Desde mediados del siglo XIX hasta bien entrada la década de 1930, Galicia se convierte en una exportadora de mano de obra emigrante al continente americano. Esto supuso que, a su retorno, estos emigrantes introdujesen en el rural gallego novedades de todo tipo que recibieron al otro lado del Atlántico. Con ellos llegan innovaciones culturales, sociales, políticas y, especialmente, arquitectónicas. Éstas transformaron la estética del mundo rural, confiriéndole una imagen de modernidad y heterogeneidad ecléctica, que se relacionaba con los estilos dominantes en las urbes del periodo. Viviendas, asilos, hospitales o escuelas fueron construcciones que proliferaron gracias al dinero emigrante, y supones una interesante mezcla entre la arquitectura vernácula y los estilos coetáneos. El presente artículo busca observar la presencia de escuelas promocionadas por el dinero indiano en la comarca compostelana –centrándonos en el ayuntamiento de Ames–, buscando sus formas y estilos característicos, sus motivaciones socioculturales y sus implicaciones estéticas.
From the mid-nineteenth century to the 1930s, Galicia became an exporter of migrant labor to America. When they return to Galicia, these migrants introduced into the Galician countryside novelties that they acquired in America. In this way, come to Galicia cultural, social, political, and, especially, architectural innovations. Novelties that transformed the countryside’s aesthetics, giving it an image of eclectic modernity and heterogeneity, related to the aesthetic styles of the cities. Homes, asylums, hospitals or schools were constructions that proliferated for the emigrant money, and they are an interesting mix between vernacular architecture and contemporary styles. This article aims to observe the presence of schools financed by the Indians in the Compostela region –focusing on the Ames’ council–, looking for their characteristics and styles, their socio-cultural motivations and their aesthetic implications.
Desde mediados del siglo XIX hasta la década de 1930, la emigración a América supuso una fuente constante de remesas de dinero que produjo una profusa renovación de inmuebles en el rural y las principales ciudades gallegas. El emigrante americano se convirtió en un agente modernizador de su tierra natal, introduciendo modas, ideas, costumbres..., que permitieron al territorio adentrarse en las corrientes culturales predominantes de la época. Conocidos comúnmente como indianos, estos emigrantes realizaron una profunda renovación de sus lugares de origen, permitiendo que, principalmente, en el entorno rural gallego apareciesen los principales modelos e innovaciones que existían en los entornos urbanos contemporáneos. A nivel arquitectónico, el tema sobre el que nos centraremos, supuso la llegada de los movimientos estilísticos predominantes al mundo rural, dando una imagen cosmopolita y ecléctica a la renovación edilicia del mismo. O lo que es lo mismo, permitiendo que las edificaciones ex novo siguiesen las tendencias del momento a nivel europeo y americano. Tiene especial incidencia, a este respecto, la proliferación de escuelas que ayudaron a la educación y formación de jóvenes y adultos en recintos de nueva construcción, que buscaban reflejar las innovaciones arquitectónicas de la época, a la vez que se les ofrecía a dichos estudiantes las principales novedades educativas del período.
Este artículo busca analizar las formas arquitectónicas de las escuelas gallegas patrocinadas por la emigración en la comarca compostelana, buscando sus formas características, simbología sociocultural e impacto en el mundo rural que las acoge. Para ello, tras una introducción de la figura del indiano, analizaremos su impacto y presencia como promotores arquitectónicos en sus lugares de origen, y la importancia de la edificación de escuelas costeadas por el dinero transoceánico. A continuación, analizaremos siete inmuebles promocionados por las agrupaciones indianas del Ayuntamiento de Ames, buscando sus peculiaridades estilísticas, sus influencias con los principales movimientos artísticos coetáneos y su relación con la arquitectura vernácula gallega. Para finalizar, se realizarán unas breves conclusiones y propuestas para desarrollos futuros de investigación. Con este fin, hemos consultado artículos de revistas y libros de investigación que se han centrado en analizar la figura del indiano gallego, su promoción de edificios arquitectónicos de toda índole y la proliferación de escuelas rurales. Además, tras la selección de los inmuebles a analizar, se ha realizado un trabajo de campo cuyo fin ha sido el de localizar dichos edificios educativos, fotografiarlos y observar el estado actual de los mismos.
La emigración transoceánica a América fue uno de los principales flujos migratorios que surgieron entre mediados del siglo XIX y la década de 1930. El continente americano, en este sentido, se convirtió en el destino predominante de una importante población europea en edad laboral. Italianos, irlandeses, portugueses o españoles -por citar algunos de los principales focos de emigración ultramar- buscaban en el territorio americano escapar de la gran densidad poblacional de Europa y adquirir riquezas en unas jóvenes repúblicas americanas. Cuba, Argentina, Estados Unidos, Brasil, México o Uruguay, entre otras, fueron sus principales destinos gracias a la importante expansión económica que en estos países existe en el momento. Su principal objetivo: obtener los recursos necesarios para poder volver a su país de origen en una situación, más o menos, desahogada. (Castro García, 2000: 63).
A estos emigrantes se los conocía como “americanos”, “brasileiros”, “cubanos” y, principalmente y de forma genérica, “indianos” debido a su condición de emigrados a las “Indias”, o lo que es lo mismo dentro del periodo analizado: América. Estos indianos, representaban un amplio y heterogéneo grupo humano que buscaba escapar de las miserias que existían en sus tierras de origen. En España, este éxodo migratorio se sustentó en los principales territorios limítrofes del estado. Como indica el profesor Antonio Garrido Moreno:
En 1853 se derogaba la ley que prohibía la emigración en todo el territorio español, produciéndose como consecuencia de ello un éxodo masivo hacia los países americanos que alcanzará cotas significativas entre ese año y el final de los años treinta del siglo XX. Este proceso migratorio afectaría singularmente a dos zonas geográficas españolas muy concretas, las Islas Canarias y las provincias limítrofes con el Cantábrico y Galicia. (Garrido Moreno, 2000: 63).
En el caso de Galicia, se estima que en el periodo que analizamos, cerca de un millón de gallegos emigraron a América de forma masiva con destino predominante en Argentina, Cuba y Brasil. Como hemos indicado con anterioriadad, los principales factores que llevaron a los jóvenes gallegos a embarcarse rumbo a América fueron la escasez de recursos alimentarios y económicos, junto con las posibilidades de crecimiento económico y social que prometía el suelo americano (Rodríguez Vázquez & Carreiro Rey, 2010: 245). Como nos indica Carlos Sixirei: “La segunda mitad del siglo XIX ofrece en Galicia un panorama desolador: hambres, epidemias, crisis de subsistencia y atraso económico.” (Sixirei, 2000: 20).
Normalmente, el emigrante indiano se correspondía con ser un joven de corta edad descendiente de familia campesina de algunas de las zonas más pobres y castigadas del rural gallego. A causa de ello, era enviado a América con la finalidad de hacer fortuna y convertirse, de esta forma, en el principal sustentador de la familia. En este sentido, numerosas familias gallegas del periodo solo pudieron salir adelante gracias a las periódicas aportaciones económicas provenientes del continente americano. Además, esta figura del indiano tenía una vocación retornadora, caracterizada por su intención de adquirir los recursos económicos suficientes que le permitieran volver a Galicia definitivamente y vivir de rentas. (Alonso Pereiro, 2000: 38).
A su retorno, el indiano enriquecido, dedicaba sus esfuerzos económicos a reformar o construir la vivienda familiar. Para ello, preparaba en su aldea natal una villa en la que establecerse, ya fuera de forma estacional o permanente. A causa de esto, este grupo social se convirtió en el principal promotor arquitectónico de la época, configurándolo como el agente modernizador predominante del mundo rural gallego. En palabras de Óscar Castro García:
En Galicia la actividad constructiva de los indianos fue muy intensa tanto en edificación de carácter público como escuelas, asilos, hospitales, como semi-público –casinos, cines, etc.-. Dejó muestras de actividad inmobiliaria en las ciudades construyendo casas de rentas de alquiler y edificaron sus viviendas unifamiliares para estancias vacacionales o de primera residencia. Incluso costearon la construcción de infraestructuras como carreteras, puentes, parques, etc. (Castro García, 2000: 64).
Esta transformación urbanística también se observó en la propia cultura. El indiano se convirtió en un puente de comunicación entre culturas: la del mundo rural a la que pertenecía y la del entorno urbano donde emigró, trabajó y se enrichió2. Un proceso de mestizaje cultural que supuso asumir nuevas costumbres que reemplazaron a las existentes y que, a su vez, introdujeron en su tierra de origen al volver a la misma. Modas, costumbres, ideologías políticas…, fueron nuevas pautas socioculturales que utilizaron al indiano como vehículo transformador de su tierra. En palabras de José Manuel Vázquez Varela:
La llegada de los emigrantes a un país con mayor riqueza cultural, ideológica y política hizo posible que accediesen al conocimiento directo de otros modos de entender el mundo y de su aplicación a la realidad, distintos de aquellos que eran propios a su mundo de origen. (Vázquez Varela, 2000: 361).
No obstante, nos vemos en la obligación de realizar una mirada crítica a la propia figura del indiano. La mayoría de la documentación que poseemos sobre este grupo social se centra, en exclusividad, en la imagen del triunfador, hasta el punto de generar un estereotipo cultural que pervive hasta hoy en día3. Esto nos deja sin registros de todos aquellos que emigraron a América y no fueron capaces de obtener fortuna. Por otro lado, el retorno a Galicia fue mucho más habitual desde la llegada del siglo XX que en la segunda mitad del XIX. De esta forma, no podemos acceder a datos de la gran mayoría de los emigrantes americanos, especialmente de aquellos que nunca volvieron a Galicia.
Por ahora no es posible acercarnos a un cálculo de cuál fue el porcentaje de los emigrantes que partieron que consiguió triunfar en América, ya que solamente disponemos de elencos de emigrantes gallegos que alcanzaron el éxito económico desde finales del siglo XIX en diversos puntos de América. Pero no sabemos cuál fue su representatividad real dentro del conjunto de la colectividad galaica emigrada. (Núñez Seixas, 1998: 561).
De esta forma, el indiano gallego se correspondía con un emigrante de gran fortuna, que volvía a Galicia para vivir de una manera holgada el resto de su vida y que buscaba obtener prestigio social a través de promociones urbanísticas y sociales. A nivel arquitectónico, fue un tipo de promotor que centra sus esfuerzos en la edificación de su propia vivienda, que normalmente se veía condicionada por los recursos económicos disponibles. Así, las variantes fueron muchas: desde una simple mejora y actualización de la vieja casa petrucial hasta la construcción de villas influenciadas por el hotel burgués. A causa de ello, en el entorno rural gallego, apareció una amplia heterogeneidad de estilos arquitectónicos que emplean modelos estilísticos como los historicismos, el art nouveau o las vanguardias racionalistas de la época. Además, la escasez de técnicos titulados en Galicia4, provocó que la mayoría de estas edificaciones fueran desarrolladas por los maestros de obras y otros profesionales menores de la arquitectura copiando modelos de los distintos catálogos que aparecen en el periodo5. Fruto de todo ello, fue la aparición de una arquitectura diversa y de gran notoriedad en el entorno en el que se inscribe.
En cualquier caso la residencia del emigrante retornado se configura como una arquitectura de prestigio, en franca competencia con las sedes tradicionales del poder rural, el pazo, el ayuntamiento o la iglesia, presentando un marcado carácter diferenciador sobre el resto de las construcciones con las que convive. (Sixirei, 2000: 32).
Como hemos observado, la figura del retornado indiano como promotor edilicio se relaciona solo con aquellos que poseían grandes fortunas y que buscaban una imagen de prestigio social y triunfo personal a través de su vivienda unifamiliar. No obstante, existen multitud de ejemplos de edificaciones de carácter social promocionadas por diversas agrupaciones de emigrantes en América. Vamos a detenernos un momento para comprender este fenómeno. Ya hemos observado que solo tenemos datos de indianos con éxito, cuyos esfuerzos se destinaban a la construcción de su propia vivienda. Pero en su estancia americana, la gran mayoría de los emigrantes, solían agruparse en asociaciones de carácter benéfico para ayudar a sus convecinos tanto en América como en Galicia. Estas agrupaciones se convirtieron en uno de los más importantes, por no decir el principal, motores económicos del territorio gallego de la época: mandaban dinero a las familias, destinaban fondos para la educación a ambos lados del Atlántico y promocionaban recintos arquitectónicos de toda índole con lo que modernizaban la parroquia que les vio nacer. Los datos que tenemos nos indican que en el año 1790 aparece la primera de estas asociaciones, la “Congregación de Naturales y Originarios del Reino de Galicia” en Argentina6, a la que seguirán innumerables entidades de idéntica condición a lo largo de todo el territorio americano. La extraordinaria congregación de emigrantes gallegos en América favoreció esta importante vida comunitaria, que en poco tiempo desarrollará un entramado societario que ofrecía educación, sanidad, cultura y entretenimiento a la población emigrada. (Lizancos, 2000: 40-41). A causa de esto, estas mutualidades realizarán prensa escrita (tanto en castellano como en gallego, como A Gaita Gallega o Aaires da miña terra), asociaciones musicales (como Ecos de Galicia), entidades bancarias de toda índole (como las cajas rurales o los bancos, y cuyos mejores ejemplos serían el Banco de Galicia y del Río de la Plata o la Caja de Ahorros y Banco Gallego) o, sin duda las más importante y característica de todas ellas, la fundación de la Academia Gallega a principios del siglo XX en La Habana. (Neira Vilas, 2000: 121).
No obstante, este tipo de organizaciones no poseían un modelo único y estable. Más bien, podemos indicar que se subdividían en tres variantes diferenciadas que coexisten de manera simultánea. En primer lugar, estarían aquellas asociaciones que se situarían en un marco macroterritorial, cuya finalidad es la de aglutinar a todos los emigrados gallegos fuesen de donde fuesen. En segundo lugar, se situarían las entidades de carácter microterritorial o local, las cuales centraban sus esfuerzos en una comarca o aldea concreta. En tercer lugar, hablaríamos de las que poseen un modelo intermedio entre las anteriormente citadas: las sociedades de alcance provincial o mesoterritorial. (Peña Saavedra, 2000: 224). De todas ellas, las que más arraigo tuvieron en nuestro ámbito de estudio son las segundas7: las asociaciones de carácter microterritorial8, cuyos esfuerzos se centraron en crear edificaciones de carácter público y semi-público que buscaban mejorar una serie de infraestructuras deficientes en sus aldeas y parroquias de origen.
[…] si los indianos prestaron gran atención a las instituciones benéficas y a la enseñanza, lo hicieron a uno y otro lado del Océano. Si aquí realizan toda una amplia labor compensatoria de las deficiencias oficiales en forma de asilos, hospitales o escuelas, allí lo hacen en forma de sociedades filantrópicas, de instrucción y asistencia e incluso cajas de resistencia enlazadas con los distintos Centros Gallegos, elevando asimismo sus edificios. (Alonso Pereira, 2000: 59-60).
De esta forma, la labor filantrópica de la emigración gallega dejó de encontrarse ligada a los indianos enriquecidos para situarse en todo el colectivo emigrado a través de las citadas agrupaciones y/o asociaciones. Una de las principales laborales a las que se vincularon fue la educación: la propia, la de sus familiares y la de sus vecinos. Las primeras hornadas de emigrantes llegaron a su destino transoceánico con un bagaje cultural y formativo muy escaso. Una situación tan extrema que provocó que los Centros Gallegos destinasen gran parte de sus recursos a realizar cursos educativos para niños y adultos que tuvieron una gran acogida entre la población emigrada. Un tipo de educación reglada y de calidad para cualquier edad y sexo. A causa de ello, y teniendo en cuenta estas deficiencias institucionales en su tierra natal, las asociaciones microterritoriales comenzaron una importante labor promotora de edificaciones escolares en las aldeas y parroquias gallegas (Rodríguez Vázquez & Barreiro Rey, 2010: 246-247).
Las principales motivaciones de esta profusa edificación escolar, que se sitúa entre los años finiseculares del XIX y las tres primeras décadas del siglo XX, son diversas. En primer lugar, estaba una vertiente filantrópica que valoraba la educación como una herramienta de futuro y modernización de la atrasada situación económica de Galicia. O lo que es lo mismo, la idea de que, gracias a una buena escolarización, sus conciudadanos tendrían más y mejores oportunidades de ganarse la vida ya fosse en Galicia o a través de la emigración9. En segundo lugar, se situaría una necesidad de obtener una rentabilidad social y de reconocimiento. En otras palabras, adquirir la proyección social, entre los destinatarios de esta labor filantrópica, de principales valedores de una educación moderna y avanzada en la comarca, parroquia o aldea en la que se inscriben10. (Peña Saavedra, 2000: 222-223). De esta manera, se observa como el principal promotor de la modernización educacional en la Galicia de la época es el capital económico provenientes de las asociaciones y agrupaciones indianas, siendo sus principales beneficiarios sus aldeas o parroquias de origen.
Según los datos que expone el profesor Vicente Peña Saavedra, entre el marco temporal que abarca desde el 1900 hasta el estallido de la Guerra Civil en 1936, más de 400 Sociedades Gallegas de Instrucción fueron instauradas en el continente americano –mayoritariamente en Cuba y Argentina–. Un dato interesante, ya que, como también nos indica este investigador, cerca del 75% de los ayuntamientos gallegos contaron con alguna de ellas. De esta manera, sobre unos 225 colegios fueron sostenidos con el dinero americano, de los cuales 177 fueron de nueva edificación. (Peña Saavedra, 2000: 227-233). Los principales modelos arquitectónicos que presentan son los mismos que dominaban el momento en las urbes contemporáneas. Así tenemos edificios con estética modernista, historicista, regionalista, academicista y, principalmente y al igual que sucedía con las viviendas indianas, ecléctica. No existía un modelo unitario, lo que provoca que existan multitud de variantes estilísticas entre una escuela y la siguiente, dando como resultado una imagen de gran heterogeneidad –incluso entre escuelas, como observaremos, que se sitúan en parroquias vecinas-. No obstante, presentan diversos elementos comunes que nos permiten diferenciarlas de las demás construcciones con las que comparten espacio. La mayoría de las escuelas indianas se sitúan en las provincias de A Coruña y Lugo11, especialmente en su litoral. (Alonso Pereira, 2000: 39-40). La única excepción que hemos visto a esta situación de predominancia septentrional, es la comarca compostelana12, donde hemos detectado hasta 26 inmuebles escolares financiados por la emigración americana13. Una situación que nos parece sorprendente, cuando observamos que dentro del propio ayuntamiento de Santiago de Compostela no se encuentran inmuebles de estas características. Quizás porque en la capital gallega se estaba llevando a cabo una reactivación arquitectónica y educativa de forma institucionalizada, promovida por la universidad y los poderes políticos y públicos. Buen ejemplo de ello será la creación de la Escuela de Veterinaria o la Escuela de Sordomudos y Ciegos. (Moure Pazos, 2011a: 173-182; Moure Pazos, 2012b: 253-273).
Como hemos indicado, nuestra investigación se centra en analizar la arquitectura escolar indiana en la comarca compostelana. En este caso concreto, centraremos nuestros esfuerzos en aquellos inmuebles que se sitúan dentro del ayuntamiento de Ames. A este respecto, los datos que tenemos nos indican que, entre el marco temporal que va desde 1929 hasta 1936, se realizan siete construcciones de nuevas escuelas cuya financiación proviene de diversas sociedades de instrucción indiana. Es importante resaltar que es un contexto temporal tardío con respecto a la propia emigración indiana, que como hemos observado empieza a declinar a partir de la década de 193014, por lo que estaríamos ante algunas de las últimas edificaciones que se corresponden con la época más representativa de la construcción transoceánica –al menos en la comarca compostelana-. De esta manera, queremos rescatar la información recopilada en el trabajo de campo de la investigación coordinada por Fernando Bores Gamundi, Casas de indianos, que identificó en su momento cuatro inmuebles indianos de carácter residencial en el ayuntamiento en el que nos centramos, y que se enmarcan cronológicamente entre el año 1923 y el 1929 (Bores Gamundi, 2000: 129-138). Esto nos permite arriesgarnos a indicar que, como también referimos con anterioridad en un marco general, los emigrantes edificaron en primer lugar su vivienda residencial y, en fecha más tardía, comenzaron su labor filantrópica escolar.
Por otro lado, queremos incurrir en que estas escuelas son todas de nueva edificación y que se suelen situar en una zona de prestigio en el entorno donde se inscriben: cercanas a la iglesia y a la zona de campo de fiesta de la aldea15. Esto reafirma la situación del colectivo indiano como nuevos agentes del poder civil de la parroquia. En este sentido, estas arquitecturas sitúan al retornado –en este caso a los miembros de las diferentes sociedades de emigrantes- como los nuevos benefactores de su lugar de origen y como claros competidores laicos de la Iglesia en su labor educativa. Creemos, por lo tanto, que su emplazamiento urbanístico está condicionado por representar esta nueva situación social que coloca al colectivo indiano en una posición de prestigio entre sus conciudadanos y sustituyendo a las viejas instituciones del poder caciquil de la época.
En tercer lugar, hay que destacar la interesante heterogeneidad que presentan las obras analizadas. Una situación que nos permite observar como las entidades societarias no imponían un modelo único a nivel ornamental, permitiendo, más bien, una gran capacidad de interpretación del modelo de escuela a los maestros de obras encargados de realizarlas. Así, encontramos una serie de trabajos que, si bien presentan características comunes como una planta simétrica y rectangular, poseen una serie de elementos de lo más variado que muestran un uso ecléctico, en el sentido más amplio de la palabra, de los distintos modelos estilísticos de la época. Además, esta heterogeneidad muestra, a nuestro entender, el elemento más importante de la arquitectura indiana gallega: el introducir en el mundo rural los principales estilos arquitectónicos que existían en los entornos urbanos de la época, configurando una imagen cosmopolita y heterogénea de ese entorno rural.
Entre las distintas sociedades de instrucción que patrocinan las escuelas en el ayuntamiento de Ames, se encuentra Riveras del Tambre y Valle de la Mahía, responsable de cuatro de las siete escuelas catalogadas en este estudio. Esta sociedad, creada en La Habana en 1912, se instauró con la finalidad de organizar diversos actos culturales en Galicia. A partir de 1929, comienza una labor filantrópica que busca edificar diversas escuelas en el ayuntamiento. Estas construcciones, según los datos que poseemos, se financiaron con unas cuantías que van desde las 16.500 hasta las 17.000 pesetas por cada una de ellas (As Escolas da Emigración, 2008-2014). Los inmuebles que nos han legado son cuatro: la Casa-escola de Covas, la Escola de Arufe, la Escola de Cruxeiras y la Escola de Trasmonte. Todas ellas se encuentran cercanas entre sí, a escasos kilómetros unas de las otras, y muestran un marcado aspecto heterogéneo considerando sus promotores y partidas presupuestarias.
Es la primera de las edificaciones escolares promovidas por Riveras del Tambre y Valle de la Mahía. Construida en el año 1929 en la aldea de Capeáns, parroquia de Santo Estevo de Covas. Esta escuela (fig. 1) se nos muestra como un edificio de una única planta rectangular. La estructura se sitúa sobre un minúsculo paramento que ayuda a superar un pequeño desnivel del terreno en su entrada principal. Destaca su simetría compositiva donde la puerta principal hace de eje compositivo del edificio y mostrando idéntica imagen tanto en su fachada principal como en la posterior –donde hoy en día, el espacio que correspondería con la puerta se encuentra tapiado-. La presencia de amplios ventanales en ambas fachadas con molduras nos muestra una de las principales innovaciones eclécticas en la arquitectura indiana: la aparición de varias ventanas en la fachada, una novedad que contrasta con el modelo tradicional de planta rectangular con pocos vanos presente en la arquitectura vernácula gallega. (Garrido Moreno, 2000: 66). Las molduras se encargan de enmarcar unos vanos sencillos pero amplios, mostrando una curvatura en su dintel ampliándose en las jambas, que también se observa en las puertas de las fachadas. Además, este tipo de molduras se continúan en las esquinas de la misma manera que en la mencionada arquitectura tradicional gallega. Los laterales del edificio también buscan una simetría similar a la de sus fachadas principales. Una única puerta en el lateral izquierdo, que servía como acceso alternativo al aula, y una ventana en el lateral derecho son los únicos elementos destacables en los mismos. Cabe recalcar que, a diferencia de las mencionadas fachadas principales, tanto el acceso como la ventana se encuentran carentes de decoración alguna, un hecho que contrasta con lo visto con anterioridad.
Esta escuela sufrió una importante restauración en el año 2001, en la que se cambió el aspecto de la misma. La documentación que tenemos nos indica que el inmueble presentaba piedra a la vista, que tras su rehabilitación fue cubierta de cemento y pintada, ofreciendo esa imagen bicolor que posee hoy en día. Además, también nos indica su estructura interior y el uso de la misma. De esta manera nos revela que el lado derecho de la estructura era el espacio del aula, mientras que el izquierdo se correspondería con la propia vivienda del maestro. Hoy en día, se sigue usando como escuela infantil de la parroquia y centro sociocultural para los vecinos (As Escolas da Emigración, 2008-2014).
Hay que revelar que este esquema edificativo sencillo bebe de la tradición autóctona gallega. Esta presenta un modelo con invariantes muy claras a lo largo del tiempo y una simplificación formal que ayudó a su proliferación por todo el territorio. De esta manera, los maestros de obras locales la reelaboran y modifican a lo largo del tiempo, y, por lo tanto, la usan para la gran mayoría de las construcciones indianas del período. Se trata de una composición de configuración volumétrica sencilla, de bloque unitario –normalmente de una planta, en cuanto a las escuelas se refiere-, con cubierta a dos o cuatro aguas. Un esquema cuya simplicidad permite que se adapte muy bien a los distintos estilos de la época (Alonso Pereira, 2000: 50-51). Esta estructura, principalmente, es sobre la que variarán la mayoría de las escuelas que observaremos y de la que la Casa-escola de Covas es el primero de sus ejemplos. Para finalizar, hay que destacar que esta escuela, también fue agraciada con un recinto ajardinado que servía como campo de juegos de los niños, aunque, a diferencia de lo que sucedía con las viviendas particulares, en él no había rastros de palmeras que enmarcaran el acceso al inmueble como símbolo de su procedencia indiana (Alonso Pereira, 2000: 48).
Esta edificación, se sitúa en Trasmonte, parroquia de Santa María de Trasmonte. La fecha de su inauguración se corresponde con el año 1930. Esta escuela (fig. 2) también se corresponde con el esquema de un bloque rectangular de una única planta que observamos en el ejemplo anterior. En este caso, estaríamos hablando de un edificio realizado en mampostería. Al igual que sucedía con la Casa-escola de Covas, esta edificación presenta una clara simetría formal en sus dos fachadas, aunque en esta obra en vez de poseer una única puerta de entrada tendría dos. Los vanos de puertas y ventanas no presentan decoración de ningún tipo, haciendo más clara la relación con el estilo autóctono de bloque sencillo del que hablamos. Los laterales del edificio se muestran sin decoración, destacando la ausencia de ventanas en los mismo y la mampostería de piedra. La estructura se recubre con un tejado a dos aguas.
No obstante, encontramos un componente ornamental que rompe con la horizontalidad de la fachada principal y se configura como un elemento novedoso en la composición: un frontón triangular que se sitúa sobre las puertas de entrada de la escuela. Este lugar es uno de los lugares de preferencia de la arquitectura indiana para la decoración, con lo que se busca realzar la imagen del inmueble (Garrido Moreno, 2000: 74). En esta variedad, se trata de un elemento de proyección social que vincula a los promotores de la escuela con el propio edificio: un recuerdo de quienes son aquellos que han financiado la educación de sus convecinos16. De esta manera, observamos como existe una intención de enseñar la labor filantrópica de la agrupación indiana. Por otro lado, queremos destacar la localización de la propia escuela: al lado de la iglesia parroquial y de un cruceiro. Con ello, nos parece evidente que se busca situar al inmueble indiano en la zona noble de la parroquia, como una muestra del nuevo equilibrio de poderes sociopolíticos del lugar.
La documentación de que disponeos nos indica que la escuela poseía dos aulas situadas a cada uno de los extremos del edificio y con entradas independientes. Cada una de ellas estaba destinada a un sexo concreto: una para niños y otra para niñas. También tenía un espacio ajardinado cuya finalidad era la de servir como campo de recreo, pero la construcción de la carretera actual, prácticamente, redujo su espacio a la mínima expresión. Hasta el año 2002 continuó con su labor de escuela infantil, pero en ese año el edificio fue rehabilitado, manteniendo su aspecto exterior aunque modificando el interior. En la actualidad, esta escuela se usa como centro sociocultural de los vecinos y se encuentra en proceso de restauración y rehabilitación por el ayuntamiento (As Escolas da Emigración, 2008-2014).
Esta escuela se encuentra en Cruxeiras, parroquia de San Tomé de Ames, y fue inaugurada en el año 1933. Al igual que las anteriores, se configura como un edificio de una única planta rectangular realizada en mampostería (fig. 3). Sus fachadas principales muestran una clara simetría, repitiendo su estética en ambos lados. Las puertas situadas en el centro sirven como eje compositivo del inmueble. Puertas y ventanas se presentan sin decoración alguna. Los laterales del edificio no poseen ningún elemento destacable, más allá de su estructura en piedra. En el lado derecho de esta escuela, hoy en día, se presenta un anexo de fecha posterior que rompe con la simetría compositiva del inmueble. Éste se corona con un tejado a dos aguas, donde aparece un elemento singular en forma de chimeneas gemelas situadas a cada extremo de la fachada principal.
La documentación nos informa que esta edificación ha sido alterada a lo largo de los años, modificando su aspecto originario. A causa de ello, se ha perdido la escalera de entrada en su fachada posterior. Su configuración interior sigue modelos que ya hemos observado: dos aulas simétricas situadas a cada lado del edificio y con segregación de sexos. Además, nos indica la partida presupuestaria que la asociación destinó a este inmueble fue de 16500 pesetas. En la actualidad, este inmueble se encuentra rehabilitado y su uso se corresponde como local social para los vecinos. (As Escolas da Emigración, 2008-2014).
Esta escuela se sitúa en Arufe, parroquia de San Lourenzo de Agrón. Su inauguración se enmarca en el año 1934. En esta ocasión (fig. 4), nos encontramos con un edificio de dos plantas, donde la inferior sirve como cuerpo basamental a modo de sótano perforado con ventanas. Sobre el mismo, se erige la planta principal, donde se edifican las propias dependencias del inmueble escolar. Este modelo constructivo se entronca con el modelo de la vivienda vernácula gallega de la época, mostrando como las construcciones de los maestros de obras son similares ya sea una vivienda unifamiliar o un recinto educativo (Alonso Pereira, 2000: 43-44).
La planta principal se muestra similar a los ejemplos vistos anteriormente. Una estructura rectangular, realizada en mampostería y cubierta con tejado a cuatro aguas. La simetría también es un recurso buscando en lo que a vanos y puertas se refiere, aunque en esta ocasión difiere de las escuelas patrocinadas por Riveras del Tambre y Valle de la Mahía vistas con anterioriadad. En este inmueble, las puertas no enmarcan el eje compositivo, ya que en vez de situarse en el centro de la fachada se desplazan a los laterales del mismo. Además, el desnivel del terreno impide la existencia de una puerta posterior al igual que en los casos anteriores. Los vanos de puertas y ventanas son rectos, marcando la regularidad del conjunto. En este contexto destacan unas molduras realizadas en cemento en los dinteles de las puertas de acceso. Esto es una novedad que proviene de los distintos talleres ornamentales existentes en la época, y que se dedicaban a reproducir modelos en cemento u hormigón por medio de moldes (Garrido Moreno, 2000: 64). Por otro lado, destaca el aspecto decorativo de la fachada. Hoy en día muy deteriorada, todavía quedan vestigios de policromía en el edificio. Esta se situaba alrededor de las molduras y enmarcaba la fachada principal contrastando con la mampostería de los laterales.
Al igual que sucedía con la mayoría de escuelas de la época, la situación de las aulas se disponía a cada lado del inmueble, por medio de una segregación por sexos. Las dos puertas de entrada, permitían el acceso a cada una de las aulas de forma independiente. La documentación nos indica que la partida presupuestaria para la edificación fue de 16.500 pesetas. Al igual que otros inmuebles de este tipo, también presentaba un recinto ajardinado a modo de campo de recreo en su zona posterior. (As Escolas da Emigración: 2008-2014).
Por otro lado, destaca su localización dentro del entorno parroquial: en un promontorio aislado y lejos de edificaciones residenciales o de carácter civil. Contrasta, de esta manera, con las que hemos visto con anterioriadad que, o bien se encontraban en la zona noble de la parroquia conviviendo con la iglesia y el campo de la fiesta, o rodeada de viviendas residenciales. En la actualidad, este inmueble se encuentra abandonado y en muy mal estado de conservación, requiriendo una importante labor de rehabilitación.
La sociedad Calo y Viduído. Sociedad de Instructional de Recreo y Socorros Mutuos, es otra de las agrupaciones de indianos que promocionó inmuebles educativos en el ayuntamiento de Ames. Esta sociedad, fue fundaba por emigrantes naturales de las parroquias de Biduído y Teo. A lo largo de su historia también fue conocida con el nombre de Hijos de Calo y Viduído. Su nacimiento se retrotrae al veinte de agosto de 1920 en La Habana, Cuba. En su reglamento, establece la necesidad de estimular la enseñanza en sus parroquias de origen, motivo por el cual se edificarán distintas escuelas para este fin (Calo y Viduído, 1926). Fruto de esta labor benefactora es la construcción de la Casa-escola de Biduído, localizada en Biduído de Abaixo, parroquia de Santa María de Biduído.
Esta escuela (fig. 5), inaugurada en 1932, presenta un edificio de dos plantas de forma rectangular realizada en mampostería. Al igual que sucedía con otros ejemplos que hemos destacado, el gran desnivel del terreno donde se sitúa la escuela, provoca la necesidad de la planta de abajo. En este caso, esta localización ya no se sitúa como un sótano que funciona de almacén, más bien se trataría de una serie de dependencias destinadas a la vivienda del maestro o a las aulas. La fachada principal, presenta una profusa ornamentación que contrasta con las laterales y la posterior que dejan clara muestra de la construcción en piedra del inmueble. Los vanos de puertas y ventanas se realizan en granito y cemento, elementos que contrastan con la mencionada piedra irregular.
Como hemos indicado, los esfuerzos ornamentales se encuentran en la fachada principal, donde destaca una elaborada decoración que enmarca la edificación con un frontispicio rectangular. Este se encuentra flanqueado por volutas de corte vegetal, que nos habla de un dominio por parte del constructor del lenguaje arquitectónico. En los extremos de la composición, dos pilastras de orden dórico sostienen el mencionado frontispicio. La aparición del apilastrado como elemento ordenador, es un nuevo recurso expresivo que aparece por medio de la arquitectura indiana, y su uso ecléctico de modelos ornamentales clásicos y/o historicistas (Alonso Pereira, 2000: 52). Por debajo del ático, aparecen otros elementos a modo de cornisa en la parte central que aumenta la sensación volumétrica y enmarcan la puerta de entrada con otras dos molduras con forma de placa. La puerta se encuentra enmarcada por unos vanos que juegan con las formas rectas de las molduras para crear una sensación de dinamismo en la fachada. Éstas envuelven puerta y ventanas para desembocar en las pilastras, además de acentuar esta volumetría gracias a la diferencia de color entre las paredes de la fachada y el color amarillo de los elementos ornamentales. El uso de la coronación en la fachada la vincula con los eclecticismos de tendencia historicista. De esta forma, los repertorios clásicos se adaptan a cornisas con variedad de modelos que combinan la labra en piedra y a las aplicaciones de molduras desarrolladas con cemento u hormigón. Además, la existencia de un frontón a modo de peineta, entronca con las soluciones compositivas del barroco y que en la arquitectura indiana se usó como fórmula para ocultar las cumbreras de las cubiertas a cuatro aguas, algo que en este edificio sucede. Por otro lado, y no menos importante, es su uso de recurso escenográfico, al ser un elemento concebido para proyectar una inscripción o placa que ayude a mostrar –como en este caso- quienes son los promotores de la obra, su fecha de inauguración o el lugar donde se asienta la sociedad de instrucción correspondiente (Garrido Moreno, 2000: 75-77).
La documentación disponible, nos indica que este inmueble fue dedicado a escolarizar a niñas, dato que viene recogido en la placa que corona la fachada principal. Un hecho que contrasta con la tendencia generalizada que hemos observado hasta el momento de presentar dos aulas diferenciadas por sexo. No sabemos la localización del aula ni su distribución interior a causa de las distintas modificaciones que el interior del inmueble ha recibido a lo largo de los años. Los datos que poseemos nos informan de que su costo fue de 10000 pesetas (As Escolas da Emigración, 2008-2014). Su localización se encuentra próxima, de nuevo, a la iglesia parroquial y al campo de fiesta, por lo que se observa una voluntad de exhibición del poder económico de sus promotores. Hoy en día se encuentra en buen estado de conservación y se utiliza como local social para los vecinos.
En este caso, a diferencia de los anteriores, observamos como no se trata de la proyección de una única escuela donde infantes de todas las edades y sexos reciben educación, ya que los esfuerzos de los promotores se dirigieron a realizar dos inmuebles diferenciados uno de otro y en posición enfrentada. El Centro Pro-Escuelas en Bugallido y Ortoño, es una agrupación de emigrantes en Argentina que nace en el año 1911 en la capital. Su principal labor era la de promover diversas escuelas en cada parroquia correspondiente. Pero su escaso número de socios hace que dicha labor sea exigua, hecho que se acrecienta gracias a una escisión de gran parte de sus socios en 1923 –creando, de paso, la sociedad Centro Hijos de Ortoño y sus contornos-. En el año 1933, el Centro Pro-Escuelas en Bugallido y Ortoño, financia e inaugura dos escuelas en Guimaráns, parroquia de San Pedro de Bugallido (As Escolas da Emigración, 2008-2014). Al igual que sucede con varios de los inmuebles vistos con anterioriadad, su localización se sitúa cercana a la iglesia parroquial, al campo de fiestas y, en este caso, la caja rural de la parroquia, con lo que presentimos de nuevo una cierta vocación de exhibición social del poder económico de la asociación benefactora.
Los dos edificios proyectados poseían una estructura similar, pero hoy en día tras profundas ampliaciones y rehabilitaciones han cambiado su estructura original. La escuela de niños se observa como un edificio realizado en mampostería y con planta rectangular (fig. 6). Presenta un pequeño basamento que sirve para salvar el desnivel del terreno. Este se presenta horadado con cuatro pequeños vanos de forma cuadrangular copiando el modelo tradicional de arquitectura vernácula de bloque unitario. La puerta se sitúa como eje compositivo, siendo flanqueada a cada lado por una ventana. Los laterales de la estructura se encuentran libres de decoración o vanos, mientras que la parte posterior presenta sendos ventanales que guardan simetría compositiva con los de la fachada principal. Todo ello cubierto con un tejado a dos aguas. Destaca una placa situada sobre la puerta de acceso, que informa de la propiedad del inmueble.
Su estructura interior constaba de una sola aula donde los niños de la parroquia recibían educación. Remodelaciones posteriores han ampliado la estructura con un anexo prismático en la derecha del edifico y otro en la fachada posterior, tapando este último gran parte de dicha fachada.
La escuela de niñas se encuentra edificada casi enfrente de la de niños, poseer una estructura similar muy parecido (fig. 7). Hoy en día, presenta un anexo superior que modifica la propia estructura del edificio, pero sus formas originales todavía se pueden intuir con claridad. Al igual que sucedía con el edificio de los niños, presenta un bloque rectangular realizado con mampostería que presenta una puerta central que sirve como eje compositivo y con dos ventanas que la flanquean. Su aspecto, como hemos indicado, se vincula con el modelo tradicional de arquitectura vernácula. Al igual que sucedía con su edificio gemelo, presenta una placa sobre el dintel de la puerta que nos informa de su propietario, además de situar encima de ésta otra con la fecha de inauguración: 1933. De la misma manera, esta estructura también presentaba una única aula. La estructura que se sitúa encima de la propia escuela es de edificación posterior, modificando profusamente el aspecto de la composición. Una placa situada en el lateral izquierdo de la fachada indica que este anexo se construyó para la Caja Rural de Bugallido, por lo que suponemos que servía como dependencias para la citada entidad bancaria.
Hoy en día, ambos inmuebles se encuentran en buen estado de conservación y mantenimiento, siendo usados como locales para los vecinos de la parroquia. Los datos que poseemos nos indican que la escuela de niños se ha seguido utilizando como centro escolar infantil hasta fecha reciente (El Correo Gallego, 2014). No sabemos cual es el uso actual de dicho inmueble ni de la escuela de niñas.
Este es el último inmueble escolar, por fecha de edificación, que hemos encontrado en nuestra investigación sobre la arquitectura escolar indiana en el ayuntamiento de Ames. Su fecha de inauguración es de 1936, y fue financiada por la Sociedad Pro-Escuelas Residentes de Ames en Buenos Aires, la cual se crea en Argentina con la finalidad de proteger y crear escuelas en el lugar de origen de sus socios. En 1929, esta agrupación destina una partida económica para crear esta escuela, proyecto que cristalizará en 1936 con la apertura de la misma (As Escolas da Emigración, 2008-2014). Este inmueble se localizea en Barouta, en la parroquia de San Tomé de Ames, situada a poco más de un kilómetro de otros ejemplos que hemos analizado –como la Escola de Cruxeiras-. Al igual que sucedía con otros ejemplos, se encuentra al lado del palco presidencial del campo de fiesta y a escasos metros de la iglesia parroquial.
La Escola de Barouta (fig. 8), se configura, a nivel estructural, como sus coetáneas financiadas por el dinero emigrante: como un bloque rectangular, situado sobre un pequeño basamento con escaleras que salva el desnivel, marcada simetría compositiva con una puerta central que marca el eje central y con cubierta a dos aguas. No obstante, presenta una serie de características ornamentales y formales que hacen que destaque de forma singular. La fachada principal es el lugar donde se ponen todos los esfuerzos decorativos, dejando la fachada posterior y las laterales carentes de cualquier decoración –en gran medida a causa de la situación geográfica en la que se sitúa esta edificación-. La fachada principal presenta un amplio soportal abierto formado por arcos de medio punto a los lados y otro central escarzano, sustentados por columnas dóricas. La puerta central se presenta enmarca con una moldura rectangular en piedra que se prolonga hasta el final del espacio porticado. Los vanos de las ventanas en este espacio presentan la misma molduración que la puerta principal. Destacan, en este sentido, las dos entradas laterales del edificio, accesibles solo desde el pórtico y situadas de manera perpendicular a este, ya que carecen de moldura o decoración alguna. Este espacio se puede emparentar con el modelo del porche, elemento estructural muy apreciado por los indianos y de gran arraigo en los usos de la arquitectura vernácula gallega (Garrido Moreno, 2000: 80).
En los extremos de la fachada, ya fuera del pórtico de entrada, sobresalen las ventanas que poseen un dintel coronado con molduras en forma de triángulo invertido con lados curvos. Este tipo de modelo decorativo, presumiblemente, provenría de los diferentes álbumes que proliferaban en la época y eran utilizados por los distintos talleres de obra. La diferenciación de colores a modo de contraste, es otra de las principales características que las promociones emigrantes. De esta manera se erige un estilo arquitectónico singular que contrasta con los elementos que lo rodean (Cabana González, 2001: 164).
Destaca, también, en esta composición el ático del edificio, elemento que, como hemos visto servía para tapar la vista del tejado. Éste, separado por medio de una moldura de la fachada principal, se corona con un frontispicio recto en su parte baja y semicircular en su zona superior, a modo de peineta, que ayuda a tapar el espacio del tejado. La composición se completa con dos pináculos situados a ambos lados de la composición. Este cuerpo central se transforma en el elemento de expresividad de la fachada, otorgando un elemento de nobleza a su edificio y promotores (Alonso Pereira, 2000: 54). La placa situada en su interior reafirma esta voluntad de exhibición del poder económico de sus promotores. En este caso en concreto, nos informa de la entidad que ha sufragado su construcción, el lugar de procedencia de la misma y la fecha de inauguración. Con ello, se reafirma la idea de exhibir el nuevo poder económico y social de los vecinos indianos, con respecto a los tradicionales poderes fácticos del mundo rural gallego de la época.
La estructura interior de este edificio es simular a otros de idéntica funcionalidad: dos aulas diferenciadas, una a cada lado del edificio y con entrada independiente desde las puertas perpendiculares del pórtico. Al igual que sucedía con otros ejemplos similares, cada aula estaría destinada a un sexo concreto. La información de que disposemos, nos indica que este inmueble fue utilizado hasta época reciente como consultorio médico y local social para los vecinos (As Escolas da Emigración, 2008-2014). No obstante, parece ser que desde hace algún tiempo el edificio se encuentra abandonado y, como pudimos comprobar en el trabajo de campo, muy deteriorado, necesitando urgentemente una rehabilitación y restauración del mismo.
A lo largo de nuestra investigación hemos observado como la arquitectura escolar indiana nace con la necesidad de acondicionar, con dinero emigrante, las deficientes infraestructuras que en sus parroquias y aldeas de origen existían en materia educativa. En el ayuntamiento de Ames, en el marco temporal que abarca desde finales de la década de 1920 y el año 1936, proliferaron las construcciones de inmuebles escolares, que, por un lado, suplían carencias en el rural en materia escolar y, por otro, servían como promoción y exhibición del poder económico de la población emigrada a América. Esto supuesto una continuación del asentamiento de un nuevo sector poblacional con recursos económicos en el tradicional modelo caciquil que existía en Galicia, creando, por ende, una nueva estructura de poder donde las agrupaciones indianas comienzan a competir con la iglesia y los caciques rurales por el poder social de la parroquia. Esto no hubiera sido posible si la vocación de los emigrantes transoceánicos no hubiera sido retornadora o, lo que es lo mismo, sin la voluntad de los indianos de volver a sus pueblos de origen para pasar el resto de sus días con cierta holgura económica. Esto supuso que sus esfuerzos se centraran en sus conciudadanos, y no en las principales urbes de Galicia, por lo que sus esfuerzos constructivos modificaron el panorama arquitectónico del rural gallego. Este hecho, produjo un interesante fenómeno cultural: el de introducir en un entorno rural las principales novedades arquitectónicas y estilísticas que existían en las ciudades más prósperas de América. Creando un enrichecedor procedimiento constructivo que arraigó profundamente en la cultura gallega. Las escuelas indianas, son un ejemplo de eclecticismo y mestizaje arquitectónico, donde los maestros de obras locales aúnan la arquitectura tradicional vernácula con elementos decorativos de los principales estilos que se desarrollan en el continente americano y europeo del momento. De esta manera, manteniendo una estructura tradicional de bloque rectangular de mampostería, aparecen vanos decorados con molduras, peinetas con inscripciones o porches porticados que erigen una arquitectura de prestigio social y de gran variedad estilística. A causa de ello, los alumnos a los que iban destinades estas infraestructuras no solo recibían una educación moderna, además la tomaban en un edificio similar a los que se encontrarían en América –en caso de que quisieran emigrar–. Asimismo, esta arquitectura influirá con fuerza a los modelos posteriores que surgirán en Galicia, proyectando una predominancia de un eclecticismo formal de la arquitectura vernácula desde ese momento. Por otro lado, hay que destacar la importancia que los álbumes de modelos y los talleres de obras tuvieron para desarrollar estas novedades sobre el diseño tradicional, permitiendo una cohabitación entre ambos en el desarrollo de nuevas propuestas formales. Por último, hay que indicar que estas escuelas se presentan como arquitecturas de prestigio, que dinamizan el entorno rural y proyectan una sombra de influencia sobre sus benefactores. Una remodelación edilicia que contrasta con la escasez de elementos indianos en el ayuntamiento de Santiago, ya abastecido por cauces institucionales (Moure Pazos, 2014: 279-298), reaffirmando de esta forma que es un fenómeno netamente rural y excepcional. En este sentido, y para futuras investigaciones, sería conveniente observar si el resto de los ayuntamientos que forman parte de la comarca compostelana presentan una arquitectura escolar diversa. Una que usa como modelo formal la arquitectura autóctona a la que aúna los modelos ornamentales de los estilos dominantes de la época, y cuyos principales creadores son los maestros de obras, al igual que hemos observado en el caso del ayuntamiento de Ames.