos Aires en forma de exposición de Mario Grandi del 15 al 27 de julio de 1955. Según podía leerse en la prensa local de entonces, «en la sala de arte de la Galería San Marcos, sita en Negreiros 607, tendrá lugar la inauguración de una muestra pictórica del laureado artista argentino Mario Darío Grandi, cuyos cuadros han sido traídos al Perú por la señorita Josefina Pizarro, propietaria de la Galería Pizarro de Buenos Aires13».
En el mismo Diario El Comercio, el día anterior, se publicó una reseña sobre las pinturas argentinas que expone la Galería San Marcos:
Los trabajos que conforman esta exposición —veintisiete pasteles y dibujos— corresponden a la reciente obra pictórica de este laureado artista y son demostrativos del alto contenido plástico y de las ponderadas virtudes estéticas de la obra pictórica de Grandi, quien el año pasado ha merecido el primer Premio del Salón Nacional de Buenos Aires. Este pintor, que cuenta en la actualidad con 47 años —1955—, ha expuesto en la mayoría de los salones de su país: los museos de Córdoba, Santa Fe, Mendoza, La Rioja, San Luis y Río Cuarto, la Facultad de Filosofía y Letras y el Instituto de Arte de la Universidad de Tucumán, como así también la Comisión de Cultura de la Nación, poseen obras suyas (El Comercio, Lima, 14 de julio de 1955).
Entre otras particularidades de la obra de Mario Grandi, en el texto de Miguel Brasco, que figura en el díptico de la exposición, se puede leer:
Los pasteles y dibujos que se exponen por primera vez en Lima tienen una característica común de suprema gracia, una forma conmovedora de arrancar del blanco del papel un lirismo aéreo que nos pone en contacto directo con el misterio subyacente a la realidad… En esta tendencia a merodear por el misterio, en la atmósfera casi europea que se demora en sus cuadros, Grandi evidencia su adhesión a las corrientes más aceptadas de la última pintura argentina. Y re-afirma la jerarquía que se le atribuye en su país y en su generación. Grandi ha realizado 25 exposiciones individuales en su país y una en Estados Unidos. Cuenta con numerosos premios de bellas artes… Se han ocupado de su obra Romualdo Brughetti, Córdoba Iturburu, Julio E. Payró, Ernesto B. Rodríguez, Mujica Laínez y otros conocidos comentaristas argentinos14.
Tras una necesaria e importante reforma del local de la céntrica calle Esmeralda 861, el 18 de octubre de 1955 inaugura su nueva sede la Galería Pizarro. En el artículo firmado por Nelson di Maggio sobre la actividad plástica en Buenos Aires destaca el exigente plan que se ha marcado la Galería Pizarro. Un local nada común -afirma- por su curiosa disposición, que permite realizar tres exposiciones simultáneas e independientes a la vez, en un ambiente propicio a la contemplación pausada y serena de las obras. "No existe en Buenos Aires una sala tan acogedora ni tan simpática. Su actividad es reciente; sin embargo, ya tiene en su haber un conjunto importante y seleccionado de exposiciones" (Di Maggio, 1956).
Tras once exposiciones, incluida la primera realizada en Lima, la muestra número 12 de la Galería Pizarro es la de Juan Navarro Ramón, Mane Bernardo y Josefina Zamudio, en número de tres, algo habitual en esta galería, salvo el caso del chileno José Venturelli y del argentino Mario Darío Grandi, dadas las especiales características de la sala, con tres espacios bien delimitados. Así el lunes 10 de septiembre de 1956 queda inaugurada la exposición de Juan Navarro Ramón en Buenos Aires.
Preceden a estas líneas los paseos por las calles plenas de actividad del Buenos Aires de la década de 1950, un Buenos Aires vibrante en la escena artística y una capital argentina donde ya destacaba la profesionalidad femenina al frente de galerías de arte. Fue Alejandro Witcomb quien fundó la primera galería de arte en 1896. Siguió Frans van Riel, que abrió la sala que lleva su nombre en 1924; esta casa fue la primera que asignó, en 1952, su sala V exclusivamente para Pintura Moderna, dirigida por una mujer, María Sara Hernández de Jiménez. La tercera fue la Galería Peuser en 1944 que, aunque no fue regentada por mujeres, es importante para esta investigación por haber dejado un legado de fotografías, como las que ilustran este viaje, y por su director, el pintor Antonio Chiavetti, que tiene obra depositada, como Navarro Ramón, en el Museo Castagnino+Macro, en la ciudad argentina de Rosario. La cuarta es la Galería Antígona, dirigida desde 1954 hasta 1979 por Mabel y Mary Castellano y Nelly Freire. Llegamos en 1955 a la Galería Pizarro, creada y dirigida por una sola mujer, Josefina Pizarro, quien invitó a Juan Navarro Ramón para que expusiera en su sala principal, en septiembre de 1956, junto a dos mujeres, la pintora Mane Bernardo y la escultora Josefina Zamudio.
Se aprecia también a lo largo de este recorrido por las publicaciones bonaerenses consultadas el resurgir de los grandes pensadores y literatos como Julio Aramburu, Jorge Luis Borges, Eduardo González Lanuza, Enrique Méndez Calzada, Manuel Mujica Láinez, Conrado Nalé Roxlo, por nombrar algunos, que han llegado hasta nuestros días; sus inicios y cómo se iban tejiendo las redes culturales entre hombres y mujeres que harían florecer la actividad artística de los nuevos movimientos de pintores, ceramistas, escultores, fotógrafos o grabadores, entre otros. Y donde la mujer tuvo un papel importante desde la dirección de las galerías de arte.